mayo 28, 2013

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Ignacio Uranga, un poema inédito

Ignacio Uranga


el cardio a 125 por minuto, sin nexos causales
aparentes con el THS explorado solo: lectores
luego específicos interprétanlo estrechamente
a lo sistémico nervioso vinculado, al plexo y
algo como alma arrugada por diversos duelos:
simulan duelos varios arrugando, triste el alma
hasta que danse miligramos a calmar... en píldoras 
inhibirán, habrán de inhibir lo triste en lo adentro:
un punto pretencioso que sutura, tan dulcemente
la facultativa joven, que mírame, amor, y veo: amor
hay en lo que veo cuando mírame la que faculta
y urde el punto sobre el tajo a unir las partes en que
fue tocado en lo sanguíneo un vaso: naturalmente
hemorragia a calmar, y más facultativos expectantes
del rojo en su fluir: tan sáfico tiémblame el cardio
en rayas dadas a leer: 115 la frecuencia en suba aun
tras prescriptas tomas de sustancias a estabilizar
el sáfico cardio, la facultativa escritura, los pálpitos
de límites que traspásanse: ha traspasado este cora-
zón el facultativo límite prescripto, aun tras propias
estipuladas tomas a calmar facultativas, pues búscase
calma, buscamos calmas que facúltennos ante la tala
de bellos avistajes coloridos y facultativos que léenos
en negro el cardio, técnico escrito en gramma erudita
y dícennos que lo sistémico, que el plexo, lo nervioso
afecciones afectando lo sistémico nervioso, el cardio
el plexo, y grammas tecnológicas dícennos que han
perfecto interpretado al corazón: no el THS en menor
dopaje fue el causal de nervios afectados en lo relativo
a lo sistémico central y aceleros pálpitos que lo soportable
exceden del que vive y pretende vida con el cardio intacto:
urde la ciencia palabras a calmar el pulso, aduce el número
alto es periférico pálpito en lo cardíaco incluso del que sábese
incansable buey y sin embargo niño aún: y grammas eruditas
dicen 130 el cardio e inducen directos agonistas en el centro
en lo central nervioso tristemente expuesto, pues sáfico tiembla
al punto el cardio, un sudor se expande como fuego bajo piel
y es miedo lo que hay, tal quien se halla a punto del apague
la voz se quiebra, íntegros tiémblanle lo psíquico, lo sárquico:
punta entre la sangre dulcemente la facultativa joven, cierra
naturalmente el tajo solo aproximado: no palabras, sólo ciencia:
continuó en su asedio el tajo, rojo fluir en su discurso lateral
abierto tajo por el que incluso agradecí el nuestro pan de cada día
el plato que abriome un tajo profundo hasta el vaso de lo sanguíneo:
informes de la ONU a la FAO a nivel mundial, un estudio presentado 
en la sede central de Roma: Graziano da Silva sostiene los insectos
son recurso desperdiciado: “Comer insectos” es la campaña de la ONU
la lucha contra el hambre en el mundo: 2.400 millones de personas-
un tercio de la población mundial- continuará en 2015 sin agua potable
informan UNICEF y OMS: doy gracias, Padre, hoy por esta hemorragia
por el violento plato, sí, que ábreme también los ojos, también el alma


Enlaces: Ignacio Uranga

mayo 26, 2013

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Macky Corbalán





Macky Corbalán







Ahora mismo, por ejemplo, estaría

donde llueve, o mejor donde el mar

se alza en bramidos sobre una costa

y estalla, contrariado por los límites.





8






Un único rayo de luz solar


hiende el pliegue brevísimo

de la cortina. Pone al descubierto

uno de los mundos invisibles: infinidad

de partículas desnudas incansables, 

bailarinas.



¿Cuántos mundos asesinados sin saberlo,


ahora y antes, antes y ahora y por siempre

bajo la indoblegable lógica de lo sólido?



Tomar en embeleso el cáliz de sangre que


nos está destinado, por purgar, ésta 

y aquella, culpas



La misma hendidura


en el amor. El mismo yerro.



Tiranías del cuerpo y su jauría.






Macky Corbalán (1963 / 2014, Cutral Có, Provincia de Neuquén, Argentina)

De: El acuerdo, Editora la mondanga dark, 2012

mayo 25, 2013

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Clara Fernández Moreno





Mujer que llora

















ella llora con ojos anegados como esos patios por donde corren las grandes lluvias


o las paredes en que las tormentas resbalan


extendidamente el ancho de una mano sobre su nivel





sus pestañas son breves aleros donde el agua se acumula resbala sobre las mejillas


toma la forma de la cara cubre cada pliegue


baja sobre los labios


entre los labios y el mentón


hasta llegar al encuentro de garganta y nuca





está impregnada entre las ropas


las frentes de otros apoyadas en las suyas no la calman


una voz cálida la desata


moja con lágrimas plomizas un pañuelo calado llora ávidamente


estirando sus pelos enjuta y apagada con duelo


con lujuria





es que su llanto empieza en los tobillos sube por las caderas
















Ensueño

















Desde ahora


el tiempo me adormecerá me dejaste el relámpago


el bauprés de la tempestad una bahía donde el sol no cae detuviste el tiempo


el zarpazo del día mi amado






dulce como las frutas bosque oscuro y brillante veloz y furtivo rayo nocturno







Clara Fernández Moreno 

De: "El día de la vida", Ediciones del Dock, 2012








mayo 21, 2013

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Valeria Cervero lee a Teresa Arijón




Fuente:www.festivaldepoesia.com.ar





En el fondo de un pozo

cuya boca ha sido tapada desde afuera

sin un resquicio que permita la entrada de la luz

un hombre, solo, con una botella de agua.

Debe meditar, si puede, sobre la impermanencia de las cosas

pero en cambio elige adivinarse las uñas de los pies.

Ha fracasado en todo: ni el amor,

ni la pura poesía en estado salvaje,

ni el ideal paupérrimo de una vida dedicada al arte.

Tiene cuarenta años y no puede mirar hacia adelante,

tampoco hacia atrás. (El pasado

es una cortina de humo sobre todas las cosas;

su sola noción opaca los usos del presente,

en cierto modo lo desanda.)

En el fondo del pozo, el hombre,

que es chino y está a punto de morir pero no (y él lo sabe),

imagina que enciende un fósforo;

siente en la yema de los dedos la aspereza

de la pólvora: el fulgor repentino que lo fascinó en su infancia

es ahora, en el pozo, un sueño sin dimensión.

(Un fantasma sin cara, él mismo sin su aspecto.)

En el fondo del pozo el hombre podría ser cualquiera,

sumirse en la historia colectiva como quien cava una fosa común.

Ser víctima o verdugo: ha perdido los límites. Desconoce

el peso permanente que arrastra sobre sí.

Él quisiera dejarse deslizar por la vía más fácil:

hacer de sus sentidos afilados un aquí y un ahora.

Pero sólo conoce aquello que lo espera: el hambre, la sed.

Como un monje suicida o destinado a la automomificación,

el hombre –que antes tuvo una esposa, a la que amaba–

querría tener ahora, en el pozo, una campana.

Una campana de tañido minúsculo para anunciar que todavía sigue vivo.

En sus horas de miedo dice palabras sueltas, destajos de un poema

que no sabe o no quiere recordar. Pasa la yema del pulgar por los labios resecos.

Supone que sería más fácil dejar de respirar.

En el fondo del pozo el hombre quisiera ser juez de su propia vida

e inclinar el platillo hacia el lado de los inocentes,

los que sin más que su paciencia resignada esperan

las tramas infinitas.

Pero sabe que de algún modo es culpable

de estar allí sentado, solo,

en la extrema oscuridad.






















Valeria Cervero: 1972, Buenos Aires, Argentina. Publicó "Cadencias", 2011; "Escondidas", libro-álbum
ilustrado por Vivi Chaves, Ediciones del Eclipse, 2013; "El agujero negro
de lo dicho" (plaqueta), Colección Semilla, en prensa. Edita el blog
"mordiscos" (www.vc-mordiscos.blogspot.com).


mayo 20, 2013

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Mercedes Roffé














...por la ventana entra una revelación




                                                                                             Remedios
Varo












El encuentro



                                            





                            


si  me esperas


                            te diré


quién eres





                            ábreme




no estoy del todo


                            muerta







soy tú




















Cazadora de astros


                                                                                                                 








me doblo                soy mi doble




soy lo doble de mí    mi fuego


             





a la caza de lunas




se me escapa la noche





 el terror       —esa
urgencia—





me condena a lo insomne     

   


a lo blanco      
mudo         sordo de mí























Rompiendo el círculo vicioso













Mi
sino


llevar en el alma un bosque

blanco, estéril





en los
ojos, la nada





y en
las manos, el aro que me ahorque








un
nido en la cabeza me conmina


a
nacer de mí








un
cuervo, mientras tanto


espera
que amanezca


que se
rompa el hechizo que conjugan


su
mirada y la mía



















La llamada


                                                                                                              








voy

encendida en mi propio miedo





fuego soy

no importa lo que acecha












Nacer de nuevo                                  


      



                                                         


con los pechos


                   con  los ojos




me beberé esa luna     





insomne



ese espejo de luna


                   en
el grial














Mercedes Roffé (1954, Buenos Aires, Argentina)


Cinco Poemas para Remedios Varo del libro "La ópera fantasma" (España/México, Vaso Roto, 2012)





mayo 19, 2013

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Sor Juana Inés de la Cruz






Fuente: www.cuentosyfabulas.com.ar

Procura desmentir los elogios que a un retrato de la poetisa inscribió la verdad, que llama pasión












Éste que ves, engaño
colorido,


que, del arte ostentando los primores,

con falsos silogismos de colores

es cauteloso engaño del sentido;



éste en quien la lisonja ha pretendido

excusar de los años los horrores

y venciendo del tiempo los rigores

triunfar de la vejez y del olvido:



es un vano artificio del cuidado;

es una flor al viento delicada;

es un resguardo inútil para el hado;



es una necia diligencia errada;

es un afán caduco, y, bien mirado,

es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.








Juana
Inés de Asbaje /Sor Juana Inés de la
Cruz
(1648-51, San Miguel de Neplanta / 1695, Ciudad de
Méjico, Méjico)









mayo 18, 2013

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Marina Kohon traduce a Louise Glück




Fuente: payingattentiontothesky.com





Un jardín de verano


















Varias semanas atrás descubrí una foto de mi madre


sentada al sol, su rostro sonrojado como por el logro o el triunfo.


El sol brillaba. Los perros


estaban durmiendo a sus pies donde el tiempo dormía también,


calmo y estático como en todas las fotografías.


Saqué el polvillo del rostro de mi madre.


Ciertamente el polvillo cubría todo; me parecía la persistente


confusión de la nostalgia que protege todas las reliquias de la infancia.


En el fondo, una variedad de muebles de jardín, árboles y arbustos.


El sol bajó en el cielo, las sombras se agrandaron y oscurecieron.


Cuanto más polvillo sacaba, más crecían esas sombras.


El verano llegó. Los niños


se inclinaban sobre el cerco de las rosas, sus sombras


se fundían con los sombras de las rosas.


Una palabra vino a mi cabeza, nombrando


este movimiento y cambio, estos borrones


que ahora eran obvios-


Aparecía y rápidamente desaparecía.


¿Era ceguera u oscuridad, peligro, confusión?


El verano llegó, luego el otoño. Las hojas cambiando,


los niños, puntos brillantes en una mezcla de bronce y siena.

















2

















Cuando me recuperé un poco de esos acontecimientos,


coloqué la foto como la había encontrado


entre las páginas de un antiguo libro,


muchas de sus partes habían sido escritas


en los márgenes, algunas veces en palabras, pero más a menudo


en vivaces preguntas y exclamaciones


que significaban “estoy de acuerdo” o “me siento inseguro, confundido-”,


La tinta se desvanecía. Aquí y allá no podía decir


qué pensamientos le venían al lector


pero a través de las manchas como moretones podía sentir


la urgencia, como si hubieran caído lágrimas.


Tomé el libro por un tiempo


era Muerte en Venecia (traducido)


Había anotado la página en caso de que, como creía Freud,


nada fuera un accidente.


Así la pequeña fotografía


fue enterrada otra vez, como el pasado es enterrado en el futuro.


En el margen había dos palabras,


unidas por una flecha: “esterilidad” y más abajo “olvido”-


“y a él le pareció que el pálido y adorable


convocante allí afuera, le sonreía y llamaba con un gesto”

















3

















Qué quieto está el jardín.


Ninguna brisa ondula el cerezo silvestre;


el verano ha llegado.


Qué quieto está


ahora que la vida ha triunfado. Las rústicas


columnas de los sicomoros


soportan los inmóviles


estantes de follaje,


el césped debajo


frondoso, iridiscente-


Y en el medio del cielo,


el dios presuntuoso.


Las cosas son, él dice. Son, no cambian;


la respuesta no cambia.


Qué silencioso está, tanto el escenario


como el público, el respirar


parece una intromisión.


Él debe estar muy cerca;


no hay sombras en el pasto.


Qué quieto está, qué silencioso,


como una tarde en Pompei.

















4

















Beatrice llevó a los niños al parque en Cedarhurst.


El sol brillaba. Aviones


pasaban una y otra vez por encima, pacíficos, porque la guerra había terminado.


Era el mundo de su imaginación;


lo verdadero o falso no tenía importancia.


Recién lustrado y brillante-


así era el mundo. El polvillo


no había irrumpido aún sobre la superficie de las cosas.


Los aviones pasaban, una y otra vez, con rumbo


a Roma y a París- no podías llegar allí


a menos que volaras por sobre el parque. Todo


debe atravesarlo, nada puede detenerse-


Los chicos se daban las manos, se inclinaban


para oler las rosas.


Tenían cinco y siete años.


Infinito, infinito-esa


era su percepción del tiempo.


Ella se sentó en un banco, un poco escondida entre los robles.


A lo lejos, el miedo se aproximaba y partía;


de la estación de trenes venía su sonido.


El cielo era rosa y naranja, más viejo porque el día había terminado.


No había viento. El día


proyectaba sombras de roble sobre el pasto verde.













Louise Glück (1943, New York, Estado Unidos de Norteamérica)


Traducción: Marina Kohon






A Summer Garden




BY LOUISE GLÜCK






1

Several weeks ago I discovered a photograph of my mother

sitting in the sun, her face flushed as with achievement or triumph.

The sun was shining. The dogs

were sleeping at her feet where time was also sleeping,

calm and unmoving as in all photographs.


I wiped the dust from my mother’s face.

Indeed, dust covered everything; it seemed to me the persistent

haze of nostalgia that protects all relics of childhood.

In the background, an assortment of park furniture, trees and shrubbery.


The sun moved lower in the sky, the shadows lengthened and
darkened.


The more dust I removed, the more these shadows grew.

Summer arrived. The children

leaned over the rose border, their shadows

merging with the shadows of the roses.


A word came into my head, referring

to this shifting and changing, these erasures

that were now obvious—


it appeared, and as quickly vanished.

Was it blindness or darkness, peril, confusion?


Summer arrived, then autumn. The leaves turning,

the children bright spots in a mash of bronze and sienna.


2


When I had recovered somewhat from these events,

I replaced the photograph as I had found it

between the pages of an ancient paperback,

many parts of which had been

annotated in the margins, sometimes in words but more often

in spirited questions and exclamations

meaning “I agree” or “I’m unsure, puzzled—”


The ink was faded. Here and there I couldn’t tell

what thoughts occurred to the reader

but through the bruise-like blotches I could sense

urgency, as though tears had fallen.


I held the book awhile.

It was Death in Venice (in translation);

I had noted the page in case, as Freud believed,

nothing is an accident.


Thus the little photograph

was buried again, as the past is buried in the future.

In the margin there were two words,

linked by an arrow: “sterility” and, down the page, “oblivion”—


“And it seemed to him the pale and lovely

summoner out there smiled at him and beckoned...”


3


How quiet the garden is;

no breeze ruffles the Cornelian cherry.

Summer has come.


How quiet it is

now that life has triumphed. The rough


pillars of the sycamores

support the immobile

shelves of the foliage,


the lawn beneath

lush, iridescent—


And in the middle of the sky,

the immodest god.


Things are, he says. They are, they do not change;

response does not change.


How hushed it is, the stage

as well as the audience; it seems

breathing is an intrusion.


He must be very close,

the grass is shadowless.


How quiet it is, how silent,

like an afternoon in Pompeii.


4


Beatrice took the children to the park in Cedarhurst.

The sun was shining. Airplanes

passed back and forth overhead, peaceful because the war was over.


It was the world of her imagination:

true and false were of no importance.


Freshly polished and glittering—

that was the world. Dust

had not yet erupted on the surface of things.


The planes passed back and forth, bound

for Rome and Paris—you couldn’t get there

unless you flew over the park. Everything

must pass through, nothing can stop—


The children held hands, leaning

to smell the roses.

They were five and seven.


Infinite, infinite—that

was her perception of time.


She sat on a bench, somewhat hidden by oak trees.

Far away, fear approached and departed;

from the train station came the sound it made.


The sky was pink and orange, older because the day was over.


There was no wind. The summer day

cast oak-shaped shadows on the green grass.






Source: Poetry (January 2012).




mayo 16, 2013

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Catalina Boccardo lee a Carlos Drummond de Andrade




Mundo grande 

















No, mi corazón no es
mayor que el mundo.



Es mucho menor.


En él no caben ni mis
dolores.


Por eso me gusta
contarme.


Por eso me desnudo,


por eso me grito,


por eso frecuento los
periódicos, me expongo


     
      crudamente en las librerías:


necesito de todos.


Sí, mi corazón es muy
pequeño.


Sólo ahora veo que en
él no caben los hombres.


Los hombres están aquí
afuera, están en la calle.


La calle es enorme.
Mayor, mucho mayor de lo que esperaba.


Pero tampoco en la
calle caben todos los hombres.


La calle es menor que
el mundo.


El mundo es grande.


Tú sabes qué grande es
el mundo.


Conoces los navíos que
llevan petróleo y libros, carne y


     
     algodón.


Viste los diferentes
colores de los hombres,


los diferentes dolores
de los hombres,


sabes qué difícil es
sufrir todo eso, amontonar todo eso


en un solo pecho de
hombre... sin que estalle.


Cierra los ojos y
olvida.


Escucha el agua en los
vidrios,


tan calma. No anuncia
nada.


Mientras se escurre en
las manos,


¡tan calma!, lo va
inundando todo...


¿Renacerán las
ciudades sumergidas?


Los hombres sumergidos
—¿volverán?


Mi corazón no sabe.


Estúpido, ridículo y
frágil es mi corazón.


Sólo ahora descubro


qué triste es ignorar
ciertas cosas.


(En la soledad del
individuo


olvidé el lenguaje


con que los hombres se
comunican.)


Antaño escuché a los
ángeles,


las sonatas, los
poemas, las confesiones patéticas.


Nunca escuché voces de
gente.


En verdad soy muy
pobre.


Antaño viajé


por países
imaginarios, fáciles de habitar,


islas sin problemas,
no obstante agotadoras y convocando al


        suicidio.


Mis amigos partieron a
las islas.


Las islas pierden al
hombre.


Entretanto algunos se
salvaron y


        trajeron la noticia


de que el mundo, el
mundo grande está creciendo todos los días,


entre el fuego y el
amor.


Entonces, mi corazón
también puede crecer.


Entre el amor y el
fuego,


entre la vida y el
fuego,


mi corazón crece diez
metros y estalla.


—¡Oh vida futura!,
nosotros te crearemos.










De: Sentimento do mundo, 1940



Traducción de Rodolfo Alonso












Enlaces relacionados con Drummond de Andrade: 



























Catalina Boccardo: 1961, Buenos Aires. Publicó "El jardín santo", Ediciones  en Danza, 2011 y "Territorios", Editorial del Dock, 2012. Tiene inéditos dos libros "Laguna naineck" y "Bailar". Edita el blog "Intercuerpos" en www.intercuerpos.blogspot y www.adestiempolanada.blogspot.com











Enlaces relacionados con Catalina Boccardo:

http://intercuerpos.blogspot.com.ar/