septiembre 28, 2013

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Enzia Verduchi






Fuente: www.fipr.com.ar
Fuente: www.fipr.com.ar

Radio de onda corta











A oscuras mi padre sintonizaba la radio:

una pelea de box en japonés,

la crónica de un atentado en italiano

o la caída de un avión en ruso.

Aunque los periódicos al día siguiente

desmintieran sus versiones, él se entendía

con la frecuencia y la estática.

Fiel receptor de hechos incomprendidos

a lo largo del cuadrante, insomne

en las ondas de alguna estación.

Mientras, junto a él, mi madre

soñaba encontrar un interlocutor.











Palabras para un día de campo






Para Coral Bracho





No conocimos la experiencia de un mantel

a cuadros sobre la hierba, no presenciamos

la huida de un sombrero de paja con el viento.

Quizás segar el campo hubiera sido útil

como importante es para las mujeres

lavar la ropa juntas, contarse anécdotas

que jamás sucedieron.

No existió tiempo, el necesario,

para la contemplación.

Demasiados acres nos alejaron

de la ilusión posible, del paso

de la hormiga por la pierna.





Enzia Verduchi (1967, Roma, Italia. Reside en México desde los cinco años)

Fuente: www.literaturalatinoamericana.com












septiembre 25, 2013

septiembre 23, 2013

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José Kozer




Furtivos







Esa parada de ómnibus la reconozco, esa cicatriz a ras del pavimento la produce todavía

el paso de los tranvías, fulgor y

desaparece el ruido del orín tras

la huella amarilla: paralelas

libélulas, se encaminan.



Se han mecido los visillos, entreví un espejo, su desfiladero vacío: reconozco el fulgor (piqué) de un vestido

amarillo (estampado) a punto de

irrumpir: las paralelas extienden

cada vez más el infinito. El

columpio entre dos abedules,

la perra de lanas con el lazo rojo

atado al rabo, la dama del parasol

y el sombrero de alas anchas

(lona, refulgente) su drástica

aparición al pie del arbusto florido

de lilas blancas, ha desaparecido

del espejo de cuerpo entero: escucho

su llamado en aquel idioma gutural,

el cuajarón de ablativos y vocativos,

ah la proliferación de idiomas

desconocidos que hacen detener el

columpio, bajarse el muchacho de

pantalón dril corto, medias altas,

camisa sepia (ahora por fuera):

reconozco al pie de la letra la

escena.



Es la hora de almuerzo, corrieron los visillos, los postigos de interior (verde botella) entornados (al máximo)

cuatro figuras reconozco, cuatro

figuraciones en el momento de

sentarnos: cada nombre propio

está poseído de otra sustancia.

Brilla la ira a la cabecera de la

mesa; al otro extremo una

mansedumbre fingida reorganiza

minuto a minuto el menor

desarreglo (no habrá nunca

desperdicios): tarareo, se me

manda a callar (schweig still)

callo, en reconocimiento del

mandato; me voy adentro a

tararear (ponme la mano aquí

Macorina): nos hemos ya guiñado

el ojo, reconocemos caminos

(encrucijadas) por los que se les

escapa el poder: dominio nuestro

(sublevación) un gran repertorio

de canciones populares (de eso no

entienden nada): tarareamos, de

consuno, muy adentro.



Y llega la penumbra, la más extrema penumbra, sigilo de los tranvías, huellas amarillas inaudibles, el espejo

Irrompible cuajado de figuras

(y detrás, ninguna figuración):

sólo quedamos de pie mi

hermana y yo, ajenos a todo

vaticinio, entre faroles y postes

del tendido eléctrico, calles

irreconocibles: sólo tenían

nombres (localización, ninguna):

nos detenemos a la verja, miramos

el pasillo de baldosas rojas, la puerta

impenetrable de roble con sus

cuarterones tallados, la sombra de

una aldaba. ¿Llamamos? ¿Nos

llevamos las manos en pirámide a

la boca y pregonamos nuestros

nombres? ¿Acudirán? Huele a una

capa reciente de barniz, respiramos

hondo hasta intoxicarnos: por el olor

de una breva o del cazador de Beck

sabemos que ahí estuvo hace un

momento (lo hemos reconfigurado):

pasamos la mano (estela) por la

superficie impoluta de la mesa,

reaparecen sentados a la sobremesa,

postres de yeso, vasos altos de helechos

desbordados.













José Kozer (1940, La Habana, Cuba)


Fuente: www.literaturalatinaoamerciana.com




Imagen: www.lacronica.com










septiembre 21, 2013

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Gabriel Gómez Saavedra






Ruta 38







Todavía tengo este dolor desorientado

y la boca seca…

Estoy recién salido

de una ascensión algodonada,

del paisaje donde el blanco lo pisa todo

y uno no termina

de ser engullido.

Ahora me aquieto en esta síntesis

diagramándose de voces superpuestas

y de pasos que gotean con el suero,

cayéndome ajenos

por la baja guardia de la yacencia.



Hay un pedazo de conciencia que se me debe

atrasado entre el caucho frenado,

los metales retorcidos del auto

y los de la rastra cañera;

como si a la luz del oxígeno

temporalmente la enterrara

un golpe de ceniza.



Supongo que es domingo.



Los azulejos

de la sala del hospital

se cuadriculan con las filas

de las hormigas del hielo.

El alto yeso del techo,

el ácido olor de las esterilizaciones

y el cavernoso hueco

del que abandonó la cama de al lado

se intercalan

perteneciéndome.



Sí, debe ser domingo,

la descuidada lluvia

afuera

va como afirmándolo.









Gabriel Gómez Saavedra (1980, Concepción, Tucumán, Argentina)

Fuente: Grupo de poetas independientes Suma

septiembre 18, 2013

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Seamus Heaney




Fuente: www.thejournal.ie





Norte











Retorné a una costa alargada

la curva en forma de martillo de una bahía

y encontré sólo los poderes

profanos de los truenos del Atlántico.

enfrenté las invitaciones

impensadas de Islandia,

las poblaciones patéticas

de Groenlandia, de pronto

aquellos fabulosos invasores

aquellos  que se extendían por Orkney  y Dublín

medidos a través

de sus largas espadas oxidadas

aquellos en la maciza

barriga de los barcos de piedra

aquellos hachados y destellando

en la grava de arroyos que se descongelaban

eran ensordecidos por el océano

que me alentaba, levantaba otra vez

con violencia y epifanía.

La lengua nadadora del barco Vikingo

flotaba mirando hacia atrás

decía que el martillo de Thor se balanceaba

hacia la geografía y el comercio

hacia torpes alianzas y venganzas,

los odios y críticas por la espalda de

los Althing, hacia las mentiras y mujeres

hacia el desgaste de  la paz propuesta

y la memoria madurando la sangre derramada.

Dijo, “Recuéstate

en la palabra atesorada, ahonda en

las vicisitudes de la vida y en el resplandor

de los pliegues de tu cerebro.

Escribe en la oscuridad

Espera   la larga incursión

de una  aurora boreal

pero nunca una cascada de luz.

Mantén tu ojo cristalino

como la punta de una estalactita

confía en el tesoro esencial que tus

manos conocieron”.











Nota: Alþingi (derivada de la antigua palabra nórdica Alþing o "Althing") es el parlamento nacional de Islandia cuya fundación tuvo lugar en 930 en la región de Þingvellir, (a 45 kilómetros de la que luego sería la capital de la república,Reykjavík).



Enlaces: Seamus Heaney

Versión: Marina Kohon.








North








I returned to a long strand, 


the hammered curve of a bay,   


and found only the secular


powers
of the Atlantic thundering.


I
faced the unmagical


invitations of Iceland,


the pathetic colonies


of Greenland, and suddenly


those fabulous raiders,


those lying in Orkney and Dublin   


measured against


their long swords rusting,


those in the solid


belly of stone ships,


those hacked and glinting


in the gravel of thawed streams


were ocean-deafened voices


warning me, lifted again


in violence and epiphany.


The longship’s swimming tongue


was buoyant with hindsight—


it said Thor’s hammer swung


to geography and trade,


thick-witted couplings and revenges,


the hatreds and behind-backs


of the althing, lies and women,   


exhaustions nominated peace,   


memory incubating the spilled blood.


in the word-hoard, burrow   


the coil and gleam


of your furrowed brain.


Compose in darkness.   


Expect aurora borealis   


in the long foray


but no cascade of light.


Keep your eye clear


as the bleb of the icicle,


trust the feel of what nubbed treasure   


your hands have known.’










       

septiembre 14, 2013

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María Lyda Canoso











siempre nunca











siempre nunca habrá un primer plano de chicos

jugando a construir un castillo



mar con viento y la arena sal amarga tan a

contraluz como la maledicencia



ella empieza el cuaderno azul intimidada por los

debe y los haberes



encuentra en lo escrito razones para creer que se

es feliz ¿alguien puede asegurarlo? no tanto

ahora que lo abre para que salgan los

moluscos que se le incrustan cuando de noche

el mar se mueve



batido del agua motor oceánico a tres tiempos

que no para de latir



corazón sobreactuado por quien le adjudica

víscera al milagro de la vida   pero no



los mecanismos del amor   pero no



motor que bombea el agua que alisa las pisadas y

borra heridas del alma   te imaginarás que no de

todas   ella se extiende y espera ola sin

esperanza



estuvo aquí exactamente



en esta arena otra en este mar otro que va y que

va   recuerdo de lejano infierno de playas

idénticas   eneros cargados de aceite de coco y

esas lonjitas de la piel



por el temor de dios se bate el agua a punto de

merengue   maquinaria incesante nunca jamás

el mismo sol crece dos veces



la cuña del viento se clava y filtra zumbidos

hipnóticos por rendijas y grietas dactilares del

caparazón soleado



pájaro que sangra

ojo que castiga



miles de puñalcitos uno al lado del otro clavados

con total prolijidad



así es el mar   guarda la memoria y deja que

uno sea   siempre



atravesar macizos hormigonados y luego un

pastizal al ras y no encontrar las cavernas

no   no encontrar las cavernas de la infancia

sí ver olas desconocidas arena en disposiciones

caprichosas y un cartel oxidado cocacola



-¿Será idea mía, madre? (nadie puede contestar)



el hotel majestuoso enorme ahora se muestra

afantasmado

la fiebre hace ver los corredores vacíos con

puertas alineadas sin falleba



el resplandor del resplandor del brillo del brillo



-Pero no.











restricciones del paisaje de campo











todo verde todo verde sucio que a contraluz se

hace azul oscuro casi negro   casi gris casi

marrón casi bordó de un auto o esos caños



recortado como una servilleta de confitería de

esas que ponen debajo de las tortas algo brilla

y es un techo no veo nada más en esta cinta

móvil toda igual espacio que transita el micro

hacia otro lugar idéntico   pero más allá debí

haber tomado un micro que fuera de un paisaje

mental a otro   pero no   si eso hubiera sido las

paralelas convergirían hacia el punto de fuga en

el horizonte habría espejismo allí donde la vista

lo borronea todo y en el espejismo un oasis con

palmeras y dátiles y un pozo con brocal eso por

un lado por el otro iría de atenas al colegio de

wimbledon de una mano a otra mano de un

asado crepitante a un pastel de papas de sur a

norte y de norte a sur todo el tiempo todo a un

tiempo   un expreso al frío y otro al fondo de la

pileta cerca de la rejilla allí donde eso zumba

zumba la proximidad del ahogo visión de

tablero y hoja en perfecta escuadra un árbol es

como otro un cilindro y un cubo   el plano

horizontal fuga fuga fuga al infinito   los autos

van todos en una misma dirección como en uno

de esos jueguitos alienados   dejemos de lado

su color en el plano horizontal hay clavados

innumerables palitos una diagonal lleva un

camión   ahora veo una pantalla de conos que

terminan en aguja gótica y que dan miedo

miedo de que suenen con el viento como el

llamador de ángeles del balcón de enfrente





María Lyda Canoso (Casilda, Santa Fe, Argentina)


De: "Abajo de abajo", Editorial Imaginante, 2013)



Imagen: f de MLC







septiembre 10, 2013

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Ezequiel Ambrustolo




Fuente: elblogdelamanuense.blogspot.com

Los mejores días de nuestras vidas











No es el ámbito sereno del campo,

ni el limonero amarillo,

ni la claridad del día

que promete verticalidad a los hombres,



es la juventud

de hallarse en la unidad

y el ser

que se arrima al cielo.

                                                                      

                                                                        Federación, Entre Ríos











La conversación











Como

la higuera

que entre sus hojas

crecidas

anuncia

la aparición

del estío,



las interminables palabras del yo

en la oscura noche

de occidente

anuncian

el cese,

un corte,



navaja ontológica

sobre

todo lo que habíamos dicho

y quisimos aún decir.











Círculo dentro del círculo



                                                                                Efesios 1:23





¿Qué

ave

ignora

que la

raíz

del árbol

donde

duerme

su cría

será

la madera

donde

escriba

sus notas

periódicas

el ornitólogo?



Todo

está en

Todo.





Ezequiel Ambrustolo (1983, Banfield, Provincia de Buenos Aires)






septiembre 07, 2013

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Scott Hightower










El molino













El molino gris de metal y su depósito elevado de metal

se alzaba junto a la casa desde la noche de los tiempos

batían sus aspas con las brisas de otoño y primavera

batían en los ásperos vientos invernales del norte

que soplaban desde el Ártico


por todo el Medio Oeste

hasta la llanura central de Tejas

batían en el yunque

reseco del calor del verano


de noche era un ángel

inmenso quien –siempre en vigilia-

desplegaba sus alas

un inmenso despliegue sin testigos de angelicales tonos

azules luminiscentes traídos de las alas

de mariposas del Amazonas

granates y amarillos de mirlos hembra y lirios frescos

anaranjado de las tanagras

laurel, oro y fucsia resplandeciente

directamente ascendidos del amanecer

naranja quemado y rojos radiantes

del crepúsculo


fui secreto testigo de cómo el majestuoso ángel

batía sus alas desplegadas sobre nosotros

solamente en mis sueños

sueños que no me fue concedido recordar

hasta medio siglo después


un día un reactor surcando el cielo azul de Tejas

rompió la barrera del sonido

y el ángel cayó

y hubo un gran estrépito

y agua saliendo a borbotones

y una capa oxidada

de limoso sedimento de cien años


y hubo un trasplante

y el ángel recibió un nuevo corazón mecánico

ya no hubo

la medida del batimiento

en el aire

solo la medida del agua fría en la tierra

fluyendo hacia el viejo depósito de roca

dulce miel en la roca


Moisés sacando agua de la piedra

desvaído naranja y mugrientas manchas negras, zumbido de hábiles

avispas camino del agua

filtrada por la argamasa entre las piedras


y más tarde comprendí,

a partir de aquel día,

que quienes allí vivían trabajarían

todos los días de su vida

que nadie vive para siempre


palpitaba inadvertido el nuevo corazón

en el fondo del antiguo pozo

en la nueva oscuridad

no habría alas

ni espacio para alas

no se necesitaban










Scott Hightower (1952, Texas, Estados Unidos de Norteamérica)


Traducción: Natalia Carbajosa

septiembre 01, 2013

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Alberto Fritz





Las primeras voces








Entre la náusea de mi padre y el viento

sucedían las mañanas

                                    
siempre así

durante veinte años:

                        
Aquél del nacimiento y éste

                        
donde flota un respeto secreto

                        
que dicta: Llora por tus muertos.


Entonces todo pasa en el vacío,

hasta el delicado gesto con que dejo ir estas líneas,

allí donde la madre pese a la ausencia

acomoda su frente nupcial.


Entre la dicha y la oscura explicación

pavo real, el vacío.


Que esta mano de prisa, dedique su tiempo a recordar,

no significa que haya unido eso invisible.


Viene la noche y afuera pasan cosas:

¿movimientos reales,

sopor sus sueños?


Ya desde la niñez sucedían, siempre así:

manos, figuras flotantes, caras.


Fantasmas de un mundo sin palabras,

atadas al tiempo de su silencio.











Pictórico








De todas mis maneras de estar,



la primera

(pictórica por supuesto)

se realiza en el desierto.

Después,

miniatura de un siglo envuelto

en su nostalgia,

paseo las perras palabras

sin otro deseo que el de escuchar

la escritura de los meses.

En la opinión de los demás

no florezco más que lo que un loco puede florecer,

desterrado hasta de su boca.

Pese a esto,

camino de la mano de la sombra de mi muchacha

hasta cumplir la ilusión.

Las palabras,

siempre se publican solas.













Alberto Fritz

Alberto Fritz (1962. Viedma, Río Negro, Argentina)


Fuente: www.confinesdigital.com