julio 31, 2015

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Haris Vlavianós



Hotel Insomnia











de noche

con la luna llena de las contradicciones

bailando en la cúpula de tu mente

piensas en cambiar el papel

en quitarte al fin la máscara de la pena

ayer

encantado por las posibilidades de los sentimientos escribiste:

sólo como pasión tiene sentido el amor

todo espíritu profundo necesita una máscara

porque así lo demanda la sutileza de su preocupación

hoy

bajo este cielo predecible

quieres pensar

que la avenida a tus pies se abre

termina en algún sitio

en una resolución final de la materia

en un resumen que te permitirá admirar o temer

el desarrollo predestinado de la historia

tu historia

en cuyos episodios dramáticos

buscas renococer una señal de afirmación

la seguridadde la recompensa

la luz brilla

"la luz siempre está brillando"

es tarde sin embargo

para hojear el momento

(la vida no es un argumento / la vida no es una discusión)

nadie tiene ganas de leer más

ni tú tampoco (que hable el texto)

que cansada por la intensidad

de las últimas horas

descuelgas el teléfono

"un expresso doble"

(como siempre,

el mejor somnífero).









Haris Vlavianós (1957, Roma, Italia)



Fuente: http://www.365traducciones.blogspot.com.ar/2005/09/un-poema-griego-contemporaneo-haris.html


julio 28, 2015

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Esteban Peicovich

Mi mujer en Rayos











Un amoroso estudio radiográfico de mi mujer

permite comprobar que la naturaleza

contempló también su belleza interior.

Por ejemplo, esas teselas bizantinas

caídas por el tallo de su guitarra oculta.

Se le ve en su vestido más noche

la desnuda luciérnaga.

Hay ese breve recodo en su columna

y luego la protocolaria curva sonriente

sobre la que descansa el sistema

de su elegancia serenamente náutica.

Hay sus riñones, con ronroneo de Alhambra

y el arco dispensador de sus caderas,

un miriñaque obsceno

ofrecido hasta el fin.

Y hay la Vía Láctea en viaje intercostal

y una rosa que dice si y no, desde un andamio.

También se muestra nítido el esternón

donde suele esperarme.

Estas son apenas las primeras imágenes

de la constelación de mi mujer por dentro.

Dar las de afuera escapa a las angulaciones

y compases de la astronomía.

Sólo se sabe que no tiene término

y que aun dormida ondula,

en pliegues invisibles,

como una buena luz.







Otros poemas de Esteban Peicovich, aquí



Fuente: http://www.peicovich.com/poesia/

Imagen: www.wikipedia.org


julio 27, 2015

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Abbas Beydoun









La vida en una maleta














Se puede reducir la vida a una maleta: no es más que el conjunto de lo que se queda y de lo que hay que llevar. Puede luchar en una laringe herida o golpear en un bronquio. Es que tú no sabes en qué momento estás solo en tu garganta o en una vértebra, o en el espíritu que se desprende de tus uñas. Se puede reducir la vida a una sola maleta, con unos zapatos relucientes y un libro nuevo —tú no te irás con bártulos viejos, dejas junto lo que se queda y prefieres comprarlo nuevo. Pero los muertos no viajan, residen en un palmo de recuerdos y es difícil arrancarlos del suelo; de todos modos, y sin que sepamos cómo, llegan antes que nosotros.

















Abbas Beydoun (1945, Tiro, Líbano)






Imagen: www.arteshoy.com

julio 26, 2015

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Jordi Virallonga















Con orden y concierto






                                                                         -Adagio Calmo-





                                           Para Pilar Chavarrías Alvarez






Carissima:



   Aunque ser no sea lo que soy ni lo que he sido,

   sino una cosa vaga,

   todo significa ver

   lo que estos ojos ven

   porque uno

   no detenta

   más vida

   que la suya,



y ya que lo preguntas:



Asistirás a la cerrada verdad de la quietud,

   aun en la distancia,

   porque son tus ojos en mí los que te llevan.

   Asistirás aunque no adviertas perpetrar la emboscada 

                 del día

   o se vuelva gris el tren y acucie la insistencia una patria 

                 sin edad.



Asistirá de nuevo el tiempo

triángulo amoroso de un antiguo anhelo,

sin que le importe al tiempo un álamo

el riesgo de poseer al tiempo, a ti o al pensamiento que te

                 lleva a cientos de kilómetros por nada más extraño 

                 que su hora.



Adulta o no,

la alameda se repite:

la alameda se repite como un obcecado mirador de despertares.

Agradece pues esas miradas desbandadas

como el alojo de un cuerpo en un cuerpo que le vence,

así el jolgorio de verano en los ulises de las playas,

tal el vicio en el cerebro de los hombres de Instituto

(entonces yo era una pena y no estaba,

yo estaba rindiéndome a escondidas de los curas a Sachmis de Karnak).



Pero como en ti se obcecó el clima de aquel aire, estarás durmiendo.

Dormir fue siempre en ti un particular viaje,

una parcial totalidad de andar despierta,

abandonada siempre como abandonándote,

como si ya en el avión no encontraran más que tu maleta,

como si te hubieran secuestrado en Oriente al comprar una tetera,

como si me hubiera tragado el desagüe y no me 

                                            encontraras al licuarse las burbujas de jabón.



Todo este anacoluto -que rima con grazie di tutto,

es decir con falta de coherencia emocional-

viene a cuento

de que me pareció tu nombre entero un bar pequeño,

pueblo anexionado al empeño de poder a toda edad,

sólo por el son y serpenteo de una sonrisa limpia, cerrado

       caracol, embrión del reposo que al estallido brama... oh

       sí dime ¿cuándo amando a las mujeres te llamé mujer?



Amando el verde amé la tropelía de tus ojos donde quiera

   que se urdiera una fatiga,

   aquí,

   como si de veras habitara alguien

   capaz de residirte sin tú abandonarle.



El frío afila la vagina de los puentes

(qué fría maquinación esta de así respirar).

La alameda se repite en su ingenua vocación filmada

como el culo de un mandril en un álbum de animales;

restará ahí siempre como el museo egipcio,

como los felinos y marmóreos pechos de Sachmis de Karnak.



Amando los felinos y marmóreos pechos de Sachmis de Karnak 

amé los tuyos,

mis horas bajas:

el revisitado estado donde no se hacía viejo ni jamás,

   la hora de volver a casa,

   una especial mala uva por la cual bebo tanto y pierdo

              poco a poco la memoria

   y el futuro que no siendo mío cruzará de nuevo la estupidez de amar,

   es decir, de volver a conocerte.



   Decía

   que aunque febrero no sea ya tu mano en el cambio de luna 

   y un teléfono hilvane

   y sepas que no hay razón en esta telefónica ventura,

   es inútil saber que eres tan sólo tú quien pasas,

   o yo, o todos los ojos de este tren saltando álamos,

   un mandril, el recuerdo fotográfico en las bolsas de maíz,

   el cauce seco que quizá ensombreciera un viaducto,

   o Sachmis de Karnak en el museo de mis ojos,

   ya los tuyos.



sólo nosotros,



   por mucho que el observatorio espere persiga y aguarde

   a todos los cometas en su idiota trayectoria,

   o nos prometan que dentro de cien años, ya pesar de los primates,

   la flor del junco reflorecerá.



Quiero decir, quería se entendiera,

que a veces sólo a veces gran amor es casi siempre un infortunio,

lo es respirar así, tan como queriéndolo, como contando pulsaciones.



y tú lo sabes



-llegaste azul, azul al verde y lo supiste todo-,

porque escribir esto es amarte

aun al desaguar lo que todos dejamos de ser levantando losas, buscando playas.



Tampoco yo demostraré que aquel tiempo de laurel y de jardines

y de cuerda y de columpio y de atado a los cipreses;

de testigo insobornable de una infancia infame, pasó,

aunque ocupe también ahora el sueño ajeno

(así un labio dejado en el cristal) ,

de habitar un lugar que aun siendo mío

es de alguien que pronto volverá

por todo aliento que le fue arrebatado.



Estoy cansado, D' Artagnan, es cierto

que no merece la vida una pregunta.



En realidad las cosas me son así



                por eso que no supe ser a tiempo, tú ya sabes:

                llegó abril y tus ojos de cometa

                se asomaron a la apatía de las próximas playas.



                Nunca quise retenerte.

                En realidad las cosas fueron así,

                entonces no te dije,

                y quizá eso lo hubiera aclarado todo, te digo,

                ya que no lo preguntas.











Jordi Virallonga (1955, Barcelona, Cataluña, España)

Fuente: http://amediavoz.com/virallonga.htm



Imagen: www.etnosur.com














julio 24, 2015

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Vicente Huidobro







Horas











El villorio

un tren detenido sobre el llano



En cada charco

      duermen estrellas sordas



y el agua tiembla

cortinaje al viento



      la noche cuelga en la arboleda



En el campanario florecido



una gotera viva

      desangra las estrellas



De cuando en cuando

las horas maduras



      caen sobre la vida









Astro











El libro

      y la puerta

            que el viento cierra



Mi cabeza inclinada

      sobre la sombra del humo

y esta página blanca que se aleja



Escucha el ruido de las tardes vivas

      reloj del horizonte



bajo la niebla envejecida

se diría un astro de resorte



      Mi alcoba tiembla como un barco



pero eres tú

      tú sola

  el astro de mi plafón



y miro tu recuerdo náufrago



     y aquel pájaro ingenuo



     bebiendo el agua del espejo











Vicente Huidobro (Vicente García-Huidobro Fernández, 1893, Santiago de Chile / Cartagena, Chile) 



Fuente: http://cangrejos.free.fr/libros/poemasarticos.pdf

Enlaces:





julio 21, 2015

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Kevin Higgins
















Recordando los noventa








           Siguiendo
a Donald Davie








Nuestro
cabello se acortaba y la tele


siempre
estaba encendida. Esperábamos


el
segundo álbum de los Stone Roses, o veíamos


La
familia Salinger
. En Washington,


había
comités para refunfuñar


por
lo que había sucedido en los pantalones del presidente.


Irlanda
del Norte hizo una pausa por


aquello
que eventualmente llegaría a


ser
una idea completa. Ruanda


era
un machete con nombres inscritos


que
no se parecían a los nuestros.


Protestábamos
en contra de las pruebas nucleares


francesas
al probar y descubrir la nueva inocencia


del
vino blanco sudafricano.


Osama Bin Laden era un rumor


que
nadie creía y Saddam Hussein


un
brote esporádico de ácido estomacal


en el
esófago. Podíamos abordar los aviones


sin
que nadie nos tuviera que ver desnudos


a
través de una máquina, y dijimos No a la apatía


que
escuchábamos al no molestarnos en votar.


Mientras
planeábamos viajes a lugares


que
aún no podíamos pronunciar, los políticos discutían


sobre
los rumanos que mendigaban en la calle Shop.


La
Historia estaba en el baño,


preparando
su nuevo rostro.











Kevin Higgins (1967, Londres, Inglaterra)



Imagen: alsothat.com





julio 19, 2015

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Raúl Gómez Jattin













Isabel











Qué te vas a acordar Isabel 

de la rayuela bajo el mamoncillo de tu patio 

de las muñecas de trapo que eran nuestros hijos de la baranda donde llegaban los barcos de La Habana cargados de… 

Cuando tenías los ojos dorados

como pluma de pavo real 

y las faldas manchadas de mango 


Qué va 


tú no te acuerdas 


En cambio yo no lo notaste hoy 


no te han contado 


Sigo tirándole piedrecillas al cielo 


buscando un lugar donde posar sin mucha fatiga el pie 


Haciendo y deshaciendo figuras en la piel de la tierra 


y mis hijos son de trapo y mis sueños de trapo 


sigo jugando a las muñecas bajo los reflectores del escenario 


Isabel ojos de pavo real 


ahora que tienes cinco hijos con el alcalde 


y te pasea por el pueblo un chofer endomingado 


ahora que usas anteojos 


cuando nos vemos me tiras un “qué hay de tu vida” 


frío e impersonal 


Como si yo tuviera de eso 

















Raúl Gómez Jattin (1945 / 1997, Cartagena de Indias, Colombia)

Enlaces: http://www.laraizinvertida.com/detalle.php?Id=1772




Imagen: periodicolapizlazuli.co,


julio 18, 2015

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Kevin Castro














Mi vida ya no es lo de antes 



  








hay una mesa en mi cuarto 




encima de la mesa hay una plato lleno de hormigas 




encima del plato hay un monumento en honor a una batalla que aún no se ha peleado con estatuas de héroes que aún no han caído 




encima del monumento hay un coliseo y en el coliseo hay un concierto de rock donde tocan arctic monkeys & the strokes & the deathset & white stripes 




encima del coliseo hay 3 edificios: uno se llama ‘yo soy el hombre del clima’ / otro se llama ‘los niños todos deben ser sacrificados’ / otro se llama ‘cesárea tinajero’ o ‘meg white’ 




encima de los edificios hay un campo de fútbol donde juegan ‘los amigos del sr presidente’ contra ‘los amigos de la excma sra primera ministra’ y el score parcial es 1969 a 476 




encima del campo de fútbol hay 1 pagoda de 19 pisos dentro de la cual hay 19 orgías (1 por c/ piso) que constan básicamente de 1 hombre heterosexual + 1 hombre bisexual + 1 mujer homosexual + 1 lagarto por c/ orgía 




encima de la pagoda de 19 pisos hay una piscina inmensa cuya agua negrísima no es oro negro sino el llanto o la meada de los niños del futuro  (los niños del futuro lloran por sus abuelos que somos nosotros) 




encima de la piscina hay una antena de 1km de altura que provee de tecnología digital a todo el continente de laurasia 




encima de la antena hay un planeta llamado ‘todos mis amigos han muerto y yo he venido a ti para besar tus piernas’ 




encima del planeta hay niño tiritando en la más profunda y mierdosa de las soledades 




todo en perfecto equilibrio 


  









  

Kevin Castro (1993, Lima, Perú) 



Fuente: http://perrosromanticos.com/post/92657891051/kevin-castro 




Imagen:  www.poetasdelfindelmundo.com

  


julio 12, 2015

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Horacio Castillo















Dice Eurídice











La ansiedad me dominó, y luego la inquietud, cuando supe que venías:

horror de que me vieras así, con este tocado de sombra,

el pelo sin brillo —el pelo, que el sol no se cansaba de dorar.

Terror también de que no fueras el mismo —el que permanecía en mi

memoria—

y al mismo tiempo curiosidad por ver de nuevo un ser vivo.

Hace tanto que nadie venía por aquí,

tanto que nadie se llevaba un alma o un perro,

que cuando oí tus pasos y tu voz llamándome,

cuando por fin te estreché, más que a ti estaba abrazando a la vida.

Después tu calor me condensó, me secó como una vasija,

y caminé por el sombrío corredor

otra vez con aquella máquina atronadora dentro del pecho

y un carbón encendido en medio de las piernas.

Caminé de tu brazo, imaginando ya la luz,

los árboles junto a los cuales caminábamos,

aquella habitación llena de espejos

donde flotábamos como dos ahogados.

Hasta que de pronto tu paso se hizo nervioso,

tu pensamiento se espantó como un caballo,

y vi que tratabas de desprenderte de mí,

de librarte de la trampa de la materia mortal.

«No te vayas —supliqué— no me dejes aquí,

déjame ver de nuevo las nubes y el sol,

suéltame por el mundo como una potranca tracia».

Pero tú ya corrías hacia la salida,

y durante siete días y siete noches oí cómo llorabas,

cómo cantabas en la ribera del río infernal

nuestra vieja canción: «Lo lejano, sólo lo más lejano perdura».











Horacio Castillo (1934, Ensenada / 2010, La Plata, Provincia de Buenos Aires



Fuente: http://www.letralia.com/ed_let/castillo/

Imagen: www.lanacion.com.ar








En la mitología griega, Eurídice (en griego Ευρυδίκη/Eurudíkê) era una ninfa auloníade de Tracia. Un día Orfeo la conoce y ambos se enamoran. El día de su boda, Eurídice sufre un intento de rapto por parte de Aristeo, un pastor rival de Orfeo. Ella escapa, pero en su carrera pisa inadvertidamente una víbora que le muerde un pie y le provoca la muerte.


Orfeo, desesperado, decide bajar a buscarla al inframundo. Al llegar, pide a Caronte que lo lleve en su barca hasta la otra orilla de la laguna Estigia, a lo que Caronte se niega. Orfeo comienza a tañer su lira provocando el embelesamiento del barquero, quien finalmente accede a cruzarlo al otro lado. De la misma manera convence al can Cerbero, el guardián del infierno, para que le abra las puertas de éste. Ya frente al dios Hades, Orfeo suplica por su amada. Hades accede, embelesado por su lira, pero pone como condición que Orfeo no contemple el rostro de Eurídice hasta tanto ambos no hayan salido de los infiernos.


Orfeo atraviesa todo el inframundo en su camino de salida, pero antes de llegar a la última puerta no puede contener su impaciencia y mira hacia atrás para ver el rostro de Eurídice. En ese momento ella le es arrebatada, se convierte de nuevo en sombra y él es expulsado del infierno, quedando definitivamente separado de su amada.


Así, sin motivo alguno por el cual vivir, vaga por el mundo con su lira hasta cruzarse con las Ménades, séquito del dios Dioniso, quienes le piden que toque alguna pieza de su repertorio. Como Orfeo se niega, éstas le cortan la cabeza y la arrojan al río.


Pero la historia dice que aún se puede oír el sonido dulce y suave de su voz.

La historia de Orfeo y Eurídice es argumento de varias óperas, entre ellas Eurídice (1600), de Jacopo Peri, Orfeo (1609) de Claudio Monteverdi y Orfeo ed Eurídice (1762) de Christoph Willibald Gluck.



Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Eur%C3%ADdice

julio 11, 2015

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Alfredo Veiravé






Aunque nos citáramos por teléfono







Me asombró esta noticia científica: frente a la inmensidad

del Cosmos, todo parece frívolo, las preocupaciones humanas

            insignificantes.

Y realmente me obligó a cerrar el libro de Sagan esta otra: si nos soltaran

al azar dentro del espacio cósmico más escéptico         

la probabilidad de que nos encontráramos

            sería inferior a una parte entre

mil millones de billones (10;33).

No obstante, mientras encendía el fuego de la chimenea,

tuve la esperanza de que girando lentamente entre las islas estelares

una vez, cada 250 millones de años, una tarde fría de otoño

con lloviznas, yo podría pasar al lado tuyo, cuando solitaria,

tomas el lento whisky de la noche oscura, a 40 millones de años luz   

    de Resistencia.







Otros poemas de Alfredo Veiravé, aquí

De: "Radar en la tormenta", Editorial Sudamericana, 1985


julio 09, 2015

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Encadenada a Jack Kerouac, por Joyce Johnson


Una personita interesante. Judía elegante, clase media, de aspecto triste y buscando algo. Parecía muy polaca". Así describió Jack Kerouac, en su libro Ángeles de desolación, a la escritora Joyce Johnson, con palabras en las que ella dice no reconocerse. Menuda y de movimentos ralentizados por el peso de sus 75 años, esta mujer, que durante dos años fue novia del beat por excelencia, autor de En el camino, conversa, arropada por una mecedora de madera, en su casa del Upper West Side de Nueva York. De joven fue una atractiva rubia de cara redonda y ojos saltones cuyo rostro se intuye en la fotografía que acompaña a este reportaje. En primer plano, desafiante, Jack Kerouac.





"Para mí es una frustración que se me asocié a él constantemente porque llevo toda la vida escribiendo", asegura. "Firmé mi primer contrato editorial para publicar mi primer libro, Come and join the dance,con 21 años, algo insólito en los cincuenta. Soy escritora, y no creo que Personajes secundarios (que obtuvo el Premio Nacional del Círculo de Críticos Literarios Estadounidenses) sea el mejor de mis ocho libros. El tiempo ha pasado, y creo que ha madurado mi manera de escribir, pero la gente está obsesionada con estas memorias y nadie sabe verme de otra forma, unida para siempre a Kerouac, la eterna novia de Kerouac", se lamenta Johnson al arrancar su encuentro con EL PAIS.








Ella estaba junto al escritor el día en que se publicó la primera crítica de 'En el camino', todo un acontecimiento editorial






"Muchos hombres de la época despreciaban el trabajo de las mujeres artistas, pero Jack siempre me apoyó"



Personajes secundarios, publicado en 1983 y que ahora se edita en España (Libros del Asteroide), está considerada por la crítica estadounidense como una de las mejores crónicas sobre la generación beat. Con un título algo cínico, que ironiza sobre el papel decorativo que desempeñaron las mujeres en aquella corriente literaria, Johnson relata sus experiencias como amante de Jack Kerouac, pero sobre todo como miembro de una generación cuyo desasosiego y descontento espiritual encontró voz y refugio en libros como Aullido, de Allen Ginsberg, o En el camino, de Kerouac.


Tras la II Guerra Mundial, en un país dominado por el miedo al comunismo y a la bomba nuclear, el consumismo se convertía en la nueva cultura, mientras los hijos de quienes hicieron la guerra se transformaban en la primera generación acomodada de la historia. Sin embargo, muchos de ellos no estaban dispuestos a mantener ese preciado statu quo que la generación anterior se esforzaba por preservar. Querían cambios, y entre ellos, quizá los más osados, fueron los que demandaron mujeres como Johnson, como Hettie Jones o Elise Cowen, escritoras pioneras que reivindicaron con su forma de vida derechos feministas una década antes de que aquella palabra existiera oficialmente.


Johnson, que comenzó a frecuentar la bohemia neoyorquina con apenas 13 años, se atrevió a independizarse a los 18, cuando las convenciones de la época sólo permitían a las mujeres abandonar su hogar familiar con un anillo de compromiso en el dedo. Su curiosidad la llevó hasta el downtown de Nueva York, en cuyos cafés se mezclaban personajes como Gingsberg o pintores como Franz Kline con adolescentes como ella bajo el humo perpetuo del tabaco y la marihuana. En lugares como el bar Cedar, y con un whisky en la mano, se hablaba de poesía, de sexo, de filosofía, de Dios, de sueños, de anhelos y de viajes imaginarios alejados del conformismo y la uniformidad de la vida que se esperaba de ellos. Johnson se convirtió en parte del círculo más cercano de aquellos jóvenes rebeldes que con la publicación de En el camino en 1957 dejaron de ser anónimos para transformarse en las primeras estrellas de la cultura de masas.


Ella estaba junto al escritor el día en que se publicó la primera crítica deEn el camino, todo un acontecimiento en el mundo editorial de entonces. "Si Fiesta llegó a ser considerada el testamento de la generación perdida, no hay duda de que En el camino será reconocida como el testamento de la generación beat", clamaba el crítico Gilbert Millstein desde las páginas de The New York Times en septiembre de 1957. Tras leerla, en un quiosco cercano a la casa de Johnson, Kerouac se quedó perplejo y le preguntó, inseguro: "¿Es una buena crítica, verdad?". Fue ella quien tuvo que asegurarle y repetirle que aquellas palabras eran las mejores que un escritor hubiera podido desear.


El apartamento de esta mujer áspera, que a veces baja la guardia y sonríe, rebosa de libros y cuadros. Los primeros son la pasión de su vida, y en las estanterías su pasado de beatnik salpica inmediatamente:Los subterráneos, Las mujeres de la generación beat, Yonqui. Los cuadros, en cambio, pertenecen a sus dos maridos, James Johnson y Peter Pinchbeck, en quienes encontró el amor después de que una fría noche de otoño, en 1958, ella decidiera romper con Kerouac. El escritor era alérgico al compromiso, y tras casi dos años de encuentros y desencuentros, noches ahogadas en alcohol y una permanente sensación de distancia que nunca la hizo sentirse del todo amada, ella, de 21 años, y él, de 34, se separaban a gritos en una esquina anónima. Él sólo le dijo "te quiero" una vez. Ella, demasiadas.


"En cierto modo, Jack [Kerouac] era impenetrable. Su verdadero yo se mantenía escondido", explica Johnson. Pero si se le pregunta por la supuesta misoginia del escritor, reacciona con ferocidad. "La palabra misógino es un término grosero; creo que todo es más complicado que eso. Jack estaba atrapado por la relación con su madre, no se podía separar de ella, y por eso no fue capaz de construir nada con ninguna mujer. De esa manera permanecía fiel a la madre. Y supongo que en el fondo la odiaba por ello. Creo que sus relaciones más profundas fueron con hombres. Siempre estaba en busca de ese hermano que había perdido de pequeño. Sin duda sentía atracción hacia las mujeres, yo nunca sentí que fuera misógino, simplemente era una persona terriblemente problemática. Tenía ideas clavadas en su interior de las que no podía desprenderse. Muchas veces me decía que temía que yo, aunque le dejaba libertad, en realidad sólo quería tener hijos con él, y desde su punto de vista la idea de traer un hijo al mundo era sinónimo de traer más muerte al mundo".


Tras esta reflexión hace una pausa y se queda pensativa, creando un silencio incómodo. Vuelve a mirar a su interlocutora y añade: "Después de todos estos años, yo todavía lucho por entender quién era Kerouac. Y sigo aprendiendo sobre él a medida que se va publicando nueva información sobre su obra y su persona".


Antes de conocerle, Johnson ya estaba enamorada del autor. Aún no había visto su fotografía, pero había leído su primer libro, La ciudad y el campo. "Me impactó mucho porque me dio la sensación de que hablaba sobre mí, sobre mi propia lucha. Hijos que tenían que romper con su familia, con la sociedad, aunque él nunca se atrevió a romper con la suya. Es curioso, ¿no?", se pregunta.


Se hicieron novios gracias a Allen Ginsberg, quien entonces era amante de Elise Cowen, poeta olvidada de la generación beat que fue íntima amiga de Johnson. Ginsberg les organizó una cita a ciegas, se gustaron y así comenzó una tortuosa relación cargada de separaciones, altibajos pasionales y decenas de cartas que Johnson recopiló recientemente en el libro Door wide open. A beat love affair in letters 1957-1958. "Jack era un hombre tremendamente atractivo. Y a pesar de ser muy tímido, era una persona muy carismática", explica sin que parezca ya importarle conversar sobre el hombre de cuya sombra nunca ha podido desprenderse.


Su alcoholismo, que finalmente acabó con su vida en 1969, también empañó su relación con Johnson. "Su familia era franco-canadiense, fuertes consumidores de alcohol, sobre todo su padre; pero yo creo que Jack bebía porque estaba deprimido, siempre estuvo deprimido, y creo que en los últimos días de su existencia bebió deliberadamente para acabar con su vida, porque el suicidio hubiera sido pecado", cuenta esta hermética mujer que lloró tras aquella ruptura, pero que hoy dice que "habría sufrido mucho más si nos hubiéramos casado".


Temperamental, excesivo, problemático, pero genial, Jack Kerouac sí ayudó a Joyce Johnson en su crecimiento profesional. "Muchos hombres de la época despreciaban el trabajo de las mujeres artistas, pero Jack siempre me apoyó. Siempre trataba de enseñarme algo nuevo, y me invitaba a ser más ambiciosa, mejor escritora; me decía que tenía que salir a la carretera, que eso sería mi educación. Siempre me trató con respeto", asegura. Otros, en cambio, eran mucho más machistas. "¿Ginsberg? Él siempre fue desconsiderado hacia nuestro trabajo. Era gay, y aunque tuvo relaciones heterosexuales, las mujeres éramos invisibles para él. Tuvo amigas, y yo fui una de ellas, pero nunca nos prestó atención como artistas. Mi primer libro tardó quince años en leérselo", desvela.


Por suerte, las mujeres han avanzado mucho en las últimas cinco décadas, y aunque falta camino por recorrer y derechos como el aborto -ella tuvo que abortar ilegalmente en los 50- vuelven a estar amenazados, ahora las mujeres incluso pueden aspirar a la presidencia de Estados Unidos. "Estamos siendo testigos de un gran momento político. ¡Una mujer y un hombre negro en lucha por la presidencia! Pero creo que los prejuicios hacia las mujeres siguen siendo fuertes. Si analizas la cobertura política que se le ha dado a Hillary Clinton, está clarísimo. Cuando se le escapó una lágrima en una entrevista fue todo un acontecimiento. ¡La cantidad de cosas que se escribieron alrededor del tema! Y al mismo tiempo, durante meses, se la criticó por ser fría. ¡Es ridículo! Creo que todavía hay muchas reticencias frente a las mujeres que aspiran al puesto de un hombre".


Si bien inició la entrevista quejándose de estar encadenada a Jack Kerouac, la cierra anunciando un proyecto que la unirá a él de forma definitiva. "Quiero escribir su biografía. No hay ni una sola que merezca le pena, y creo que yo podría hacerlo bien".