mayo 30, 2017

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Musée des beaux-arts de Montréal




un caballo de tres patas y el carretero

a punto

de levantar vuelo en un afiche



Una aldea rusa y Buenos Aires


intercambian posiciones en circuitos interiores.



Momentáneamente afuera


entre las farolas de la Recova y yo

falsificamos la esperanza

del día

que arribará mi país.

Proveniente de otro asunto,

la resaca del río

se balancea al borde del murallón.







© Pedro Donangelo

mayo 26, 2017

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Camillo Sbarbaro











¿Recuerdas las luciérnagas, querida?











¿Recuerdas las luciérnagas, querida

como un tejido sobre el mar de Nervi?

(pueblo borroso donde ayer estuve,

que ya mi corazón no reconoce).





Tal vez. Ya no recuerdo ni siquiera el gesto

que grabé en tu interior, y en mí gotean

dulces palabras que no sabes que has dicho.



¡Desilusión extrema la de los amantes!

dos vidas que en vano se juntaron

y aun si el bien sobrevive, los recuerdos

son manos que no llegan a tocarse.



Cada uno queda con su felicidad perdida

un poco atónitos y solos,

en un mundo vacío de sentido.

Miel secreta de la que se alimentan;

hasta que el propio recuerdo los consuma

y todo es como si no hubiera sido.



¡Oh, cuán poco lo que fue

nos separa de aquello que no fue!

Aun menos que la estela de la nave

agua del agua.



Quedarán

las luciérnagas de Nervi, las cigarras

la casa sobre aquel mar de Loano,

y toda mi escasa alegría –y tú–,

hasta que este recuerdo me desgarre.
















Camillo Sbarbaro (1888, Santa Margherita Ligure / 1967, Savona, Italia)

Traducción: Ernesto Hernández Busto





La trama delle lucciole ricordi





La trama delle lucciole ricordi

sul mar di Nervi, mia dolcezza prima?

(trasognato paese dove fui

ieri e che già non riconosce il cuore).



Forse. Ma il gesto che ti incise dentro,

io non ricordo; e stillano in me dolce

parole che non sai d’aver dette.



Estrema delusione degli amanti!

invano mescolarono le vite

s’anche il bene superstite, i ricordi,

son mani che non giungono a toccarsi.



Ognuno resta con la sua perduta

felicità, un pò stupito e solo,

nel mondo vuoto di significato.

Miele segreto di che s’alimenta;

fin che sino il ricordo ne consuma

e tutto è come se non fosse stato.



O come poca cosa quel che fu

da quello que non fu divide!

Meno que la scia della nave

acqua da acqua.



Saranno state

le lucciole di Nervi, le cicale

e la casa sul mare di Loano,

e tutta la mia poca gioia – e tu –

fin che mi strazi questo ricordare.


mayo 25, 2017

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Robert Frost








El camino no elegido











Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,

Y apenado por no poder tomar los dos

Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie

Mirando uno de ellos tan lejos como pude,

Hasta donde se perdía en la espesura;





Entonces tomé el otro, imparcialmente,

Y habiendo tenido quizás la elección acertada,

Pues era tupido y requería uso;

Aunque en cuanto a lo que vi allí

Hubiera elegido cualquiera de los dos.



Y ambos esa mañana yacían igualmente,

¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!

Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,

Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.



Debo estar diciendo esto con un suspiro

De aquí a la eternidad:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,

Yo tomé el menos transitado,

Y eso hizo toda la diferencia.















Robert Frost (1874, San Francisco / 2003, Boston, Estados Unidos de  Norteamérica)

Traducción: María Fernanda Celtasso

Enlaces: http://amediavoz.com/frost.htm#ABEDULES



Imagen: QuotesGram









The road not taken





Two roads diverged in a yellow wood,

And sorry I could not travel both

And be one traveler, long I stood

And looked down one as far as I could

To where it bent in the undergrowth.



Then took the other, as just as fair,

And having perhaps the better claim,

Because it was grassy and wanted wear;

Though as for that the passing there

Had worn them really about the same.



And both that morning equally lay

In leaves no step had trodden black.

Oh, I kept the first for another day!

Yet knowing how way leads on to way,

I doubted if I should ever come back.



I shall be telling this with a sigh

Somewhere ages and ages hence:

Two roads diverged in a wood, and I–

I took the one less traveled by,



And that has made all the difference.




mayo 18, 2017

mayo 14, 2017

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Anne Carson

El Beckett de ella        









Visitar a mi madre es como actuar en una obra de Beckett.

                                          Tienes la sensación de atravesar la corteza,

                 la densa oscuridad oh no del pequeño cuarto

                 con paredes tan estrechas y predecibles.

Un tintineo y el súbito esfumarse de juguetes que pertenecen a la memoria

                  y sin querer reaparecen perdidos y asfixiados

                                                                             en la página del dolor.

                                                             Muy mal

responde cuando pregunto,

a pesar del (¿era abril?) brillo alegre que roza sus ojos,

«salimos a remar por el lago Como»

escurre apenas de sus labios.

Nuestro amor, esa chispa de fuego en la locura,

envuelve el cuarto

azotándolo todo

y se esconde otra vez.

    










Poetas norteamericanas





Her Beckett




Otros poemas de Anna Carson,  aquí

Traducción: Jeannette L. Clariond





Imagen: www.hampsonwrites.com 




















Going to visit my mother is like starting in on a piece by Beckett. / You know that sense of sinking through crust, / the low black oh no of the little room / with walls too close, so knowable. / Clink and slow fade of toys that belong in memory / but wrongly appear here, vagrant and suffocated / on a page of pain. / Worse / she says when I ask, / even as (was it April?) some high humour grazes her eye— / «we went out rowing on Lake Como» / not quite reaching the lip. / Our love, that halfmad firebrand, / races once around the room / whipping everything / and hides again.



mayo 11, 2017

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Biancamaria Frabotta





Poesía italiana





Los nuevos climas







El jardín parecía una habitación

que una ráfaga de viento hubiera

cerrado de un portazo.

La destrucción era total.

Andando despacio, con cuidado

de no pisar las bulbos abatidos

los raros azafranes pelados por el estruendo

las trompetas tan sutiles y comunes

que adornaban la gran piedra

sacada a la luz por la excavadora

pensé que todo estaba floreciendo

al revés, las raíces a tientas

por los míseros vapores, los pétalos rancios

apresados bajo el lodo

como perros con cadena.

El inesperado aluvión de Pascua

había recorrido el reino entero

con la bestialidad de una herejía.

Tal vez entre las grietas pudiera rebrotar el pálido eucalipto

tan útil contra los pantanos. Pero ahora que todo ha sido edificado

piedra sobre piedra, ¿qué hacer con esta ávida hidrobomba?









Son los días más largos del año








Son los días más largos del año


pero el flash se dispara lo mismo


sobre la apariencia difusa de las cosas.


Para algunos no tiene sentido


esta luz en la luz, más débil


e inaccesible, como el uno para el otro


entre los brazos del amante, cuando


se esfuman las poses risueñas


se acorta la respiración y entre los pájaros


de alas doradas se corre la voz de que


demasiados retozan en la misma rama.


















Nació en Roma, Italia, en 1946. Publicó en 1976 la plaqueta Affeminata, luego incluida en Il rumore bianco (1982). Sus otros títulos de poesía son: Appunti di volo e altre poesie (1985), Controcanto al chiuso (1991), La viandanza (1995, Premio Montale), Tierra contigua (1999 y 2011), La pianta del pane (2003, Premio de Lerici PEA y Premio Dessì), Gli eterni lavori (2005), I nuovi climi (2007) y Da mani mortali (2012). Es autora además de las novelas Velocità di fuga (1989), Quartetto per masse e voce sola (2009) y de la trilogía teatral Trittico dell’obbedienza (1996). Ha publicado dos monografías, Carlo Cattaneo (1971) y Giorgio Caproni, il poeta del disincanto (1993), y dos volúmenes de crítica literaria, Letteratura al femminile (1980) y L’estrema volontà. Studi su Caproni, Fortini, Scialoja (2010). Editó las antologías Donne in poesia (1976), Arcipelago malinconia (2001) y Poeti della malinconia (2001). En colaboración con Bruno Mazzoni ha traducido a la poeta rumana Ana Blandiana: Un tempo gli alberi avevano occhi (2004). Es profesora de Literatura Italiana Contemporánea en La Sapienza (Universidad de Roma). En reconocimiento a su trayectoria literaria, en 2016 le fueron concedidos el Premio Internazionale di Poesia Don Luigi Di Liegro y el Premio Poesia Città di Fiumicino.













Enlaces:










Traducción: G.D. Helder







I nuovi climi





Il giardino sembrava una stanza

che un colpo di vento avesse chiuso

sbattendo la sua unica porta.

La distruzione era totale.

Camminando a fatica, attenta

a non pestare i bulbi sconvolti

i rari crochi pelati dallo scroscio

i tromboni così gentili e comuni

che ornavano la grande pietra 

portata alla luce dalla scavatrice

pensai che tutto stesse fiorendo

a rovescio, le radici brancolanti

nei miseri vapori, i petali marci

trattenuti sotto dal fango 

come cani alla catena.

L’inattesa alluvione di Pasqua

aveva percorso l’intero regno

con la violenza di un’eresia.

Forse tra le crepe sarebbe ricresciuto il pallido eucalipto

così utile contro le paludi. Ma ora che tutto è stato edificato

pietra su pietra, che farsene di questa vorace idrovora?







E’ la stagione dei giorni lunghi





E’ la stagione dei giorni lunghi
eppure il flash scatta ogni volta
sulla fisionomia sfocata delle cose.
Ad alcuni pare infondata quella
luce nella luce, più debole
e inaccessibile, come l’uno all’altra
fra le braccia dell’amante, quando
sfumano le pose in cui si ride
si fa corto il respiro e fra i gruccioni
dalle ali d’oro si sparge la voce
che in troppi saltellano sullo stesso ramo.






Imagen: letrasmacondo.blogspot.com

mayo 07, 2017

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Eduardo Milán





El camino Ullán /





segundo camino Ullán








descarriados
fuera del carril de alquitrán del que no depende nada
salvo la vida, al costado
perdido el hilo del carrete en algún lugar sobre la carretera
¿y el carrusel dónde queda? queda en la feria, queda en el parque
de diversiones donde el niño –Alejandro- enredaba sus dedos
telaraña de nieve pegajosa una copa de algodón de azúcar la felicidad
pasan los autos que aquí se llaman carros
allá son carros los tirados por caballos que recogen basura de noche
en el cielo la Osa es el carro, la Mayor –en Uruguay, allá
recogen restos en el día, desechos que los que ahora son poemas cantan
tiempo del desecho que canta











tercer camino Ullán




la visión intimista donde todo es chico
en el sentido de pequeño, a la mano
los niños, seres a la mano, las mascotas, la perra
el pelo de la cabeza de los niños para pasar la mano
el reluciente, liso, sedoso casi, lomo de la perra negra

algo relativamente nuevo
siempre estuvo el detalle que palpita entre los valores grandes
esos imperios que en el pozo de la rabia te hacen levantar
para ver el cuerpo completo del caballo de costado
no desde abajo, desde sus cascos
caballo: forma incompleta de una máquina de guerra
siempre estuvo el detalle, brisa por la ventana abierta, aire fresco
entre las cortinas de dril, vida sola del pañuelo en el saludo

difícil detectar el destello en los escombros











mayo 06, 2017

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Alberto Cisnero


06/05/2017


17 



si dudás, que al salir, salga cortando. fue
mi alcázar de oro y gemas en todos los rincones
en los que uno está solo. ya dieron su fin
los laberintos y meandros de un viejo ría. mi alcázar
de oro y gemas, estas palabras cárdenas, a veces,
lo que perdura es lo que no se pronuncia.
y siempre hablé con intención. por tierra,
por mar, adonde el viento me llevó.
no presentaré mis excusas por ello. a declivio
se redujo, como si oyera golpes en la puerta,
como un sueño repetido.



19



aquí, en algún lugar de la frontera, de mi cabeza,
en un callejón oscuro o en un lugar solitario.
retrocedo en la escala de la evolución. enuncio
un hecho. sólo puedo destruirme. y tal vez no,
tal vez no me importe el daño que infligí. me volví
económico con el letrerío. adecué una falencia.
hay veces en que no disponés más que de una
oportunidad para decir algo. poso mis ojos sobre
los dibujos. no son buenos. guardan candideces.



13



basta de historias, de palabras sin nada
adentro, de presagios donde todo resulta fácil.
mi cómplice. mi infrascrito. mi divisa (contra
toda evidencia): hago el idiota del pueblo.
vivo en el presente y la honra no cuenta.
son las delicias de la especulación
teórica. pasa que cuando te morís
es por mucho tiempo




De. "Oquei, gracias", Barnacle, 2017
Otros poemas de Alberto Cisnero, aquí





mayo 03, 2017

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Abelardo Castillo








El desterrado









Esta ciudad queda lejos de las rosas de mi padre y de la ventana que da sobre las rosas y de mi mesa junto a la ventana y de mí.



Si valiera la pena escribir en esta ciudad la historia de mi vida

hablaría primero de mi pueblo

y de las calles de mi pueblo

angostas

y cortas

y mal iluminadas.



De la iglesia

(del curita aquel que una mañana no dio misa

y de la muchacha que desapareció esa mañana)

del río

y la barranca y de las lápidas irlandesas del cementerio viejo que está sobre la barranca y del vecino loco que muere entre sus flores y de una puerta que a veces no existía.



Después, padre, hablaría de un perro que se llamaba clavel.



Todo en voz muy baja

como quien se confiesa.



Me da un miedo espantoso morirme en esta ciudad sin haber hablado nunca de estas cosas.









Abelardo Castillo (1935 / 2017, Buenos Aires, Argentina)



Imagen: www.lanacion.com
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Edgardo Dobry





Mañana de verano, Barcelona 






(sobre un tema de J. Brodsky)







Mediados de julio: el sol se levanta con resaca

y desayuna en los tarros de mermelada

del Colmado Quílez. Los aromos, en hilera

se pasarán el día soñando el chaparrón

que apenas llegará en octubre.




El cuerpo se sacude las arrugas de las bermudas

y caen a las baldosas trescientos pasos no dados.

Podés leer en el diario que hay muertos

por golpe de calor y solamente

cuando mencionan los nombres y el barrio

se te ocurre pensar, sin gran alivio,

"no es de mí de quien hablan".

A la hora de la siesta una voz

salida de ninguna parte te pregunta:

"Del pasado, ¿te acordás?". "Me acuerdo de la pileta,

de los abrojos en las rodillas, de la pulpa venos del melón".

"¿Y la muerte?". "La muerte - digo sin pensar -

deber ser como cuando se corta la luz de golpe

pero esta ni siquiera a tientas

vas a encontrar las sillas".







//





Cuando al fin podés dormir la manzana

que enrojecía tu frutero cuelga ahora

del limonero de la vecina y además 

los números del teléfono del pasado y del presente

se funden alcanzando cifras astronómicas.

El dedo marca en los poros de la luna

y se escucha la señal de "ocupado":

uh, uh, un silbido intermitente,

inexorable como la avispa del ventilador.









Otros poemas de Edgardo Dobry, aquí

Enlaces: http://www.filidaquilone.it/num034tarquini.html



Imagen: youtube