abril 30, 2013

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Jaime Sabines





Fuente: aztecanoticias.com.mx





Tu cuerpo está a mi lado



















Tu cuerpo está a mi lado

fácil, dulce, callado.

Tu cabeza en mi pecho se arrepiente

con los ojos cerrados

y yo te miro y fumo

y acaricio tu pelo enamorado.

Esta mortal ternura con que callo

te está abrazando a ti mientras yo tengo

inmóviles mis brazos.

Miro mi cuerpo, el muslo

en que descansa tu cansancio,

tu blando seno oculto y apretado

y el bajo y suave respirar de tu vientre

sin mis labios.

Te digo a media voz

cosas que invento a cada rato

y me pongo de veras triste y solo

y te beso como si fueras tu retrato.

Tú, sin hablar, me miras

y te aprietas a mí y haces tu llanto

sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.

Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas

se ponen a escuchar lo que no hablamos









Enlaces: Jaime Sabines

abril 27, 2013

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Carolina Esses






Fuente: uranitolibros.com








Había que retratarse la una a la otra


mirarse como en un espejo.
Laura tomó el lápiz para dibujarme.



¿Ves?, dijo la profesora y corrigió un trazo



acá la boca se pierde en una línea fina, desaparece.



Nunca había pensado en mi boca de esa manera

pero ahí estaba el hilo delgado de la forma

como la cuerda por donde un audaz equilibrista

podría medir la entereza de su oficio.

¿O era la voz? Un timbre apenas audible

porque es mejor, alguien alguna vez me dijo

confundirse entre la multitud, que quedar al descubierto.







//





No sabíamos que el aceite derramado traía

mala suerte. La idea había sido freír unas papas

cortarlas en rodajas y echarlas todas al mismo tiempo

en una sartén descolorida. Los caracoles-

agregó mi madre mientras raspaba el piso negro

la superficie cubierta de pequeñas motas doradas-




cualquier cosa, en realidad, que provenga del mar

también es portadora de mala fortuna.

Nosotras mirábamos desde el sofá

atentas a la ceremonia imposible: borrar

las huellas de la desgracia futura.












Carolina Esses (1974, Buenos Aires, Argentina)

De: Bucólico paisaje (inédito)











Enlaces: Una temporada d einvierno

abril 25, 2013

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Inmaculada Mengíbar








Sesión continua












Vamos andando tan deprisa a veces.

Video club, relaciones humanas, pub, se vende,

¿qué voy a hacer mañana?, si estuvieras

conmigo ahora, el mar.

El mar triste de las agencias de viajes,

o el de aquella postal, tierna y cursi, que nunca

me enviaste

es tan desconsoladamente verde

como las luces

de los taxis amargos del otoño.

Y es un desesperado

abuso de desconfianza y soledad

el que me lleva

de nuevo a ti, esta tarde,

ahora que las tiendas

empiezan a cerrarse, y es hermoso

pensarte entre la gente, aferrarse a la idea

de que podrías surgir

debajo de cualquier paraguas, sorprenderme

de espaldas, tapándome los ojos y los sueños.

Sobre todo, los sueños. Dónde irá

la gente, tan deprisa,

desandando esta ausencia de pájaros, buscando

refugio en los portales de la noche. Ahora sé

que es preciso haber muerto

muchas veces de amor

para atreverse de esta manera a reincidir

y admitir que me dueles

como un beso prohibido para siempre,

casi secretamente,

como sólo la vida puede doler a veces,

o esta lluvia lentísima

de otro octubre sin ti.










Inmaculada Mengíbar (1962, Córdoba, España)
De Los días laborables, Hiperión, 1988


abril 23, 2013

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Cees Nooteboom






Fuente: ivanthays.com.pe













Atardecer













La silla azul en la terraza, café, la tarde,
el euforbio que se extiende hacia dioses ausentes,
con gran añoranza de la costa, todo un alfabeto
de anhelos secretos, este es su último rostro
antes de la oscuridad,


del velo en su cerebro. Él lo sabe,                 
desaparecerán las formas de las palabras,
en su cáliz ya tan solo zupia,
las líneas no más unidas


que antes fueron pensamientos,
ya no llega aquí palabra alguna
que sea cierta. Gramática pulverizada,
movidas imágenes sin nexo,


del viento el sonido
mas ya no el nombre,
alguien lo dijo
y la muerte estaba sobre la mesa,


un criado remiso, que espera
en el pasillo, riendo tontamente,
hojeando las noticias
enloquecidas del periódico.


Todo esto lo conoce: el euforbio,
la silla azul, el café en la terraza,
el día que lo envuelve lentamente
y luego se aleja nadando con él,
un animal manso





con su presa.












Cees Nooteboom (1933, La Haya, Holanda)


Traducción: Fernando García de la Banda





Enlaces: Revista Minerva







abril 20, 2013

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Daniel Battilana







La
mujer que me nombra

















Corría desnudo por
el jardín


y supe que fui
cobarde en tu batalla.


Amé la verdad que no
puede durar.


Amaste durar en mi
verdad.


Rompí amigos


que no blandieron
amistad para defenderse.


Era Marcial yo y era
Torquato Accetto, qué no era


si no sino hecho de
lo que se gasta.


Soy un hombre que no
puede durar


desnudo en un
jardín.


Hay una parte mía
que no obedece en ninguna parte.


La mujer que me nombra,
la despierta a mi lado,


dice que no tengo
parte que obedezca;


se engaña con
alegorías de la desobediencia,


O soy el poema que
no puede durar


¿Cuánto dura una
palabra


hasta repararla con
otra?


Qué se rompe cuando
rompo una palabra.


¿Y si me repito y te
contesto con cosas rotas?


¿Cuánto dura una
palabra desnuda en el jardín?





















Agujeros
nupciales

















Por la puerta Juana


abierta o cerrada es
igual a llevar la vida separada





las cerámicas de la
fina mirada te deforman





deformada en llanto


la puerta es de
sombra


esto puja por
vencerme


la puerta es tu
párpado





tus agujeros
nupciales


son nupciales de pan





Los hechizos de pan





mis esferos se
precipitan


propulsos en sus
bolsas


por la puerta mi
escaramuza


reemplazar con
clemencia cada recuerdo.








(inédito, 1999)







Daniel Battilana (1962, Buenos Aires, Argentina)


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Michel de Montaigne: De la tristeza






Fuente: www.qotd.org

Yo soy de los más exentos de esta pasión y no siento hacia ella ninguna inclinación ni amor, aunque la sociedad haya convenido como justa remuneración honrarla con su favor especial; en el mundo se disfrazan con ella la sabiduría, la virtud, la conciencia; feo y estúpido ornamento. Los italianos, más cuerdos, la han llamado malignidad, porque es una cualidad siempre perjudicial, siempre loca y como tal siempre cobarde y baja: los estoicos prohibían la tristeza a sus discípulos.





Cuenta la historia que Psamenito, rey de Egipto habiendo sido derrotado y hecho prisionero por Cambises, rey de Persia, y viendo junto a él a su hija, también prisionera y convertida en sirviente a quien se enviaba a buscar agua, todos los amigos del rey lloraban y se lamentaban en su derredor mientras él permanecía quedó sin decir palabra, y con los ojos fijos en la tierra; viendo en aquel momento que conducían a su hijo a la muerte, mantúvose en igual disposición, pero habiendo observado que uno de sus amigos iba entre los cautivos, empezó a golpearse la cabeza a dejarse ganar por la desolación.






Tal suceso podría equipararse a lo acontecido no ha mucho a uno de nuestros príncipes que, habiendo sabido en Trento, donde se encontraba, la nueva de la muerte de su hermano mayor, en quien se cifraba el apoyo y honor de la casa, y luego igual desgracia de otro hermano menor, la segunda esperanza, y habiendo sufrido ambas pérdidas con una resignación ejemplar, como algunos días después a uno de sus servidores le acometiese la muerte, fue muy sensible a esta nueva, y perdiendo la calma se llenó de ostensible pena de tal modo, que algunos tomaron de ello pie para suponer que no le había llegado a lo vivo más que la última desgracia; pero la verdad del caso fue, que estando lleno y saturado de tristeza, la más leve añadidura hizo que su sentimiento se desbordase. Lo mismo podría decirse del hecho anteriormente citado, y la historia lo comprueba: Cambises, informándose de por qué Psamenito no se había conmovido ante la desgracia de su hijo ni la de su hija, sufrió dolor tal al ver la de uno de sus amigos: «Es, respondió, que sólo el último dolor ha podido significarse en lágrimas; los dos primeros sobrepasaron con mucho todo medio de expresión.»





Me parece que se relaciona con estos ejemplos la idea de aquel pintor de la antigüedad que teniendo que representar en el sacrificio de Ifigenia el duelo de los asistentes según el grado de pesar que cada uno llevaba en la muerte de aquella joven hermosa e inocente, habiendo el artista agotado los últimos recursos de su arte, al llegar al padre de la víctima le representó con el rostro cubierto, como si ninguna actitud humana pudiera expresar amargura tan extrema. He aquí por qué los poetas simulan a la desgraciada Niobe, que perdió primero siete hijos y en seguida otras tantas hijas, agobiada de pérdidas, transformada en roca, Diriguisse malis , (1) para expresar la sombría, muda y sorda estupidez que nos agobia cuando los males nos desolan, sobrepasando nuestra resistencia. Efectivamente, el sentimiento que un dolor ocasiona, para rayar en lo extremo, debe trastornar el alma toda e impedir la libertad de sus acciones: como nos acontece cuando recibimos súbitamente una mala noticia, que nos sentimos sobrecogidos, transidos y como tullidos, e imposibilitados de todo movimiento; de modo que el alma, dando luego libre salida a las lágrimas y a los suspiros, parece desprenderse, deshacerse, y ensancharse a su albedrío: Et via vix tandem voci laxata dolore est. (2)





En la guerra que el rey Fernando hizo a la viuda de Juan de Hungría, junto a Buda, un soldado de a caballo desconocido -6- se distinguió heroicamente, su arrojo fue alabado por todos, a causa de haberse conducido valerosamente en una algarada donde encontró la muerte; pero de ninguno tanto como de Raïsciac, señor alemán, que se prendó de una tan singular virtud. Habiendo éste recogido el cadáver, tomado de la natural curiosidad, se aproximó para ver quien era, y luego que le retiró la armadura, reconoció en el muerto a su propio hijo. Esto aumentó la compasión en los asistentes: el caballero sólo, sin proferir palabra, sin parpadear, permaneció de pie, contemplando fijamente el cuerpo, hasta que la vehemencia de la tristeza, habiendo postrado su espíritu, le hizo caer muerto de repente. Chi puó dir com' egli arde, e in picciol fuoco , (3) dicen los enamorados hablando de una pasión extrema. Misero quod omnes eripit sensus mihi: nam, si nut•te, Lesbia, adspexi, nihil est super mi quod loquar amens: lingua sed torpet;tenius sub artus flamma dimanat; sonitu suopte tinniunt aures; gemina teguntur lumina nocte. (4)





No es, pues, en el vivo y más enérgico calor del acceso cuando lanzamos nuestras quejas y proferimos nuestras persuasiones; el alma está demasiado llena de pensamientos profundos y la materia abatida y languideciendo de amor; de lo cual nace a veces el decaimiento fortuito que sorprende a los enamorados tan a destiempo, o la frialdad que los domina por la fuerza de un ardor extremo en el momento mismo del acto amoroso. Todas las pasiones que se pueden aquilatar y gustar son mediocres Curae leves loquuntur, ingentes stupent. (5)





La sorpresa de una dicha que no esperábamos, nos sorprende de igual modo: Ut me conspexit venientem, et Troïa circam. Arma amens vidit; magnis exterrita monstris, diriguit visu in medio; calor ossa reliquit; labitur, et longo vix tandem tempore fatur. (6)





A más de la mujer romana que murió por el goce que la ocasionó el regreso de su hijo de la derrota de Canas, Sófocles y Dionisio el Tirano fenecieron de placer; y Talva acabó sus días en Córcega, leyendo las nuevas de los honores que el senado romano le había tributado; en nuestro propio siglo al pontífice León X, habiéndosele notificado la toma de Milán, por él ardientemente deseada, le dominó al exceso de alegría, que le produjo una fiebre mortal. Y un testimonio más notable todavía de la debilidad humana, Diodoro el dialéctico, murió instantáneamente, dominado por una pasión extrema de vergüenza a causa de no encontrar un argumento hablando en público, con que confundir a su adversario. Yo me siento lejos de tan avasalladoras pasiones; no es grande mi recelo y procuro además solidificarlo y endurecerlo todos los días con la reflexión.





Notas





1 Petrificada por el dolor. OVIDIO, Metam., VI, 304. Ovidio escribe: Diriquitque malis


2 El dolor deja al fin paso a su voz. VIRGILIO, Eneida, XI, 151.


3 No es muy grande el amor que puede expresarse. PETRARCA, último verso del soneto 137.


4 ¡Infeliz de mí! El amor trastorna todos mis sentidos. Ante tu vista. ¡oh, Lesbia! véome perdido de tal modo que hasta las fuerzas me faltan para hablar; mi lengua se traba, una llama sutil corre por sus venas; resuenan en mis oídos mil ruidos confusos y la lobreguez de la noche envuelve mis ojos. CATULO, Carm., LI, 5. -Estos versos son imitación de una oda de Safo, que, fue traducida por Boileau. 


5 Cuando ligeras se formulan, cuando extremas son mudas. SÉNECA Hipp., acto II, escen. 3, v. 607.


6 En cuanto me ve venir, en cuanto reconoce por lados las armas troyanas, fuera de sí, como trastornada por una visión horrible permanece inmóvil; su sangre se hiela, cae por tierra y sólo largo tiempo, después consigue recobrar su voz. VIRGILIO, Eneida, III, 306.








Michel de Montaigne, Ensayos, Libro I cap. 1
Enlaces: www.bibliotecaignoria.blogspot.com

abril 18, 2013

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Bárbara Alí





Repetición

















proyectabas
sobre muros derruidos


películas
de marionetas de colores bailando


afuera el
sol amarilleaba las hojas


carruseles
giraban con caballos de cuentos


nunca
entendí por qué cerrabas las cortinas


soñabas
sobre la pared      


amarrabas
fuerte un anillo roto


quizás
pensabas que vencías al villano de esa historia
















Piedra
lunar

















la
curandera habla de una piedra


que está
escondida en el fondo de mi cabeza


hecha de
sombras de veneno de noche de hojas secas


que por
eso miro alucinada la luna


que hay
que escarbar con un trozo de espejo





veo los dados
del tiempo


rodar
sobre un tapiz negro


qué dirán
los números sobre el sol


en el
cruce de cuándo y dónde nos encontraremos





cuántas
piedras moveré


para
hacer el poema


qué dice
la magia de esta gramática rota





de las
semillas doradas


nacerán
hijos de fuego


los he
visto en sueños


lo sé.










 Bárbara Alí (1984, Argentina)


abril 15, 2013

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Sharon Olds: "...yo había perdido el lenguaje de los gestos..."

Sharon Olds


Sentimientos


Cuando el médico residente auscultó el corazón detenido
yo lo miré, como si él o yo 
fuéramos salvajes, fuéramos de otro mundo:
yo había perdido el lenguaje de los gestos,
no sabía qué significaba para un extraño
levantar la bata y ver el cuerpo desnudo de mi padre.
Mi rostro estaba mojado, el de mi padre
apenas húmedo con el sudor de su vida,
esos últimos minutos de trabajo duro.
Yo estaba recostada en la pared, en un rincón, 
y él estaba echado en la cama, los dos hacíamos algo, 
y todos los demás creían en el Dios Cristiano,
llamaban a mi padre la cáscara sobre la cama, 
sólo yo sabía que se había ido del todo, 
sólo yo le dije adiós a su cuerpo
que era todo cuanto él era. Sujeté con fuerza 
su pie, pensé en ese anciano esquimal
que sostiene la popa de la canoa mortuoria, 
y lo abandoné suavemente al mundo de las cosas.
Sentí la sequedad de sus labios 
en los míos, sentí la levedad de mi beso
mover su cabeza sobre la almohada
así como se mueven las cosas 
como por su propia cuenta en el agua mansa,
sentí sus cabellos de lobo en mis dedos,
se tambalearon las paredes, el piso, 
el techo giraba como si no estuviera yo 
saliendo del cuarto sino el cuarto
alejándose de mí. Me hubiera gustado
quedarme a su lado, cabalgar junto a él 
mientras lo llevaban al lugar donde lo cremarían,
verlo entrar a salvo al fuego,
tocar sus cenizas tibias, y después llevarme
el dedo hasta la lengua. A la mañana siguiente,
sentí el cuerpo de mi esposo
aplastándome dulcemente como una pesa 
sobre algo blando, una fruta, su cuerpo asiéndome 
a este mundo con firmeza. Sí, las lágrimas brotaron,
como el zumo o el azúcar de la fruta.
Se adelgaza la piel, se rompe, se rasga: hay
leyes en este mundo y según ellas vivimos.



Sharon Olds (1942, San Francisco, California, Estados Unidos de Norteamérica)

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Sharon Olds: "...yo había perdido el lenguaje de los gestos..."

Sharon Olds


Sentimientos


Cuando el médico residente auscultó el corazón detenido
yo lo miré, como si él o yo 
fuéramos salvajes, fuéramos de otro mundo:
yo había perdido el lenguaje de los gestos,
no sabía qué significaba para un extraño
levantar la bata y ver el cuerpo desnudo de mi padre.
Mi rostro estaba mojado, el de mi padre
apenas húmedo con el sudor de su vida,
esos últimos minutos de trabajo duro.
Yo estaba recostada en la pared, en un rincón, 
y él estaba echado en la cama, los dos hacíamos algo, 
y todos los demás creían en el Dios Cristiano,
llamaban a mi padre la cáscara sobre la cama, 
sólo yo sabía que se había ido del todo, 
sólo yo le dije adiós a su cuerpo
que era todo cuanto él era. Sujeté con fuerza 
su pie, pensé en ese anciano esquimal
que sostiene la popa de la canoa mortuoria, 
y lo abandoné suavemente al mundo de las cosas.
Sentí la sequedad de sus labios 
en los míos, sentí la levedad de mi beso
mover su cabeza sobre la almohada
así como se mueven las cosas 
como por su propia cuenta en el agua mansa,
sentí sus cabellos de lobo en mis dedos,
se tambalearon las paredes, el piso, 
el techo giraba como si no estuviera yo 
saliendo del cuarto sino el cuarto
alejándose de mí. Me hubiera gustado
quedarme a su lado, cabalgar junto a él 
mientras lo llevaban al lugar donde lo cremarían,
verlo entrar a salvo al fuego,
tocar sus cenizas tibias, y después llevarme
el dedo hasta la lengua. A la mañana siguiente,
sentí el cuerpo de mi esposo
aplastándome dulcemente como una pesa 
sobre algo blando, una fruta, su cuerpo asiéndome 
a este mundo con firmeza. Sí, las lágrimas brotaron,
como el zumo o el azúcar de la fruta.
Se adelgaza la piel, se rompe, se rasga: hay
leyes en este mundo y según ellas vivimos.



Sharon Olds (1942, San Francisco, California, Estados Unidos de Norteamérica)

abril 14, 2013

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Carlos López Degregori




Fuente:festivalpoesianicaragua.com







Retrato de la vida que te escribí

















La vida que te escribí ya no la recuerdo:





de cuál luna o cuello colgará,
en qué árbol habrá escondido hermosas o terribles sus palabras,
en que voces se oirá,
en qué calle incendiada seguirán caminando sus pasos para siempre
y en qué cristal perfecto beberá
para después bailar con quién
en qué salón deshabitado
y se mirará en qué espejo
y en cuál lecho dormirá
cubierta de labios, de jardines, de falenas:





como las olas que pierden a sus olas
en el último mar
o las manos que ya no encuentran a sus manos
o los rostros desvanecidos en los retratos:





la vida que te escribí
ya no la recuerdo.








Carlos López Degregori (1952, Lima, Perú)


De: www.literaturalatinoamericana.com

abril 12, 2013

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César Vallejo








Va corriendo, andando, huyendo...









Va corriendo, andando, huyendo

de sus pies...

Va con dos nubes en su nube,

sentado apócrifo, en la mano insertos

sus trsites para, sus entonces fúnebres.



Corre de todo, andando

entre protestas incoloras; huye

subiendo, huye

bajando, huye

a paso de sotana, huye

alzando al mal en brazos, huye

directamente a sollozar a solas.



Adonde vaya, lejos de sus fragosos, cáusticos talones,

lejos del aires, lejos de su viaje,

al fin de huir, huir y huir y huir

de sus pies - hombre en dos pies, parado

de tanto huir - habrá sed de correr.



¡Y ni el árbol, si endosa hierro de oro!

¡Y ni el hierro, si cubre su hojarasca!

Nada , sino sus pies, nada sino su breve calofrío

sus paras vivos, sus entonces vivos...











Enlaces: César Vallejo

De: "Antología póetica", Biblioteca El Nacional, 2002






abril 07, 2013

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Marcos Silber




Fuente: hacedores-del-arte.blogspot.com





Ella se demoró

por la maldad de las llaves extraviadas.

Él se equivocó de esquina

porque la pasada fue noche de tala

y se llevaron el árbol del encuentro.

El sol cayó en una emboscada

y quedó detenido en el día anterior;

y la luna, la luna se distrajo

en el patio de juego de una nebulosa.

Camino hacia los dos,

ambos se cruzaron sin advertirse,

velados como iban

adentro de un alborozado viento de ensueños.

Esto ocurrió

entre otras calamidades de un día enemigo,

que uno y otro quisieran olvidar.





Marcos Silber (1934, Buenos Aires, Argentina)

abril 05, 2013

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Jill Battson










Ésta es mi madre ahora

















En la calle principal de un pequeño pueblo inglés


ella cierra de golpe la puerta, la bolsa de compras ya no en
su falda y a la calle


con una fuerza que es tan anormal, tan inusual


que el resto de la familia se queda muy silenciosa, muy
quieta


y pareciera que yo soy la única que respira


saliendo rápidamente para estar sola







ésta es mi madre


después de años con su condición física, de vivir


confinada a una silla de ruedas





cuando llego de regreso en el auto ella trata de atacarme


agitando los brazos, gritando y llorando desde el asiento
trasero


ella y yo somos las únicas que respiramos


y yo contengo una ira cercana a la náusea


mientras vamos de vuelta a la casa de mi hermana





donde voy inmediatamente a mi cuarto


espero que venga alguien y diga


está bien


pero nadie lo hace


estoy a punto de decir ¡la puta!


de embutir mi ropa otra vez en la maleta y


abordar el próximo vuelo


a casa


pero algo en mí me dice que si lo dejo


si lo dejo


puedo dar un beso de despedida a mis padres


porque esta grieta impredecible nunca sanará





así es que bajo donde ella está sentada


en una silla de respaldo alto


me arrodillo en el suelo junto a ella


y le digo mira


y le digo mira


y le digo montones de otras cosas


que yo soy la adulta y ella la niña enojada





ésta es mi madre


con cinco años de ira contenida


de dolor, frustración y depresión


y todo está saliendo en una mezcla technicolor


ante mí


capturada en sus palabras arrojadas a mí


están las verdades de lo que no comprendo


no tienen eco en mi hermana medio oculta en el umbral


rebotan en mi mudo padre


que está sentado junto a nosotras


la frustración de él es uno de los dolores reales que la
incomoda


tan tangible como la esclerosis múltiple que la ha apartado





ésta es mi madre, vomitando mil penas


cien noches solitarias


a mí, la hija que se fue


unas vacaciones prolongadas de la responsabilidad


mi propia vida no es una elección


me pueden llamar de vuelta


arriesgándome a vivir esa vida prescrita en las novelas de
Trollope y Brontë


la hermana menor


hermana solterona, tía soltera





y han pasado tres años cuando recibo el llamado


estoy acostada con un nuevo hombre hasta el mediodía este
domingo


pensando cuán magnífico es ser libre


mi hermana, débil por tener que lidiar con la realidad


dice que es peor de lo que piensas, que lo que yo pensaba


y comienza a decirme con una voz que habla mi mente


un vacío que rebota a través de satélites transatlánticos


y sé del dolor que habla


de mi madre y su soledad


los aspectos casi histéricos de su psiquis


es tiempo


una pizca de culpa por esta libertad de la responsabilidad
familiar


la presión de quien debo mi vida


ésta es mi madre ahora


y es tiempo.








This is My
Mother Now












On the high street of a small English town 


she slams the
shopping bag off her lap and into the street 


with a force
that is so abnormal, so unusual 


the rest of my
family goes very still, very quiet 


and I seem to
be the only one breathing 


walking away
quickly to be alone 




this is my mother 


after years of
physicality, of doing 


confined to a
wheelchair 




when I arrive back at the car she tries to attack me 


arms flailing,
shouting and crying from the back seat 


she and I are
the only ones breathing 


and I am
holding back an anger close to nausea 


as we drive
back to my sister's house 




where I go immediately to my room 


wait for
someone to come in and say 


it's okay 


but nobody
does 


I am close to
saying fuck it 


cramming my
clothes back into the suitcase and 


catching the
next flight 


home 


but something
in me says if I leave it 


if I leave
it 


I can kiss my
parents goodbye 


because this
unpredicted rift will never heal 




so I go downstairs to where she sits 


in a high back
upright chair 


kneel on the
floor beside her 


and say
look 


and say
look 


and say a whole
bunch of other things 


I am the
grown-up and she the angry child 


this is my
mother 


with five years
of pent-up anger 


of grief,
frustration and depression 


and it's all
jumbling out in a technicolour mess 


before me 




captured in her words thrown at me 


are the truths
of what I don't understand 


they echo off
my sister half hidden in the doorway 


rebound off my
mute father 


sitting beside
us 


her frustration
at him one of the real aches that nags her 


as tangible as
the pain of the MS that has taken her out 




this is my mother, vomiting up a thousand pains 


a hundred
lonely nights 


at me, the
daughter who left 


an extended
holiday from responsibility 


my own life is
not a choice 


I can be called
back 


dreading to
live that life prescribed in Trollope and Bronte novels 


the youngest
sister 


spinster
sister, maiden aunt 




and it's three years later when I get the call 


I am lying in
bed with a new man until noon this Sunday 


thinking how
great it is to be free 


my sister,
frail from having to deal with reality 


says it's worse
than you think, than I thought 


and begins to
tell me with a voice that speaks my mind 


a hollowality
that bounces across satellites transatlantic 


and I know of
the grief she speaks 


of my mother
and her loneliness 


the near
hysterical aspects of her psyche 


it's time 


a niggle of
guilt at this freedom from familial responsibility 


the pressure of
who I owe my life 


this is my
mother now 


and it's time.

















Otra Vez Amor

















Y así es como ocurre


con un disco herniado


cuando el cuchillo corta a través de la piel suave


profundamente a través de la gruesa musculatura que lo
mantiene a uno erguido


en los escondrijos de la estructura ósea paleozoica de la
columna vertebral


para extirpar el problema del tamaño de una uva


así también ocurre con el amor


el cuchillo de la emoción, de la necesidad, del deseo


rebana a través del corazón


el centro de todo sentimiento, el mismo punto donde


el duodeno se encuentra con el estómago


o cualquier otro lugar el cuerpo localiza el sentimiento
imaginado


el dolor hormigueante, aunque no es dolor


que el amor hace crudo y real


y aquí es donde la uva del descontento se refugia


en alguna parte en la cavidad central del cuerpo


como una semilla que crece con cada palabra cortante


cada mano no sostenida, cada promesa no cumplida


cada noche solitaria


hasta que se encona en todas sus dimensiones


como un anillo de cartílago


haciendo estragos en los nervios


hasta que el cuerpo ya no puede soportar las repercusiones


la creciente disfunción en meses de dolor


esperanza constante de que mañana las cosas mejorarán


en ambos casos


la única salida es la cirugía

















Back Love












And this is the way it happens 


with a
herniated disc 


as the knife
cuts through soft skin 


deeply through
thick musculature that keeps one upright 


into the
recesses of paleozoic bony structure spine 


to release the
grape-size problem 


and it happens
like this in love too 


the knife of
emotion, of need, of want 


slices through
to the heart 


the centre of
all feeling, the very point where 


duodenum meets
stomach 


or any place
else the body locates the imagined feeling 


tingling pain,
yet not pain 


made raw and
real by love 


and this is
where the grape of discontent harbours itself 


somewhere in
the central cavity of the body 


a seed that
grows with every sharp word 


every hand not
held, every promise not met 


every night
left lonely 


until it
festers to its full dimensions 


an annulus of
cartilage 


wreaking havoc
on the nerves 


until the body
can no longer stand the repercussions 


the growing
dysfunction in months of pain 


constant hope
that tomorrow things will be better 


in both
cases 


surgery becomes
the only way out.












Jill Battson (1958, Inglaterra. Reside en Toronto, Canadá)

Traducción: Oscar Aguilera F.



Enlace: www.arquitrave.com