noviembre 29, 2015

, ,   |    |  

Laura López Morales


En su atenuada modulación, cada uno de estos poemas resulta inseparable del que lo precede. El último no cierra el círculo porque no hay círculo que cerrar. El poema se fragmenta como la materia en suspensión pero no pierde su unidad con los materiales que lo constituyen: el agua, la arena, la escasez, el espanto, los pozos sucesivos, el guadal que vio desprenderse íntegro el cuerpo de la madre.  


Fracciones integradas de una materia sólida reticente es lo que la poeta denomina con precisa ambigüedad “las desperdigadas minucias”. Leer estos poemas es ir hacia una voz nítida que prescinde de un cuerpo con su edad o sus días contados. Lo personal es esa voz que pone a evanescer un cuerpo – el del poema – que el lector aloja pero no alcanza a tocar en el cuerpo a cuerpo de la lectura. Construida con oraciones impersonales – he aquí el hallazgo que permite haber alzado una estructura tan sólida con casi invisibles pilares –, “aquello” que solo pronuncia “yo” tres veces, alcanza para fundar un pueblo de esta voz poderosa que se levanta sola y se ausenta. Porque aquí el único cuerpo no escamoteado es el de la madre en su pozo. Los otros cuerpos,  el de los niños, el de los depredadores de a caballo, el de algunos otros, difusos, son consignados por su entorno: el de los niños se refleja en las voces y risas que echan a rodar por la boca del pozo o está determinado por desoladoras cercanías filosas; el de los jinetes es un cuerpo a la  espera de consumar la falta en los corrales donde el alimento no sobra. Se trata de cuerpos sometidos a pura pérdida. Como el envés de las hojas que podrían albergar frescura y solo encubren formas duras del odio.  







Alicia Silva Rey 












Mi madre 

toda ella se fue del guadal un día 



de la escasez dice 




para que yo 


con idéntica escasez 

viva entre los árboles. 









A estas costas  


llegan los domingos 

y lo que se queda en la arena 

para siempre 



yo no he sabido volver 


de antiguos nombres 



pequeños ojos de agua 


que la luna vuelve blancos. 









Asomarse al pozo 


no tenía otro sentido 

que el de hacer retumbar 

las voces y las risas 



de aquella negrura 


volvía un eco 

más hondo que el agua. 









Anotan los días del agua 


y los días del trueno 

pero no ven los caballos 

en las laderas del sur 



cuando la noche entra en los corrales 


de nada sirve contar las faltas 



las desperdigadas minucias 




todo está aquí 


junto al caliente asedio del miedo. 



Se vive sembrando vidrios 




pequeños trozos en punta 


que crecen hasta cercarnos 



no dan tregua 




los resquicios del espanto 


suelen volverse agudos 

implacables 



levantar la mano a tiempo 


puede a veces 

merecer la lluvia. 

De toda esta verdad 

tan verde 

tan de nadie 

escarbo la tierra con gusanos 



el odio 


que también es una piedra 



la fiera que espera 


en el envés de las hojas 

a dar una estocada 

pura este día 

o para el próximo 



así es como se escarba 




la piel cambia 


los dientes roen 

las uñas laceran 



el pozo se ahonda 


es preciso enterrar en él 

una verdad 

o un pájaro. 







A este cuerpo 


también llega la lluvia.    












Laura López Morales (1976, Villa Dolores, Provincia de Córdoba, Argentina)


De: "Las desperdigadas minucias", 2013 


Formó parte del taller literario Piedra Viva. Publicó los cuadernillos de poesía: Signos en tu Espalda (La Luna Que, 2006) y Las Desperdigadas Minucias (2013). Su primer libro es También afuera es todo esto (Llanto de Mudo 2014). Participó en las antologías: Palabras de Dolores (Piedra Viva 1998), Poesía Hacia el Nuevo Milenio III (La Luna Que 2000), Poemas de la Sierra Grande (2004), Asueto, Hojas de Poesía (Asueto 2010), Más Vale Tardes (Postales Japonesas, 2011), Elefante (Ed. Rodolfo Schmidt, 2012), Habitar el Grito, Poesía y Memoria en la Perla (Ediciones del Pasaje, 2013), Palabras de Poetas (Babel, 2013), Tomá de Acá , Poesía para abrir el campo ( Biblioteca popular María Saleme, 2013 ), Obertura, Club Editorial de las Sierras Chicas (Dínamo Poético, 2013) y 20 años, Poesía Llanto de Mudo (Ed. Llanto de Mudo, 2015) 



Envio de Alberto Cisnero

Fuente: http://barnaclecia.wix.com/home

Imagen: Facebook de LLM

noviembre 28, 2015

noviembre 25, 2015

,   |  2 comentarios  |  

Marília Garcia





Una partida con Hilary Kaplan











¿cuando dices


borrar


quieres decir


                               dejar de existir?


¿cómo se borra


a una persona?


tachar un mapa de un punto a otro


¿significa que es posible alterarlo?


¿o tiene el mismo


sentido de borrar


con una goma?





partida ¿es un juego


                               o dejar algo atrás?


¿partida es simplemente


cuando alguien sale


o quiere decir que la persona


se va para siempre?





cuando dices


agujero en el tiempo


¿existe un sentido físico


relativo al espacio-tiempo?


¿algo como un tejido


en pleno movimiento


de ondulaciones?





¿agujero en el tiempo


es un agujero literal


rasgando el tejido?





¿y qué quieres decir


con agujero del estadio? ¿es algo que


se ve desde arriba y puede


rellenarse? ¿o da una idea


de cosa inalcanzable?





¿cómo precisar el pánico


de las algas marinas? ¿es un miedo


que alguien siente de seres acuáticos


o es un tipo de pánico


experimentado por esa categoría


de vida?





¿cuál es la dimensión de la palabra


pánico? ¿se aproxima a un miedo?


las algas marinas


¿son seres de qué tamaño color hábitat?


¿son como un césped


en el fondo del mar?





¿cómo es geográficamente la posición


de frente hacia el estadio?


¿cómo es geográficamente mirarse los pies


cuando la persona está flotando?


y cuando está acostado


¿cuál es la dirección?





al decir violeta genciana


¿te refieres al color


o a la planta?





¿cuál es el sentido de la palabra


error? ¿error es un


fraude? ¿o significa


equivocarse de dirección y al llegar


ver que todo ha cambiado de


lugar? ¿cuál es la relación


del sujeto con este tipo


de error un error


geográfico?





al salir de notre-dame-de-lorette


¿la persona sale de la iglesia ? ¿de la calle? ¿o de la


estación de metro?





¿quién es francesc? ¿dónde está?


¿se perdió con otras


personas? ¿qué pasó después


de haber bajado la calle?


¿se ahogó? ¿lo borraron?


¿desapareció como personaje


o fue alguien que desapareció


de la vida?





¿qué significa ser insular?





¿por qué las lenguas insulares


se mezclan lentamente?


¿y cuál es la relación de eso con


mirarse los pies a la noche?





¿qué son las calles cuadradas?





¿aquí él sube o baja


la calle? ¿qué son exactamente


mapas superpuestos?


tomar el barco


¿tiene el sentido de secuestro


de capturar a la tripulación


o se refiere a haber entrado al barco


y haber viajado?





¿las ondulaciones a lo largo


de la carretera son especies de ondas pasando


y alterando el cemento?


¿o serían apenas


badenes?





¿liquidar el asunto es comenzar algo nuevo
o tiene el sentido de quebrar?


















Otros poemas de Marília Garcia, aquí


Fuente: http://lashermosasfierasinteriores.blogspot.com.ar/2015/09/una-partida-con-hilary-kaplan.html


De: "Error geográfico", Ediciones Kriller71, 2015


Traducción: Aníbal Cristobo





Imagen: revistacriativa.globo.com





















noviembre 23, 2015

, ,   |  1 comentario  |  

Dos poetas, variaciones de época




Irene Gruss



Limpieza




Jabón y agua tibia arrastran lo que quedó de la fiesta.

Todavía no es rancio el perfume del vino
y el ahora pastoso manjar barrido de los platos es burbuja
que salta en un mover sagrado;
otra vez la vajilla sin mácula, nada que reste de alegría
esmerada en un durar interior.
Lo que brilla es pasado y preparación para lo que urge, lo
que se aproxima.



Pero lavar



Como lavar después de una fiesta, se va, la alegría se va:

pero el jabón barre grasas, azucares, lo que sobró,
el resto de vino en esa copa,
la ceniza intacta pendiendo de nada, la huella
ahí, donde alguno rió y derramó algo, y volvió a pisar y a reír,
la vajilla sin usar, limpia en una esquina, casi al borde;
corchos, tapitas, marquillas vacías retorcidas
como esa servilleta doblada y vuelta a doblar, nerviosa,
ahora quieta.
Respirar lo que queda del aire de esa fiesta,
humo, el cielo afuera, otro aire afuera. Pero lavar,
la mesa lista.


De: "Entre la pena y la nada", Ediciones del Dock, 2015




Jorge Aulicino




Siberia




Papá podía discutir una noche acerca de trabajar para el Estado.

No tenía moral de los fondos públicos sino la incipiente certeza férrea
de que había que montar una máquina de guerra.
Y no había sol ni escarcha en las palabras
que aprendió en los inviernos fúnebres y los días despejados.
Un solo recuerdo le perturbaba el sueño y no supe cuál era.
Papá se nublaba y volvía en sí a cada rato,
como un oculto cielo en el charco de un patio.
Las palabras no podían, la acción se perdía en consignas
cada vez más lejanas, y cada vez menos mágicas.
Papá ya no decía nada, sólo que todo había ocurrido porque debía.
Papá no hizo transferencias, no dejó papeles, no perdió inocencia.
Fijate en Siberia, en los grandes transatlánticos petroleros
encallados en la taiga, los amigos del KGB hecho mafiosos
piratas aventureros galácticos, mirá el noticiero,
el nuevo perfil del National Geographic, las grandes fotos
los tubos de petróleo en los que rascarán el óxido la marta
y el zorro y el tigre y los fugitivos de una gran tormenta;
pensá en la Patagonia nuestra, en Ushuaia en los presos
en los muertos en los fusilados en los enterrados bajo el viento;
pensá en el frío, medio bosque talaron con las manos nevadas.
Era de la intemperie tu gusto burgués por las cosas ciertas, tu odio al                                         pequeñoburgués
tu carácter santurrón y nietzscheano, tu vorágine, tu prolijidad aprendida,
tu admiración estética por la solidez, tu garbo extraño, irónico, recatado.
No me hablen de cambios. Es la marcha.
Lo que permanece nunca cuadra.



De: "El Cairo", Ediciones del Dock, 2015


noviembre 18, 2015

, ,   |    |  

Yolanda Pantin

Deseo



Recojámonos en esta habitación
y no salgamos de ella

nunca.

Veamos desde allí
chorrear los vendavales
ríos que traen ramas, piedras. 

No nos interesan. Seamos cabales 
cobardes

durante el tiempo que
hemos tomado en préstamo,
ya que nada acontece 
que nos distraiga. 

Hasta que otro día anochezca.


Yolanda Pantín
Yolanda Pantin (1954, Caracas, Venezuela)
Enlaces: http://www.tinta-china.net/y_pantin_10.htm
Imagen: guardagujas.lja.mx

noviembre 12, 2015

,   |    |  

Anthony Hecht






Una colina






En Italia, donde estas cosas pasan, 


tuve una vez una visión —se entiende: 


no como las de Dante, no la visión de un santo,


quizá ni una visión de veras. Con mis amigos


curioseaba en la plaza soleada


muy de mañana. La greca nítida de sombras


de las grandes sombrillas cubría el pavimento:


bajíos relucientes en que anclaba la breve


armada de carretas. Libros, monedas, mapas,


paisajes burdos, feas estampas religiosas,


todo en venta. Colores, ruidos,


manos al vuelo: gestos exultantes;


aun el regateo


cual verbosa piedad subía hasta el oído.


Y entonces ocurrió: todo calló de pronto,


y oscureció; los carros, la gente y el mismísimo


gran Palacio Farnese, con todo y tanto mármol,


se hicieron aire. En su lugar había


una colina ocre pelada. Cuánto frío


hacía, casi helaba, con presagios de nieve.


Como viejos herrajes, los árboles: chatarra 


junto a un muro de fábrica. No había viento y no hubo


más sonido en un rato que el crujido levísimo


del hielo que mis pies quebraban en el lodo.


Vi un pedazo de cinta enredado en un seto,


no otro signo de vida. Y luego oí


como el trueno de un rifle. Un cazador, pensé:


no estaba solo, al menos. Pero entonces llegó


el golpe, suave, como de papel,


de una gran rama que caía no sé dónde, invisible.



Y fue todo, a excepción del frío y el silencio


que, como la colina, se anunciaban eternos.



Resurgieron los precios, y los dedos: fui devuelto


al sol y a mis amigos. Pero por más de una semana


me aterró la amargura pelada que había visto.


Todo esto ocurrió hace unos diez años


y no me preocupó hasta que hoy, por fin,


recordé esa colina: está justo a la izquierda


del camino que sale de Poughkeepsie, y de niño


pasaba horas mirándola en invierno.







Anthony Hecht (1923, Nueva York / 2004, Washington, DC, Estados Unidos de Norteamérica)

Traducción: Aurelio Asiain



Imagen: thethepoetry.com











noviembre 08, 2015

, ,   |    |  

Horacio Zabaljáuregui

Santa Bárbara











Esa noche sacamos las sillas a la vereda.

Como todas las noches.

La respiración calcinada.

Los cascarudos hacen pogo bajo los faroles.

Cientos.

Las familias en auto

salen a dar una vuelta:

el saludo desganado, desde la puerta

mascullado apenas el nombre del paseante.

Días de bochorno y seca.

Las gallinas con los picos abiertos y el ojo de miel,

desencajado.

El viento norte levanta polvo radioactivo.

No se apura el resto de cerveza;

queda tibia en el fondo del vaso.

Sacamos las sillas a la vereda

pero no hay fresca.

Habrá tormenta,

será inolvidable:

“Santa Bárbara, bendita

que en el cielo estás escrita “

se persigna mi tía.

Súbitas sierpes de luz

en la bóveda de la noche:

galerías de refucilos

estampados

sobrenaturales

en el recuerdo.

El agua no llega

y la sequía raspa el aire inmóvil.

Que no llegue por ahora;

que se resquebraje el cielo,

fulminado.

Que se astille en un laberinto de relámpagos

(La iglesia, está a la vuelta, tiene pararrayos.)

Los truenos rezagados

empiezan a templar el parche por el oeste.

Yo sabía que primero era la luz

y después, la garganta tonante del cielo.

De pronto un relámpago

dibuja mi sombra contra la pared.

Mis tías invocan a Dios

y entran las sillas.

“Dios se agarró flor de tranca”, pienso,

pero no lo digo:

susceptibles si los hay,

los creyentes.

“No voy a entrar”, digo 

fascinado;

voy a ver para encofrar

esta corona de luz,

virulenta

que a mano alzada

labra Santa Bárbara.

Líneas en la entraña oscura

del verano,

lo que queda

en la red del sueño.

Al fin de la noche,

los desfiladeros de la lluvia,

su piadoso manto,

animarán

la fiesta de las ranas. 











Horacio Zabaljáuregui (1955, América, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

De: "América", Bajo la luna, 2014)

noviembre 07, 2015

, ,   |    |  

Laura García Del Castaño
















Como un ciego en la garganta de un zoológico











me acerco al alambre

para puedas filmarme

Llegaste aquí

el guardia te retó por robar camalotes de la fuente

vos querías llevarlos a tu baño, ponerlos bajo la pileta

el guardia olvida que todo este lugar es un inmenso trasplante

el zoológico y la ceguera son inmensos trasplantes

El ciego sacado de su hábitat soy yo

para aquí

imaginando las alturas de la isla de Kodiak

en este último balcón que replica la cima

un jilguero a veces me canta

trepado en el ángulo más estrecho de un bosque

inexistente.













La muerte en un film de Woody Allen











temo a los poemas cerrados como hombres solos

a los mapas de ciudades hundidas o inexistentes

a los perros atados en las fábricas

a los manojos de llaves

a las mujeres que harán de mí su atolón Bikini

Temo a la palabra huésped

al suspenso de una dicha que se tarda

al rastro del ciego

a los coleccionistas, a los testamentos

al vaivén de los santos en las procesiones

a las ancianas de pelo rojo

a Cècile de bonjour tristesse

a la canción que pusiste el día de nuestra muerte

pero sobre todas las cosas temo

al asesino

en el sueño recurrente de mi padre

a su víctima

y a esa parte que quedó

viva para contarlo 













De: "El sueño de Sara Singer", Llantodemudo Ediciones, 2014

Otros poemas de Laura García del Castaño, aquí



Imagen: Facebook de LGC


  |    |  

Un lugar en el mundo




En agosto de este año, falleció Charles Tomlinson, poeta inglés. Mi stock de calificativos no alcanza para distinguirlo. He aquí, imágenes del pueblo donde vivió, Gloucestershire, y un poema que publicó Jordi Doce en su blog, y luego repliqué en El poeta ocasional en mayo de 2014 junto a otro poeta, George Oppen.































































La puerta





















Muy poco


se ha dicho


de la puerta, una de


sus hojas vuelta hacia el aguacero


de la noche, y la otra


hacia el temblor y el brillo de la lumbre.





El aire, encerrado


tras esta cubierta


en el libro del cuarto,


se llena con las páginas


sucesivas de oscuridad y fuego


mientras el viento empuja los paneles o revuelve la llama.





No solo


el rompeolas


de la tormenta, sino la repentina


frontera de nuestros encuentros, apariciones,


y dueña de tanto espacio


como la vista a través de un dolmen.





Pues las puertas


son a la vez marco y monumento


al tiempo consumido,


y muy poco


se ha dicho


de nuestras idas y venidas a través de ellas.















(...) La segunda noticia es un poco más especializada, pero estoy seguro de que algunos lectores de esta bitácora la recibirán con curiosidad: la revista virtual Jacket 2 incluye en portada la correspondencia completa entre Charles Tomlinson y el poeta objetivista George Oppen, el autor de The Materials, uno de los grandes libros de la post-vanguardia norteamericana. Charles descubrió su poesía en 1963, durante su estancia como profesor visitante en Albuquerque, Nuevo México, y la carta inicial, de abril de ese año, inauguró una correspondencia llena de afecto y admiración por ambas partes que se prolongó durante cerca de veinte años. Para quien sepa inglés, es una lectura llena de interés, de pequeñas curiosidades; y el retrato en tiempo real de un diálogo entre poetas unidos por el idioma y su admiración por los maestros de la vanguardia –Pound y Williams, sobre todo–, pero separados por su origen y su ideología (Oppen llegó a ser miembro del partido comunista americano en los años treinta; Charles siempre ha sido un hombre más bien conservador, aunque enemigo cordial de las políticas destructivas y avariciosas de Thatcher).





Por desgracia (y ahora llegamos a la tercera noticia), Swigg me aclara que el estado mental de Tomlinson le impide tener conciencia de estas novedades editoriales. A sus 87 años –como Oppen al final de su vida, por cierto–, ya no sabe o recuerda quién es. Pero sus lectores sí lo sabemos, y me apetece compartir en esta página, a modo de homenaje, uno de los poemas suyos que más me gustan, «La puerta», incluido originalmente en American Scenes and Other Poems (1966). Un poema que recuerda todas las puertas que Tomlinson abrió para la poesía y que él mismo se encargó de franquear con determinación y alegría. Que su declive, esa densa marea de olvido que le envuelve, le sea leve.






noviembre 02, 2015

,   |  1 comentario  |  

Jeymer Gamboa




La parte que sustituye el todo

















Cada vez me atrae menos la pintura.


Pero debo decir que me gustan


esos cuadros de Limberth


donde se limita a pintar sus zapatos.




Limitar: imponerse límites en lo que se dice o se hace, con


renuncia voluntaria o forzada a otras cosas posibles o deseables.




Porque es sólo eso:


un par de zapatos


que han resistido


otro invierno.






















Gillettes usadas



















La puerta está abierta


para que la canción de la radio


llegue hasta el baño.




Ella está depilándose las piernas


y pensando en que esto va mejor.




Su momento cumbre de reflexión


se interrumpe justo

con ese corte cerca del tobillo.








*












Estos hombres de café, periódico y rituales gregarios 


(indiferentes, por decisión propia,


al uso de la agenda y el teléfono celular;


la punta de sus zapatos desgastada; años sin ir al dentista y al optometrista) 


retornan a sus casas cuando está por anochecer


y se paran detrás de una ventana


–siempre le dan dimensión a sus vidas con una ventana–


a esperar que la fogata del cielo termine de apagarse.


Ahí permanecen contemplativos y cinematográficos


sosteniendo un vaso de whisky


en una habitación a oscuras. Hay que cambiar el fusible de sus conciencias.


Con la otra mano se palpan el tórax


porque saben que entre una duda y una resolución


hay un dolor físico. Fuman, obvio.


Y les gusta que su cara y las paredes del cerebro


se llenen con las sombras que proyecta el alumbrado público

o las luces del río vehicular.














*

















Me voy despacio hacia el oeste.


El sol se ve borroso por el polvo que levanta


una colonia de insectos hidráulicos


–grúas y excavadoras–


sobre las construcciones cerca del río.





Ahí las formas han perdido su contorno y materialidad


como la imagen de un billete olvidado en unos jeans


que uno encuentra después de tres o cuatro lavadas.











Jeymer Gamboa (1980, Santa Cruz de León Cortés, Costa Rica)















Fuente: http://www.jeymergamboa.com.ar/

Enlaces: http://elcoloquiodelosperros.weebly.com/entrevistas/jeymer-gamboa