enero 29, 2017

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Reynaldo García Blanco








Mi mujer pide que le haga una fotos













Es sábado

estoy  harto de las músicas del vecino

de la televisión

y el hedor de las piedrecillas sanitarias del gato



Mi mujer pide que le haga unas fotos

cruza las piernas

mueve la cabeza y se despeina



Llovió en la tarde

el olor del pasto sube cuatro pisos

se arremolina y mueve los tapices



Me siento en el piso

busco el ángulo inesperado



Al fondo la pared blanca

y mi mujer ahí

como si octubre fuera eso

una mujer sentada

convertida en píxeles mientras allá afuera

los vecinos hacen la vida

otras fotos.











Hoy amanecí sin entusiasmo











No puedo con el hervor de la calle

ni Borges

ni Fran Chopra

ni Mao Se Tung

Dicen que es luna llena

que vendrá el equinoccio

que regresan los presidentes

Me detengo en la guía telefónica

en un manual de Hata Yoga

en los pasos peatonales

Soy un cero a la izquierda

un patriota sin aviso

una cerveza caliente

Hoy amanecí sin entusiasmo

como si tuviera gripe

o fuera un pelotero

que disfruta del hastío en terreno impropio. 










Reynaldo García Blanco (1962, Venegas, Cuba)


enero 28, 2017

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Jack Gilbert







En Umbría














Un día estaba en el café, sentado afuera,
mirando el crepúsculo en Umbría, cuando una niña
salió de la panadería con el pan que su madre le pidió.
No sabía qué hacer. Ya confundida
por tener trece años y justo aquel verano hacerse mujer,
ahora tenía que pasar por delante del americano.
Pero lo hizo muy bien. Pasó por delante y dobló la esquina
con gracia, sin prestarme atención. Casi perfecto.
En el último instante no pudo resistir
mirarse fugazmente sus pechos nuevos. Suelo recordar
aquella inclinación de su cabeza cuando la gente habla
de tal o cual de las grandes beldades.




























Ir  ahí












Por supuesto fue un desastre.

El más preciado, insoportable secreto

ha sido siempre un desastre.

El peligro cuando tratamos de irnos.

Revisando más tarde, una y otra vez,

lo que debimos hacer

en lugar de lo que hicimos.

Pero en esos breves momentos

parecíamos vivos. Engañados,

maltratados, mentidos y traicionados,

seguramente. Sin embargo, por ese

corto tiempo, visitamos

nuestra vida posible.
















Otros poemas de Jack Gilbert, aquí

Traducción: Gerardo Gambolini



Imagen: The Guardian

enero 26, 2017

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Robert Hass: Soneto

Robert Hass


Un hombre habla con su ex mujer por teléfono.
Ha amado su voz y escucha con atención
cada modulación de su tono. Lo conoce
en la intimidad. No sabe qué quiere
de ese sonido, de su amable urbanidad.
Estudia, por la ventana, las formas de las semillas
de las vainas partidas de los árboles ornamentales.
La especie crece en todos los jardines, nadie sabe su nombre
salvo los horticultores. Cuatro recámaras con arcos
de verde pálido, diminutos arcos de un proscenio vegetal,
un par de encogidas semillas negras alojadas en cada recámara.
Una geometría de deseo, miniatura, india o persa,
amantes o dioses en sus habitaciones. Afuera, animales blancos,
pacientes, y vidas enredadas, y lluvia.




Sonnet


A man talking to his ex-wife on the phone.

He has loved her voice and listens with attention
to every modulation of this tone. Knowing
it intimately. No knowing what he wants
from the sound of it, from the tendered civility.
He studies, out of the window, the seed shapes
of the broken pods of ornament trees.
The kind that grow in evereyone`s garden, that no one
but horticulturists can name. Four arched chambers
of pale green, tiny vegetal proscenium arches
a pair of black tapening seeds bedded in each chamber.
A wish geometry, miniature, Indian or Persian,
lovers or gods in their apartments. Outside, white,
patient animals, and tangled vines, and rain.




De: "Home movies", Zindo & Gafuri, 2016
Traducción: Liliana García Carril
Otros poemas de Robert Haas, aquí
Enlaces: 
  • http://barclayagency.com/site/speaker/robert-hass
  • http://www.letraslibres.com/mexico-espana/entrevista-robert-hass
Imagen: poetryfoundation.org

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enero 22, 2017

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Cesare Pavese









El vino triste











Lo difícil es sentarse sin hacerse notar.

Lo demás viene por añadidura. Tres sorbos

y retorna el deseo de imaginarse solo.

Se abre de par en par un fondo de zumbidos distantes,

todo se dispersa y haber nacido y contemplar la copa

constituye un milagro. El trabajo

(el hombre solo no puede dejar de pensar en el trabajo)

vuelve a ser el antiguo destino que es hermoso sufrir

para poder pensar en él. Después los ojos clavan

su mirada en el aire, dolientes, cual si estuviesen ciegos.



Si este hombre se alza de nuevo y va a acostarse a su casa,

parece un ciego que ha extraviado el camino. Cualquiera

puede salir de un rincón y machacarlo a golpes.

Puede salir una mujer y tenderse en la calle, 

joven y bella, bajo otro hombre, gimiendo

igual como gimió una mujer con él hace tiempo.

Pero este hombre no ve. Va a su casa a acostarse

y la vida no es más que un zumbido de silencio.



Al desnudar a este hombre, se encuentran miembros exhaustos

y pelo brutal, aquí y allá. ¿Quién diría

que por este hombre circulan venas tibias

en que hace tiempo quemaba la vida? Nadie creería

que una mujer hubiese acariciado, hace tiempo,

aquel cuerpo y besado aquel cuerpo, que tiembla,

y lo hubiese bañado con lágrimas, ahora que el hombre,

que ya ha llegado a su casa, no consigue dormir, pero gime.











El paraíso sobre los tejados











Será un día tranquilo, con una luz fría

como el sol que levanta o que muere, y el cristal

cerrará el aire sucio del cielo exterior.



Nos despertarán un día, de una vez para siempre,

en la tibieza del último sueño: la sombra

será tal la tibieza. Llenará la habitación,

por el gran ventanal, un cielo aún más grande.

Desde la escalera que se subió un día para siempre

no llegarán más voces ni más rostros muertos.



No será necesario abandonar el lecho.

Sólo el alba entrará en la estancia vacía.

Bastará la ventana para vestirlo todo

de una tranquila claridad, casi como una luz.

Pondrá una sombra pálida sobre el rostro supino.

Los recuerdos serán como grumos de sombra

aplastados igual que vieja brasa

en el camino. El recuerdo será como una llama

que aun hasta ayer mordía los apagados ojos.






Otros poemas de Cesare Pavese, aquí

Enlaces: http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/cesare-pavese.1-1.pdf

enero 20, 2017

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Miguel Ángel Petrecca


Poesía argentina actual



Estudios










El fruto desmenuzado de estos árboles  

va dejando en la vereda una capa gruesa 


graffitis ilegiblessuperpuestos, escudos  


de clubes de fútbol y leyendas de cumpleaños  


en la pared se han ido sumando de a poco,  


sobre la mano de pintura que cada enero 


en unas horasformatea la entera superficie.  


La cruz de la farmacia titiló un instante  


antes de prenderse y el custodio una vez más  


como la figura dentro de un reloj cucú  


salió y volvió a entrar. De punta a punta  


del dial paso agarrando pedazos de canciones 


Aunque una especie de empate hegemónico  


mantiene así por el momento en equilibrio   


las trincheras opuestas de la enfermedad  


y la salud, la bisagra nunca está en realidad  


tan lejos como uno piensaparece decir  


la chica que atraviesa ahora el espejo retrovisor  


con unas radiografías o algo así en un sobre,  


como los mensajeros que llevaban entre sus cartas,  


sin saberlouna con su propia sentencia. 












Otros poemas de Miguel Ángel Petrecca. aquí



Imagen: www.clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com.ar