noviembre 30, 2014

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Mauro Morgan


















Bulimia











Ahora 

que sube cada páramo de 

calorías a la garganta 

Que estoy hinchado

que verme la panza 

es producto

de un embarazo no deseado.



Pero no te aborto antojo 

por que ¿qué es la gula, 

que es el detenimiento

de contar cada endecasilabo 

que guardan 

las tablas nutricionales?



(Lo que supe es por qué

cada espejo es cacería 

y todo movimiento puede ser

el enemigo

el brazo cayendo

para remarcar las estrías

esto de devolverle al otro su propia

imagen.)











Helado











¿Desde dónde hace daño

el deseo?



¿Antes de ser creado el

chocolate

el deseo

le hizo eco para resonarse

en las paredes

que lo forman?



¿Desde dónde hace daño

el corazón cuando no

fue todavía amado



para que se congele

o hiele para ser de

piedra?



¿Desde cuándo te repetís

las formas?











Rosario











Devora desde

el hambre

la tenacidad con que 

insiste al grito; 

al llamado. 



(Todo sexo es desordenando

la cruz.)



Gime llorando para no pedir.



Del pedido no sabe más 

que el rescaterse y no habitar.



Reza en abrirse. 



En todos los

perfiles

Lame el santuario.











Mauro Morgan (1988, Rosario, Santa Fe, Argentina)



Imagen: Facebook de MM










noviembre 29, 2014

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Hugo Tabachnik, un poeta ocasional. "Mi propia santidad me conmueve"



Esta página electrónica, blanca, brillante, contrasta con las hojas amarillentas y ajadas que atesoré durante muchos años. Se justifica: en el borde inferior se puede leer PRIMERA PLANA y sobre el margen derecho, 23 (o 28) de mayo de 1968. El azar -no compraba la revista todas las semanas- me reunió con este poema de Hugo Tabachnik.

















"Es acaso el mayor poeta desconocido que haya producido la Argentina en la última década: jamás editó un libro, y toda su contribución a la historia de la literatura es, hasta el presente, un poema publicado en el único número de El Ángel del Altillo, una sorpresiva revista que inquietó el verano de 1966, en Buenos Aires."


Luego, Hugo Tabachnik comenta: "Trabajé en una relojería de mi tío, en una fábrica de juguetes, vendiendo diarios en una esquina, (...) con José Peroni pusimos cinco quioscos para vender Coca-Cola en Monte Hermoso con resultados lamentables, pero con mucho mar (...) Viví en el arroyo Gambado, en el Tigre, intentando una forma colectiva de vida bajo los signos de la libertad y el amor. Hace tres años asumí mi condición de judío errante y en estos momentos me siento acompañado por Allen Ginsberg..."  


"Los datos que faltan son breves: tiene 30 años, trabaja como tornero de platos de cobre, vivió en media docena de lugares este año en Nueva York, pero mi corazón pertenece al East Village.















Presentación de "Volviendo a casa", de Hugo Tabachnik en Ediciones de la Grieta, 09/2014


















































































































Pequeño tratado de ornitología











Del desplegar de los pájaros





"Y Jonathan dijo a David:
Ven,salgamos al campo. Y salieron ambos al
campo"


Samuel, 20:11





"Afect and light-hearted. I take to the open
road, Healthy, free, the world before me, The long brown path before me leading
whereven I choose."





Walt Whitman


  











Manny, será el recuerdo de días
pasados, digamos los ojos o la manera de mirar como una vieja Kodak en ese
puerto del sur y papá que no sabía contestar mis preguntas. Y algo de caramelo
viejo, también.





Manny, yo iba a empezar diciendo:
nací hace treinta años en Buenos Aires y treinta cielos cayeron sobre el río.





Pero fue antes ese abrazo
agazapado, la gente no sabía ya nada más, la nieve y el tren elevado nos
quemaba la espalda, no había ya nada más que esperar.





Te digo, Manny, que yo guardé
luto por la pérdida de mis alas, este invierno no se acaba, todavía nieva, me
paso los días mirándome del anverso, mirándome del reverso, soy muy miope en
todo esto.





Manny, tengo un agujero en el
pecho y el viento pasa a través de él y me siento muy gastado, he mirado como
una botella mil banderas, me averguenza este olor de cebollas que me inunda.





A veces pienso que esta ciudad
nos hace muy mal, tengo días de dolores de muelas y me siento harto de preparar
comidas horribles.





WABC me espera cuando llego a
casa cansado del trabajo, siempre
llego cansado y sucede que no sé siquiera si es mi casa o si he tenido casa
alguna vez o si merezco tenerla.





Todos los días aparezco por lo
puerta con mi montón de ropas, todo un río contra mi, - una guiñada de la
muerte junto a la estación de servicio, en veinte pasos hago el amor con un
teléfono.





Manny, soy un imbécil, estoy esperándolo todo.





Yo iba a empezar diciéndote que
nací hace treinta años, no hagas caso del agujero del pecho, te mostraría
montones de fotografías de cómo tú eres en muchos países.





Te contaría biografías
falsificadas de próceres ajusticiados en las que yo aparecería como tambor
mayor o recorriendo con pólvora alcobas blancas a la hora de la siesta en un
silencioso pueblo de provincias.





Te contaria la verdadera historia
de mi vida redactada una noche en que me sentía muy solo





Pero siempre hay mucha gente
alrededor, Manny, todos mostrando sus culos angélicos, eso es hermoso, y esa nieve
y ese tren elevado quemándonos la espalda.





Mis amigos han enloquecido o
están muertos, yo les rindo mi homenaje cotidiano en el subterráneo hacía Brooklin,
estamos atados por cadáveres.





Manny, yo soy un viejo libertino
y te mataré con una fiebre tropical cuyo sabor ignoro.





Manny, tengo serios deseos de vivir.





Ellos no saben nada de todo esto,
oculto cuidadosamente mis páginas bajo mil párpados, cuando monto mi bicicleta creen
que sonrío.





Ellos no se preocupan en realidad
demasiado, procuran hacerme creer que ven 
mis coros en el fondo y me ofrecen buenamente zapatos viejos.


´


Manny, a veces creo que nos
estamos muriendo.





Manny, quisiera ofrecerte un
cigarro como un submarino reluciente de yerba bendita y hablarte de estas
cosas.





Yo estaba sobrevolando el Golfo
de México y veía miles de caminos surcando la selva y un mundo de viento se
abría entre mis ojos y tú estabas seguramente





tejiendo tus brazos en lo alto
del edificio de la calle Orchard junto al letrero que dice: Liberty porque es imposible
que vivas en otro sitio.





El Lower East Side es ahora mi
mndo y se me hace muy difícil imaginar que detrás de los muros hay otras
tierras y otros seres.





No sé por qué te descubro a veces
bajo tensas lejanas cuerdas de tristeza, el mundo debería ser mejor para
nosotros.





Todas las noches me acuesto con
Walt Whitman y su Ford T que hace ruido y él me canta su canto del camino
abierto hasta quedarme dormido con la cabeza apoyada en su pecho.





Me dieron la dirección de su
casa, pienso ir, quiero besar sus amarillentos calzoncillos de patriarca.





Manny, mi amor tiene que
atravesar los perros, el aire sólido, tres de la mañana y tambores
puertorriqueños y el ojo del Con Edison.





Y llegar a ti esta noche.





Digamos que se trata de los ojos
o manera de mirar como una fruta o animales perdidos en largos campos bajo la
lluvia en rol país natal olvidado,





O bien esos largos pelos de vida
o banderas enhiestas empecinadamente disparadas contra el viento los inacabables
murmullos de las luces violáceas que asesinan sobretodos en el Bowery y sus
estatuas.





No sé cómo pudiste ser dulce
carne y leche cantando y llorando entre golpes furtivos de sombreros negros y
el que se tira desde el tercer piso con olor a coles agrias.





Tu vida fue guardada por
enjambres de ángeles meones y los ardientes amaneceres de Coney Island y sus
viejos maderos y sus arroyos de petróleo agujerearon tus ojos.





Quisiere decirte que nos
encontraremos con Mario en el cielo y entonces
plañiremos en flautas las melodías indias que aprendí en mis viajes por
marineros tatuados,





Y que me creyeras,





Porque nunca volveremos a ver a
Mario.





Tendríamos que subir a
Williamsbourg Bridge  a plena carrera y
lanzarnos desde lo alto y estallar violentamente para poblar de nuevas luces el
cielo amordazado de esta ciudad.


  


Supongo que todo empezó en el
parque cuando sentí irrefrenable necesidad de asesinar a aquel hombre y su
sucia historia, y me vi odiándome plenamente, o





Cuando estaba bajo las patas
agudas de los carruajes y sacaron el ataúd, se cantaron los siete rodeamientos:





“Dios que das la vida! Ten piedad
de él. Rey del universo.Tú eres fuerte de vida. permite que ande en el país de
la vida eterna. Que su alma descanse en el dominio d ela vida”,





sintiendo mi urgente eternidad,
la vida al abordaje y vides, la columna de sangre echando mi rostro al
desierto, o





cuando vivía en aquella casa de
piedra, calles de piedra, pasando por el conciliábulo atardecido de aquellos
viejos libres y bebedores.





Hermanos de las locomotoras,
sabiendo que mi destino era aquel que latía en sus decrépitas próstatas llenas
de cigarrillos descansando en los umbrales.





Tenemos mucho miedo de los
policías irlandeses, todos tenemos mucho miedo, tomamos café para aplacar el
frío, me pierdo en el subterráneo y aparezco en lugares siniestros.





Me siento abrumado por mis
resplandecientes fuegos interiores, esto es demasiado para mi corazón, mis
viejas tías descienden de tranvías amarillos y bendicen mi pene.





Digamos que se trata de los ojos
o tu belfo de caballo solitario y joven y alegre y húmedo.





Manny, esta es la historia de un
permanente llamado.





Yo iba a empezar diciéndole que
nací hace treinta años, pero que mis dedos partieron las ardientes nueces de
Mesara, y que regocijados





lo veremos cedido por los pechos
con una cinta de oro, y veremos en su diestra siete estrellas, y sus pies
semejantes al latón fino, la llave que cierra pero que ninguno abre y abre y
ninguno cierra,





Y el mar de vidrio, y el caballo
blanco, y el bermejo, y el negro, y el amarillo, y el cielo apartado como un
libro, y la apertura del séptimo sello,





tal como fue visto por Juan, el
Teólogo.





Manny, está es la historia de un
ardiente llamado.





Oh David, saldremos al campo, yo
tiraré tres saetas, me sentaré junto al rey en la mesa, te volveré a buscar y
te veré levantar de la parte del mediodía, y





Él sea entre mi y ti, entre mi
simiente y la simiente tuya, para siempre,





A pie y alegres, tomando el
camino abierto, tendríamos que subir a Willamsburg Bridge a plena carrera y
lanzarnos desde lo alto.





Y estallar





como naranjas


como mariposas


como trigales


como grandes gritos de infancia


como  estiércol


como naipes


como pájaros





Hasta la última sangre.





Manny, sucio viene el día, a
veces tomo leche, fumo mucho, me ocurren accidentes, mi propia santidad me
conmueve.











noviembre 28, 2014

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Marcelo Leites







Soy







(Inédito)








Soy mi cara en el espejo

mi cara detrás del espejo

soy lo que no se ve a simple vista

soy tus ojos en los que me miro

soy la palabra de un dios agonizante

soy un animal que apenas aprendió a caminar

soy otro lugar al que todavía no llego

soy el grito callado de la muerte,

el que muerde las lentas letanías del letargo,

el agua deslizándose por las grietas

de la tierra trémula.

Soy la sombra silenciosa

de una calle oscura,

el que se encuentra

después de un largo viaje.

Soy el que duda

más allá de los límites del cuerpo.

Soy mis manos y mis piernas.

Soy el que se afirma donde no estoy.

Soy el que mira el horizonte

que se corre cada vez más lejos.

Soy cerca y soy lejos

Soy el otro que fui una vez

y el que seré si soy

Soy todo lo que no puedo dejar de ser

Soy el margen de mí mismo

soy

soy

soy afuera

y soy adentro.














Ruido de fondo














Frigia baila con Espartaco.

Gradualmente se quita la malla

y queda desnuda.

Gira, corre, camina, torsiona su cuerpo

alrededor de Espartaco.

Lo envuelve, lo cerca, lo roza con sus pechos

y sus movimientos son sólo una promesa

que se aleja cuando él quiere tocarla.

Espartaco gira alrededor de Frigia

con saltos cada vez más insinuantes

hasta quedar él también desnudo.

Los dos esclavos bailan 

lejos del poder de los romanos

un Adagio que tensiona la orquesta

hasta el límite de las cuerdas

hasta el límite de los cuerpos

hasta el límite del deseo,

pero los movimientos tienen la ingravidez

de las gotas de agua desprendiéndose

del tallo delicado de una planta

y se frotan las manos y los sexos

mirándose hasta perderse en el otro

se huelen se tocan se lamen

y sudorosos vuelan por el escenario.

Espartaco sabe que la muerte se acerca.

¿Qué escuchás en el Adagio? ¿La música?

¿El movimiento de los cuerpos

su ruido de fondo

o sólo lo que está en la superficie?














Tanque australiano








X





Quietud aún inquieta.

Quietud de las cosas.

Inquieto el ojo traduce

un estado de reposo,

un estado de total simplicidad

(que cuesta simplemente todo).

El tanque australiano es argentino,

el tanque no es de guerra

sino de agua.

El ojo percibe más que la mente.

Antes, en el principio estaba

el tanque con su agua pródiga,

pero nadie lo veía.

Ver significa detenerse,

olvidarse de vivir,

y quedarse ahí, dentro del tanque

para siempre.











Otros poemas de Marcelo Leites, aquí



Imagen: Facebook de ML




noviembre 25, 2014

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Pablo Anadón



Pablo Anadón



Las tres de la mañana







A esta hora —las tres de la mañana— 


la vida pareciera suspendida, 

ausente, silenciosa, entre paréntesis, 

ovillada en sí misma, adormecida, 

como la gata en el sillón del living. 



No hay trámites que hacer, no hay constricciones 


de la existencia en sociedad, llamadas 

telefónicas, médicos, visitas, 

compras, y sobre todo, decisiones 

que tomar: ya mañana se verá. 



En estas horas, solo bajo el círculo 


que la lámpara crea alrededor 

de mí, yo soy feliz, a mi manera: 

me basta un libro, un poco de tabaco, 

un poco de ginebra, una libreta 



y esta plateada lapicera, que ella 


me regaló, cuando era de verdad 

feliz, de otra manera, a la manera 

solitaria también, cuando se ama. 

¿Volveré a ser feliz de esa manera? 



Quién lo puede saber, que es el amor 


igual que la llegada de un poema: 

un día, casi sin querer, estamos 

escribiendo palabras que nos dejan 

desnudos, indefensos, abrazados 



a una promesa de felicidad, 


que según Stendhal es la belleza, 

y es el amor, y es la poesía, y es 

la vida en esa extraña plenitud, 

todo el dolor y toda la alegría 



si unos ojos nos miran o nos dejan 


de mirar —y oscurecen o iluminan

el mundo—, si una boca se contrae 

en un pliegue indeciso entre el desdén

y una sonrisa que detiene el tiempo.



Sí, en eso la poesía y el amor 


se parecen: que llegan cuando quieren 

—como el pájaro en lo alto de la rama 

del fresno esta mañana, y parte lejos 

mientras la rama tiembla todavía—, 



Y dan al transcurrir indiferente 


de los días la forma de un sentido, 

enigmático aún, reconocible, 

sin embargo, como una epifanía 

de lo que somos, lo que no sabíamos 



que éramos. Al fin, esa promesa 


de dicha ya es la dicha, hecha palabra, 

amor que nos redime del dolor 

de toda nuestra vida: forma pura 

donde dos soledades se reúnen 



en un abrazo lento, en la lectura, 


un instante que pide eternidad. 

Decía, pues, que en estas horas, es 

cuando estoy más en paz conmigo mismo. 

Ya no sé si la noche es la metáfora 



de la muerte o la vida: en ella aprendo 


a ser ése que soy, sí, “pobre cosa 

—vuelve con las palabras lo vivido—

que transfigura a veces la poesía”. 

Mañana —es decir, hoy— será otro día.




Otros poemas de Pablo Anadón, aquí

Enlaces: https://www.facebook.com/pdonangelo



Imagen: www.diariosumario.com.ar







noviembre 24, 2014

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Manuel Sánchez






Las partes más vestidas de la casa 

















No
es un lugar seguro


el del sofá con vistas a la infancia.



Un martes, como otros,

podemos recibir una llamada

desde un tiempo perdido en las edades,

y no quiere decir que estemos lejos

por mucho que el aspecto de la piel

muestre historias de vida inevitable

o ya no existan  piezas de repuesto

para juguetes rotos.



Hoy aprenden los años  a
peinarse  en  mi casa.




Y el resplandor del sol

es una forma de mirar por la ventana,

sin que nadie conteste a nuestro lado.



Tibiamente al contacto

con estrellas que temen la memoria,

veo sillas vacías

que se acomodan solas

en un desorden de ausencias primitivas.

Y si suena la música

es porque se derriten los mensajes lejanos

que duermen como hielos en la boca.

















Supongo que hablaremos

















Enero es
esa historia


de la
nieve cayendo sobre un cristal de tren.


                                          Alguien
contó relatos


de
jóvenes cautivas, de delincuentes huérfanos,


de una
ciudad que apenas yo distingo


donde
quedan dormidas las huellas de los cuerpos,


y se
enfrentan los años


a una
edad perfilada con exceso de sombras.





Hace ya
algunos meses


que ir a
cortarme el pelo no tiene mucha gracia.


No hay
cabellera firme que no me haga pensar


en un
rincón dorado del planeta


cuando
va a amanecer.





Algo tan
cotidiano como un sabor a niebla


crece si
se le mezcla con champagne,


y todo
se reduce a estar vivo una vida.





                                         Yo
me asomaba para ver las calles


tendidas
como espinas de pescado,


 para
observar flotando los paraguas


entre
luces acuosas;


lo
vertical, el ángulo.


Y eso
que desde entonces


ya
llevaba  la noche manchada con carmín,


fruto de
algún secreto persistente.


                                              Decía
que


un
argumento débil me lamia las manos.





Puede
que la verdad se la cuente a un amigo.

















Manuel Sánchez (1945, Madrid, España)



Imagen: Propiedad del autor













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Mauro Viñuela










Moras











moras pintadas en asfalto


una rama de paraíso australiano eleva alcantarillas


las gotas enumeradas y tu esplendor 


retomado antes de la esquina





estamos ungidos de Castrol





y marchamos hacia el pórtico Mercedes Benz


puro el gorrión picotea de tu panecillo Bake Corporatión


transgénica la mañana


nos estudian hasta los brontosaurios en vidriera


y estamos salvos


averiguando el origen de nuestro mito


entre las hojas que corren con el agua


Te pareces a Sony conservando el murmullo de tus días


retienes el Hamlet de los olores


diríase  existes











Pavesa











Ilumina


instantes





orbitando en llamas


el cuerpo de los siglos





todo desaparece










Mauro Viñuela

Otros poemas de Mauro Viñuela, aquí








noviembre 20, 2014

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Manoel de Barros








Autorretrato hablado











Vengo de un Cuiabá garimpo y de callecitas tortuosas.

Mi padre tuvo un puesto de bananas en el Beco da

           Marinha, donde nací.

Me crié en el Pantanal de Corumbá, entre animales del

           suelo, personas humildes, aves, árboles y ríos.

Aprecio vivir en lugares decadentes por puro gusto

           de estar entre piedras y lagartos.

Hacer apreciar lo despreciado es algo que me place.

Ya publiqué 10 libros de poesía; al publicarlos me

           siento como deshonrado y huyo al Pantanal

           donde soy bendecido a garzas.

Me busqué la vida entera y no me encontré — por eso

           fui salvado.

Descubrí que todos los caminos llevan a la ignorancia.

           No fui a parar a la alcantarilla porque heredé

           una chacra de ganado. Los bueyes me recrean.

¡Ahora soy tan ocaso!

Estoy en la categoría de sufrir de moral, porque sólo

           hago cosas inútiles.

En mi morir hay un dolor de árbol.











///











En las Metamorfosis, en doscientas cuarenta fábulas,

           Ovidio muestra seres humanos transformados en

           piedras, vegetales, animales, cosas.

Un nuevo ejercicio sería que los entes ya transformados

           hablaran un dialecto cosal, larval, piedral etc.

Nacería un lenguaje madrugante, adánico, edénico,

           inaugural –

que los poetas aprenderían – siempre y cuando volvieran

           a los niños que fueron

           a las ranas que fueron

           a las piedras que fueron.

Para volver a la infancia, los poetas también tendrían

           que reaprender a errar la lengua.

¿Pero esto es una invitación a la ignorancia?

¿A inocular el idioma en los mosquitos?

Sería una demencia peregrina.











///











El río que daba la vuelta detrás de nuestra casa era

           la imagen de un vidrio blando que daba la vuelta

           detrás de la casa.

Después pasó un hombre y dijo: esa vuelta que da

           el río detrás de tu casa se llama ensenada.

Ya no era la imagen de una culebra de vidrio que

           daba la vuelta detrás de casa.

Era una ensenada.

Creo que el nombre empobreció la imagen.















Manoel de Barros (1916, Cuiabá, Mato Grosso / 2014, Campo Grande Mato Grosso del Sur, Brasil)

Traducción: Teresa Arijón

Fuente: http://www.con-versiones.com/nota1040.htm

Enlaces: http://www.elfikurten.com.br/2011/02/manoel-de-barros-natureza-e-sua-fonte.html





Imagen: www.homoliteratus.com


noviembre 18, 2014

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Diana Laurencich








Día de la madre

















Hubo un día


en que el padre le golpeó a la madre


entre la heladera y el horno


el pollo y el fuego


el hombro y el corazón





hubo un día


mucho después


en que el hijo del padre


empujó a la madre


contra la heladera


cerca del horno


le golpeó en el hombro


y el corazón
































mientras el pollo se asaba al fuego.

















Al este de la cordura

















La belleza se encuentra en cualquier parte
en un pino coronado por un pajarraco amarillo
en la voz desesperada de los que no pueden cantar
en un penal atajado con halopidol en las venas
en la hormiga que levanta diez veces su peso en la tarde de invierno
ajena a patrullas y ratis
ajena a los gritos


que ya no escucha la tía Darinka con su eterno rodete de trenzas
ni el viejo que no estira la pata en la clínica privada


al lado de Juan de noventa y seis años
todo mi malestar doctora-dice-
todo mi mal yo sé lo saco por el ano
traiganme por favor el alcohol que tengo a la derecha en mi cómoda
me froto el vientre doctora
y me siento al sol a esperar
nada más






la hormiga está al sol
que pidieron varios esta semana
die sonne -femenino en alemán-
alivio al corazón
destierro de melancolía

aún
la belleza se nos aparece igual
inaudita y fugaz
en un desequilibrio del tiempo
tregua de dios en su ahorque
el viento
los ojos
el viento
el llanto
el viento
y la reja que se cierra dejándonos de este lado
al este del paraíso
-cerrá- ordena alguien
y me voy

¿ Estoy afuera? 













Diana Laurencich (1963, Buenos Aires, Argentina)



Imagen: Propiedad de la autora