agosto 31, 2013

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Silvina Ocampo





















Espera






Cruel es la noche y dura cuando aguardo tu vuelta

al acecho de un paso, del ruido de la puerta

que se abre, de la llave que agitas en la mano

cuando espero que llegues y que tardas tanto.

Crueles son en las calles los rumores de coches

que me dan sueño cuando estoy junto a tus ojos.

Cruel es la lluvia suave, furiosa que fascina

las enormes tormentas, las nubes con sus islas

cuando espero que llegues y que el reloj enclava

sus manecillas de oro en el corazón ávido.

Cruel es que todo sea precioso hasta el retorno

de la espera, y el lento padecer del amor.

Cruel es rezar sin tregua la promesa olvidada

de volver a ser buena, de sentir que redime

estar bien preparada sólo para la dicha.

Cruel es la luz, perfecta, de la luna y del alba

el alma de las horas sobre el campo y el mar

y crueles son los libros, la voluptuosa música,

hasta la anomalía de las caras etruscas.

Y es cruel aún después tener que ser humana

no convertirme, al verte, en perro, de alegría.














Silvina Ocampo (1903 / 1993, Buenos Aires, Argentina)


De: "Amarillo celeste", 1972







agosto 27, 2013

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César Vallejo







¡Hay gentes tan desgraciadas, que ni siquiera

tienen cuerpo; cuantitativo el pelo,

baja, en pulgadas, la genial pesadumbre;

el modo, arriba;

no me busques, la muela del olvido,

parecen salir del aire, sumar suspiros mentalmente, oír

claros azotes en sus paladares!



Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen

y suben por su muerte de hora en hora

y caen, a lo largo de su alfabeto gélido, hasta el suelo.

¡Ay de tánto! ¡ay de tan poco! ¡ay de ellas!

¡Ay en mi cuarto, oyéndolas con lentes!

¡Ay en mi tórax, cuando compran trajes!

¡Ay de mi mugre blanca, en su hez mancomunada!



¡Amadas sean las orejas sánchez,

amadas las personas que se sientan,

amado el desconocido y su señora,

el prójimo con mangas, cuello y ojos!



¡Amado sea aquel que tiene chinches,

el que lleva zapato roto bajo la lluvia,

el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,

el que se coje un dedo en una puerta,

el que no tiene cumpleaños,

el que perdió su sombra en un incendio,

el animal, el que parece un loro,

el que parece un hombre, el pobre rico,

el puro miserable, el pobre pobre!

¡Amado sea

el que tiene hambre o sed, pero no tiene

hambre con qué saciar toda su sed,

ni sed con qué saciar todas sus hambres!



¡Amado sea el que trabaja al día, al mes, a la hora,

el que suda de pena o de vergüenza,

aquel que va, por orden de sus manos, al cinema,

el que paga con lo que le falta,

el que duerme de espaldas,

el que ya no recuerda su niñez; amado sea

el calvo sin sombrero,

el justo sin espinas,

el ladrón sin rosas,

el que lleva reloj y ha visto a Dios,

el que tiene un honor y no fallece!



¡Amado sea el niño, que cae y aún llora

y el hombre que ha caído y ya no llora!

¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!













Enlaces: César Vallejo




agosto 24, 2013

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Silvio Mattoni: "Si no escribo, no veo nada"









Antes de ayer, fui a leerles poemas, en uno de los colegios más caros de la ciudad, a chicos y chicas de diecisiete. En sus caras saludables, en los tonos de pelo castaños y rubios, en el interés de algunos y el desinterés de otros que miraban sus teléfonos, se podrían analizar modos en que los grumos del capital procuran seleccionar formas apropiadas, cuerpos decididos. Pero no hizo ni falta. Después de los poemas, uno trágico de un muerto, otro jovial de un amigo, uno mío que les contaba cosas bastante amenas, entre las preguntas forzadas por el poco brillante profesor de literatura que me había invitado, surgió lo evidente: “¿es rentable escribir?” Mi respuesta fácilmente negativa esconde otras satisfacciones, un modo derrochador y entrópico de entender la plata. Tuve que hacer de conde ante niños burgueses. 


Entre los suvenires que me dio la directora, empleada o ama de llaves del lugar, estaba esta birome con la que escribo hoy, grabada con el escudo moderno del establecimiento y su dirección en internet. ¿Será rentable la niebla de este cielo plomizo que hizo bajar el frío finalmente de un otoño que se acaba? Mi renta es el color verde apagado de los árboles en el día uniforme, bajo esta luz homogénea, sobre el prado que separa la biblioteca del rectorado. Pero también acá todo es expectativa, planificación, servicio al interés. Y si es un interés común, más servicial todavía. En un rato daré una clase sobre las cumbres de la experiencia que se alcanzan cuando no se las busca. Y a la noche, leeré más poemas entre jóvenes poco aptos para la supervivencia laboral en el mundo de la acumulación. Buscaré esas heridas o grietas en lo que son, lo que no se sabía y se presentía en ellos. Quizás en vano hasta que llegue el vino, la renta sustentable de las inútiles presentaciones de libros.











///















Una profesora que, podría decirse, fue una belleza bastante evidente aún vive sus cincuenta y pico con altivez. La veo comiendo delicadamente una ensalada de frutas afuera del bar, con una camisa blanca sin mangas y pantalones ajustados de rayitas blancas y negras muy finas. Ahora prendió un cigarrillo y sonríe a una altísima egresada que une su pelo castaño y largo a la mesa de la simpática fumadora. 


El tumulto es grande hoy. Parece que el mundo hubiese hecho nacer multitudes. Brillan en la cara maquillada de la amiga profesora sus ojos claros bajo unas cejas negras bien trazadas. Me miró un instante. ¿Tendrá todavía prendido el radar de saber cuándo la miran como una simple apariencia? Habla todo el tiempo. Casi raro fue verla un rato en silencio, pensándose. No creo que sus ideas sobrepasen la discusión de lo que comunican los canales de la actualidad. ¿Tendrá poemas guardados de la infancia? ¿Tendrá alguna preocupación que no sea política o amorosa? Hace años que no la miro bien, aunque hace un cuarto de siglo que la conozco. Si no escribo, no veo nada.









Notas extraídas de Facebook





Imagen: Obra de Carlos Alonso en www.arnoldogualino.blogspot.com










agosto 21, 2013

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Andrea López Kosak





Fuente: Facebook








































Las raíces flotan


apretadas


adentro del jarrón de vidrio





¿qué jarrón?





se retuercen poseídas por el mismo


diablo: ¿lo ves?


ahí arriba





una reacción


provocada por la dosis que previene del contagio





flotan adentro apretadas por el mismo jarrón las
raíces





.................





mentira, todas nos ahogamos en una copita y cada
invierno


volvemos a generar


expectativas falsas





¿eso?





no, ahí no, más arriba





nos previene pero al final de la alucinación que
provoca





..................





me toca a mí


meter la mano


sacar del fondo


una planta que desaconsejan


para interior





...................





un diablo pero no el mismo


que me poseyó había advertido sobre los efectos


del anticuerpo, las raíces que flotan





...................





¿qué jarrón?


lo transparente detrás de lo cual se advierte un
interior retorcido





...................





se abren los malvones


rojos


al día


y a la noche todavía perfuman los narcisos





eso


no lo había advertido nadie


















/

















Pero es así de grave, un niño solo en el recreo. Sueña con saltar.


El arco de fútbol cae sobre él a la altura de la garganta.


Pasan la noticia en la televisión.


El mundo es un lugar muy peligroso. Nos concentramos en contra.


De lo seco.


De lo austero, de lo pobre.


La maleza del monte es descubierta, en la hoja del machete, reflejada.


Soy la protagonista. Estoy a favor. Lucho.


En lo denso. En lo oscuro. Montan el sueño y su desenlace fatal.


Y en la carretera interceptan un camión de ganado. La gente tironea, descuartiza. El


taxista lo recuerda bien.


El hambre, me dice.




Hay que ser salvaje como una
flor amarilla.








Andrea López Kosak (1976, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina


De: "Le dan hueso", Cinargo Ediciones, 2012)







agosto 18, 2013

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María Cristina Ramos




Fuente: lmneuquén.com.ar




Música











Corté su azul como un hilo de encanto,

como un racimo que ya no prospera.

Como un cauce donde tal vez había

el cristal que el agua alumbra de la nada.

Corté su escaso cielo por lo sano,

ya no más la suavidad del escondite,

música donde bebía mi silencio.

Suele pasar con retoños tardíos

que brotan, indefensos,

de la rama quebrada.

                             









Viaje











Ha traído un baúl lleno de historia en pena

y está en la galería posado su silencio.

A su lado es el hombre el que viaja y no llega

desde su origen al puerto inesperado.

Madera descubierta con metal afligido,

el baúl guarda en celo su búsqueda viajante.

El hombre está parado a orillas de este cielo

que ajeno se desborda de estrellas ignoradas.

El baúl toca tierra de rincones esquivos,

él se pliega en el hondo recelar de sus años.

Las aves migratorias siempre son extranjeras;

nunca se vuelve al cielo que una vez se ha dejado.













La que huye











Tengo que hablar seriamente con la liebre.

No sé por qué me busca con un rabo de sombra,

la he visto complacerse en la hierba,

alumbrar su pelaje en escondites.



La he visto con sus largas alertas

detenerse y mirarme,

                   como quien esgrime una pregunta

y después esfumarse en hebras de desierto.



Tiene que haber un modo

                   de entender su mirada,

con razonable pausa alcanzar su carrera.

Llevo siglos en esto, ya no aparto la alfalfa,

                   me tomo este sosiego

de esperar que algo cambie

                   en un claro del mundo.











María Cristina Ramos (1952, San Rafael, Mendoza, Argentina)

De: "En un claro del mundo", Editorial Ruedamares, 2012


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María Laura Decésare



El guardián de bigotes largos











Me despierta

con su pata sobre mi cara

lo miro de reojo sin entender

el coraje en su mirada.

Será que una vez más

me salva de la pesadilla

para aliviar con su ronroneo

el sobresalto anterior.

















Luna triste











La noche no sueña

y es temprano todavía,

un bocinazo a lo lejos

luces fijas en un punto

docenas de párpados abatidos

deambulan

por espacios habituales

y la luz del hospital

nunca se apaga.

Una leve brisa

balancea las maderitas

del balcón de al lado,

interrumpe

por un instante

el llanto de los gatos.








María Laura Decésare (1969, Rufino, Santa Fe, Argentina)


De: "Vida de gatos", Ediciones del Dock, 2012

agosto 17, 2013

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Diego Filloy






Tan lejana

y concisa

esta tristeza



Tan pausada

sobre mis hombros



Esta tristeza,

un lúcido desmoramiento

de rutina y ocaso.








Tragos,

rigurosos tragos,

con este mero rigor de lo inevitable.

O con este apego omnímodo,

esa nómade

                   precisa paciencia,

ese estricto candor

de vislumbrar en el aire

la oceánica reticencia de las estrellas.






Plagio menor a Carlos Baudelaire






Amantes del solaz y de la guerra,

los gatos indistintos, portentosos,

de por sí contrariados, veleidosos,

mas de temple voraz en la desferra



De asertos oreados, sigilosos,

los colma fría el alba de la tierra,

mientras la noche urdida los aferra

en desvelos ajenos, poderosos.



Sus orejas aguzan tempestades

y reticentes formas de verdades;

observan ellos todo en lejanía



Con el designio del fervor oculto,

con el sesgo a trasluz, con la armonía

imperial de lo bárbaro y lo culto.








Diego Filloy (1978, Villa Huidobro, Provincia de Córdoba. Reside en Buenos Aires)


De: "Poemas en línea de fuego", Ediciones del Dock, 2013




agosto 13, 2013

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Anníbali / Di Benedetto







Fuente: griseldagarcia.blogspot.com




Elena Anníbali: Los trenes











un día los viajes cesaron



a las dos, a las cinco,

los trenes cruzan el pueblo

vacíos,

fantasmales



su vapor se confunde con la niebla

que ciega a los caballos

con el humo de neón

de las cafeterías públicas

con el tabaco amargo de los suicidas

que a esa hora

en grupos

van a mirar los rieles

a oler el perfume del aceite ardido



una noche recordé a la mujer etrusca

que sacó un pañuelo blanco

por la ventanilla

y me hizo la seña del adiós



así de antigua es la felicidad

así de inexacta



las máquinas no hallan

las salidas



su timbre de soledad

nos hace doler el corazón





Enlaces:Elena Anníbali





Fuente: comunicacionpatagonca.blogspot.com




Bruno Di Benedetto: Construcción  del espejismo











No es indispensable un desierto.

Se puede prescindir sin pena de beduinos y  palmeras.

Alcanza con una superficie plana recalentada al sol,

aire frío sobre aire caliente, un rayo de luz quebrado

y torcido por la anomalía, guardar la debida distancia y ya:

se confunde eso que llamamos cielo

con agua que te ha de salvar.



(Un espejismo está hecho de cosas que apenas existen

dispuestas en el orden correcto y en línea con tu ojo.

Lo que da realismo al conjunto es la agonía de tu sed).





Enlaces: Bruno Di Benedetto

agosto 12, 2013

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Blas de Otero




Fuente: www.trianarts.com





Lo fatal

















Entre enfermedades y catástrofes


entre torres turbias y sangre entre los labios


así te veo así te encuentro


mi pequeña paloma desguarnecida


entre embarcaciones con los párpados entornados


entre nieve y relámpago


con tus brazos de muñeca y tus muslos de maleza


entre diputaciones y farmacias


irradiando besos de la frente


con tu pequeña voz envuelta en un pañuelo


con tu vientre de hostia transparente


entre esquinas y anuncios depresivos


entre obispos


con tus rodillas de amapola pálida


así te encuentro y te reconozco


entre todas las catástrofes y escuelas


asiéndome el borde del alma con tus dedos de humo


acompañando mis desastres incorruptibles


paloma desguarnecida


juventud cabalgando entre las ramas


entre embarcaciones y muelles desolados


última juventud del mundo


telegrama planchado por la aurora


por los siglos de los siglos


así te veo así te encuentro


y pierdo cada noche caída entre alambradas


irradiando aviones en el radar de tu corazón


campana azul del cielo


desolación del atardecer


así cedes el paso a las muchedumbres


única como una estrella entre cristales


entre enfermedades y catástrofes


así te encuentro en mitad de la muerte


vestida de violeta y pájaro entrevisto


con tu distraído pie


descendiendo las gradas de mis versos.








Blas de Otero (1916, Bilbao / 1979, Madrid, España)






agosto 09, 2013

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Javier Galarza









220











tengo un lenguaje

donde romperme

donde decir no

no era esto

lo que buscaba

ando pasado

enchufado

a 220 volts

trato de bajar

con pastillas

pero sigo

ardiendo

no sé



si me




curaste




cuando




estuve




roto




no




no me




curaste















callados





días


del tiempo

en silencio

las

palabras

duermen

lo que

dijimos

y

lo que

no











pasión











cuerpos

en reversa

contra

el espejo

la calle

tiembla

la

eternidad

dura

hasta

que me

pongo

el saco













periferia





bahías astilleros


hangares

puertos de luz

lumbres y relumbres

del tiempo en la avenida

destellos y reflejos

de la aurora

en las vidrieras

claros de suspensión

del tiempo y lo finito

hacia donde la vida

cobija sin lugares











cántico











toda

verdad

instaura

lugares

a

devastar

pues

no es

morada

la certeza

que más

vale

devastar











Javier Galarza (1968, Buenos Aires, Argentina)

De: "Refracción", Añosluz, 2012)


Imagen: Un caos lúcido



agosto 07, 2013

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Tomás Watkins




Fuente: www.laseleccionesafectivas.blogspot.com


Sade










Pocos hombres

al reverso

del espejo

son lo mismo











Quijote











El juicio prepara el concepto

yo me aferro a mi lanza

y jalo las bridas del viento



Mi cabello se funde en las crines

de lo irrevocable

de lo que es

hacia lo incierto y el futuro



Represento la voluntad del hierro

soy héroe por amor y por olvido











Byron











Los monstruos celebran el exceso



El viejo mandamiento

de amar y sufrir

calladamente














Tomás Watkins (1978, Neuquén, Provincia de Neuquén, Argentina)


De: "Mitología", EDUCO, 2012










agosto 05, 2013

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María Belén Aguirre




Fuente: Facebook

Estoy seca.











Para romper la piedra,

el viento basta.

Y la ola.



A mí me quiebra

el hálito de un niño

en la distancia.



Estoy seca.

Por las noches cuando sueño

ya ni sueño.



Todo es tan solo

de repente

real.



Estoy seca.



El diario anuncia un aguacero

que aquí no mojará.

Le faltan gotas.

Le sobran alcantarillas.



Preferiría que pudieras

-si quisieras hablarme

de París

en Montparnasse...









//











Ahora te escribo desde la última rama

del árbol más alto de este mundo.



Es otoño y el viento

ha tendido

sobre la mansa tierra

su hojarasca crepuscular.



Te escribo para contarte que estoy bien.

He comido y bebido como un pájaro.

Lo necesario.



He aprendido a escalar las ramas secas sin

romperlas.

A seducir sin estrépito a las aves de presa.

Y a huir a tiempo.

A desconcertar a los gatos.

Y a robarles entre risas un rasguño de aire.



Te escribo para contarte que estoy bien.



En el cielo una nube

acaricia la cresta de mi peinado nuevo.



Es alto y firme.



Ahora juego a prolongarme.





María Belén Aguirre (1977, San Miguel de Tucumán, Provincia de Tucumán, Argentina)

De: "Praga en dos", Ediciones de la Eterna, 2012)





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agosto 04, 2013

agosto 03, 2013

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Pablo Seguí



Este cuerpo











Cuerpo que canso, que camino, que

hago sentar, que duermo, que desnudo:

pétalos de sudor,

y volverse a esperar.



Cuerpo oxidado, escolopendra en quiebre,

manija sin destino, esparadrapo:

pétalos de olvidar,

y volver a querer.



Yacija resentida

por mi viente abombado,

por no poder decir.



Silla que se acogota

de verme tan pasivo,

de despreciar mi sed.



Cuerpo proclive al morbo, a la torsión,

huesitos, carnecitas, mucha grasa:

nadie quiere besar

este cuerpo, y se va.











Con otra cosa











Habría que intentar otro pesar,

otra alegría, un sitio

distinto para esta alma que se espeja,

sombra de gestos, nido

de nimiedades. Algo como el ojo

renunciando al sopor

que lo distancia de los vates, sino

volviendo a pernoctar

con la estrellas. Brisa que restalla

en la conciencia, gracias

que doy al mundo indiferente que,

sin embargo, me roza.

Ojo de letras, gestos que la muerte

me sabe sin pensarlo,

catafalco que, urdido, se establece

por años, esparciendo

lo mórbido hasta un punto en que me ciega,

ojo que no respira,

pronunciación de un álamo gregario

que a Caronte se dio

porque creció. Volverme, de algún modo,

hacia la mesa, o hacia

el paladar llagado, o hacia el muelle

del nunca partí,

que no me espera, pero que es anuncio

de una viva emoción.

"Rosa posible, espera la esperanza,

atada a lo presente",

podría murmurar. Pero yo sé

que el sedimento sólo

con otra cosa se desprende que

con la paciencia. Nada

que ver con la voluntad. Sólo un desvio

del átomo, un relámpago.











Cada uno por su lado











Hoy también callaremos, como calla el osario

de lo que no nació, torpes y recurrentes,

y beberemos mucho, y reiremos más,

con la jeta torcida, desalmados sin gracia.



Y el fecundo presente proveerá de excusas

para las horas de ángel, aljibe que se ahoga,

y nos criticaremos sin piedad, minuciosos,

distantes, enervados, eje que se deshace.



Somos tan predecibles...La mañana se acerca

y vos despertarás y leerás, calculo,

estos versos que buscan matices que te traigan,



Fuimos tan imprudentes...Me acostaré queriendo

- sin mucha fe, no creas - que suene el celular,

que me digas que no, nada que ver, yo nunca...
















Pablo Seguí 1973, Ciudad de Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina)


De: "Naturaleza muerta", Ediciones del Copista, 2011