agosto 31, 2014

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Irene Gruss


El tiempo que demoras en terminar cada cosa
igual al de las cosas a medio hacer.
Nada perturba:
ni la conciencia ni la ensoñación de ver algo
hecho y cerrado.
A modo de hilván y a medias todo. 
Que un límite no cierre lo que no quieres cerrar: parece más vivo
lo inacabado. Allí el vestido sin doblar,
allí los hijos, idos; así un final, como un principio, entremezclado y sucio
de arena del reloj.
Así irresuelta, desparramado un eco, 
la brasa sin atizar. 



Enlaces: Otros poemas de Irene Gruss, aquí
Fuente: de sibilas y pitias
Imagen: Facebook de IG

agosto 30, 2014

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Milo de Angelis













A veces, al regresar, encuentra la ira de los muertos,

el desconcierto
pálido de las calles que una vez 


fueron nuestras y
les dimos las gracias, fueron escalofrío


nocturno y un
vestido levemente acariciado en el balcón: susurran


que solo uno fue el
instante, solo uno fue el beso, el nombre


del palpitar del
corazón, solo uno, susurran


el antiguo
estribillo: "no regreses, no, no regreses


a los lugares que
te han visto feliz."







Más poemas de Milo de Angelis en No-retornable aquí
Sobre Milo de Angelis en El trabajo de las horas



Imagen: www.poetryfoundation.org










Ma a volte, tornando, s'incontra l'ira dei morti / il pallido
sconcerto delle strade che una volta / furono nostre e ringraziate, furono
brivido notturno / e veste sfiorata nel balcone: bisbigliano / che solo uno fu
l'istante, solo uno fu il bacio, il nome / dei batticuore, solo uno,
bisbigliano / l'antico stornello: "non tornare, oh, non tornare / nei
luoghi che tu hanno visto felice."
 







agosto 27, 2014

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Julio Cortázar





Poema




Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores  blanquísimos donde se juegan las fuentes
       de la luz,
Te discuto a cada hombre, te arranco con delicadez de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás  de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la
fábula, y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.


Toda mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte,  así no eres, ni tampoco con
ese pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.


Además te quiero, y hace tiempo y frío. 




De: "Veredas de Buenos Aires y otros poemas", Compañía Editora Espasa Calpe, 1995
Otros poemas de Julio Cortázar, aquí
Imagen:www.lomioesviajar.wordpress.com

agosto 23, 2014

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Louise Glück









Madre e Hijo













Somos todos soñadores; no sabemos quiénes somos.




Alguna máquina nos hizo, máquina del mundo, la familia constrictora.


Luego de nuevo al mundo, lustrados
por suaves látigos.




Soñamos; no recordamos.




Máquina de la familia: pelaje oscuro, bosques del cuerpo de la madre.


Máquina de la madre: ciudad blanca
dentro de ella.




Y antes de eso: tierra y agua.


Musgo entre las rocas, trozos de hojas
y pasto.




Y antes, células en una gran oscuridad.


Y antes de eso, el mundo velado.




Es por eso que naciste: para silenciarme.


Células de mi madre y padre, es vuestro
turno


de ser fundamental, ser la obra
maestra.




Improvisé, nunca recordé.


Ahora es tu turno de ser conducida,


sos la que demanda saber:




¿Por qué sufro? ¿Por qué soy ignorante?


Células en una gran oscuridad. Alguna
máquina nos hizo




Es su turno de abordarlo, volver a preguntar


¿para qué soy? ¿para qué soy?











Mother
and Child


















We’re all dreamers; we don’t know who we
are.


Some machine made us; machine of the
world, the constricting family.


Then back to the world, polished by soft
whips.





We dream; we don’t remember.





Machine of the family: dark fur, forests
of the mother’s body.


Machine of the mother: white city inside
her.





And before that: earth and water.


Moss between rocks, pieces of leaves and
grass.





And before, cells in a great darkness.


And before that, the veiled world.





This is why you were born: to silence me.


Cells of my mother and father, it is your
turn


to be pivotal, to be the masterpiece.





I improvised; I never remembered.


Now it’s your turn to be driven;


you’re the one who demands to know:





Why do I suffer? Why am I ignorant?


Cells in a great darkness. Some machine
made us;


it is your turn to address it, to go back
asking


what am I for? What am I for?





























































































"Mother and
Child" by Louise Glück, from The Seven Ages.
 







Versión: Marina Kohon


Otros poemas de Louise Glück, aquí








agosto 22, 2014

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Natalia Romero




Película

















El dique está
casi vacío


este verano


y el sol me guía


por la marca que
deja


sobre el agua,
esos brillos


como chispas en
la superficie


marcan la
profundidad.


Me acuerdo


de la película
que vi


la noche antes
del viaje.


El actor contaba
los años


que su hijo
viviría


sin él


después de su
muerte.


No quiero
pensarlo


pero lo pienso:


cuántos son los
años


que ya vivo sin
vos


cuántos me
quedan


sin nombrarte
más.


Podríamos haber
venido alguna vez


a esta casa.


A veces, hago
como si habláramos


por teléfono.


Te cuento que te
encantaría


cómo quedó la
zona


tan arbolada


y tranquila en
esta época.


Te cuento de los
frutos nuevos


del ciruelo


del ceibo que se
secó en la esquina.


Es extraño no
recordar un tono


en la distancia
de la voz.


El agua me llega
a la cintura


me estiro, sumergida


todos los
sonidos


forman un mismo
cuerpo.








Aguacero

















Cuando pasamos el río
Sauce Grande


la ruta es toda de
niebla


si seguimos el
sendero del agua


llegamos a la playa,


hay lagunas de lluvia


por el camino


el campo se vuelve
océano.


Pienso que puedo
morir ahora.


Vemos solo líquido
que nos cubre


creemos estar al
refugio


en el auto que nos
lleva.


El agua es un cuerpo
inmenso


no se corta, nunca
sangra.


Adelante un auto hace
luces intermitentes


rojo amarillo rojo


la cortina de agua lo
cubre todo.


Seremos libres


devueltos por la
tormenta


sin más abrigo que la
lluvia.


Caen sapos del cielo
me dijo mi abuelo


yo los vi.


Había olor a mar.






















Natalia Romero
nació el 21 de Febrero de 1985 en la ciudad de Bahía Blanca. Vive en Buenos
Aires desde el 2004. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en la
UBA. Asistió al taller de poesía de Romina Freschi. Estudió dramaturgia y
teatro con Matías Feldman.




Resultado de imagen para poeta natalia romeroHoy asiste al
taller de poesía de Osvaldo Bossi y forma parte del grupo que organiza el ciclo
de lecturas El Rayo Verde. Junto a Maximiliano Cosentino lleva adelante
el ciclo de lectura y diálogo con escritores Necesito oler limón.




Dicta talleres de
escritura y poesía y coordina un taller especial de escritura creativa junto a
Verónica Yattah.




Dirige la librería
virtual A Cien Metros de la Orilla,
www.acienmetroscom.ar




Sus poemas fueron
publicados en plaquetas, antologías, revistas y blogs. Publicó su primer libro
de poesía Elijo (2011). Algunos de sus poemas pueden leerse en
www.todaslascostas.blogspot.com.






Imagen: clarin.com 






agosto 19, 2014

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Osvaldo Aguirre













Sociedad











   Un par de conejos

que trajo el tío

fue el principio

de un gran negocio.

   En las vacaciones,

con el primo

armaron una hilera

de jaulas y se turnaron

para darles de comer

y hacer de serenos.



   Llegaron a tener

cien conejos:

una vez los contaron.



      Todo el mundo,

en el pueblo, conocía

el criadero,

y cada santo día

era un desfile, caían

al campo a buscar

cantidad y precio.

   

        Con el primo

sacaban cuentas

y guardaban la plata,

monedas de uno,

cinco y diez centavos,

en una caja de grageas

para la tos.

                      El olor

a mentol los hacía

pensar en conejos,

en pan remojado,

en zorros al acecho.

         Y en la bolsa

que escondían

bajo la baldosa floja

de la despensa.











No me hagas acordar











Habíamos esperado

tanto, el campo

arado de grietas

y pasto como piedra

para dejar sin dientes

a la yegua, daban

ganas de llorar.

Prendíamos velas

a Dios y a los santos,

y a la pobre nona,

en el paso de la cocina

a las piezas.

Pero no había caso.



Los perros, afligidos,

eran piel y hueso:

no me hagas acordar.



Y en el pueblo

los que sabían todo,

ah, las lengua largas

y los mandados hacer

leían en la bosta,

las nubes o el fuego

donde ponían la marca,

bah, total, no les iban

a cobrar el aire:

algo nunca visto,

bolaceaban,

las pruebas atómicas,

el cometa, Nostradamus

y otra gente que trae yeta.



Con la amargura

yo no llevaba

el menor apunte,

hacía la parte de pavo,

iba dormido. Y cuando vi

que viento norte,

la tierra en la ropa

puesta a secar,

el remolino de tierra

y hojas en el corredor,

el cielo que se venía

abajo y era de tierra,

salí a recibir

para que la visita

supiera cuánto, cuánto

habíamos discutido,

que forma de renegar

con la radio

-“para hoy se espera,

mañana sin falta”,

puras macanas-

y no se fuera,

como las otras,

a la misma mierda.











Abracadabra











El tío Antonio

mostraba su mano

izquierda estirada,

pedía unos segundos

de concentración,

atención al silencio

y patas de cabra,

partía el índice

en dos, podíamos verlo

con nuestros ojos,

el dedo se movía solo,

oh. Pero no le dolía,

era magia



y la mano tenía

uno dos tres cuatro

cinco dedos

al abrirse de nuevo,

con una moneda

que se transformaba

en caramelos.



Quesequede,

decíamos, en el patio

de la luna y los escuerzos,

y más claro agua:

otra, quesequede.

Si le daban un mazo

adivinaba qué carta,

abracadabra,

y un pañuelo blanco

se convertía en otro

largo y de colores.

Quesequede, otra,

otra, pero la familia

esperaba en la cocina,

o reunida alrededor

del asador, para hablar

de cosas aburridas.











La copa Benito Palmaz

(según El Informe de Barlett)











En la primera fecha

Unión de Cepeda,

con la ayuda del árbitro,

el viejo que andaba

de sereno en el galpón

del ferrocarril,

pudo vencer al conjunto

de Sportivo Agrario,

el rojiblanco.

Social Atlético Barlett,

el local, quedó libre.



Estaba en disputa

la copa donada

por Benito Palmaz

a beneficio

del chico Maturano,

más muerto que vivo

en un hospital de Rosario.



Social Atlético se había

reforzado –un arquero,

un cinco y un nueve

que venían por la soja,

con las máquinas-

y el gringo Fioramonti

echaba pestes: querían

que fuera suplente,

él, que llevaba años

con la casaca a rayas

rojas y verdes



y no hubo quién

nadie pudo ni quiso

quién le llevaría el apunte

cuando el árbitro

hizo sonar el silbato

y señaló el centro,

decretando, señoras

y señores, el empate

de Social Atlético,

con sus refuerzos,

y Agrario, un rejunte

de muertos de hambre

y peones de la cosecha.



En la tercera y última

fecha salió otra vez

el sereno del ferrocarril

sorteado como árbitro.

Y apenas comenzó

el juego, quedó claro

que estaba comprado:

ellos pegaban,

y los fules eran nuestros;

ellos de vigilantes,

y el nueve nuestro,

un grandote que estaba

en las nubes,

quedaba fuera de juego;

“penal, penal”, gritaba

hasta el gringo Fioramonti

cuando cruzaban al diez,

que era bueno, y cobraba

en nuestro arco:



pero el negrito

que se había puesto

los guantes era un gato,

como si un elástico

y se quedó con el tiro

del capitán de ellos,

un veterano que venía

de la liga de Pergamino

y jugaba sin moverse

de media cancha.



El sereno, a lo mejor

por una botella de vino

barato, por una botella

de vino barato, el gringo

se cortaba las manos,

emperrado

veía otro partido.

Detrás del alambrado,

tapado de carteles

de la Unión Comunal,

volaban puteadas

y gargajos. La cosa

pasaba de castaño

oscuro, “escándalo”,

dijo el presidente

Rufino Tisera

a El Informe de Barlett.

Pero el borracho no pudo

evitar que el nueve

bajara de las nubes,

cuando la hinchada

de Cepeda festejaba,

y metiera un cabezazo

directo al ángulo.



El viejo Maturano

entregó la copa

Palmaz al capitán

de Social Atlético

y gracias a la colecta

de las entradas

sacaron volando al chico

del hospital

donde querían matarlo.











De: Si llueve porque llueve y si no llueve porque no llueve (inédito)









En el cementerio de Juan B. Molina









I





Dios

no te castigó,

ni caíste

fulminada

por un rayo,

como pedías,

en caso de decir

una mentira.



Todos los muertos

fueron testigos.





II





Salieron

de las celdillas

atontadas

por el efecto

del insecticida.

El nido quedó

por el piso, polvo

en el ladrillo

molido.



No pudieron

hacer nada.

Eran tres o cuatro

rojas y negras,

y entre ellas

una reina destronada

a escobazos limpios

y patadas.





III





Esta es la primera

foto, en el cajón

de sus restos.

No lo imaginaba

de ninguna manera

y cualquier otra

imagen hubiera sido

una sorpresa.

Pero se trata

de ésta y me cuesta

dar con el aire

de familia. Tal vez

la forma de mirar,

esa reserva

con la que se pegó

un tiro en la cabeza

cuando lo esperaban

en la mesa.









Osvaldo Aguirre (1964, Colón, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Enlaces: http://lasvueltasdelcamino.blogspot.com.ar/



Imagen: www.vientodelsurlluviadeabril.blogspot.com







agosto 17, 2014

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Osvaldo Costiglia









Domingo











Viaje hacia atrás del cráneo,

donde las manos entrelazadas,

reponen la respiración del domingo

a esta cabeza en acecho,

moviéndose hacia la calma

de su final.

Así, de tanto en tanto

miro lo que el tiempo abandona

y no digo nada

que pueda apartarme

del roce lento y pausado de la vida.

Si tengo miedo, es que hay

paisajes donde ni siquiera puedo sentir

el paso de las sombras.

Tiento así, con los dedos, dos líneas de arena

y trazo la transversal.

No es cierto que la geometría tranquiliza.

El viento en los labios, tiembla,

y desocupa el día.











Rimbaud se despierta en Harrar











la boca que no emitió ya verso alguno

la mano que se llevó sus anillos

por caminos calcinados

trocando la luz de las iluminaciones

por aquella de Abisinia

la mirada perdida

terminó allí ese cruzado de la lucidez

que se vió una temporada en las llanuras suavas,

en Bizancio o en las hechicerías profanas

de las ternuras por el crucificado

un leproso sentado contra un muro roído por el sol

ahora no sabe que preguntar al lastimoso hermano

replegado en la hendidura

que nunca más nombró

en esta insólita mañana helada

cuando siente que lo llama el jefe de los caravaneros.











Osvaldo Costiglia (1940, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina)

Fuente: www.confinesdigital.com



Imagen: www.intercuerpos.blogspot.com







agosto 15, 2014

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Romina Cazón, poemas inéditos



La misma sangre











I





Hace un año mi amante cayó a mi casa

yo a sus pantalones.

Hicimos un riachuelo

mas nadie se ahogó

Antes, me habría gustado  darle

un buen arroz con milanesa

la servilleta y su copa de vino.

Sentarnos para pensar seriamente

en el lugar de los muebles

y en el color de la recámara.

Preguntarle por ejemplo por sus tenis

Indagar su tamaño. Desmenuzarlo,

para no caer tan obviamente 

rendida a las sábanas.





II





Mi nombre es ninguno.

Soy una hembra flexible

y a menudo digo si

cuando se trata de destapar un vino o ir a la cama

Camino lento

no obstante 

siempre llego a donde me esperan.





III





Al salir  de misa me patearon la  cara

el muslo y el estómago.

No hubo Dios para mí, pero sí un cuaderno.

Escribí una historia tan siniestra

que no me atreví a leerla.

Pronto supe que para morir en armonía

era pasando horas en vela

dándole la mano a  la pluma

y hacer que corra la misma sangre.





IV





Mi tarea no radica en escribir

si no en adueñarme de la realidad.

Yo muevo los objetos

de la cocina

y sé dónde hallarlos

y para qué sirven

Sé que esos objetos

probablemente irían al baño conmigo

y tendrían sexo si así lo quisiera.

Puesto que cuando la pluma cae 

alguien puede ser poeta.





V





La voz

es una escalera lúgubre

un pasillo que no se encuentra

cuando es necesario salir de casa.

Mi voz no tiene que ver con Nazareno,

pero está en el reloj de mano 

y en el vientre de una mujer

que busca consuelo en el altar.

Mi voz es la que deambula en la calle

y nombra objetos que no conozco.





VI





Creo en Guadalupe

mientras ella  no  mire el escote que tiene mi camisa

y esta manía de tener una pluma 

en la bolsa del mercado

A ella le dejo cartas

mis lunares

todos mis sábados

con olor a caña 

y unos centavos.





VII





Salgo a la banqueta,

en mis hombros llevo zapatos de anciana.

Voy hacia el kiosco a meditar

acto que no hago comúnmente

salvo cuando  peligra un brazo

Magdalena  o mi amante.

Enciendo un cigarro y observo la gente que pasa

que ni siquiera sabe

que contamino el ambiente





VIII





Guadalupe,  te encuentro en el lodo

y en el librero 

Lentamente todo evoluciona

pero es un camino confiable

para llevar la vestimenta

a otra estancia

y temporalmente cantar 

hasta que la piel sea otra.





IX







La imagen para mi religión ha muerto

el día de mi cumpleaños.

Sólo tengo en  la memoria

un velorio sin plegarias

Yo no recé para no usar vocablos gastados

Me  fui a dormir pronto

y en la madrugada 

la casa estaba vacía.






X





Odio la cruz de Cristo

porque remite a la suciedad

de uñas estúpidas

Remite a la ignorancia

de un viernes luctuoso

en que nadie pudo llorar

porque la lágrima no servía 

como tampoco sirve mirarse adentro 

para hallar la paz.





XI





Encontré la paz en un espejo

cuando era de noche

y yo coqueteaba con mi vino espumoso

y mi cabello.  

La resaca locamente venía hacia a mi

mientras yo me balanceaba

en los azulejos de la casa

y  pensaba

en que por fin debía dormir.





XII





Mi mano es una  dalia

que  proviene  de una mujer 

que no concilia con el sueño ni la luna.

Mis plegarias  oportunamente se acercan a ti 

y surgen de la necesidad de abrir los pulmones 

y exhalar  vocablos.





XIII





La historia se cierra

en los labios 

en un sábado sin gloria

con mis gatos en las piernas

y el timbre del teléfono

con un número equivocado.

No concluye  el acto,

tampoco  la carne.

Puntual es la hora en que dejo mi cuaderno

para ir a cenar.





Canto  del libro inédito: La mujer de Nazareno






Romina Cazón, escritora, artista audio-visual y promotora cultural. (Argentina, 1981). Actualmente reside en Querétaro, México. Sus textos se hallan parcialmente publicados en antologías, como también en revistas impresas y digitales de Latinoamérica y Europa.


Es autora de Con mis uñas de gata (poesía japonesa, 2008), Patria Ajena (poesía 2010),  Del fondo de ningún vientre (poesía, 2012) y De sus piernas en  mi cuello (cuentos, 2013)  Artefatuo (poesía visual, 2014), Material On /Off (poesía visual, ebook, 2014)


Compiladora de  Panorama de la poesía mexicana (poesía reunida de 69 poetas, 2009 Ediciones el Humo) 


Dirige la revista de arte y cultura, El humo (www.revistaelhumo.com) y ZONA NO VERBAL (www.zonanoverbal.blogspot.mx)  Es responsable de Ediciones El humo,  colección poética Ojo Cautivo



Imagen: propiedad de la autora