junio 28, 2014

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Juan José Saer


Lesconil


Juan José Saer



 





Lo otro viene en esos barcos livianos


desde el crepúsculo, hacia el puerto, en el sol


de invierno:


                 lo otro -lo que tiene nombre,


moviéndose fuera de tu silencio


                                               innominado:


más allá, afuera, afuera, en la intemperie

sin pensamiento, sin recuerdos, sin en sí,

como un toldo de feria

                                  en la plaza del mercado

que un viajante contempla, una mañana,

desde su cuarto de hotel, en la planta alta.

Los otros son esos barcos, ese mar, esas caras

de sal y sangre, que vuelven, cada día,

a contemplar, en tierra firme, su naufragio.

Visión rugosa

que atraviesa tu mar liso;

máquinas de oro duro

que lo indeterminado, adentro, aniquila.









Juan José Saer (1937, Serodino, Santa Fe, Argentina / 2005, París, Francia)

De: "El arte de narrar", Universidad Nacional del Litoral,1988



Imagen: www.marianelaalegre.blogspot.com


junio 26, 2014

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Sebastián Pedrozo






Estufa







Cuando tenía diez años

Nos mudamos a una casa con estufa a leña

Yo no sabía qué era el fuego

Hasta que mi padre me llevó a cortar leña

Nos metimos en el monte

Él tenía un machete

Yo una bolsa de arpillera

Cortó ramas altas de una acacia

La mejor brasa, dijo

Volvimos cansados y sucios

Encendimos el fuego.

Allí se hizo la cena

Y no me despegué más

De las llamas

De la madera

Del calor

Mi primer invierno

Lo pasé quemando cosas

Soldados de plástico

Las muñecas de mi hermana

Pan viejo

Insectos

El pelo acumulado en el cepillo de mi madre

Aceite de moto

Las cuerdas con que ataban a los pollos de las patas

Un reloj de pulsera

Un cuaderno doble raya

Con un poema de Constancio C. Vigil

Hasta una medalla que había ganado en karate en el 86

Todo era vencido por el amarillo

Todo mudaba de forma

Derretido

A la mañana

Buscaba en los restos del incendio

Los objetos incinerados

Es curioso lo que le hace el fuego

A la gente

La vuelve silenciosa

Y lenta

Nada me detuvo

Salía a buscar más y más leña

Hasta que un día tosí

Y un dolor horrendo me cruzó la espalda

Caí rendido en una cama

Y la fiebre me devoró

sentía la congestión

El agua en los pulmones

Golpetear sin tregua

Siempre

Por las noches

Una vez vino a verme

Mi maestra de quinto año

Ahí supe que era grave

Que la vida es frágil si uno se aferra

Con desesperación a la fe









Los excesos







Dijo mi padre

Te matan de a poco

Pero hacen los detalles

Por los que te recuerda la gente.












Sebastián Pedrozo (1977, Montevideo, República Oriental del Uruguay)







Imagen: www.elaltillo.com.uy



junio 23, 2014

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Glauce Baldovin









El miedo











Lo conozco.

Escorpión dorado

hongo venenoso

brebaje emponzoñado.

Me lo dieron de beber una tarde de agosto

en taza verde con filigrana de plata.

Dosificado al principio

enmascarado con almendras y jalea de durazno

mezclado con poemas en inglés

"It's many and many years ago in a country

be the sea..."

Lo conozco.

Lentamente me lo hicieron beber porque yo amaba

por entonces

las palabras.

Escorpión dorado.

Nadie sabe que si incendio fuego a mi alrededor

me clavarás la cola justo en el centro del corazón

y moriremos los dos

tan juntos como hemos vivido.











Glauce Baldovin (1928 / 1995, Río Cuarto, Provincia de Córdoba, Argentina)

De: Poemas crueles, 1996)



Imagen: www.cortando-camino.webnote.com.ar






junio 21, 2014

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Carlos Martínez Rivas






Día y noche golpeaba el pie de tu sonrisa.






Pero tú no me
oías. Te llamé con abejas...


y nada. Con
gorriones... tampoco. Con caballos...


y tu pecho seguía
cerrado.




Hasta que un día,

cuando todo era
inútil y la cosa parecía perdida,


se me ocurrió
llamarte a ti contigo misma.


Y por medio de ti
llegar a ti. Y di en el clavo.




Fue leve, como un zarpazo de
violeta,


como un puñetazo de abanico. Pero sonó la aldaba,

rechinaste... y te fui abriendo toda,

como una puerta, y penetré en tu nombre.



Por eso, y desde entonces:

Para el día y la noche.

Para los dolorosos y quebrantados ojos

que dejaste perdidos. Para todos los días

y todas las noches de la vida. Para que el mar y el
fuego


te coronen y tejan para ti una guirnalda.



Para que el viento venga. Para que el vino venga

y te diga: "¡Levántate y anda!

Corta un racimo de uvas, y sígueme".



Para que pidas todo lo que te dé la gana:

El laurel,

el espejo,

la guitarra.

El lirio

blanco como una niña después de un accidente.

El árbol,

la pianola,

el reloj,

la naranja.

El paisaje que espera en el fondo del vaso

dar de beber al ojo lo que no bebió el labio.

El frutero en donde cabe todo el verano,

y el sofá dentro de una pecera con violines.



La fuente donde el líquen sueña sus catedrales.

El clavel que en el tallo se enciende como un
fósforo


y el pájaro que sueña atornillado a un trino.



En fin para que todas las cosas de la tierra.

Para que todas las cosas trémulas y hermosas de la
tierra


descansen en el hueco

de cada una de esas manos tuyas que yo amo

y en doble arroyo lleguen hasta tu boca pura:

te levanté una rosa lo más alto que pude.

Te he construido una casa sitiada por la espuma.

Pon el oído en esa rosa, y oye lo que su olor te
dice.


Húndete en esta casa que te hice, y habítala.

Y bébete esta copa de agua con golondrinas.



Porque tú... Pero espera. No vayamos tan lejos.

Creo que ya va siendo hora de que me explique.

Yadira, aquí me tienes:

solo, como los monogramas en los pañuelos.



Y desde Granada, desde el Colegio.

Sobre mi ventana que da al Lago de Nicaragua,

y en esta hora, te recuerdo, y pienso:



Era entonces en San José de Costa Rica...

En el Barrio Amón, y en la misma esquina de tu
casa,


de tu casa con barandas...



Ahora ya de lejos,

toda la ciudad cabe en tu pequeño nombre.

Y por eso, hasta las cosas más pequeñas, todo,

lo tomo y lo empujo hacia ti para que brille.



Me refiero a las vueltas alrededor del parque,

a los discos en moda de ese tiempo;

a las interminables partidas de ping pong

en el asueto de los sábados por la tarde.

A tus vestidos con un barco bordado en la bolsa,

y a los paseos en bicicleta

por los alrededores de la capital...

Cosas que no valen la pena,

pero que yo las canto -y lo hago ardientemente-

porque en torno de esto hay algo tuyo que se reune:

un desprendido pétalo que llega de tu cielo.

Un pedazo de espuma caído de tu espuma.

Un resto de palomas, una pelusa de alma.

Pero es el caso que yo no me conformo con eso.

Que ninguno de nosotros puede conformarse con eso.



Porque tú no eres únicamente

esa niña que juega ping pong, sonríe,

y se vuelve manzana cuando cumple quince años.



Hay algo más en ti. Esa tu otra tú

que te aguarda en el sueño de tu desnudo puro.



Y a esto es, precisamente, a lo que vengo:

vas a emprender un viaje que nunca habías hecho.



Conmigo. Tú y yo, solos. Nosotros dos, volando

hacia los otros dos nosotros que nos esperan

allá, sobre las nubes de luz fría,

entre un camino de lámparas, paseándose,

altos, eternos y definitivos.



Prepárate. Iguala

tu reloj de pulsera con el reloj del aire.



Y ahora mismo, mientras todos bailan,

y en tu puerto el alcalde y el comandante juegan

una partida de ajedrez para mientras llega el
barco,


tú y yo nos vamos.



Deja que todo quede como está, en desorden.

Y date prisa. Tenemos todo el día por delante

pero el camino es largo.

Llegaremos allá cuando las estrellas brillen.



Prepárate para el salto.

Y que el aire sea con nosotros.

Listos.

A la una...

a las dos...



y a las...



tres!














Carlos Martínez Rivas (1924, Puerto de Ocoz, Guatemala / 1998, Managua, Nicaragua)


Enlaces: Escritores nicaragünsesPoesía nicaragënse

Fuente: Facebook Ignacio Uranga



Imagen: Fuente:archivo.laprensa.com.ni

junio 20, 2014

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"Entrevista a Mark Strand" por Ezequiel Zaidenwerg





"La obligación de continuar siendo un poeta es una forma de
servidumbre"











A poco de mudarme a Nueva York, me enteré de una extraña coincidencia: Mark Strand ofrecería una lectura en la famosa librería homónima. Terminado el evento, me acerqué con timidez a él para pedirle una entrevista. Viéndose obligado, o tal vez conmovido por mi inglés, que había retrocedido por los nervios a un balbuceo primitivo, Strand me dio su e-mail. Luego de un intercambio epistolar algo enigmático, en el que confirmaba la entrevista, pero no fijaba la fecha, conseguí acordar un encuentro, que sería en un parque infantil, en Chelsea, el viernes anterior a la cólera de Sandy: un clima de catástrofe inminente, pero lejana aún, en consonancia con el mundo poético de Strand.







 La charla, que duró una hora y media, tuvo lugar en un pequeño playground: cuando llegamos, no había nadie allí, pero pronto empezaron a llegar los niños, que corrían y chillaban a nuestro alrededor; y para proteger la voz de Strand, serena y reflexiva, nos teníamos que trasladar de un banco a otro. Esta entrevista repasa su carrera, desde su iniciación como pintor y sus comienzos en la poesía, hasta su libro más reciente, Casi invisible, que anuncia su retiro.








Por Ezequiel Zaidenwerg





Continuar leyendo en: 


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Marizel Estonllo




Fuente: Facebook

Dúo










He visto a un hombre en una esquina

besando desesperadamente a una mujer.



La tarde


eco de otra tarde poseída de soles untuosos

vestigios de un verano postergando la despedida

como él,

arañando su boca en la brevedad.



He visto a un hombre


besando desesperadamente

a una mujer

mientras la muerte se escondía del sol

mientras el horror crecía en las calles

como el hambre ensuciada en las manos de los niños

y de los que fueron niños.



He visto a un hombre tomando entre sus manos


el rostro de una mujer

besándolo sin cesar

a la tarde

en una esquina de la ciudad

donde había muerto un almacén alquilado

corroído por el óxido de un recuerdo.



Y he visto apenas


el rostro de esa mujer

una transparencia del dolor y la pobreza



Tiesa, recibía los besos interminables.




Se jugaba la última carta en el rincón de los desperdicios.




Los ojos de una máscara nos miran desde esa oscuridad


que asalta el orden de los mitos









Marizel Estonllo (1954, Buenos Aires, Argentina)



junio 19, 2014

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Mario Ortiz






Notas rápidas de lo que vi esta mañana a las 7














1








sólo para ver


la escalera de chapa iluminada
por la luna
antes de que amanezca.


el día no comienza con un estallido
sino con un bostezo












2











Sobre el techo de Marcelo, el lucero definitivamente se filtra en los caños. El tanque de agua se enciende por dentro.
Ahí tenés el caño galvanizado con un planeta adentro. Soplalo fuerte y despará: que la diosa Venus regrese al cielo.
Ya
ya
amanece.
Apurate.











3











una escalera de chapa
roja


¿te imaginás?





































Fuente: Facebook






Mario Ortiz (1965, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina)












junio 15, 2014

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Izet Sarajlic









Último tango en Sarajevo 















La Sarajevo amorosa no se rinde.

Sobre la mesa la invitación para el baile matutino en el "Sloga".

¡Y, por supuesto, vamos!

Mis pantalones están un tanto deslucidos

y tu vestido no es de Via Veneto.

Pero nosotros no estamos en Roma,

nosotros estamos en guerra.

Llega también Jovan Divjak, En las botas se ve

que acaba de llegar de la primera línea.

Cuando te dice ¿bailas? te sientes confundida.

Es la primera vez que bailas con un general.

El general no sabe el honor que te hace

y que tú le haces a él.

Ha bailado con la más celebrada señora de Sarajevo.

Pero ahora este tango... ¡es sólo nuestro!

Nos da vueltas, cansados, la cabeza.

Amor mío, se acaba nuestra maravillosa vida.

Llora, llora, si quieres, no estamos en Via Veneto

y tal vez sea éste nuestro último baile.


















Izet Sarajlic (1930, Deboj / 2002, Sarajevo, Bosnia-Herzegovina)




Fuente: www.laslilasbajoeltren.blogspot.com


junio 14, 2014

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Zulma Liliana Sosa




Fuente: Facebook

Eau de toilette



De la serie Praga







III





Conjunto vacío











No

eran tímidas tus cartas. Qué se le va a hacer. Hay intermisiones en las

calenturas, por eso lo de la Edad Media. Tantas batallas y mujeres amarradas a

las armaduras besadas por aceros que eran de hombres, de olores de hombre y

hacía el  final, de animalitos preparando

sus dientes, su enorme banquete . ¿Ves lo que pasa? Me perdí. Decía que si vos

estuvieras acá nos iríamos de tripas, porque las tripas son parecidas a las

raíces y ellas tienen estirpe, tienen exilio y ese movimiento justo de  mantenerme en vela, calentita , esperando;

para luego desnudarme, para luego confesarse a pura lengua y esa gotita de Eau

de Toilette de Chanel que me trajiste de Paris.



¿Te

acordás del Hotelito de mala muerte, con sus paredes extendidas , tensa en su

humedad invasora y el Eau de Toilette? El dolor ya se estaba sintiendo, digo,

del abandono, claro, pero entonces no lo sabía

y mis piernas rechazan todo movimiento, así que decidiste inyectarme un

calmante. Vos lo decidiste.



Compraste la aguja y la

jeringa descartable y así llegamos al hotelito barato alojamiento.

¡Cuánto calor! Yo desnuda boca abajo y vos desinfectando mi nalga con Eau de

Toilette.



-¿Te duele?-

preguntaste, - no, decía yo y temblaba. Nos amamos como bocas buscadoras del

pimiento en los cuerpos mojados, como niños célebres que atrapan magas para

adular el cabello cálido y los senos habladores celebrando semen, de a poco,

gota a gota.



Al

atardecer, comimos pizza y bebimos vino de la casa que no era feo.  Cruzaste la Avenida sin volver la cabeza. Ahí

sentí el olvido del cielo terrestre. ¿Qué me calce en las manos que pesaban

como una ciudad llena de violines y conciertos enterrados? Y sucedió en la

frontera de mi ala drogada; golpe a golpe por la bolsa de algo imaginario en

ese ring side; celebrado y fusilado y había que golpear, golpear, golpear, hasta que el viento olfateara de una vez y para siempre, la última prenda

de la querida del buana; la preferida de la tribu de imágenes.  Anticipadamente comenzaste a velarme en voz

baja y me di cuenta que llorabas.



Llorábamos .



Parecía que

me estaba yendo, ya,  antes de

desaparecer..Como la carne tiene sus leyes, nunca queda una constancia

definitiva, sino lo que empieza a desvanecerse, como en una fotografía.











Otros poemas de Zulma Liliana Sosa, aquí

Fuente: Facebook








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Raymond Carver: Propina


Propina



No hay otra palabra posible. Pues eso es lo que fue. Una propina.
Una propina, estos diez años pasados.
Vivo, sobrio, trabajando, amando y
siendo amado por una buena mujer. Hace once
años le dijeron que tenía seis meses de vida
si seguía como hasta entonces. Y que no iría
a parte alguna sino al fondo. De modo que cambió
su modo de vivir. ¡Dejó de beber! ¿Y lo demás?
Después de eso todo fue una propina, cada uno de los minutos,
hasta ahora, incluyendo cuando le dijeron eso;
bueno, algunas cosas se vinieron abajo y
algo creció en su cabeza: "No lloréis por mí"
-les dijo a sus amigos-. "Soy un hombre de suerte.
He vivido diez años más de los que yo o cualquiera
esperaba. Pura propina. Y no lo olvido".



Raymond Carver (1938, Oregon / 1988, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Un sendero nuevo a la cascada", Colección Visor de poesía, 1993
Traducción: Mariano Antolín Rato

junio 11, 2014

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Antonio Gamoneda
















Adiós

















Esta es la tierra, donde el sufrimiento


es la medida de los hombres. Dan


pena los condes con su fiel faisán


y los cobardes con su fiel lamento.


La belleza nos sirve de tormento


y la injusticia nos concede el pan.


Un día brindaréis por los que habrán


convertido el dolor en fundamento.


Los que vivimos para dar alcance


a tan inmensa luz que hoy no podría


un dios mirarla sin quedarse ciego,


aún tendremos que agotar el lance:


arrojar al silencio la agonía




como quien tira el corazón al fuego.















Antonio Gamoneda (1931, Oviedo, España)




Imagen: www.cervantesvirtual.com




junio 10, 2014

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Diego Muzzio





Nox










Si la oscuridad resbala sobre las ventanas

y paralelo a mi mano persiste el fósil

de una taza de café, es que llegó la noche.

No puede extrañarme que llegue la noche.

No debería extrañarme. La noche siempre llega.

En silencio, empujada por la espuma

de otras noches disueltas tras su espalda,

o quizás al despertar de una siesta prolongada.

Cuando los ojos se abren a la oscuridad,

la penumbra desconcierta.

Pero ahora habrá que levantarse, tender la cama,

cenar, permanecer despierto hasta el alba;

y pensar, bajo la luz de la lámpara, en lo que dejé atrás:

tardes en que el músculo del brazo

trazaba en el aire la arquitectura de la pesca,

forma única y falaz de eternidad posible.

El sol hundido en la nuca, anzuelos que parecían de oro.

Y después abandonar el muelle con un volcán

de hirvientes pejerreyes, aun sabiendo que,

tres días más tarde, los peces comenzarían a morir

muy lentamente. Aun sabiendo que una mañana

encontraría diez tajos plateados en el agua estancada.

Miro mis manos con el mismo asombro de siempre.

Nunca dejaron de asombrarme, mis manos,

ni tampoco el mudo puño que retiene

el orden momentáneo de mis venas, de mis huesos,

el orden de la luz en los ojos siempre abiertos

ante la inminente caída de la noche.
















www.elmundoincompleto.blogspot.com

Oros poemas de Diego Muzzio, aquí





junio 08, 2014

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Kenneth Koch




John Ashbery & Kenneth Koch







































To You















I love you
as a sheriff searches for a walnut


That will
solve a murder case unsolved for years


Because the
murderer left it in the snow beside a window


Through
which he saw her head, connecting with


Her
shoulders by a neck, and laid a red


Roof in her
heart. For this we live a thousand years;


For this we
love, and we live because we love, we are not


Inside a
bottle, thank goodness! I love you as a


Kid
searches for a goat; I am crazier than shirttails


In the
wind, when you’re near, a wind that blows from


The big
blue sea, so shiny so deep and so unlike us;


I think I
am bicycling across an Africa of green and white fields


Always, to
be near you, even in my heart


When I’m
awake, which swims, and also I believe that you


Are
trustworthy as the sidewalk which leads me to


The place
where I again think of you, a new


Harmony of
thoughts! I love you as the sunlight leads the prow


Of a ship
which sails


From
Hartford to Miami, and I love you


Best at
dawn, when even before I am awake the sun


Receives me
in the questions which you always pose.












Para ti




Versión Jordi Doce










Te quiero como un sheriff busca la nuez

que resolverá un caso de asesinato que lleva años sin resolverse

porque el asesino la dejó en la nieve junto a una ventana

por la cual vio su cabeza, conectada por

un cuello a sus hombros, cubriendo su corazón

con un tejado rojo. Por esto vivimos mil años;

por esto amamos, y vivimos porque amamos, no estamos

dentro de una botella, ¡gracias a dios! Te quiero como un

niño busca una cabra; estoy más loco que los faldones de una camisa

al viento, cuando estás cerca, un viento que sopla desde

el gran mar azul, tan brillante, tan profundo y tan distinto de nosotros;

me parece que siempre estoy cruzando en bicicleta un África de campos

verdes y blancos para estar cerca de ti, incluso en mi corazón

cuando estoy despierto, que va a nado, y creo también que eres

tan digna de confianza como la acera que me lleva hasta

el lugar donde vuelvo a pensar en ti, ¡nueva

armonía de pensamientos! Te quiero como la luz del sol gobierna la proa

de un barco que navega

de Hartford a Miami, y te quiero

más y mejor al amanecer, cuando incluso antes de despertarme el sol

me recibe en las preguntas que tú siempre planteas.












Para vos








Versión Sandra Toro














Te amo como un sheriff busca una magnum


que va a aclarar un caso de homicidio sin resolver por
años


porque el asesino la dejó en la nieve al lado de una
ventana


a través de la cual vio la cabeza de ella, conectada a


sus hombros por un cuello, y puso un techo


rojo sobre su corazón. Por eso vivimos mil años;


por eso amamos, y vivimos porque amamos, no estamos


adentro de una botella ¡gracias a dios! Te amo como


un chico busca una cabra; cuando estás cerca soy más
loco que los faldones


de las camisas al viento, un viento que sopla del


gran mar azul, tan brillante, tan profundo y tan
distinto a nosotros;


Creo que siempre estoy cruzando en bicicleta un África
de campos verdes


y blancos para estar cerca tuyo, incluso cuando estoy
despierto


en mi corazón, que nada, y también creo que sos


confiable como la vereda que me lleva


al lugar donde otra vez pienso en vos, ¡una Armonía
nueva


de pensamientos! Te amo como la luz del sol guía la
proa


de un barco que navega


de Hartford a Miami, y te amo


mejor al amanecer, cuando antes de despertar el sol


me recibe en las preguntas que siempre proponés.










Enlaces: El poeta ocasionalEl placardJordi Doce

Imagen: www.poetryproject.org




Definiciones de walnut



Sustantivo





the large wrinkled edible seed of a deciduous tree, consisting of two halves contained within a hard shell that is enclosed in a green fruit.


"Roasted pecans, walnuts , or pumpkin seeds are a nice addition."






the tall tree that produces the walnut, with compound leaves and valuable ornamental timber that is used chiefly in cabinetmaking and gunstocks.


"If you pick a walnut from a walnut tree and find it extremely difficult to crack, it shouldn't come as any surprise, as walnuts are literally one of the toughest nuts to crack."





junio 05, 2014

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Sebastián Salazar Bondy






Testamento ológrafo



















Dejo mi sombra,

una afilada aguja que hiere la calle

y con tristes ojos examina los muros,

las ventanas de reja donde hubo incapaces amores,

el cielo sin cielo de mi ciudad.

Dejo mis dedos espectrales

que recorrieron teclas, vientres,

aguas, párpados de miel

y por los que descendió la escritura

como una virgen de alma deshilachada.

Dejo mi ovoide cabeza, mis patas de araña,

mi traje quemado por la ceniza de los presagios,

descolorido por el fuego del libro nocturno.

Dejo mis alas a medio batir, mi máquina

que como un pequeño caballo galopó año tras año

en busca de la fuente del orgullo

donde la muerte muere.

Dejo varias libretas agusanadas por la pereza,

unas cuantas díscolas imágenes del mundo

y entre grandes relámpagos algún llanto

que tuve como un poco de sucio polvo en los dientes.

Acepta esto, recógelo en tu falda como unas migas,

da de comer al olvido con tan frágil manjar.


















Sebastián Salazar Bondy (1924 / 1965, Lima, Perú)





Imagen: redaccion.lamula.pe










junio 03, 2014

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Nilton Santiago, dos

Otro arreglo de cuentas con los pájaros











Por qué diablos tuvimos que ver tantas iglesias y tantos gatos, como geranios,

y tantos sindicalistas en el fondo de los taxis y tantas iglesias

(como si fuesen la calderilla que Dios

arroja en la barra de un bar).

No habíamos facturado por mi culpa

y las maletas de mano pesaban tanto

como el corazón de una ballena varada en una lágrima y llovía.

Pero era nuestra agonía la que en realidad nos costaba llevar

(y no la lluvia en el fondo del taxi)

y la que nos emparentaba con los perros abandonados en la sonrisa de las enfermeras.

Al final llegamos a casa -porque todo llega- deseándonos

como deben desearse los personajes literarios fuera de los libros

pero, claro, tú –la bipolar- al final ni puto caso.

De pronto empezó a llover, era la segunda vez que llovía en el día

y parecía que desempacábamos las olas del mar.

Entonces, “para romper el hielo”, decidí ir a buscar el periódico y unos chocolates,

-qué gran cobarde, qué gran malhechor-

haciéndome paso entre una manada de antílopes

que habías traído como souvenirs,

preciosos baobabs de varios metros de altura.

El barrio era el mismo, la tienda del paquistaní

era la misma nevera en medio de la calle,

y las mismas líneas de cebra cruzaban la avenida

(quizás alguien se había esnifado alguna línea, pero todo seguía igual)

Hasta vi al hombre oscuro que arrastraba su carrito de la compra

con estrellas y otras chatarras,

husmeando en la basura como un gran sabueso.

(A propósito, el hombre oscuro no conoce el pan porque él es el pan,

nadie sabe que guarda una estrella perdida en otra estrella

-como una pata de conejo-

pero no le importa, como no le importa a la lluvia

volver a la mano de Urano, una y otra vez)

Vuelvo a casa sin nada. Me he dejado la cartera y sí, sigues cabreada

y dices cosas como “siempre igual” o “lo tuyo no tiene arreglo”

mientras me preparas unos huevos fritos.

Hoy los telediarios han anunciado otro desahucio de un poema

de su abecedario de agua,

y han hecho un largo reportaje de un matrimonio de nutrias caídas en desgracia

por morder la costilla de Eva, sí otra “cortina de humo”.

Busquemos entonces la manera de cambiar este rollo de la melancolía

por más melancolía, de buscar las armas de la limpieza en el mensaje de las aves

que “han pasado” de las migraciones de invierno

y olvidemos esto de la crisis, de saqueos de bancos, de estafas a jubilados

y de haber visto tantas iglesias,

como si fuesen las cicatrices de Urano.

Vaya vaya, me dices, mientras me paso la saliva,

¿sabías que los indios de la Guayana preparan un licor con las cenizas de los muertos?

Sí, se te ha pasado ya el cabreo



y a mí las ganas de comerme los huevos fritos.









Enlaces: El poeta ocasional

Imagen: Facebook