febrero 25, 2017

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Eamon Grennan












Visión en la cocina














Aquí en la cocina

donde preparamos el desayuno
hallo que mi propia visión de las cosas
sale finalmente a luz: Vislumbro, enormes
manos pecosas, en la panza
de la pava de aluminio. Ahí dentro



la heladera verde-lima, la formación militar
de los tarros de especias y la ventana transfigurada
donde el sol irrumpe flagrante,
todos deben retroceder, retirarse y añadir
el pequeño rostro doliente
de la Venus de Botticelli
colgado encima de una puerta liliputiense. Allí dentro





todos nuestros utensilios de cocina

se achican rigurosamente, se reducen

a brillantes miniaturas

de sí mismos – el diario

e ineluctable desorden de nuestras vidas

está contenido, clarificado, fijado en su lugar

y luminoso bajo una luz normal

como si visto de una vez para siempre

por Jan Steen o Vermeer. Y fuera de allí






en la distancia gris la bebita

me mira fijo desde su silla alta

durante un minuto de silencio

y tú – a una milla

revolviendo los huevos – te das vuelta

para verme

contemplando mi propia

persona deformada

en la pava

que está justo empezando a cantar,

su respiración caliente echando humo.












Otros poemas de Eamon Grennan, aquí



Traducción: Adam Gai















Kitchen Visión








Here in the kitchen

where we´re making breakfast

I find my own view of things
come to light at last: I loom, huge
freckled hands, in the electric kettle´s
aluminium belly. In there



the lime-green fridge, military files

of spice jars, and that transfigured window

where the sun breaks flagrant in,

must all recede, draw off, and join

the tiny mourning face

of Botticelli´s Venus

hung above a Liliputian door. In there


all our household effects

are strictly diminished, pared down

to brilliant miniatures

of themselves – the daily

ineluctable clutter of our lives

contained, clarified, fixed in place

and luminous in ordinary light

as if seen once and for all

by Jan Steen or Vermeer. And off


In the silver distance the baby

stares me from her high chair

of a minute ´s silence,

and you – a mile way at the stove

turning the eggs – turn round

to see me

gazing at my own

sharply seen misshapen self

in the kettle

that´s just starting to sing,

its hot breath steaming.










Imagen: Hammer Museum


febrero 19, 2017

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Audre Lorde








Afuera











En el centro de una ciudad cruel y fantasmal

todas las cosas naturales son extrañas.

Crecí en una confusión genuina

entre césped y maleza y flores

y lo que significaba de color

excepto la ropa que no se podía blanquear

y nadie me llamó negra de mierda

hasta que tuve trece.

Nadie linchó a mi mamá

pero lo que nunca había sido

había blanqueado su cara de todo

excepto de furias muy privadas

e hizo que los otros chicos

me llamaran agrandada en la escuela.



Y cuántas veces he vuelto a llamarme

a través de mis huesos confusión

negra

como médula queriendo decir carne

y cuántas veces me cortaste

e hiciste correr en las calles

mi propia sangre

quién creés que soy

de transformarte

o qué ves en mi cara

que no hayas descartado ya

en tu propio espejo

qué cara ves en mis ojos

que algún día

vas a

reconocer como la tuya

A quién maldeciré por haber crecido

creyendo en la cara de mi madre

o por haber vivido temiendo la oscuridad potente

usando la forma de mi padre

ambos me marcaron

con su amor ciego y terrible

y ahora estoy lasciva por mi propio nombre.



Entre los cañones de sus terribles silencios

Madre brillante y padre marrón

busco ahora mis propias formas

porque nunca hablaron de mí

excepto como suya

y los pedazos con que tropiezo y me caigo

aún registro como prueba

de que soy hermosa

dos veces

bendecida con las imágenes

de quienes fueron

y quienes pensé alguna vez que eran

de lo que traslado

hacia y a través

y lo que necesito

dejar detrás de mí

más que nada

estoy bendecida en los seres que soy

que han venido a hacer de nuestras caras rotas

un todo.















Audre Lorde (1934, Nueva York / 1992, Saint Croix, Islas Vírgenes, Estados Unidos de Norteamérica)

Fuente: http://www.mirales.es/audre-lorde-una-amazona-guerrera/



Imagen: www.bustle.com




febrero 18, 2017

febrero 16, 2017

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Claudia Masin




La luz de la luna / Moonlight









"y cuando hablamos

tememos que nuestras palabras

no sean escuchadas

ni bienvenidas,

pero cuando callamos

seguimos teniendo miedo.

Por eso, es mejor hablar

recordando

que no se esperaba que sobreviviéramos"



(Audre Lorde)








Hay quienes no formamos parte de la especie


más que como el error, la anomalía que confirma la precisión


y el equilibrio de las cosas. Como las crías enfermas,


defectuosas, que las perras apartan alzándolas del cuello con la boca,


no se espera de nosotros ninguna fortaleza ni coraje. La mayoría de las veces


no hace falta matarnos: el cuerpo vaciado del amor


y del deseo de los otros pasa rápido. Una mancha en el cielo


que pocos llegan a ver antes de que se apague


a miles de años luz, sin poder hacer contacto con la tierra,


sin que nadie la extrañe. Pero a veces,


contra todas las probabilidades, una raíz crece desaforada,


sostenida en el aire hasta clavarse en la materia,


arrastrada por un deseo salvaje, por el empuje de la vida


que resiste aunque sepa que en ese esfuerzo descomunal


corre el riesgo de –finalmente- quebrarse. Dejá


que tu cabeza descanse en mis manos, me dijiste, prometo


no soltarte. Y yo, que lo único que sabía


era que había que escapar del amor como quien escapa


de una pedrada en el pecho, un golpe bien dado en el lugar


más vulnerable, me quedé


sin embargo en ese abrazo y fuí curado


de las enfermedades de los otros, de lo que hicieron conmigo


para salvarse. No hizo falta que nadie más me tocara. Un cuerpo


sostenido en otro cuerpo se vuelve una casa.











Otros poemas de Claudia Masin, aquí

Poema inédito basado en el film Moonlight, Barry Jenkins, 2016









febrero 10, 2017

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Erri de Luca






Ríos de sangre











Iban los viejos a las fuentes

y las mujeres con cubos a lo largo del río

mientras el aire silbaba de proyectiles y esquirlas,

la banda musical de los asedios, junto a las sirenas.

Danubio, Sava, Drina, Neretva, Miljacka, Bosna

son los últimos ríos añadidos a las guerras del siglo veinte,

los ejércitos mordían sus orillas, derribaban sus puentes,

luces de ciudad, Chaplin, las luces de aquellas ciudades

estaban todas apagadas.

Alrededor, Europa prosperaba ilesa.

Otras madres arrodilladas acudían a las orillas,

después de que el Volga detuviera en Stalingrado al sexto

ejército de Von Paulus

y lo hiciera retroceder y lo persiguiera hasta el último puente

sobre el Esprea,

ahogando Berlín.

Las aguas de Europa todavía reflejan incendios.

El deshielo del Vístula iluminado por el hambre del gueto:

no fue bastante para el siglo veinte.

El agua en Europa vuelve a costar su equivalente en sangre.













Erri de Luca (1950, Nápoles, Italia)

Fuente: http://msur.es/2016/12/07/erri-luca-poemas/ 



Imagen:  www.elcultural.com











Fiumi di guerra







Alle fontane i vecchi

le donne con i secchi lungo il fiume

e l’aria fischiettava di proiettili e schegge,

la banda musicale degli assedi, insieme alle sirene.

Danubio, Sava, Drina, Neretva, Miljacka, Bosna,

ultimi fiumi aggiunti alle guerre del millenovecento,

gli eserciti azzannavano le rive, sgarrettavano i ponti,

luci della città, Chaplin, le luci di quelle città

erano tutte spente.

L’Europa intorno prosperava illesa.

Altre madri in ginocchio attingono alle rive,

dopo che il Volga fermò a Stalingrado la sesta armata

di von Paulus

e la respinse indietro e l’insegui fino all’ultimo ponte sulla Sprea,

affogando Berlino.

Acque d’Europa specchiano ancora incendi.

La Vistola al disgelo illuminata dalle fiamme del ghetto:

non poteva bastare al novecento.

L’acqua in Europa torna a costare l’equivalente in sangue.




febrero 04, 2017

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Diego Bentivegna




Ma era l'Italia, / l'I,talia, / l'Italia, nuda e formicolante...


                                        (Pasolini, Poeta delle ceneri)








Allá, más abajo,


el pasto italiano prolifera, se disgrega,

sube insistente de la isla que arde

entre volcanes turbios:



se multiplica en los claros de los bosques

que se abren al cielo entre los Nébrodos.



Es el pasto que sube para el norte

por los valles que horadan la Calabria

o el Abruzzo, por las galerías apenínicas;

el pasto que roza casi la frontera

hacia el límite pequeñoburgués con Austria. 






Odorata ginestra / contenta dei deserti...


                                      (Leopardi)









Se recorta en el fondo, entre la espuma

y la sierra, el exterminador Vesubio:

padre terrible sentado entre las rocas, 

profeta formidable.



Mira el golfo africano abierto sobre Nápoles.

Mira Torre del Grecco y los retazos

de poblaciones blancas que cuelgan

de los cerros, casi acantilados.

Mira la espalda seca donde crece

a los tumbos la pálida ginestra,

la retama amarilla en la que estalla

la luz violenta, el sol mediterráneo.



Mira, está mirando

lo vegetal que asoma apenas entre las rocas.









Diego Bentivegna (1973, Munro, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

De: "Las reliquias", 2013, Alción Editora