Kenneth Koch

Estética del picnic familiar /






Coge una cesta 
Con comida y bebida
Y dos niños
(De tres y cinco años),
Con tu marido, el pintor,
Tan cerca como puedas
Del mar.







Energía en Suecia





Esos fueron los días
En que había tanta energía a mi alrededor y dentro de mí
Podía quitármela y volver a ponérmela, como ropas
Que uno ha comprado sólo para un viaje a esquiar
Pero que acaba usando todos los días
Porque todos los días son como un viaje a esquiar
Me parece que así era yo a los veintitrés.

Ver a esas seis chicas en el barco era un viaje a esquiar.
Dijeron Las seis somos de Minneapolis. Eso fue en Estocolmo.
La mezcla del estilo americano y sueco-americano de las chicas era un viaje a esquiar
Aunque por aquella época yo no tuviese ningún motivo en especial para usar toda mi energía en eso
Ahí estaba, era mía, igual que un gigante posee la hegemonía de sus nervios
En caso de ser necesario, o como un pescador con todas sus cañas y anzuelos y carnadas o un académico con todos sus libros
O como un calentador de agua dispone de su gas Sea usado o no, yo tenía toda esa energía.
¿De verdad? ¿Las seis sois de Minneapolis? dije, casi explotando por la presión.
Y sí, respondió una de ellas, la segunda más linda. Vinimos a pasar algunos días.

He pensado en ese momento cada tanto
Durante ocho o diez años. Me pareció que debería haber hecho algo en ese momento,
Haber usado toda esa energía. Hacer el amor es un modo de usarla, escribir es otro.
Los dos pueden estar sobrevalorados, porque la relación es bastante clara.
Pero probablemente es el destino humano, y no voy a ir contra eso aquí.
A veces están las personas y falta la energía, a veces está la energía y las personas no.
Cuando los dioses conceden ambas cosas, un hombre no debería quejarse.







De: "Perros ladrando en la nieve", Kriller71     Ediciones, 2017
Traducción: Silvia Galup / Aníbal Cristobo
Otros poemas y referencias sobre Kenneth Koch, aquí
Enlaces:
Revista de Letras














1 comentarios

Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.