marzo 30, 2014

marzo 29, 2014

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Raymond Carver: "Quedé tumbado hasta que se rompió el día..."

Raymond Carver


Circulación



Y al fin todos están reunidos
                Louise Bogan




Para cuando empecé a notar dolor
y desperté, la luz de la luna
inundaba el cuarto. Tenía el brazo paralizado,
sujeto como un viejo ancla bajo
tu espalda. estabas soñando,
dijiste luego, que llegabas pronto
a un baile. Pero después
de un momento de ansiedad, estabas perfectamente
porque en realidad era un mercado
callejero, y los zapatos que llevabas,
o no llevabas, era los adecuados para eso.

"Ayúdame" - dije. Y traté de alzar
el brazo. Pero allí se quedó, doliéndome
incapaz de alzarse por sí solo. "¿Qué te pasa?"
- y me quedé mudo, inmóvil.
Le gritamos, y aumentó el miedo
cuando no respondió. "Se me ha dormido" -
dije, y al oír estas palabras
comprendí lo absurdo que era. Pero
no conseguía reir. Nos las arreglamos,
entre los dos, para levantarlo. Este no es mi brazo -
es lo que seguía pensando cuando
le dimos golpes, lo pellizcamos, y
lo devolvimos a la vida,
Nos dijimos pocas palabras uno al otro.
No recuerdo qué. Lo que suelen decir
para tranquilizarse las personas
que se quieren entre sí
dada la hora y la extraña
situación. Recuerdo
que señalaste que había suficiente
luz en la habitación como para que
distinguieras ojeras en mi cara.
Dijiste que necesitaba dormir de un modo más regular
y estuve de acuerdo. Fuimos uno detrás del otro
al cuarto de baño y volvimos a la cama
por nuestros sitios respectivos.
Nos tapamos. "Buenas noches".-
dijiste, por segunda vez aquella noche.
Y quedaste dormida. Quizá
dentro del mismo sueño, o de otro distinto.

Quedé tumbado hasta que se rompió el día, manteniendo
los dos brazos sujetos encima del pecho.
Moviendo los dedos de cuando en cuando.
Mientras mis pensamientos hacían círculos,
volviendo siempre adonde habían partido.
Ese hecho ineludible: hasta cuando
emprendimos este viaje
había otro, mucho más extraño,
que todavía debíamos hacer.



Sencillo




Un claro entre las nubes. El perfil

azul de las montañas.
El amarillo oscuro de los campos.
El negro del río. ¿Qué estoy haciendo aquí,
solo y lleno de remordimientos?

Continúo como quien no quiere la cosa terminando
el tazón de frambuesas. Si estuviera muerto,
me acordaría de mí, y no las podría
terminar. No es tan sencillo.
Es así de sencillo.



Enlaces: El poeta ocasional
De: "Bajo una luz marina", Colección Visor de Poesía, 1990
Traducción: Mariano Antolín Ratto

marzo 26, 2014

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Edith Södergran











Nadie te había advertido


















Nadie te había advertido que este baile

podría durar tanto, tú has entrado como

para participar

en un juego que se puede dejar para

volver a casa a comer o a dormir cuando llega la noche

y la noche llega, pero las manos que te agarran

te mantienen en el corro, no te sueltan,

después de un discreto intento te rindes,

continúas el juego, sigues sonriendo

pero con otra sonrisa,

aún no acabas de creer que va en serio

a pesar de que el baile prosigue por la noche

y que las sombras

se mueven largas y duras

como una carne negra, y el primer horror te golpea

cuando por fin comprendes que era justo eso,

tu propia vida, pero superas ese horror

y decides que puedes vivir con él, y se desvanece

cuando llega la primera alegría, después un segundo

horror más grande y una alegría más grande y

los pasos del baile prosiguen cada vez más profundos en días y noches,

y tú te ríes y llores las risas de todos

y los llantos de todos, y bailas cada vez mejor, inventas

nuevos pasos y sonríes

sonríes y sabes

lo que sabes.

Nadie te lo había advertido, al principio. 














Edith Södergran (1892, San Peterbursgo / 1923, Raivola, Finlandia) Poeta fino-sueca




Enlaces: http://hablardepoesia.com.ar/numero-9/edith-sodergran-sombra-del-porvenir/


Fuente: www.difusioncultural.uam.mx


Imagen: www.howsoftthisprisonis.blogspot

marzo 25, 2014

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Eugenio Montale





La esperanza de verte nuevamente también

me abandonaba:



y me pregunté si esto que me impide

toda sensación de ti, pantalla de imágenes,

tiene los signos de la muerte, o del pasado

hay en él, pero distorsionado y vuelto frágil,

un resplandor tuyo:



(en Módena, entre los pórticos,

un siervo con galones arrastraba

dos chacales de una traílla).







Enlaces: El poeta ocasional



De: "Huesos de jibia - Las ocasiones, Ediciones Librería Fausto, 1978

Traducción: Horacio Armani



Imagen: www.swide.com

marzo 24, 2014

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Laura Giordani






"Tenían como una lepra la infancia devorándoles el pecho"


Clarice Lispector








   Tormentas de tierra

zulquis

escuerzos

las tazas que habían venido de Europa

descascaradas

las fotos de niños ya muertos

las paspaduras

el primer vello en el pubis

fruto que se volvía extraño

la infancia un carozo de durazno

trepanado por hormigas negras

papá silbando en el patio

mientras quema sus libros



todas las memorias amarilleando

bajo el cráneo



nostalgia: esta dulce podredumbre en la espalda esta pútrida

dulcedumbre d elas palabras que no mueren del todo como

esas hojas que antes de desaparecer agonizan juntas en parvas

exudando el fervor del verano y la savia















Enlaces: El poeta ocasional



De: "Materia oscura", Ediciones del Baile del Sol, 2010

Imagen: Facebook de LG

marzo 23, 2014

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Daiana Henderson

Dicha

















Sigo encontrando cierta dicha


en ir en bicicleta hasta tu casa.


Remar no se trata de llegar a la isla,


es disfrutar el trayecto


–dijo Ricardo cuando nos enseñó.


Cada desplazamiento tiene su clave sensitiva.


Bajo los cambios para subir, después


apoyo el peso del cuerpo en los pedales


y me dejo caer en picada.


Se entretejen nudos en los pelos


cuando se ponen a flamear hacia atrás.


Las construcciones van perdiendo altura,


una estela de humo atraviesa el cielo,


dibujada con la punta de una fábrica.


Aterrizo en la entrada 


de tu casa. Las cosas 


andan bastante mal ahí adentro


o en cualquier otro reducto


que tengamos que compartir.


Puedo aceptar que ya no nos queremos como antes,


pero si insisto, es porque la distancia


fabricada entre nosotros


es tan hermosa y delicada


como ningún otro trayecto


que conozca hasta ahora.











Daiana Henderson (1988, Paraná, Provincia de Entre Ríos, Argentina)




Fuente: Facebook de Claudia Masín


Imagen: www.lasvueltasdelcamino.blogspot.com






marzo 22, 2014

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Elfriede Gerstl

























































Lo que sigue siendo deseable y lo que no









el tiempo que me queda

es una cuerda que pareciera ceder
mis días
guisantes lanzados al cazo sin cuidado
qué podría despertar mi curiosidad
nunca tuve ganas de ir hasta una cordillera de la India
estudiar la pobreza y la ignorancia
tampoco necesito espiar el bramido
de una cascada
ni contemplar a los turistas contemplar
no pueden deshacerse de mí las montañas
las dejo en paz
visito ciudades como cafés
sin previa nostalgia
algunas personas me mantienen
girando y activa
su consentimiento es la cumbre de mi dicha
su comprensión de mis expediciones mentales
mi meta en el viaje






Elfriede Gerstl (1932 / 2009, Viena, Austria)



Fuente: Página Facebook de Jonio González


Imagen: www.kritische-ausgabe.de






marzo 15, 2014

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Joaquín O. Giannuzzi





Anémonas de Matisse











Qué materia ligera para el ojo

sometido a presión. Girando

sobre cada eje verde, se agrupan

en explosiones suaves

de rojo, violeta y blanco totalmente recientes

hacia un centro de ingrávidos objetos.

Dominación frontal, casi con nada y al descuido

en la hora indistinta, cuando todo

está bien. Alegrías

de agua liviana en un solo plano. La gracia más conforme

de estar allí como en el campo

de una dulce costumbre. Un poco ebria

la perspectiva asegura

la inestable sociedad de las cosas.

Pero amar el mundo, su abundante presente,

es obtener más luz:

esta celebración de la apariencia

que sin embargo se sostiene hasta el fin.











Enlaces: El poeta ocasional

De "Violín obligado", Libros de Tierra Firme, 1984


marzo 11, 2014

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Isabel Bono













salir a la calle

sin otro trabajo

que vagar sin
objetivo


entretener el
miedo


se convierte en
superstición


nos dirán qué
hacer


tú y yo parados

en el centro de
la muchedumbre


uno piensa en una
flecha


de alguna manera

el dolor
desaparece


como la luz
menguante


de los charcos











/// 













ya he pasado por esto

ya
tuve un deseo irreprimible


por
ser otras personas


por
tener otra edad y otro domicilio


nunca
llegaré a entender por qué


sólo
una vida


y por
qué precisamente ésta


siempre
tan lejos



















Isabel Bono (1964, Málaga, España)


De: www.babab.com




Imagen: www.andalucialadia.es










marzo 09, 2014

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Li-Young Lee




















Pequeño Padre
















Enterré a mi padre




en el cielo.




Desde entonces, los pájaros



lo limpian y peinan cada mañana


y lo tapan con las sábanas hasta arriba


cada noche.





Enterré a mi padre bajo tierra.


Desde entonces, mis escaleras


sólo van hacia abajo


y toda la tierra se convirtió en una casa


cuyos cuartos son las horas, cuyas puertas


permanecen abiertas a la tarde, recibiendo


a un invitado tras otro.


A veces veo detrás de ellos


las mesas dispuestas para un casamiento.





Enterré a mi padre en mi corazón.


Ahora crece dentro mío mi extraño hijo,


mi pequeña raíz que no bebe leche,


pequeño y pálido pie hundido en la noche,


pequeño reloj que sale recién mojado


del fuego, pequeña uva, padre del futuro


vino, un hijo fruto de su propio hijo,


pequeño padre que rescato con mi vida.








Li-Young Lee (1957, Jakarta, Indonesia. En 1964 su familia se instaló en los Estados Unidos de NA) 


Versión: Tom Maver





Fuente: www.hastadondellegalavoz.blogspot.com 


Imagen: www.versephantom.blogspot.com








Little Father








I buried my father


in the sky.


Since then, the birds


clean and comb him every morning  


and pull the blanket up to his chin  


every night.






I buried my father underground.  




Since then, my ladders




only climb down,




and all the earth has become a house  




whose rooms are the hours, whose doors  




stand open at evening, receiving  




guest after guest.




Sometimes I see past them




to the tables spread for a wedding feast.







I buried my father in my heart.




Now he grows in me, my strange son,  




my little root who won’t drink milk,  




little pale foot sunk in unheard-of night,  




little clock spring newly wet




in the fire, little grape, parent to the future  




wine, a son the fruit of his own son,  




little father I ransom with my life.










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Niní Bernardello






























































Un marco de plástico verde

con relieve dorado guarda un retrato

de historia forzosa. Veo la casa envuelta

en hule gastado con flores adversas

y azúcar derramado a los pies de todos.

Aquellas botas claras de descarne

emergiendo como un relámpago loco

en medio de la habitación.

La copa de vino santo rebalsa sobre cenizas

y chisporrotea el rescoldo.

La cola de un pavo real tejido

mira con mil ojos la escena.

Estoy en un lugar argentino, de piedra,

de aguas, de trinos. Espacio calado

sobre el cielo, vacío sobre vacío.







Niní Bernardello (1940, Cosquín, Provincia de Córdoba, Argentina)


De: Facebook / Valeria Cervero





Imagen: www.pagina12com.ar







marzo 07, 2014

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Luis Benítez










El cotillón de las tinieblas












Las llaves rotas, las monedas sin valor,


esos
teléfonos anónimos recobrados de un bolsillo,


el
polvo de las paredes, de los muebles, las ventanas.


El
polvo que cubre toda la tierra


como
un segundo mar, en seco.


Una
mancha en la ropa que continúa en la carne,


un
grito y después un susurro y después el silencio


que a
duras penas se disfraza de resto de la tarde.


Un
llamado sin voz, despertarse buscando


un
algo indefinido que a nuestro lado se desangra


y
difumina y que olvidamos por grados.


Lo
que nos amenaza desde una mosca


chillando
furiosa en la cortina.


Una
misma situación, las idénticas palabras,


que
cada cuatro exactos años se repiten


con
la morosa precisión con la que baja,


de
nuevo, un ascensor.


Las
cosas que nos miran fijamente,


desde
las vidrieras cerradas,


cada
vez que pasamos haciendo


la
penosa pantomima de ignorarlas.


Alguien
que nos observa desde un lejano edificio,


exactamente
cuando vemos sin oírlo


que
nos está diciendo algo.




El compacto horror de la tortuga


que
nos devuelve al jurásico.














Enlaces: El poeta ocasional

De: "La tarde del elefante y otros poemas"



Imagen: www.elcoloquiodelosperros.net






marzo 05, 2014

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Vittorio Sereni



Cita a una hora insólita











La ciudad —me digo— donde la sombra

casi más deliciosa es de la luz

apenas brilla renovada en la mañana…

«…seca la tormenta de esta noche» —ríe

mi alegría retornada junto a mí

tras un breve desapego.

«Seca al sol sus contradicciones»

—torvo, casi a punto de creer, replico.

Mas la forma la imagen el semblante

—de ángel habría dicho en otros tiempos—

renacido a mi lado en el escaparate:

«Querido —se burla abiertamente— querido,

con ese aire de vacaciones. ¿Y piensas

en la ciudad socialista?».

Ha vencido. Y ya me relajo: «No

llegaré a verla» le respondo.

                                               (No estaremos

más juntos, debería decir). «Pero es justo,

haces bien en no atenderme si digo estas cosas,

si las digo por odio hacia alguien

o rabia por algo. Pero cree en la otra

cosa que se abre camino en mí de tanto en tanto

que en sí las otras incluye y las hace espléndidas,

rara como esta mañana de septiembre…

justo para mis adentros hablaba:

de la alegría».

                      Me toma del brazo,

«No es cierto que sea rara —me corrijo— está,

se lleva como una herida

por las calles deslumbrantes. Es

esta hora de septiembre en mí reprimida

durante todo un año, es el zorro robado que el niño

escondía bajo la ropa y la cadera desgarraba,

un arma que se lleva con abuso, fuera

del breve sueño de unas vacaciones.

                                                         Podría

con ella asesinar, con la sola alegría…»



Pero dónde estás, ¿dónde te has perdido?



«Es en esto en lo que pienso si alguien

me habla de revolución»

digo al escaparate de nuevo desierto.





Vittorio Sereni (1913, Luino / 1983, Milán, Italia)

Versión: Mónica Cantos



Imagen: www.formavera.com









Appuntamento a ora insolita











La città — mi dico — dove l'ombra


quasi più deliziosa è della luce

come sfavilla tutta nuova al mattino...

«...asciuga il temporale di stanotte» — ride

la mia gioia tornata accanto a me

dopo un breve distacco.

«Asciuga al sole le sue contraddizioni»

— torvo, già sul punto di credere, ribatto.

Ma la forma l'immagine il sembiante

— d'angelo avrei detto in altri tempi —

risorto accanto a me nella vetrina:

«Caro — mi dileggia apertamente — caro,

con quella faccia di vacanza. E pensi

alla città socialista?».

Ha vinto. E già mi sciolgo: «Non

arriverò a vederla» le rispondo.

                                               (Non saremo

più insieme, dovrei dire). «Ma è giusto,

fai bene a non badarmi se dico queste cose,

se le dico per odio di qualcuno

o rabbia per qualcosa. Ma credi all'altra

cosa che si fa strada in me di tanto in tanto

che in sé le altre include e le fa splendide,

rara come questa mattina di settembre...

giusto di te tra me e me parlavo:

della gioia».

                    Mi prende sottobraccio.

«Non è vero che è rara, — mi correggo — c'è,

la si porta come una ferita

per le strade abbaglianti. È

quest'ora di settembre in me repressa

per tutto un anno, è la volpe rubata che il ragazzo

celava sotto i panni e il fianco gli straziava,

un'arma che si reca con abuso, fuori

dal breve sogno di una vacanza.

                                                 Potrei

con questa uccidere, con la sola gioia...»



Ma dove sei, dove ti sei mai persa?




«E' a questo che penso se qualcuno


mi parla di rivoluzione»

dico alla vetrina ritornata deserta.








marzo 03, 2014

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Máximo Simpson



Poema de año nuevo











Tan mortal como el otro,

tan reciente,

es un año tan año que da pena,

que da llanto y da rabia.

Eso eso simplemente: tan pequeño,

tan efímero rostro, tan escaso,

tan difunto y floral,

que lo veo pasar desenrollando

variados arrebatos, diminutas acciones,

coyunturas y brindis,

como el buen empleado de oficina,

impasible escribano de los muertos,

que dejará a su vez un almanaque,

una silla y un sueldo para otro.





Minúsculas reyertas con sus golpes de mano,

los gestos estruendosos y las revoluciones,

los precarios destinos navegando en la gota

del año inmemorial que se repite,

me ponen melancólico, irritable.

Sin embargo a mí esto no me arredra,

no me me estorba empezar todo de nuevo:

ordené mis carpetas,

discipliné el declive de mis años,

esta gran inquietud que me atenaza,

y me dispuse a ser,

a ser nomás un hombre,

con el desbarajuste que sostengo,

con mi gran ansiedad desaforada,

y así compaginados mis recelos,

metodizada el ansia, con mi tormento en regla,

yo me pues a vivir entre mis deudos,

a caminar entre vecinos,

para vivir nomás, vivir si esto es posible,

solamente morir,

vivir y estar cayendo.













Máximo Simpson (1929 / 2017, Buenos Aires, Argentina)

De: "Poemas del Hotel Melancólico", Editorial Amistad (Premio Fondo Nacional de las Artes) 1963








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Robin Myers


Robin Myers


El retorno



Ésta es la calle donde
naciste. Ésta es la llave que se te cayó en la nieve,
y éste es el abrigo que te pusiste para ir a buscarla.
Éste es el cielo visto desde la ventanilla del avión, la mañana que te fuiste
del país. Éste es el lugar del que pensabas que jamás te irías.
Éste es el sándwich que comiste en la escalinata de una iglesia,
las migas que les diste a las palomas. Ésta es la funda de la almohada
que todavía tiene pelos tuyos. Esto es el verano.
Éste es el continente que cruzaste,
la carta que pusiste a lavar con la ropa por error,
el cuchillo con el que te cortaste picando una cebolla.
Ésta es la maravilla de poder reconocer a un amigo por su tos
en el cuarto de al lado. Esto, aunque estás durmiendo, es un ratón
debajo de las tablas de madera del piso, y ésta es la luz que las recubre,
y éstas son las sombras que salpican la columna vertebral
de alguien que está acostado boca abajo.
Esto es casi lo que querías decir.
Esto es alguien que toca una pieza de Brahms en el piso de abajo,
el vaso de agua que tiembla sobre el piano, el agua derramada.
Esto es enojo, ésta es una clase de manejo, un año de tu vida; la parada
del colectivo, la sábana, la ola de calor; éstos son los
fuegos artificiales que mirabas a lo lejos,
que en silencio brotaban como flores en los montes oscuros.
Ésta es la forma en que mirás a la gente en el tren
y después la extrañás. Ésta es la fe, como un nudo en la soga
que estás trepando, y éstos son tus dedos, ardidos y despellejados
alrededor de ella. Esto no es una excusa. Esto es el mar, adentro
de un caracol. Esto es el mar.
Esto es, según parece, a lo que hemos llegado.
Ésta sos vos, si decidís volver.

Ésta sos vos si nunca regresás.


La metafísica de Pedro el heladero



Según lo veo yo, el cielo es otro
mundo, nada más,
y yo no soy de ahí.
Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades,
que viven tan profundo que casi no son peces, sino apenas
pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño.
Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina.
De intentar respirar, nos ahogaría el agua,
y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces
se la pasan nadando por ahí, con sus luces de giro y sus dientitos,
comiendo lo que sea que ellos comen,
todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada;
y todas esas sombras y las cosas que brillan,
junto con la comida invisible de los peces,
tienen bastante más sentido que nosotros.
¿Por qué sería diferente el cielo?
Otro país por el que para entrar tenemos que morir,
y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos,
y hay que aprender a parecerse al aire
después de caminar por tantos años.
Cuando a la noche prendo una vela al costado de mi cama,
eso es lo más que llego a parecerme
a los peces de las profundidades.
Se me voló el sombrero un día de viento;
quizá eso se parezca un poquito a volar
o a tener un espíritu o a ser uno. Jamás volví a encontrarlo.
Quizá llegue a algún lado antes que yo,
quizá me quede donde estoy sin él.


Robin Myers: 1987, New York, Estado Unidos de Norteamérica
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
Imagen: www.poetryinternational.blog.org 

marzo 02, 2014

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Damián Lagos Fernandoy, un poema inédito









En la mazmorra

escribe

en tu lecho final

escribe

cada minuto cuenta

el valor de los signos

en el impulso escribe

escribe

llegado el caso será ceniza de su tiempo



Escribe el sol en tu cara

también su mirada abunda

escribe acacias y espectro

escribe como arañas el cajón oblongo

escribe la gota cae sin preludios

escribe en el ruido

aviones que matan

escribe

talla la piedra

la carta a los cautivos



Escribe en el aire

resiste el viento y la tierra

como ese olivo en el salitre

encadenado a un perro que ha escapado

hace siglos



en los cuarteles de invierno

escribe malatesta



Escribe no importa el hambre

escribe alacalufes y déjalos ir



las palabras llenas de vida

tu vida.






Enlaces: El poeta ocasional



Imagen: www.poetasaltuntun.blogspot.com