octubre 26, 2014

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Anne Sexton






Divorcio





















Maté nuestra vida juntos,


haché cada cabeza,


con sus pobres ojos azules pegados a una pelota de playa


que rueda por separado hasta la vereda.


Maté todas las cosas buenas


pero son demasiado obstinadas para mí.


Aguantan.


Las pequeñas palabras de compañerismo


gatearon hasta sus tumbas,


el hilo de la compasión,


querido como una frutilla,


los cuerpos mezclados


que pusieron dos hijas dentro nuestro,


ver cómo te vestías,


temprano,


la ropa separada, prolija y doblada,


sentado al borde de la cama


lustrando tus zapatos con pomada negra,


y te amé entonces, tan sabio fuera de la ducha,


y te amé muchas otras veces


y estuve, por meses,


queriendo ahogarlo,


enterrarlo profundo,


dejar su gran lengua roja


sumergida como un pez,


pero donde sea que mire están encendidos,


el róbalo, la anchoa, la platija


ardiendo entre las algas marinas


como muchos soles golpeando las olas


y mi amor sigue brillando con vehemencia,


sus espasmos no van a irse a dormir,


y yo estoy indefensa y sedienta y quiero una sombra


pero no hay nadie que me tape –


ni siquiera Dios.



















Imagen: en.wikipdia.org








Divorce











I have killed our lives together,


axed off each head,


with their poor blue eyes stuck in a beach ball


rolling separately down the drive.


I have killed all the good things,


but they are too stubborn for me.


They hang on.


The little words of companionship


have crawled into their graves,


the thread of compassion,


dear as a strawberry,


the mingling of bodies


that bore two daughters within us,


the look of you dressing,


early,


all the separate clothes, neat and folded,


you sitting on the edge of the bed


polishing your shoes with boot black,


and I loved you then, so wise from the shower,


and I loved you many other times


and I have been, for months,


trying to drown it,


to push it under,


to keep its great tongue


under like a fish,


but wherever I look they are on fire,


the bass, the bluefish, the wall-eyed flounder


blazing among the kelp and seaweed


like many suns battering up the waves


and my love stays bitterly glowing,


spasms of it will not sleep,


and I am helpless and thirsty and need shade


but there is no one to cover me –


not even God.



















octubre 25, 2014

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Alejandro Schmidt







Alejandro Schmidt








Leyendo una revista
de poesía

















Y ese que habla del amor


y el otro que evoca la
heladera


de su madre muerta





una tras otra


las columnas de vocablos


como ejércitos volviendo del
desastre





algo encuentro en el papel
barato…





Humo de sacrificios


o el gran porvenir de otra
ilusión.

















Esta tarde














Esta tarde


me han dicho varias cosas





con la vehemencia del que
ignora


o las sospechas que nutren el
respeto.





Podría haber tomado algo


en el bar de la ruta


mirar las vacas echarse sobre
el pasto mojado


y esos teros





y fumar


escribir





en serio





para alguien.














Otros poemas de Alejandro Schmidt,aquí



Imagen: www.poetasdealrededor.blogspot.com







octubre 19, 2014

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Aníbal Cristobo









Dos gordos en apuros





Empantanados, con los inspectores
fiscales bailándoles alrededor y perdiendo
popularidad entre los vecinos desde el
"tortugagate", mis padres
se plantearon la posibilidad de una tragedia
sobre la cría de asnos y la carpintería. 

En el ático, me gustaba pintar
a esos dos tecnócratas en el amanecer
de algún parque acuático, flotando
como un par de islas blancas y desconocidas. Pero
cada día los oía jadear en mi cuenta bancaria, asfixiando
mis pretensiones sindicales.

Escondidos detrás de nuestras herramientas
de bricolage, mi mujer
y yo, cavamos
cada vez más profundo. Cada uno
ha aplicado semanalmente una terapia experimental
sobre el otro, interrumpidos sólo por los sonidos
de un éxito deportivo en la distancia.




















Aníbal Cristobo (1971, Buenos Aires, Argentina)

Fuentehttp://ignaciouranga.lagallaciencia.com/2014/06/anibal-cristobo-3.html




Imagen: www.proiniciar.uerj.br



















octubre 16, 2014

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Francisco Hernández









Fantasma











Amo las líneas nebulosas de tu cara,

tu voz que no recuerdo,

tu racimo de aromas olvidados.

Amo tus pasos que a nadie te conducen

y el sótano que pueblas con mi ausencia.

Amo entrañablemente tu carne de fantasma.











La primera mujer que recorrió mi cuerpo...











La primera mujer que recorrió mi cuerpo 

tenía labios de maga: labios verdes y azules, 

con sabor a fruto silvestre,

con señales indescifrables como la miel o el aire.

Muchas veces incendió mis cabellos con siete granos y

siete aguas, con ensalmos que sonaban a campanillas 

de barro, con nubes de copal que se mezclaban al embrión

que recorría mi frente coronada por ramos de albahaca.

Toda la noche ardía la pócima bajo mi cama.

Al día siguiente, un niño nacido después de mellizos 

la arrojaba al río, de espaldas, para no ver el sitio 

donde caía ni el vuelo repentino de los zopilotes.

Entre tanto, mi madre me contaba 

lo que Colmillo Blanco no sabía de la nieve 

y el recuerdo del mar era un espejismo bajo la sábanas.













Francisco Hernández (1946, San Andrés Tuxtla, Veracruz, México)



Imagen: indeli.com.mx






octubre 07, 2014

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Juan Bañuelos









Sátira con final de vals











Porque estamos aquí con el sueño del polo,

con el fuego que hizo el primer hombre en la tierra

a la hora que marcan los relojes del banco,

en la silla cercana de la caja de bienes

del que roba y sonríe por la gracia del cielo.

Y cercanos al niño

que aún lleva el cordón umbilical de la anemia;

correctos, vestidos de frac

a la hora que vemos pasar triste un entierro.

Aquí, pues, nos quedamos

con las lindas queridas del señor General.



Por la gran avenida, la manzana del aire se pudre 

y la panza del cielo es color de la iguana 

y la tarde agoniza levantando la voz. 

Porque estamos aquí en el bar donde cantan 

solitarias de tedio las parejas que pronto 

dormirán en hoteles,

y el ramito de dicha dejarán en un charco. 

Ah la almohada del agua que reparte los sueños, 

que circunda las ferias. Y la arpía hecha letra 

desollando la fiebre en los juicios llevados 

contra los inocentes.



Porque estamos aquí

para que se cumpla la voluntad del coral,

de la red y del hombre

que ahora vuelve con la presa ganada.

Carpinteros de nardos,

albañiles del día,

relojeros que saben cuándo el tiempo nos muerde,   

ved mis venas, parecen ríos hondos con labios 

repartiendo ternura.



Yo ya no busco: heredo.



Sabed que las colmenas y la alondra del día 

tañen una campana de futuros follajes.











El incendio hospedado











Con este corazón casi vacío, 

casi incendio de música en mi cuarto, 

sigo, Silencio, tu quebrado olvido 

de penetrante buque.



Una mano que no puede alcanzarte,

una espiga que no puede crecer

cuando ya es aplastada

por el granizo fugitivo de los días.

Óyeme hablar de las sombras que muerdo,

mírame como a un hombre que ha perdido

en una casa ardiendo

los párpados y el color de sus ojos.



No hagas la señal del silencio para que calle.



Puedo. Aún puedo un poco:

llorar, gemir, hablar en voz baja, decir

que yo te amo furiosamente

como un rayo que cae, de pronto, en el jardín











Juan Bañuelos (1932, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México)

Fuente: http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=273&Itemid=31 



Imagen: www.esp.mexico.com






octubre 05, 2014

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Jan Erik Vold






hokusai, el viejo maestro, que pintó una ola como nadie había pintado una ola antes que él /








Hokusai

llegó

casi a los 90. Cuando tenía 75

años, dijo

de sus cuadros: Empecé a dibujar

cosas cuando tenía

6 años. Todo lo que conseguí hacer

antes de los 50, no vale

nada. Cuando llegué a los 70

aún no había hecho

nada 

bueno. A los 73 años

empecé a comprender

las formas básicas

de animales 

y plantas.

Cuando llegue a los 80, habré

comprendido más, y cuando tenga 90 

conoceré

los misterios del arte

hasta el fondo

—así es que cuando llegue a los 100

produciré

cosas elogiables. Para no hablar

de los años

siguientes.

Ahora lo esencial es

seguir en marcha.















 Jan Erik Vold (1939, Oslo, Noruega)

 Fuente: http://www.cosmopoetica.es/wp-  content/uploads/5COSMOGUIA_2008.pdf

 Traducción: Francisco Uriz



Imagen: www.alchetron.com















hokusai, den gamle mester, 

som tegnet en bølge slik ingen 

før ham hadde tegnet en bølge





Hokusai

ble

nærpå 90. Da han var 75

år gammel, sa han

om bildene sine: Jeg begynte å tegne

ting da jeg var 

6. Det jeg fikk til

før jeg var 50, er ingenting

tess. Da jeg var 70

hadde jeg ennå

ikke gjort

noe bra. I 73 års alder

begynte jeg å forstå 

dyr og planters

grunnleggende 

former. Når jeg blir 80, vil jeg

ha forstått mer, og når jeg blir 90

vil jeg kjenne 

kunstens 

hemmeligheter

til bunns –så når jeg blir 100

vil jeg lage

rosverdige 

ting. For ikke å snakke

om årene

deretter.

Nå gjelder det bare

å holde det gående.




octubre 03, 2014

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Juan Manuel Inchauspe


Época



Un prolongado ulular me despertó durante la noche.
Tuve una visión fugaz de luces rojas y amarillas, intermitentes.
Con los ojos recién abiertos en la oscuridad
escuché el sonido giratorio por las calles desiertas.
Instintivamente estiré mi mano por entre las varillas
y palpé el cuerpo de mi pequeño hijo:
suave, cálido,
pacificado como un animalito.
Él no sabe nada de estas cosas.
No sabe nada del sueño cortado
en la fría madrugada.
Ni tiene nunca tampoco por qué saber
cómo brotan del sueño estas visiones;
cómo giran, intermitentes, en la memoria,
y flotan con sus ojos de vidrio alrededor del corazón.



Fuente: Facebook de Clara Muschietti



Trabajo nocturno



Temprano

esta mañana
encontré en el patio de casa
el cuerpo de una enorme rata
inmóvil.
Moscas de alas tornasoladas
zumbaban alrededor del cadáver
y se apretaban en los orificios de unas heridas
que habían sido sin duda mortales.
Con bastante asco
la alcé con la pala y la enterré
en un rincón alejado
del jardín.

Al volverme
desde el matorral de hortensias florecidas
emergió mi gata dócil
desperezándose.
Su brillante pelaje estaba todavía
erizado por la electricidad de la noche.
Me miró
y después comenzó a seguirme
maullando suavemente
pidiéndome —como todas las mañanas-
su tazón de leche fresca
y pura.



Fuente: Trabajo nocturno -Poemas completos- Juan Manuel Inchauspe, ediciones UNL, Buenos Aires, Argentina. Sep 2010) en www.pedroarturoestradaz.blogspot.com



Juan M. Inchauspe (1940 / 1991, Ciudad de Santa Fe, Provincia de Santa Fe, Argentina)
Imagen: www.elortiba.org