julio 29, 2017

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Rolando Revagliatti

Usualmente







Él me dice usualmente esas cosas extrañas

y me abraza



Termino casi siempre sabiendo qué soy



Después

               huye.







Reconocida y desleal








Reconocida y desleal


aún segrego tus efectos personales



Bien sé que no todo es quedarse

ni acomodarse

en las fronteras



Trémula

como mi madre cuando dio conmigo

cavándote mis rictus de presa

morí cómica



Yo con vos no tengo

ni un soberbio fracaso.







Contestador








Soy Yósefin


en este momento no estoy

sería usted incapaz de interrumpirme

de hacerme calentar, llorar o sonreír

una perfecta sorda



y sin embargo lo estimulo

con mis más frescas, alígeras y electrónicas buenas

 [ondas

a grabar desde restallantes halagos

hasta chuics

                   después de la señal.









Gladys








En mi recuerdo Gladys eligiéndome


entre todas



Gladys en los cines conmigo

por las noches



Una tarde, desnudas

con su Nikon

ante un espejo

nos fotografiábamos.







De: "Ardua", Ediciones recitador Argentino, edición digital 2017













Rolando Revagliatti nació  el 14 de  abril de 1945  en  Buenos Aires,  ciudad en la  que reside, la  Argentina.  Publicó en soporte  papel  dos  volúmenes con cuentos y relatos, uno con  su dramaturgia y quince  poemarios,  los que,  además de cuatro  poemarios inéditos en  soporte  papel, cuentan con ediciones-e disponibles    gratuitamente para su lectura o impresión en www.revagliatti.com










julio 25, 2017

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Harry Clifton / Traducción de Gerardo Gambolini



















Eccles Street, Bloomsday, 1982



Partida, despojada de sus fantasmas,
la mitad que quedaba de Eccles Street
estaba vacía, aquel día de días
en que mis pies
me llevaban sin saber
a una cita a ciegas, o un encuentro arreglado.

Una presión invisible, un calor invisible
fijaban las coordenadas azules
de una ciudad helénica
desde Phoenix Park hasta Merrion Gates,
donde, desconectados, a un paso
de la sabiduría, o del amor eterno,

un millón de ciudadanos trabajaban, almorzaban,
o soñaban con Joyce por un instante
y se sentían completamente reales,
los pares del destino, los amos de la elección,
como ocurría conmigo, en Eccles Street,
antes de que tú y yo nos encontráramos

en el designio más grande. . . . La coincidencia
regida invisiblemente, la cita casual
eclipsada por las infinidades griegas
que actúan entre nosotros como sentido común,
encarcelándome, dejándome en libertad
de soñar y vagar

en un mito demasiado joven para tener forma.
Yo mismo lo construía, con la puerta en ruinas
del burdel de Bella Cohen,
con otros sótanos, otras putas
desabrochando sus blusas
constantemente, mientras el tráfico se amontonaba

y los semáforos se ponían en verde y rojo
en planos de realidad cambiantes —
Y tú, una estudiante de último año,
leías sobre Joyce en la Biblioteca Nacional,
o estabas entre la gente, mi amor inadvertido,
en la inauguración de Stephen’s Green.

Pasó una hora, en Eccles Street —
Dos borrachos, en los portales del Mater,
bebían y cantaban canciones republicanas.
Vi una fila de taxis esperando
y pasto de verdad que había crecido
en las veredas míticas, ya inmortales,

verde como la vida, aún por investigar.
Yo había venido, esa misma mañana,
desde los muelles de Ringsend y la iglesia de Sandymount,
por el arco de la odisea,
con mi anhelo invisible
de romper el círculo, de liberarme,

como tú tenías el tuyo, hasta que un día
en la ciudad prefigurada,
donde cada paso es un paso del destino
y el reconocimiento sólo llega más tarde,
nos encontramos, tú y yo,
levamos anclas, por fin, y partimos.



 Otros poemas de Harry Clifton,  aquí
 Poemas y traducciones de Gerardo  Gambolini, aquí
 Imagen: theguardian.com

julio 24, 2017

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Aníbal Cristobo


Objetos como estos potes, lociones de afeitar
correctamente etiquetadas y expresadas, colonias,
no son paradigmáticas, no sirven como recursos o ilustración
de lo que nos sucede



constantemente. No consiguen tampoco


crear un guión de nuestras actitudes: nos ponemos loción
y salimos; en el ascensor ya somos una incógnita
nueva, manchados por las dudas, o la desconfianza
ante un perro cuya mirada no puede comprenderse. Una mancha
de aceite, en la calle y un frasco de aceite, más tarde,
en el supermercado
establecen una relación necesaria; mentalmente
podemos regresar sobre esos datos: para imitarnos,




eliminamos las magnitudes despreciables; nos perfumamos
con actos improvisados, implorando
que ningún Jack Russell intente frotarse en nuestra pierna
mientras bajamos desde el 5to piso – y llamamos a esto




decisión: al parecer, compramos ese ticket
como quien adquiere una cadena infinita de consecuencias. Pero
no: en el reverso, la frase se nos escapa y otra vez
reencarnamos en nuestro propio tránsito, aunque
éste no exista. La página que escribo ya dejó de existir, o bien
tenemos problemas con el navegador, interrumpidos
siempre por el ruido que hacemos al quitarnos las manchas, intentando
recuperar alguna apariencia tras hacer el amor
con un perro, o quedarnos callados, fumando, con los dientes




perfectos, cuando llega un mensaje
y transforma por un momento algo importante




en algo irrelevante, y no lo percibimos.













Otros poemas de Aníbal Cristobo, aquí







julio 23, 2017

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Alicia Beatriz Pastore


ella no sabe 







ella no sabe

que la recuerdo

en la casa aquella

de los árboles

y rosas

que lavé

la bronca infantil

del día

que le pisó la cabeza

a la negra,

cuando le compré

el primer

estetoscopio

por fin alguien

en la familia

quería saber

qué había

dentro de la cabeza

de las muñecas

por fin alguien

en la familia

quería curar gente,

en lugar de enfermarla,,,














Alicia Beatriz Pastore (1949, Buenos Aires, Argentina)















julio 22, 2017

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Nuevos poemas en entradas viejas



Estos son poemas publicados en Facebook que los autores acceden tácitamente a incorporarlos en entradas históricas del blog.
Jotaele Andrade: "Cualquier brasa inicia la catástrofe..."
Diego Brando: "El tren de carga partió..."

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Adam Gai traduce a T. Carmi

La sentencia /









Un pájaro volando sobre mí. Las alas desplegadas.

Me acuerdo de ti,

de tus manos extendidas sobre el lecho.



El cielo debajo de mí.

Yo caigo con los ojos abiertos

en el cálido letargo,



A mi izquierda, el mar. Comienza el reflujo.

Me acuerdo de ti,

de tu aliento al atardecer.



El cielo sobre mí.

Voy flotando, con los ojos cerrados

sobre  tus ondas cálidas.



En la celda de mi memoria

tú estás en prisión perpetua.









ט. כרמי > גזר-דין



ציפור מעלי. מוטות כנפיים.

אני נזכר בך,

ידיך נפרשות על מטתך.



שמיים מתחתי.

אני נופל, וגלוי-עינים,

אל תרדמה חמה.



ים משמאלי. ראשית השפל.

אני נזכר בך,

נושמת בין השמשות.



שמיים מעלי.

אני צף, עצום-עינים,

על גלי חמך.



בתא-הזכרון שלי

את אסירת-עולם











Una mañana









Estamos a orillas del mar, y la marea alta

cava un hoyo lento a nuestros pies.

La arena se va gastando, fluyendo,

debajo de la carga de nuestro cuerpo

que se va hundiendo

hasta el tobillo

y pronto hasta la rodilla

y hasta el alma.

¿Acaso sólo el reflujo

nos devolverá nuestra forma?







(Sin versión en hebreo)












 T. Carmi (1925, Nueva York, EU / 1994,  Jerusalén,  Israel)

 Enlaces:

 https://adamgai.com/tagged/t-carmi

 http://decantasion.blogspot.com.ar/2011/11/t-  carmi-siempre.html



 Referencias sobre Adam Gai en El Poeta  ocasional, aquí




julio 21, 2017

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Ema Barrandeguy



Descalzo entró en mi cuarto,

llovía y estaba acostada.

Me levanté y salimos en el auto.

Él estaba triste, había llorado

por un desamor.
Él sabía, sin embargo, que yo soñaba
con un imposible amor
para mis años,
pero yo sabía también que a él
eso lo ponía contento.
Quería verme feliz y compartir algo conmigo.
Aunque fueran cinco días de dicha, decíamos.
Él lo había adivinado.
Y yo metía los pies en sus zapatos aplastados
mientras errábamos por Gualeguay bajo la lluvia.
Y el amigo y yo nos dábamos la mano,
solos y
acuñados por idénticos desencuentros.







El amor triste








Vamos, vamos a cerrar las ventanas,
no deben vernos ni los vecinos ni las estrellas.
El amor es así, amigo de lo apartado.
Aunque a veces también suele
tomarse de las manos y salir por los caminos.
Pero nosotros tenemos miedo
y nuestro amor no puede salir por los caminos.
¿Por qué ahora lo pienso?
Antes el deseo me empequeñecía
todo rechazo y toda precaución.
Ahora vivo persiguiendo este deseo insaciado
y viejo y lúcido y triste.
Y nada se vuelve para mi sencillo.
Nuestro amor está ahí, sin embargo
pero no podemos sonreírnos por la calle.
La ternura rodea todo lo que tocamos, es cierto,
pero no es bastante, no es bastante.
Y el áspero goce nos redime.
Sin embargo ven, vamos
vamos a cerrar la ventana.












Ema Barrandeguy (1914 / 2016, Gualeguay, Entre   Ríos, Argentina)

Fuente: Facebook de Claudia Ainchil 

Enlaces: Claudia Ainchil



Imagen: AIM digital





julio 20, 2017

  |  1 comentario  |  

Kenneth Koch

Estética del picnic familiar 













Coge una cesta 
Con comida y bebida
Y dos niños
(De tres y cinco años),
Con tu marido, el pintor,
Tan cerca como puedas
Del mar.














Energía en Suecia











Esos fueron los días

En que había tanta energía a mi alrededor y dentro de mí

Podía quitármela y volver a ponérmela, como ropas

Que uno ha comprado sólo para un viaje a esquiar

Pero que acaba usando todos los días

Porque todos los días son como un viaje a esquiar

Me parece que así era yo a los veintitrés.



Ver a esas seis chicas en el barco era un viaje a esquiar.

Dijeron Las seis somos de Minneapolis. Eso fue en Estocolmo.

La mezcla del estilo americano y sueco-americano de las chicas era un viaje a esquiar

Aunque por aquella época yo no tuviese ningún motivo en especial para usar toda mi energía en eso

Ahí estaba, era mía, igual que un gigante posee la hegemonía de sus nervios

En caso de ser necesario, o como un pescador con todas sus cañas y anzuelos y carnadas o un académico con todos sus libros

O como un calentador de agua dispone de su gas Sea usado o no, yo tenía toda esa energía.

¿De verdad? ¿Las seis sois de Minneapolis? dije, casi explotando por la presión.

Y sí, respondió una de ellas, la segunda más linda. Vinimos a pasar algunos días.



He pensado en ese momento cada tanto

Durante ocho o diez años. Me pareció que debería haber hecho algo en ese momento,

Haber usado toda esa energía. Hacer el amor es un modo de usarla, escribir es otro.

Los dos pueden estar sobrevalorados, porque la relación es bastante clara.

Pero probablemente es el destino humano, y no voy a ir contra eso aquí.

A veces están las personas y falta la energía, a veces está la energía y las personas no.

Cuando los dioses conceden ambas cosas, un hombre no debería quejarse.
















Perros ladrando en la nieve




De: "Perros ladrando en la nieve", Kriller71     Ediciones, 2017

Traducción: Silvia Galup / Aníbal Cristobo

Otros poemas y referencias sobre Kenneth Koch, aquí

Enlaces:

Revista de Letras
































julio 19, 2017

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Silvia Camerotto traduce a Peter Gizzi

En defensa de nada 











Creo que estos remolques alineados en el estacionamiento lejos de la carretera servirán.

Creo que el eucalipto torcido también.

Creo que esta carretera tiene que servir y los autos

    y la gente en ellos, en camino.

El presente siempre viene a nosotros, rodeándonos.

Es difícil imaginar átomos, es difícil imaginar

   al hidrógeno y el oxígeno combinarse, y tiene que servir.

El cielo con sus nubes sucias también

Y la torre eléctrica a la izquierda, una fila liberada.
























In Defense of Nothing





I guess these trailers lined up in the lot off the highway will do.

I guess that crooked eucalyptus tree also.

I guess this highway will have to do and the cars

     and the people in them on their way.

The present is always coming up to us, surrounding us. 

It's hard to imagine atoms, hard to imagine

     hydrogen & oxygen binding, it'll have to do. 

This sky with its macular clouds also

     and that electric tower to the left, one line broken free.





Enlaces: http://elpoetaocasional.blogspot.com.ar/2017/04/peter-gizzi-busca-un-traductor.html













Peter Gizzi (1959, Alma, Michigan, Estados     Unidos de  Norteamérica). Peter Gizzi ha publicado varios libros de poesía, entre  ellos "Archeophonics, 2016, finalista del National Book  Award,  "Canciones de umbral", 2011, "El  Outernationale, 2007 y "Artificial  Heart, 1998. Ezra Pound, los poetas beatniks y John Ashbery  influenciaron en su poesía.  Imagen: www.alchetron.com













Silvia Camerotto (1959, Lomas de Zamora, Provincia de Buenos  Aires, Argentina.) Traductora, publicó los libros de poemas "420 minutos de abstinencia",    2008 y "La Grosse Fuge", 2012, ambos de     Ediciones del Dock. Con Inés Garland tradujo    poemas de Tiffany Atkinson






Poemas de Silvia Camerotto, aquí















julio 17, 2017

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Ramón Minieri





Canteras 









Y sin embargo escucha cómo cantan

los caracoles muertos

en estas milenarias canteras de abandono, 



cómo en su canto vuelven las mareas

inundan las caracolas de tu oído;

escucha 



es el Jadeo que no cesa

que sube



escalinatas de despojo

contra tanta detallada

desmemoria. 









del "Libro de los Últimos Días", 1991










Salitral del Flamenco 









Una edad

antes de los nombres

esta sal

era río 






pero una edad

después de los torrentes

se detuvo





y ahora

en cristales rosados

se contempla 





flamenco-

en las ardientes aguas

del espejismo. 









de "El País de la Sal" , 2010















Ramón Minieri (1946, Río Colorado, Río Negro, Argentina)



Imagen: bariloche2000.com







julio 07, 2017

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Fernando Kofman


Cariátides 








Lo que muestra el

"Diccionario de Deleuze"

en sus veinte minutos

de emisión,

es que su lenguaje,

sus sinuosidades,

sus silencios,

se aproximan a

la poesía



Lejos de lo enfático

del desarrollo discursivo,

propio de los jefes

de Estado,

donde no hay

pausas, ni dudas,

él se muestra como

esas cariátides de

la avenida Belgrano

que cargan sobre sus

hombros, un gran

edificio.



Las cariátides están opacas,

por el paso del tiempo,

y lo que dice este

pensador también

es opaco.



El ensayo está haciendo

crujir la poesía,

como a un vestido

al que se le reviertan

las costuras.












Fernando Kofman (1947, Posadas, Misiones,  Argentina)

Fuente: Revista Ñ, 24/06/2017

De: "En el anochecer la tevé", Ediciones La Carta  de Oliver







julio 02, 2017

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Entrevista a Raúl Zurita: "Las cordilleras que yo pongo son la Cordillera de Los Andes, el desierto es el Desierto de Atacama, el océano es el Océano Pacífico. Tengo una cierta animadversión hacia la abstracción: la poesía tiene que ver con lo vital, pero qué es lo vital."

Reportaje al poeta chileno Raúl Zurita





Por Gonzalo León.






Raúl Zurita es el último de los poetas chilenos de una potente tradición que iniciaron Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Nicanor Parra, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, y que supieron continuar Gonzalo Rojas, Stella Díaz Varín, Enrique Lihn, Jorge Tellier y Gonzalo Millán. Zurita es el último de los mohicanos, el último que logró construir una voz asociada a una obra. Con él la tradición chilena sufre un quiebre; siguen habiendo muy buenos libros de poesía y poetas muy interesantes, como Germán Carrasco, Andrés Anwandter, Verónica Jiménez Dotte, Matías Rivas, Alexis Figueroa, aunque sin la estridencia y la ambición de sus antecesores.






Ganador de la beca Guggenheim, del Premio Nacional de Literatura de su país y ahora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, este poeta nacido en 1950 estuvo en Buenos Aires para presentar un disco que hizo con la banda rock González y los Asistentes. Además de ser uno de los mejores poetas contemporáneos en lengua castellana, entiende la poesía como un canto y la propuesta del disco (Desiertos de amor, basado en el libro Canto a un amor desaparecido de 1985), no se aleja de eso. No es nuevo que recurra a soportes diferentes a la hoja impresa: ha hecho performances, escrito poemas en el cielo de Nueva York, la reciente instalación en la bienal de arte de la India que inauguró el 12 de diciembre pasado; no es, en definitiva, un poeta que se conforme con una bidimensionalidad.





En sus libros también apela a otros recursos: en Anteparaíso hay un electroencefalograma y en INRI hay lenguaje braille. En su obra suele aparecer el paisaje: cordillera, mar y desierto. Contrario a lo que se pudiera creer y a lo que pudieran indicar estos versos “Las playas de Chile no fueron más que un apodo /para las innombradas playas de Chile”, Zurita reafirma la referencia; se trata de la Cordillera de Los Andes, del Océano Pacífico, del Desierto de Atacama. Pero además canta a la muerte y al amor, en una combinación donde el amor se presenta como la única salvación a la muerte, a la carnicería en la que se ha convertido la civilización desde la escritura de La Ilíada. “Sorprendentes carnadas llueven desde el cielo”, escribe en INRI, publicado en Argentina por Editorial Mansalva. “Sorprendentes carnadas sobre el mar. Abajo el mar, /arriba las inusitadas nubes de un día claro. Llueven /sorprendentes carnadas. Hubo un amor que llueve, /hubo un día claro que llueve ahora sobre el mar”. Pero así como resalta el paisaje y la muerte y el amor, también está el cuerpo del poeta.











–Tu poesía ha sido catalogada como política. ¿En qué sentido lo es y desde qué punto coincides con esta frase del poeta francés Pierre Reverdy: “La verdadera importancia de la poesía desde el punto de vista general, no ha sido la de ser social, o sea, con un fondo político, ella es vital –siempre ha sido vital”?





–Un buen poema tiene que ser un poema de amor, un poema de duelo, un poema político, tiene que ser todo. No creo en la especificidad del adjetivo poesía “política”, pero sí en una poesía que se entienda como situada, o sea a partir de un escenario que es común y reconocible para todos. Las cordilleras que yo pongo son la Cordillera de Los Andes, el desierto es el Desierto de Atacama, el océano es el Océano Pacífico. Tengo una cierta animadversión hacia la abstracción: la poesía tiene que ver con lo vital, pero qué es lo vital. Puede ser todo como puede ser nada. En resumidas cuentas, descreo de esa poesía abstracta, que eludiendo a capas más profundas de la realidad termina por refugiarse en las zonas más pobres y más fáciles de la irrealidad.





–Entonces el Chile que está en tus poemas no es una construcción ni un sonido ni un conjunto de fonemas, sino que es el país.





–Quien lee tiene la libertad de rechazar al referente. Ahora, todo país es también una construcción imaginaria. Todo país son sus mitos, las historias que se cuentan sus ciudadanos a sí mismos.





–¿Qué lugar ocupa el paisaje en tu obra? El poeta Héctor Hernández en la contratapa de INRI señala que este libro “viene a comprobar que toda geografía es a la vez una historia”. Y esa historia, por lo que se ve, está hecha de sangre.





–Los paisajes son como grandes telones en blanco que vamos llenado con nuestro paso por la vida, pero esos paisajes están sucios de nuestros ojos. Cuando tú dices “montaña”, puedes decirlo porque ha habido otro antes que ha dicho “montaña”. Cuando ves una montaña estás viendo una suma de miradas. Creo que el que le canta al paisaje es Neruda, desde la certeza de la posición de la lengua. Los paisajes, para mí, son imágenes de las pasiones humanas, de los sueños, de los tormentos, creo que las cordilleras manchan, entonces yo las veo como metáforas de las pasiones y de las emociones que producen, pero también como metáforas de dónde empieza y dónde termina uno, ¿termina uno en sus dedos?, hay un terreno común entre el paisaje y el cuerpo humano. Por otro lado, está el Chile del poema de Alonso de Ercilla, en plena época del descubrimiento de nuestro país; él vio en el lugar más remoto del planeta un país que todavía no existía: “Chile, fértil provincia señalada”. Siempre he tenido la sensación de esa cosa colosal que tiene la poesía chilena y que es casi una marca. La poesía de De Rokha, de Neruda, incluso la del mismo Parra, es un intento por disimular la mentira inicial del poema de Ercilla.





–¿En esa mentira inicial está tu concepción de historia?





–Historia y naturaleza borran sus fronteras. Esto también está en el Canto general, de Neruda. Antes de la llegada de los conquistadores, estos paisajes no existían, pero sobrevivirán, dice, y es capaz de ver en la naturaleza una imagen de esperanza y de resistencia, es decir que el mal no va a durar para siempre, y la naturaleza da pruebas de eso.





–Hay algo de Whitman en tu obra. Hay poemas tuyos que suenan a algunas cosas de Redobles de tambor: “Partiendo de Paumanok, vuelo como un pájaro, /por aquí y por allá, hasta remontar, cantar la idea de todo; /entregándome al norte, para cantar allí canciones árticas, /A Canadá, hasta que absorba Canadá en mí mismo…”. Henry James odiaba a Whitman, o al menos ese libro. ¿Qué tan importante te resulta Whitman?





–Yo tengo dos poetas muy queridos: uno es Rimbaud y el otro es Whitman. Los grandes poemas fundan historias, fundan naciones: con La Ilíada comienza la historia de lo que entendemos por Occidente. Lo que llamamos “lo humano” nace de las cenizas del troyano Héctor, domador de caballos. Yo entiendo el reproche que le hace James a Whitman, lo entiendo desde su exquisitez; como no puede si no verse a sí mismo, toda mirada abarcadora la siente como una agresión. Whitman y James representan dos extremos opuestos de la experiencia artística. Entonces Whitman en un momento va a Valparaíso y qué ve: ¡veo Valparaíso!, dice, pero creo que hay un equívoco: todos los seres humanos vemos Valparaíso y vemos Canadá. Ésa no es una experiencia extraña. Neruda cuando dice “Sube a nacer conmigo hermano” demuestra tener un ego tan grande, porque cree poder interpretar a los muertos cuando uno a duras penas puede hablar por sí mismo. Sin embargo, todos al hablar estamos hablando por los muertos, todos somos el puerto de un río inmemorial. Nadie nace en sí mismo, somos parto de muertos y hablamos por los que nos precedieron.





–¿Te consideras el último de los mohicanos, el últimos de los poetas de la gran tradición chilena? Tengo la percepción de que ya no hay grandes voces, sino voces más moduladas o sin estridencias.





–Creo que se está escribiendo mucho tocando una sola tecla. Yo he intentado trabajar con mi vida, no por egolatría, sino porque que si uno puede llegar hasta el fondo de uno mismo sin autocompasión, es posible que estés tocando el fondo de la humanidad entera. Todos somos más o menos metáforas de lo mismo; en ese viaje surge todo, surge la historia, surge la experiencia, lo febril, lo alucinatorio. Sin embargo, tengo la sensación de que hay muchos poetas que trabajan con máscaras: Nicanor Parra se pone la máscara del Cristo Elqui, Matías Rivas se pone la máscara de los poetas latinos, y yo me pongo también una máscara, esa máscara se llama Zurita. Creo que esa voz media ellos no la están tocando, y lo digo con respeto y con cariño, y no la están tocando porque son voces medias. Pero para tocar la experiencia de un simple ser humano es preciso llegar al fondo, a ese fondo donde tú eres físicamente capaz de matar a otra persona. Si tú no eres capaz de matar a otro ser humano no vas a ser un poeta, pero si lo matas eres un asqueroso asesino; tienes que saber que lo puedes hacer, y la experiencia de la máscara está a medio camino. Se ha reiterado que la experiencia del hombre común es algo simple, y no hay nada más complejo ni nada más heroico ni nada más cobarde y aburrido que la experiencia de un hombre común y corriente. Cada gris, de la experiencia que va del negro al blanco, es un universo entero.





–Podría decirse que eres un poeta nacional, como Gelman en Argentina, como Mickiewicz en Polonia, como Whitman en Estados Unidos. ¿Compartes esta opinión?





–No creo ser el vate de una nación, porque lo que intento hacer es precisamente mostrar un mundo arrasado y contaminado por la vida, y en ese mundo tú sí puedes ser muchos otros, puedes ser la voz femenina que habla en Purgatorio, puedes ser el tipo incestuoso que viola a su hija, puedes ser muchos personajes. De hecho, que un torturador no hayas sido tú es producto del azar: todo lo monstruoso que hace un ser humano lo puedes hacer tú y todo lo bello de un ser humano también lo puedes hacer tú. O sea, en cada ser humano está contenida la experiencia de la humanidad entera.





–Dicho esto en una época y en un mundo donde las utopías han quedado descartadas.





–¿Quién dice que los mega relatos han quedado descartados y por qué se dice? ¿No será más bien todo lo contrario? Uno no vive la vida como un fragmento, lo vive como una totalidad, por eso creo que las únicas obras que importan son las que se plantean las vidas como una totalidad. El fragmento es una excusa para evitar el enfrentamiento con la totalidad de nuestra experiencia. Que me digan el último vate es una expresión elogiosa pero equivocada, y eso también justifica el no enfrentamiento con la totalidad de nuestra experiencia.





–Cuando hablas de que te estás enfrentando con la totalidad de nuestra experiencia y escribes Zurita en varios de tus libros, incluso como título, ¿te refieres al autor, a una construcción, es un alter ego?, ¿qué es ese “Zurita” escrito?





–Desde luego, toda escritura es una construcción. Los datos esenciales que figuran por ejemplo en Zurita son casi todos reales, pero eso no importa. No es un canto a mí mismo, no me celebro a mí mismo, es todo lo contrario: me he aborrecido tanto estos años que lo que trato es mostrar la sucia humanidad que hay dentro y al mismo tiempo mostrar una nación. No hay arte sin ambición artística, no me refiero a la ambición de ganarse premios y esas cosas, y esa ambición está tanto en Nicanor Parra como en Pablo Neruda. Ahora si tú tienes pasiones a medias, ambiciones a medias, construirás obras a medias.





–Nicanor Parra, cuando viaja a Estados Unidos e Inglaterra, descarta la tradición española de la que se había alimentado hasta Cancionero sin nombre (1937) y parece que de ahí en adelante tomara todo lo que Neruda descarta. Luego en ese libro de entrevistas que reeditaron hace poco, Parra señala que el más alto grado de poesía estuvo en la Edad Media con los trovadores. ¿Podrías decir qué tradición has descartado?





–La antipoesía de Parra es un proyecto totalizante, tanto o más totalizante que el proyecto de Neruda. Pero todo esto tiene una dimensión de juego también. Parra lanza la famosa frase: “Los poetas bajaron del Olimpo”. Y está bien, fue profundamente necesaria en su momento, si no nos habríamos ahogado en la retórica ya decadente de Neruda, pero ahora estamos en otro momento.





–¿Escribes o has escrito contra alguien? Parra de algún modo escribió contra Neruda, y otros poetas han escrito contra sus predecesores o contemporáneos.





–No estoy pensando en Parra, a quien admiro. En realidad yo reacciono contra esa artesanía menor de poemas sin fuerza, sin miedo, finalmente sin belleza. Pero no siento ese odio para escribir contra alguien o que deba asesinar a Parra poéticamente. Creo que la poesía efectivamente tal como la hemos conocido está tocando sus últimos momentos, una forma al menos de poesía muere sepultada por toneladas y toneladas de poemas autistas que le dan la espalda al mundo, de tal manera que si viniera un extraterrestre y la única información que tuviera fuera lo que se ha publicado en los últimos cincuenta años, llegaría a la conclusión de que aquí no ha pasado nada, que, por ejemplo, en Chile no hubo Golpe, nada.





–¿A qué se debe que la poesía tal como la conocemos esté muriendo: a que se lee cada vez menos poesía, a que la poesía ha quedado para los expertos, a que los poetas han convertido su arte para algunos, como señaló de algún modo Gombrowicz en su ensayo ‘Contra los poetas’?





–Hay grandes poemas que se continúan escribiendo en este momento, pero son cantos finales frente al silencio. Que se lea poca poesía es un hecho que no se va a cambiar ni con ciento cincuenta mil millones de campañas de fomento a la lectura, es un asunto epocal que estamos viviendo: la civilización de la que venimos, la civilización de lectura, está muriendo; Internet es un fenómeno de dimensiones mucho más enormes de lo que creemos, en Internet puedes ser cualquiera y juntarte con otro cualquiera, puedes inventarte un personaje, pero no vas a tener un domino central sobre eso, porque los conceptos de persona y de intimidad están cambiando. Y es bueno que estén cambiando, porque la civilización que construyó el concepto de persona y de intimidad ha sido una civilización de dos mil ochocientos años de carnicería. A lo mejor está emergiendo un tiempo mejor, puede ser, pero la poesía es el último gran silencio de una época que termina, entonces lo único que se les puede pedir a los poetas es que suban de nuevo al Olimpo y entonen esos grandes cantos del fin de la poesía. No hay que olvidarse que la Iliada y la Odisea, los grandes poemas, surgen como una profunda derrota, porque lo importante no fue hacer la Ilíada, lo importante es hacer del mundo una obra maestra y todo lo que tenemos por arte, por poema, son restos, escombros, de esa batalla infinitamente perdida. Yo no me siento para nada orgulloso de haber escrito Canto a su amor desaparecido; el gran poema sería que ese poema no existiera porque significaría que no pasó lo que ese poema tuvo que hablar; la existencia de la poesía y del arte nos está hablando de una derrota colosal. No hemos construido un mundo bueno, porque no se puede medir el estado de una sociedad por aquellos que están bien, sino por aquellos que están mal, y los que están mal están demasiado mal, y la poesía ha tenido que dar cuenta de eso. Ha habido un fracaso en construir una vida decente para todos. Yo no hubiera querido escribir poemas, yo hubiera querido que no existieran esas razones para escribirlos, porque esas razones son, por lo general, razones tristes.





–Lo de Internet que señalas se conecta con lo que plantea Kenneth Goldsmith y su escritura no-creativa que dice que descargar archivos de la red es una forma de hacer poesía.





–A mis estudiantes les encargo que hagan un trabajo sobre Ezra Pound y les pido que saquen todo de Internet, que la máxima intervención que hagan sea la de imprimirlo y ordenarlo, pero eso implica una negación de dos mil ochocientos años de escritura.





–¿Cuál es tu visión entonces de la poesía latinoamericana actual?





–Por lo mismo que he dicho, he visto una sensibilidad nueva que me ha estremecido. Por ejemplo hay un libro escrito por un chileno, un mexicano, un uruguayo y un ecuatoriano que se llama Atlántida y que es extraordinario. Al mismo tiempo me interesa Rafael Rubio, un poeta chileno que está reinventando la tradición del siglo de oro español. Pero creo que cada vez tengo menos confianza en la autoría individual, porque todo es de todos. Lo único que diferencia a un gran escritor de uno mediocre es que el gran escritor plagia todo lo que hay que plagiar, en cambio el mediocre plagia todo menos lo que hay que plagiar.





–Por último, has dicho que te interesa la poesía de Borges. ¿Por qué?





–Borges me impresiona por muchas razones. Es el escritor más seductor del siglo XX. Sus frases esculpidas, su manejo de los adjetivos, siempre aspiran a conquistarte. En cambio escritores mayores como James Joyce y César Vallejo no son seductores porque se desangran con el lector. Borges fascina, encanta. Quizá el único problema que tiene es que es demasiado borgiano; pese a eso, escribió tres de los poemas más extraordinarios de la lengua castellana.




Fuente: http://eternacadencia.com.ar/blog/contenidos-originales/entrevistas/item/entrevista-zurita.html
















Raúl Zurita (1950, Santiago de Chile, Chile)







/CIII/














Despertado de pronto en sueños lo oí tras la
noche


Oye Zurita -me dijo- toma a tu mujer y a tu
hijo y te largas de inmediato”


No macanees -le repuse- déjame dormir en paz,


soñaba con unas montañas que marchan ...


“Olvida esas estupideces y apúrate -me urgió-


no vas a creer que tienes todo el tiempo


del
mundo. El Duce se está acercando’’


Escúchame -contesté- recuerda que hace mucho


ya que me tienes a la sombra, no intentarás


repetirme el cuento. Yo no soy José.


“Sigue la carretera y no discutas. Muy pronto


sabrás la verdad”
Está bien -le repliqué casi llorando-


y dónde
podrá ella alumbrar tranquila?


Entonces, como si fuera la misma Cruz la que se


iluminase, El contestó:


“Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile” 



















Allá estuvieron los nevados












Chao idiota Zurita -alcanzó a


gritarme


en
el otro mundo nos veremos


(g.m)






También ellos se marchaban:

Somos las montañas que caminan

decían

devolviéndose por esas nevadas



i. Empinados en su blancura caminando con la nieve los
paisajes muertos de Chile




ii. Las cordilleras de Chile gimiendo monte adentro como
animales perdidos




iii. Tras los paisajes muertos de Chile tapándolo todo igual
que bestias que cubrieran los valles muertas de frío
empinándose tras los cerros




iv. Despidiendo la fuga de los paisajes vivos y muertos de
Chile hasta los blanqueríos donde nos empinábamos los
rebaños de la cordillera helados y blancos en la
nevisca devolviéndonos de esas largas marchas perdidas








De: "Anteparaíso", Editores Asociados, 1982, Santiago de Chile



Imagen: www.youtube.com