marzo 31, 2015

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Juan López










Cuido

















cuido mi corazón


de ataques repentinos por un lado


y de adormecimiento


por otro


cuido mi corazón cuando veo todo claro


y cuando la noche me atormenta


y me arrincona contra mi propia estupidez


cuido mi corazón porque ha sido dañado


por el descuido y la lluvia


y porque más de una vez lo he dejado solo


y he viajado lejos sin su consentimiento


cuido mi corazón porque la sangre y el oxígeno


no deben separarse


y porque todo regresa de otra forma


cuido mi corazón


que un día


en mi pecho o en otro


no tendrá más remedio

















mirá

















mirá si no llegan a tiempo esos mensajes


y tu objetivo no se cumple


como afanosamente habías planificado


mirá si tu maestro se muere justo en ese momento


en que lo necesitabas como el agua


mirá si el viento arruina tu nuevo desorden


y deja todo en su lugar


mirá si mirás por fin a los ojos


a esa persona que te ama


y aprendés de una vez a mirarla


mirá si triunfa finalmente tu imaginación


y cierran todas las oficinas de reclamos


mirá si vuelve a llover odio


y volvés a decir que por algo será


mirá si todos los pájaros de esta mañana


llaman a tu puerta


y vos como si nada

















2

















La felicidad es una montaña de palabras


o un estado de paz que me asalta


en plena catástrofe.


Trato de defenderme y no puedo,


trato de sentirle el gusto a la vida.


Casi nunca llego demasiado lejos.

















1

















El pasado es tu sombra,


el presente es tu cuerpo


y el futuro es ese viento


que otra vez muere solo


entre los edificios

















1

















si hubiera direcciones


flechas marcadas


tontos avisos


esto no sería


ni siquiera 


un abismo


no se podría caer


no habría caminos truncos


grietas


ni sogas al cuello


ni hombres




perdidos

















Juan López (1962, Guaymallén, Provincia de Mendoza, Argentina)





Imagen: www.losandescom.ar





marzo 29, 2015

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Fabrício Corsaletti






Rusa











nieve en las montañas

nieve en el techo de la casa

y del granero

nieve en el puente que cruza

el riachuelo oscuro

el cielo es blanco de nieve

no de nubes

en él hay cinco o seis tonalidades

como crema ceniza o rosa salmón

si no hay personas a la vista

es porque se protegen

tras la puerta en miniatura

las ramas de dos abedules deshojados

son tan finas

que resistirán

hasta el final del invierno

mi madre lo pintó a los diecisiete años

poco antes de casarse

encinta de mí

¿qué la llevó a recrear ese paisaje ruso

bajo un sol de 40 grados

en el interior paulista?

durante toda mi infancia

estuvo colgado

junto a la chimenea del lugar

donde vacacionábamos

después el lugar fue vendido

y el cuadro desapareció

lo encontré hace menos de un año

dentro de un viejo armario

lleno de polvo pero en buen estado

pese a un pequeño agujero

en la cumbre de una de las montañas

mi madre arregló el problema

con un trapito húmedo

y un pincel prestado

sus primeras pinceladas

en 35 años

ahora él está aquí

en la pared de mi oficina

y ya no necesito de ninguna respuesta

para saber lo que significa











Fabrício Corsaletti (1978, Santo Anastácio, San Pablo, Brasil)



Fuente: Revista Fórnix Nº 12

Imagen: www.nucleotavola.com.br





Russa





neve sobre as montanhas

neve sobre o telhado da casa

e do celeiro

neve sobre a ponte que cruza

o riacho escuro

o céu é branco de neve

não de nuvem

nele há cinco ou seis tonalidades

como cinza-creme e rosa-salmão

se não há pessoas à vista

é porque se protegem

atrás da porta em miniatura

os ramos de duas bétulas desfolhadas

são tão finos

que não aguentarão

até o fim do inverno

minha mãe o pintou aos dezessete anos

pouco antes de se casar

grávida de mim–

o que a levou a recriar essa paisagem russa

sob um sol de 40 graus

no interior paulista? –

durante toda minha infância

ele ficou pendurado

ao lado da lareira do sítio

onde passávamos as férias

depois o sítio foi vendido

e o quadro desapareceu

eu o encontrei há menos de um ano

dentro de um armário velho

empoeirado mas em bom estado

apesar de um pequeno furo

no topo de uma das montanhas

minha mãe resolveu o problema

com um paninho úmido

e um pincel emprestado

suas primeiras pinceladas

em 35 anos

agora ele está aqui

na parede do meu escritório

e já não preciso de resposta alguma

para saber o que significa




marzo 28, 2015

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Tomas Tranströmer







Criptas románicas

















En la penumbra de la vasta iglesia románica se apretujaban
los turistas.


Una cripta daba a otra cripta, una vista incompleta.


Las llamas de unos cuantos cirios oscilaban.


Un ángel sin rostro me abrazó


y me susurró en todo el cuerpo:


“No te avergüences de ser hombre, ¡enorgullécete!


Dentro de ti una cripta da a otra cripta, sin fin.


Nunca estarás completo y así debe ser.”


Cegado por las lágrimas


fui empujado hasta la piazza que bullía de luz


junto con Mr. y Mrs. Jones, el señor Tanaka y la Signora Sabatini




y dentro de cada uno de ellos una cripta daba a otra
cripta, sin fin.
















Tomas Tranströmer (1931/2015, Estocolmo, Suecia)




Fuente: "El cielo inacabado"

Versión: Francisco Serrano

Imagen: www.periodicodigital.mx





marzo 26, 2015

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Olga Orozco









En
tu inmensa pupila


















Me reconoces, noche,

me palpas, me recuentas,

no como avara sino como una falsa ciega,

o como alguien que no sabe jamás quién es la náufraga y quién la endechadora.

Me has escogido a tientas para estatua de tus alegorías,

sólo por la costumbre de sumergirme hasta donde se acaba el mundo

y perder la cabeza en cada nube y a cada paso el suelo debajo de los pies.

¿Y acaso no fui siempre tu hijastra preferida,

esa que se adelanta sin vacilaciones hacia la trampa urdida por tu mano,

la que muerde el veneno en la manzana o copia tu belleza del espejo traidor?

Olvidaron atarme al mástil de la casa cuando tú pasabas 

para que no me fuera cada vez tras tu flauta encantada de ladrona de niños,

y fue a expensas del día que confundí en tu bolsa la blancura y la nieve, 

                                                                                                                
los lobos y las sombras.

Ahora es tarde para volver atrás y corregir las horas de acuerdo con el sol.

Ahora me has marcado con tu alfabeto negro.

Pertenezco a la tribu de los que se hospedan en radiantes tinieblas,

de los que ven mejor con los ojos cerrados y se acuestan del lado  del
abismo

                                                                                                        
y alzan vuelo y no vuelven

cuando Tomás abre de par en par las puertas del evidente mediodía.

Tú fundas tu Tebaida en lo invisible. Tú no concedes pruebas. 

Tú aconteces, secreta, innumerable, sin formular, 

como una contemplación vuelta hacia adentro,

donde cada señal es el temblor de un pájaro perdido en un recinto inmenso

y cada subida un salto en el vacío contra gradas y ausencias.

Tú me vigilas desde todas partes,

descorriendo telones, horadando los muros, atisbando entre fardos de penumbra;

me encuentras y me miras con la mirada del cazador y del testigo,

mientras descubro en medio de tus altas malezas el esplendor de una ciudad
perdida,

o busco en vano el rastro del porvenir en tus encrucijadas.

Tú vas quién sabe adónde siguiendo las variaciones de la tentación
inalcanzable,

probándote los rostros extremos del horror, de la extrema belleza,

la imposible distancia de los otros, el tacto del infierno,

visiones que se agolpan hasta donde te alcanza la oscuridad que tengo,

hasta donde comienzas a rodar muerte abajo con carruajes, con piedras y con
perros.

Pero yo no te pido lámparas exhumadas ni velos entreabiertos.

No te reclamo una lección de luz,

como no le reclamo al agua por la llama ni a la vigilia por el sueño.

O habría de confiar menos en ti que en las duras, recelosas estrellas?

¡Hemos visto tantos misterios insolubles con sus blancos reflejos, aún a pleno
sol!

Basta con que me lleves de la mano como a través de un bosque,

noche alfombrada, noche sigilosa, que aprenda yo lo que quieres decir, 

                                                                                                             
lo que susurra el viento,

y pueda al fin leer hasta el fondo de mi pequeña noche en tu pupila inmensa.










Olga Orozco (1920/1999, Toay, La Pampa, Argentina)



Enlaces:


Imagen: ntschajari.com.ar


marzo 22, 2015

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Luis Rogelio Nogueras















Don't look back, lonesome boy

















Pausada, pacientemente lo hemos olvidado todo


cuando sobre la cama hacíamos tembar los clavos


y tú subias murmurando, gimiendo como una espuma dulce


Y sonaba la guitarra en el radio, por debajo de las voces


creíamos (al menos yo creía) en las fuerzas de nuestros
brazos,


en la minuciosa precisión a toda prueba de nuestras
vacilantes líquidas memorias


en el poder absoluto de los poemas que escribí


cuando brincaba descalzo de la cama y a tientas


mientras tu dormías


garabateaba en cualquier papel, en un libro


cuántas palabras hermosas, graves, urgentes quedaron
olvidadas


Entonces yo creía que sólo bastaba escribir ruda,
impúdicamente


amarte,


que las cosas eran así, que serían así mientras tú
estuvieras dormida, desnuda 


mientras yo tuviera a mano un pedazo de papel, la pared
del cuarto


cualquier rincón en blanco del planeta;


entonces creíamos en la guitarra, la maldita


guitarra continuaría tocando aún


Esta noche he visto lo poco que pagan por la vida


y tu y yo lo ignorábamos


Esta noche una sombra, cualquier sombra,


basta para apagar aquel fuego fuerte, indestructible,
eterno


cualquier viento sur bastaría para apagar mi voz


La memoria es un agua que se agota


y no podemos (al menos, yo no puedo)


recordar, por ejemplo, aquella otra noche


que nos pareció particularmente habitada solo por ti y por
mi y las palabras


(¿Llovía? ¿Teníamos qué? ¿Cuánto nos dijimos?)


Ciega mirada la del hombre que vuelve su rostro al pasado


porque olvida dos veces;


qué patético es el que intenta mirar con amor las cenizas
del amor;


tan patético como esos payasos que, enloquecidos, en la
noche,


en medio de la carpa desierta,


contorsionan su cuerpo


y lanzan su voz estridente contra las gradas vacías
















Luis Rogelio Nogueras (1944 / 1985, La Habana, Cuba)








marzo 21, 2015

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Nizar Qabbani










En tus ojos, el mundo ajusta su hora

















Antes de que fueras mi amada


había más calendarios para contar el tiempo:


los hindúes,


los chinos,


los persas


y los egipcios tenían sus calendarios.


Después de ser mi amada,


la gente comenzó a decir:


el año mil antes de sus ojos


y el siglo décimo después de sus ojos.


  


En tu amor alcancé el grado de evaporación,


el agua del mar se tornó mayor que el mar,


la lágrima del ojo mayor que el ojo


y la superficie de la herida


mayor que la de la carne.


  


No puedo quererte más aún


ni estar más unido a ti.


Mis labios no bastan para cubrir los tuyos,


mis brazos no bastan para ceñir tu cintura


y las palabras que conozco


son muchas menos


que los lunares que adornan tu cuerpo.


  


No puedo


adentrarme más en la espesura de tu pelo:


llevan años


publicando en los periódicos que estoy perdido.


Sigo perdido


hasta próximo aviso.


  


El lenguaje es ya insuficiente para pronunciarte


y las palabras son como caballos de madera


que corren tras de ti noche y día,


sin alcanzarte.


  


Siempre que me acusan de quererte,


me siento superior;


convoco una rueda de prensa


y reparto tus fotos a los periodistas,


aparezco en la pantalla del televisor


con la rosa del escándalo


prendida en mi ropa.


  


Escuchaba a los enamorados


hablar de sus amores,


y me reía.


Pero cuando volví al hotel


y tomé el café, solo,


supe cómo penetra el puñal del amor en el costado


para no salir nunca.


  


Mi problema con la crítica


es que siempre que escribo un poema en negro,


dicen que lo he copiado de tus ojos.


  


Mi problema con las mujeres


es que siempre que niego mi relación contigo,


oyen el tintineo de tus pulseras


en la vibración de mi voz


y ven tu camisón


colgado en el armario de mi recuerdo.


  


No me acostumbres a ti:


el médico me ha aconsejado


que no mantenga mis labios en los tuyos


más de cinco minutos,


ni me siente bajo el sol de tus pechos


más de un minuto,


para no abrasarme.





Si conoces a un hombre


que te quiera más que yo,


preséntamelo


para felicitarlo


y luego matarlo.











Nizar Qabbani (1923, Damasco, Siria / 1998, Londres, Gran Bretaña)


Traducción: María Luisa Prieto





Imagen: www.poesiaarabe.com




marzo 17, 2015

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Stanisław Baranczak










Para
que en relación con esta cuestión las cosas queden claras como el día

















Porque
nunca se sabe


si los
ojos se abrirán también


con la
mañana, si con su escarpada blancura


la
pared amanecerá como cada día,


justo
en frente; porque cubierta


de
guijarros, la vereda susurra entre quejidos


el
tardío regreso de alguien y su banalidad


hace
resonar el grillo en alguna parte; porque soy


(como
en lo que atañe a los sueños) bastante consciente


de mi
propia falta de merecimiento


del
lugar que ocupo en el punto donde los átomos


se han
reunido y en los planes no coincidentes


de los
planetas; porque salvo el escape


de los
segundos por el fosforescente espacio


de la
esfera del despertador, nada impide


sentirse
agradecido cuando se sueña; porque soy


(como
en lo que atañe a la luz de las estrellas) demasiado ciego


como
para que me fuese otorgado como don


el
talento de alcanzar a hurtadillas,


a
ciegas, las tinieblas emboscadas


en
nuestro interior; la capacidad de extralimitarme


más
allá de mí mismo, de cometer delitos


tras la
frontera del cráneo, crímenes de existencia


más
trascendentes que la muerte; porque soy


(como
en lo que atañe a la muerte) de opinión bastante viva


acerca
de la sangre, que late en las sienes llevando un registro


de los
dones; no me creas incapaz de


creer
que existes. En lo que no debes creer es en que yo lo haga. 
















Resultado de imagen para STANISŁAW BARANCZAKStanisław Baranczak (1946, Poznan, Polonia / 2014, Boston, Estados Unidos de Norteamérica)





Imagen:  foto de Joanna Helander en http://www.kinokoszyk.com/







marzo 13, 2015

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Mario Nosotti










Es un impacto oscuro

casi ruina del holgado mantel.

Lo vegetal afuera en algún lado.

El cuarto que se inunda con el polvo

solar. La mañana es lugar que busca

y me dice sentáte, escribí.

Una chapa ventana mitad óxido

y mitad puntos negros de soldadura

el marco con bisagras para ver

caracteres mecánicos de un libro:

bastardos del pensar que somos

los hijos no buscados de algún modo

son lo que más deseamos.

Pero yo no quería perderme

más allá de la dura

persistencia del acto

leer por levantar una mirada

y ver esos contornos de sombra sacudirse

o vibrar.

De pronto siento que algo me acompaña

la soltura del agua en los reflejos

por el piso engomado. Se oyen rumores

lejos. Casi todos trabajan

hasta los otros pájaros que cantan

recordando que apenas soy un punto

de la línea que sigue.



















XIII








Veo esa foto de Picasso del ‘44

de pie en su habitación revuelta,

con el torso desnudo como un viejo

boxeador retirado,

se ajusta el pantalón

y mira hacia el fotógrafo como

increpando ¿qué querés?.

Se ve al fondo un baúl

atiborrado de libros y pinceles

también hay ropa, papeles, nada

que en su actitud denote un más allá

algún aura de artista.

No se nota muy bien si está descalzo

o si tiene pantuflas, y mirando mejor

parece que sonríe, descreyendo.

Podría ser Picasso

si no fuese mi abuelo.














Mario Nosotti (1966, San Fernando, Provincia de Buenos Aires, Argentina)



Fuente: http://laseleccionesafectivas.blogspot.com.ar/2006/09/mario-nosotti.html

Imagen: www.viajeraeditorial.blogspot.com



marzo 11, 2015

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Susana Thénon












Ningún jardín justifica el amor que se ahoga
desaforadamente




















Ayer tarde pensé que ningún jardín justifica


el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca


y que ninguna piedra de color, ningún juego,


ninguna tarde con más sol que de costumbre


alcanza a formar la sílaba,


el susurro esperado como un bálsamo,


noche y noche.


Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe


cuando el no, el adiós,


el minuto recién muerto, irreparable,


se levantan inesperadamente y enceguecen


hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.


Como un hambre, como una sonrisa, pienso,


debe ser la soledad


puesto que así nos engaña y entra


y así la sorprendemos una tarde


reclinada sobre nosotros.


Como una mano, como un rincón sencillo


y umbroso


debería ser el amor


para tenerlo cerca y no desconocerlo


cada vez que nos invade la sangre.


No hay silencio ni canción que justifiquen


esta muerte lentísima,


este asesinato que nadie condena. 


No hay liturgia ni fuego ni exorcismo


para detener el fracaso risible


de los idiomas que conocemos.


La verdad es que me ahogo sin pena,


por lo menos he resistido al engaño:


no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,


ni de la noche a medias.


Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,


mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios. 














Susana Thénon (1935 / 1991, Buenos Aires, Argentina)

Fuente: http://www.paginadepoesia.com.ar/escritos_pdf/Fornix_11.pdf


Enlaces:





Imagen: www.evaristocultural.com.ar



marzo 09, 2015

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Sharon Olds




Estación 

















Al volver del muelle después de escribir,


me acerqué a la casa,


y vi tu cara noble y alargada


a la luz de la lámpara con pantalla de pergamino


del color de la llama.





Tu mano elegante en la barba. Tus ojos


afilados me descubrieron en el césped. Miraste


como el lord mira hacia abajo desde una ventana angosta


y tu desciendes de los lores. Con calma, sin un


dejo de timidez, me examinaste,


la esposa que se escapa a escribir al muelle


ni bien uno de los niños se va a la cama,


y deja el otro a tu cargo.





                                                        
Tu boca


fina, flexible como el arco de un arquero,


no se curvó. Nos pasamos un largo rato


en la verdad de nuestra situación, los poemas


pesados como presas de una caza furtiva colgando de mis
manos.











De: Satán dice, 1980











La experta en babosas 

















Cuando yo era una experta en babosas


apartaba las hojas de la hiedra, y buscaba la


gelatina desnuda de aquellos cuerpos verdosos,


extraños traslúcidos brillando sobre las


piedras, lentamente, sus cuerpos viscosos


a mi merced. Casi enteramente de agua, se encogían


hasta desaparecer si se los espolvoreaba con sal,


pero yo no estaba interesada en eso. Lo que me gustaba


era descorrer la hiedra, respirar el


aroma de la pared, y permanecer allí en silencio


hasta que la babosa olvidaba que yo estaba allí


y sacaba las antenas hacia arriba,


cuernos sombríos que relucían


emergiendo como telescopios, hasta que finalmente las


papilas sensibles aparecían por las puntas,


certeras e íntimas. Años después,


cuando vi por primera vez a un hombre desnudo,


suspiré de placer al ver ese callado


misterio representado otra vez, ese ser


lento y elegante saliendo de su escondite y


brillando en el aire oscuro, ansioso y tan


confiado que te haría llorar.











De: Los muertos y los vivos, 2006











Sra. Krikorian 

















Ella me salvó. Cuando llegué a 6to. grado,


con fama de criminal, la nueva maestra


me pidió que me quedara después de hora el primer día de
clase, dijo


he oído hablar de tí. Era una mujer alta,


con una profunda grieta entre los pechos,


y una gran nariz calma. Dijo,


Este es un pase especial para la biblioteca.


Ni bien termines tu hora de trabajo—


esa hora de trabajo que me tomaba diez minutos


y después el diablo echaba un vistazo al cuarto


y me encontraba vacía, una casa abierta—


puedes ir a la biblioteca. A toda hora


yo hacía mi trabajo de un tirón y saltaba de mi asiento,


como si saltara del costado de Dios y navegaba


hacia la biblioteca, sola a través de los salones vacíos


y poderosos, mostraba mi pase


y me acercaba al diccionario


para buscar la palabra más interesante


que conocía, chirlo, hundía dos dedos


dentro del frasco de pasta de biblioteca para


chupar ese agrio pegamento mientras


llegaba a la página del cocker spaniel


con su pelaje sedoso enrulándose hacia arriba


como el vapor fino que sale del cuerpo.


Después de chirlo y pecho, pasaba a


Abe Lincoln y Hellen Keller,


a salvo en su bondad hasta el timbre, gracias


a la
Sra. Krikorian
, giganta amable


de ojos buenos. Cuando me pidió que escribiera


una obra, y la dirigiera, y fue un fracaso, y me


escondí en el guardarropas, me trajo un dulce


como quien apoya una menta sobre la lengua, y hace que el
gusano


suba y salga del intestino a buscarlo.


Y así fui vaciada de Lucifer


y llenada de pegamento escolar y eros y


Amelia Earhart, salvada por la Sra. Krikorian.


¿Y quien había salvado a la Sra. Krikorian?


Cuando los turcos invadieron Armenia, ¿quién


la deslizó dentro de un edredón, quien


la encerró en un baúl, quien la despachó a América?


¿Y ese, el que la salvó a ella, y ese—


el que la salvó a ella, salvar al que


salvó a la Sra. Krikorian, que estaba


parada allí en el umbral de 6to. grado, un


ángel caderón, de cabello humeante


flotando alrededor de su cabeza?


Termino debiéndole mi alma a tantos,


a la nación Armenia, un alma más que alguien


empujó detrás de una estufa, enterró


en la grieta de una pared,


escondió bajo una cama. Me despertaba,


a la mañana, debajo de mi cama –sin


saber cómo había llegado allí—y me quedaba acostada


en la penumbra, las pelusas junto a mi cara


redondas y cenicientas, brillando apenas


con el consuelo inquietante de lo que no es ni bueno ni
malo.
 










De: El manantial, 1996 


















Traducciones de Inés Garland e Ignacio Di Tullio


Otros poemas de Sharon Olds, aquí




Imagen: www2.kutztown.edu