Diego Brando


Durante el día, el cielo 
cambió de colores. 
Parado en medio del patio, 
observé cómo el celeste 
se convirtió en negro 
y de qué manera los truenos 
y los relámpagos 
amenazaron la tarde. 
Soy un centinela que vela 
por su tierra y por sus plantas. 
Cuando cae granizo 
corro hacia lo salvable, 
las plantas en macetas. 
Cuando la furia pasa 
presto atención a la estrelicia 
y al aromo, los sobrevivientes. 
Entro y salgo de casa, nunca descanso. 
Aunque debo reconocer que a veces 
me imagino flameando al cielo 
un banderín blanco. 




*





El aromo deja 
una hoja más 
en la oscuridad 
de la mañana. 
¿Puede discernir 
quien contempla 
entre el cielo 
y el suelo 
correctamente? 
Mis ojos recorren 
la posible línea 
de separación, 
tratan de percibirla 
y de trazarla. 
La madrugada 
puede ser eso: 
una hoja que cae, 
alguien 
que intenta comprenderla. 




*




El tren de carga partió 
y ha venido su sonido a dividir la noche. 
Partículas de oscuridad aparecen ahora 
ante mis ojos. 
¿En qué sector de la habitación 
habrá encontrado la paz un refugio?
Mi compañera duerme a pesar de todo
y los hilos del invierno acarician su pelo.
Suena a lo lejos una nueva bocina
y se confirma mi pensamiento:
lo que con el viento helado huye
solo un nuevo día lo restablece.







Diego Brando (1987, Leones, Provincia de Córdoba, Argentina)
De: "Frontera", Vilnius, 2016

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