agosto 31, 2017

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Eduardo Rezzano





Ascetismo 







Con el ojo izquierdo

veo sombras



con el derecho

claridades



pero no estoy para nadie

ni estaré mañana

ni la semana entrante

dispuesto a nada





Me entregué a la bebida

ella da cuenta de

mis asuntos

mis pormenores



y es estricta con

sus restricciones



nada de tabaco

nada de nada







Música







A través de la ventana

se oía cantar un pájaro

lo curioso era que lo hacía

en re menor y su melodía

era aquella que

como una condena

nos acompañaba desde

que el tiempo era tiempo



Cuando salí con la escopeta

se había ido y con él

la tormenta que amenazaba

con anegar los sembradíos



con él

el vivo recuerdo de una niñez

que no nos convoca

el paso liviano casi etéreo

de las hadas

la música inacabada

de los días en blanco







Visita de médico







El espíritu navideño

pasó con prisa

por mi casa



“Visita de médico”

dijo y vació su bolsa

sobre la mesa



Nos dejó una pila

de blisters caducos

medicamentos de dudosa

procedencia y una

advertencia



“Volveré con más

cuando seamos menos”







De: "Alcohol para después de quemar", Kriller71 Ediciones, 2016 












Eduardo Rezzano (1968) Nació en La Plata, Argentina, donde reside actualmente. Ha vivido también en Buenos Aires, Barcelona y Madrid. Es escritor y músico. Publicó los libros de poesía Ningún Lugar, Gato Barcino, no fábulas, Alcohol para después de quemar, Caligrafía y Nocturna.


Es baterista, percusionista y compositor. Fundó 2vecesbreve y la Orquesta Camaleón para tocar y grabar su propia música. También ha participado en diversos proyectos junto con destacados músicos, ha trabajado como sesionista y ha compuesto música para teatro y para danza.


Enlaces:






agosto 27, 2017

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Jorge Fondebrider traduce a Richard Gwyn





Los nombres 




Me los encuentro en tránsito, en bares sombríos o albergues, 
en pasarelas de canales, en cementerios abandonados. 
Hombres nerviosos, transpirados; mujeres que siguen un código de etiqueta 
propio de una cultura ficticia. Con rastas desteñidas, apelmazadas,
sin lavarse durante semanas; con camisetas del ejército, pantalones cargo, bolsillos repletos



de droga y cuerda, piedras, algas, chicles;
bocas preparadas para escaparse, jamás dispuestas a la menor  
promiscua sinceridad. Esperando la coartada de un perro muerto
esperando, siempre esperando la compra de drogas nunca tramada.
En la estación de Salónica los observo beber vino de a tragos 
de jarras de plástico; cuerpos amontonados sobre el brillante mármol del piso. 
Y luego, en el bar de la plataforma, hay un tipo 
al que le falta la oreja izquierda, con un perro escuálido atado de una cuerda. Habla
de chicas que lo confunden. Y sin advertencia alguna 
se desliza de su taburete como una bolsa de papas y llega al piso, 
las piernas separadas, la oreja buena pegada a la tierra, 
murmurando nombres: Ananke, Mnemosyna, Antígona.







The Names



I meet them in transit, in cheerless bars or dosshouses, 
on canal walkways, in overgrown cemeteries. 
Twitchy, sweating males; women following a dress code 
from a fictional culture. Sunstreaked, matted locks, 
weeks unwashed; army vests, cargo pants, pockets stuffed 
with dope and string, pebbles, seaweed, chewing gum;
mouths poised in circumvention, never prone to the least 
promiscuous truth-telling. Waiting for a dead dog alibi, 
waiting, always waiting for drug deals never actioned. 
At Saloniki station I watch them swigging wine from 
plastic flagons; bodies crowd the shiny marble floor. 
And later, at the platform bar, there’s one customer, 
left ear missing, scrawny mongrel on a string. Talks 
of chicks messing with his head. And without warning 
slides from his stool like a sack of pans and comes to earth, 
legs splayed, good ear glued to the ground, 
muttering names: Ananke, Mnemosyne, Antigone.





Ciudades y recuerdos 



Variaciones sobre un tema de Calvino 





Cuando un hombre conduce por un buen rato por regiones salvajes, su imaginación comienza a divagar. No, eso no es correcto. Inténtalo de nuevo. Cuando un hombre conduce a través del último continente por la noche, del sur al norte, tiene que pasar la meseta montañosa de Omalos. Oh, por favor, eso no. ¿De nuevo? Cuando un hombre conduce un buen rato a través de las secas planicies de Tracia, comienza a preguntarse por las migraciones que han marcado esa región desdichada. Turcos, búlgaros y griegos, con variedades de crueldad y pelo facial, blandiendo mutuamente espadas curvas contra las gargantas de los otros durante siglos. Expulsiones forzadas, exterminios y el terror subyacente de que el que eres, o el que dicen que eres, sea un error terrible, meramente circunstancial. ¿Y por qué, entonces, no eres otro? Si fuera otro –conjeturas– y perteneciera a una tribu diferente, tendría un bigote o una nariz con otra forma, el menor detalle de apariencia y el acento que importa más allá del valor de una vida. El legado del Levante, todavía sin resolver: griego, turco, árabe, judío. Quiero ser amigo de todos y, sin embargo, sé que también tengo que tener enemigos, aunque más no sea para mantener mis amistades. ¿Qué clase de locura es ésta? Salónica, Esmirna, Alejandría, Beirut. Nos adentramos en nuevos territorios, en los cuales los límites están concebidos de manera distinta y, sin embargo, siguen intactos. ¿Cómo avanzamos desde aquí al próximo punto, a la próxima y dudosa epifanía? Siento de inmediato como si hubiésemos presenciado un lento destripamiento, que tuvo lugar a lo largo de muchos siglos.










Cities and Memories 

Variations on a theme by Calvino




When a man drives a long time through wild regions, his imagination begins to wander. No, that’s not right. Try again. When a man drives across the last continent at night, from south to north, he must pass the mountain plateau of Omalos. Oh please, not that. Once more? When a man drives a long time across the dry plains of Thrace, he begins to wonder at the migrations that have marked this wretched zone. Turks, Bulgarians and Greeks, with varieties of cruelty and facial hair, wielding curved swords at one another’s throats for centuries. Forced expulsions, exterminations, and the underlying terror that who you are, or who they say you are, is all a terrible mistake, merely circumstantial. And why, for that matter, are you not someone else? If only – you conjecture – I were someone else, and belonged to a different tribe, had a different shaped moustache or nose, the smallest detail of appearance and accent that matters beyond the value of a life. The Levant’s legacy, never yet resolved: Greek, Turk, Arab, Jew. I want to be friends with everyone, and yet know I must have enemies too, if only in order to maintain my friendships. What kind of crazy thinking is that? Salonika, Smyrna, Alexandria, Beirut. We edge into new territories, in which boundaries are differently conceived and yet still intact. How do we progress from here, to the next point, the next dubious epiphany? I feel at once as though we have been witness to a slow disembowelling, over many centuries.

























Richard Gwyn (Pontypool, Gales, 1956). Poeta, narrador, ensayista y traductor, realizó estudios en antropología en la London School For Economics, al tiempo que participaba como poeta en conciertos de punk a fines de los años 70. Interrumpidos sus estudios, trabajó como aserrador, publicitario y, luego de sufrir un accidente laboral, como lechero. Posteriormente se mudó a Creta, donde realizó distintos trabajos antes de emprender una vida de vagabundaje alrededor del Mediterráneo, que duró 9 años. Vuelto a Gales, estudió lingüística y, luego de doctorarse, ganó la cátedra de Literatura Inglesa de la Universidad de Cardiff, donde  dirige la maestría en Escritura Creativa y enseña.













Su poesía incluye One night in Icarus Street Stone dog, flower red/Gos de pedra flor vermella(ambos de 1995), Walking on Bones (2000), Being in Water (2001) y Sad Giraffe Café (2010), los cuales fueron parcialmente traducidos al castellano por Jorge Fondebrider, quien además tradujo The Vagabond’s Breakfast, una memoir que le valió a Gwyn el premio a la mejor obra de no ficción publidada en Gales en 2012. Su primera novela, The Colour of a Dog Running Away (2005), fue publicada en el Reino Unido y traducida a varios idiomas. 









Fuente:http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php/3845











Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956) es un poeta, ensayista, traductor y periodista cultural argentino.




Ha colaborado con los principales diarios y revistas de su país, así como en un importante número de publicaciones del exterior.




Entre 1986 y 1992 fue secretario de redacción de la revista Diario de Poesía, cuyo consejo de dirección integró durante los primeros diez años de existencia de la publicación.




Desde el 2002 hasta 2006 se desempeñó como coordinador de eventos y publicaciones del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires.




En 2003 recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia por servicios prestados a la cultura francesa en 2009, junto con Julia Benseñor, creó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.










Poemas de Jorge Fondebrider, aquí











El próximo lunes 4, a las 19 hs. en la Biblioteca del Instituto Goethe de Buenos Aires, tendrá lugar la presentación de la monumental antología The Other Tiger. Recent Poetry From Latin America, del poeta y traductor galés Richard Gwyn.

En la ocasión, además de dialogar con Andrés Ehrenhaus, especialmente importado de Barcelona, Gwyn participará de una lectura bilingüe inglés-castellano con algunos de los poetas argentinos incluidos en su selección. Entre otros, Jorge Aulicino, Daniel Samoilovich, Diana Bellessi, Mirta Rosenberg, Jorge Fondebrider, Teresa Arijón, Laura Wittner, Marina Serrano, Miguel Ángel Petrecca y Alejandro Crotto.








agosto 23, 2017

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Patricio Foglia





estoy en la fila del super







esperando para saludar a la cajera

esperando para sonreírle

esperando que me pida mi tarjeta de descuentos

y el sonido del scanner

mientras los productos pasan

y de fondo suena pop coreano

o Aspen o la Mega o lo que sea

y esta mañana leí en el diario

que las ventas aumentaron un 25%

con respecto a igual período del año anterior

y cuando vuelvo a casa lo que más me gusta

es ir acomodando todo

el arroz en su frasco de vidrio

los fideos en su frasco de fideos

la yerba con la yerba

y cada cosa a su vez

muy prolijamente en la alacena

y es tan raro porque los productos

hicieron un largo viaje

del campo a los camiones

de las fábricas a las góndolas

hasta llegar a las alacenas

y así las personas van transportando productos

de un punto a otro del planeta

y la vida es como un camionero que escucha la radio mientras maneja

o la vida es como un repositor

que se duerme sobre un paquete de fideos

o la vida es como un scanner

por donde pasan cosas

y pasan cosas por el scanner de nuestras manos

pasan cosas por el scanner de nuestra cabeza

de nuestro corazón

y en cada persona  

con cada producto

se movilizan la alegría y la tristeza

o la absoluta indiferencia

y últimamente mi vida es un supermercado chino

mientras de fondo se escucha pop coreano







si pudiese comer sin culpa







le diría adiós para siempre a los cereales

adiós muesli adiós granola

adiós cantidad de fruta horrible

que forman mi desayuno cotidiano

una manzana no reemplaza una cucharada

de dulce de leche

y un kiwi no es lo mismo que el viento

moviendo los árboles como una caricia

busco la salvación como cualquier creyente

como una jubilada con su cartón de lotería

y me escondo

cada vez que engullo

mi increíble medio kilo de helado

después escondo el pote y la cuchara

como un gato su vergüenza

entre las piedras

levanto la vista y busco en el cielo

una dieta perfecta

pero tengo hambre

tengo hambre

vuelvo a la heladera

sería capaz de comerme

un tren en movimiento

los pasajeros y las vías férreas

la vía láctea

los astros los planetas

pero tengo que controlarme

suspendo las gaseosas

el pan y el azúcar

yo contra los carbohidratos

yo contra la hipnosis de la luz de la heladera

esta es mi guerra secreta

mi absurda batalla de todos los días







una parte de mis días







la dedico a lavar los platos

un poco de detergente sobre la esponja 

un poco de agua

después la espuma para recorrer 

las ollas los vasos

yo encuentro 

en la mecánica de la limpieza

mi nieve incesante 

mi reposo

mi mente en blanco

mamá

nunca fuiste la típica

madre ama de casa

pero me acuerdo de cómo lavabas

de tus guantes 

impecables tus uñas pintadas

a lo mejor este sea un homenaje

una extraña despedida cotidiana

la forma en que me convierto

poco a poco

yo mismo en mi propia madre





¿a quién le importa dormir?







¿quién dijo que dormir era saludable? 

duermen en su urna

las cenizas de mamá 

después de haber atravesado

la vida 

de principio a fin

como un fuego ardiente

duermen y esperan alcanzar

el aire de la Costanera

el Río de la Plata

las manos delicadas que por última vez

sostendrán su cuerpo

pero yo todavía no puedo

hacerme cargo de esta despedida

como una avenida enorme por cruzar 

sin poder tomarme de su mano

y claro que no duermo

pero a veces cierro los ojos 

y me dejo crepitar 

y soy feliz 

mirando en mi piel 

cómo cambian los colores del fuego







De: "Todo lo que sabemos del cielo" (Inédito)










Patricio Foglia nació en Buenos Aires, en 1985. Publicó Temperley; Lugano 1 y 2, La Escafandra y Tokio. Compiló y prologó la antología de poesía y ciencia ficción Los Fuegos de Orc. Tradujo, junto con Natalia Leiderman, una antología de poemas de Sharon Olds. Coordina el sitio www.malonmalon.com.ar. Colabora en el ciclo de lecturas el Rayo Verde, que coordina Osvaldo Bossi.









agosto 21, 2017

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Diego Brando



Me pregunto si duermen en la madrugada 

los pasajeros del tren que avanza

en las cercanías del barrio.

Dentro de la casa se mueven

los vidrios de las ventanas,



las botellas de Vodka y Whisky

y las cenizas amontonadas

en ceniceros de madera.

Eso sin contar nuestras pobres cabezas

quemadas por la voz de un noticiero

que habla de restos de aviones en un pantano.

Alguien canta y repite para sí

una canción de moda

y los mosquitos succionan nuestra sangre

sin perturbarse.

Después de todo

también nosotros viajamos a la velocidad de la luz

hacia el norte.

Aunque no lo tengamos.












Otros poemas de Diego Brando, aquí





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Liliana Campazzo

Liliana Campazzo

todo está enrarecido
los postes de la luz
se acercan 
la ruta ondula
carga un caballo
un trote
dos pájaros negros
acechan desde el alambrado
nada


hay en tu sitio
desanda unos pasos
al borde
mismo
mientras ni la nieve
cae
ni la lluvia moja
ni asola el viento.




Otros poemas de Liliana Campazzo, aquí
Enlaces: http://elinfinitoviajar.blogspot.com.ar/2016/06/liliana-campazzo.html

agosto 20, 2017

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Margaret Atwood






Margaret Atwood
Imagen: Los Angeles Times





Noticias de las diez











Cae desde el aire un pájaro, herido por un disparo,

las otras aves se dan cuenta, necesitan saber qué ha sucedido.

Las hojas de los árboles susurran, los ciervos se agitan, los conejos

sacuden las orejas. Los herbívoros se agazapan, los carroñeros

se lamen los dientes. 

La vida sacrificada no les asusta.





¿Qué nos alarma? ¿De qué nos alimentamos?

Lo aceptamos todo,

una herida tras otra.

Escombros, escombros, murmuran las pistolas.

Nuestros rostros relucen en el centellar de cristal,

la noche asciende como una humareda.



Oh, esconde tus ojos

-es mejor sentarse en un cuarto aislado,

las puertas cerradas, los aparatos apagados,

sin nada más que esa postal de las cataratas del Niágara, que compraste el verano      pasado -

esa cascada de agua que calma

como caramelos de toffee verde cayendo

a cámara lenta por un precipicio;

mejor no ver al frágil nadador,

o a los dos niños en su bote amarillo.







Otros poemas de Margaret Atwood, aquí


agosto 19, 2017

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Federico Díaz-Granados







Hospedaje de paso











Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida.

No he sabido cuándo salen, cuándo entran,

en qué estación desconocida descansan sus miserias.

Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos

quejándose de mi tristeza,

en algunas temporadas se han quejado de humedad

de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.

Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida

y el patio queda nuevamente solo

en este hotel de paso donde siempre es de noche.












“He amado el fútbol. He llorado viendo películas como La Guerra de las Galaxias o Cinema Paradiso. He cantado a destiempo canciones de Calamaro, Jim Morrison o Lennon y sin embargo sigo temiendo cada día, por lo cual debo dormir con la luz encendida. Por esos pequeños sucesos, esos pequeños asuntos que siempre me han asombrado y que de tanto repetirlos se han vuelto hogareños y cotidianos, escribo poesía.”






Federico Díaz-Granados



De: "Hospedaje de paso", Valparaíso Ediciones










Pastelería Metropol






Yo vengo sin idiomas desde mi soledad

Luis García Montero







Miro en la vitrina
el reflejo de mi cuerpo
Sobre el vidrio
Y me veo gordo, cansado, sobre aquellos pasteles de vainilla.

Y pienso en los amigos que no volví a ver
¿y qué sabían ellos de este corazón caduco
donde no cabe ni un centímetro del mundo?

Y cuando no te reconoces en los pasos del hijo, ni en el espejo
harto de esquivar malos presagios
viendo de lejos el esplendor de las pérdidas
lo indescifrable y lo desconocido.

Callo: mi silencio alcanza ese cuerpo que no entiendo,
desmancho mi corazón de su último incendio.

Y sigo extranjero en ese vidrio,
gordo y cansado
y atrás de mí
algunas sombras, gestos de abuelos y tíos muertos
sobre los pasteles de vainilla.










Retornos





No creo en retornos 
pero este amargo corazón de casas viejas y calles rotas 
late en cada regreso 
sin gestos ni ademanes 
y sabe que el mundo es un mal lugar para llegar

Y se regresa a escribir un poema que trate de una muchacha en un aeropuerto
que espera un avión de quién sabe dónde 
o escribir sobre la carta que nunca recibí aquel sábado 
escuchando el viejo casette con mis nostalgias favoritas 
o sobre los versos robados a Salinas, Borges, Walcott 
y las tardes de sol en el estadio de fútbol

No creo en los regresos 
pero este seco corazón de otros días canta a destiempo 
sobre el cielo que quema el nombre de una mujer que amé

No creo en retornos 
pero mi vocación de viajero hace, que siempre que parto hacia la intemperie en el mundo 
deje, como en mis días de boy scout, piedritas y migas de pan 
para no perder el camino de regreso a tu cuerpo.














Federico Díaz-Granados (Bogotá, 1974). Poeta, periodista, profesor de literatura y divulgador cultural. Es codirector de la revista de poesía Golpe de Dados desde el año 2000. Ha publicado los libros de poesía Las voces del fuego (1995), La casa del viento (2000), Hospedaje de paso (tres ediciones: 2003; 2003; 2004). La Universidad Externado de Colombia publicó una antología de sus poemas con el título Álbum de los adioses (2006). Además, es autor de varias antologías poéticas en Colombia y el exterior. En 1998 aparecieron sus versiones de la poesía de Jim Morrison bajo el título Una oración americana. En 2007 preparó la muestra “12 poetas colombianos 1970-1981” para Punto de partida. Ha participado en numerosos festivales, congresos y eventos literarios en Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, Cuba y México.



Fuente: http://www.puntodepartida.unam.mx/index.php/680

agosto 18, 2017

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James Wright






Una oración para escapar del mercado







Renuncio a la ceguera de las revistas.


Quiero tenderme al pie de un árbol.

Este es el único deber que no es la muerte.

Esta es la perdurable felicidad

de los pequeños vientos.

De repente,

un faisán revolotea, y me vuelvo

sólo para ver que se desvanece en el borde húmedo

de la carretera.






Llegando de nuevo al campo








La blanca casa está silenciosa.


Aún no pueden oírme mis amigos.

El aleteo que vive en el borde pelado al borde del prado

picotea una vez y se queda inmóvil mucho tiempo.

Me quedo inmóvil yo al final de la tarde.

Se aparta el sol de mi rostro.

Un caballo pace en mi alargada sombra.









De: "No se quebrará la rama", Vaso Roto Poesía, 2014

Traducción: Antonio Rivero Taravillo

Otros poemas de James Wright, aquí







A Prayer to Escape from the Marketplace






I renounce the blindness of the magazines.


I want to lie down under a tree.

This is the only duty that is not death.

This es the everlasting happiness

of small winds.

Suddenly,

a pheasant flutters, and I turn

only to see him vanishing at the damp edge

of the road.









Arriving in the Country Again








The white house is silent:

my friends can't hear me yet.

The flicker who lives in the bare tree at the field's edge

pecks once and is still for a long time.

I stand still in the late afternoon.

My face is turned away from the sun.

A horse grazes in my long shadow.









agosto 16, 2017

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Pablo Gabo Moreno




§








yo también pienso en la pérdida

de las funciones cognitivas

y en la muerte de la lengua

y qué pasaría si no puedo disculparme

por ese resplandor artificial que tomé como mío

para hacer de cuenta que al fin la lluvia no mata

y que es natural que tiemble las tardes de frío

donde el rumor del vaivén ruidoso de la marea

me muestra el resultado escueto

de la espuma disuelta en agua

el ojo que deja de ser ojo

el aire que de noche empuja

pero no alcanza












Pablo Gabo Moreno (1974) Caleta Olivia, Provincia de Santa Cruz. Tiene tres libros publicados: Monóculo para la estrella de Ediciones CLIA (2002), Tu Rito de  Ediciones Marfil Seda (2014) y Colorblind de Editorial VOX  (2015). Administra el web site 1 poeta 10 preguntas y desde hace 5 años lleva más de 200 entrevistas a poetas Argentinos. Actualmente trabaja con su emprendimiento editorial CALETA OLIVIA dedicado íntegramente a edición de poesía contemporánea argentina



http://www.redfederaldepoesia.gob.ar/profiles/811/Pablo_Gabo_Moreno







agosto 14, 2017

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César Cantoni





Mi perro me habla









Mi perro me habla y yo lo escucho. 

Es ordinario y callejero, 


como los perros de Diógenes. 


De ahí, tal vez, proceda su sabiduría. 


No fue a la escuela, 



no tuvo guías que lo guiaran 



ni consejeros que lo aconsejaran. 


Ergo, puede pensar libremente 


(éste es su mérito más grande) 


y, además, con alegría 


(algo poco habitual en el que piensa). 


En su filosofía, no cabe el platonismo. 


Tampoco hay margen para ídolos 


ni mitos traídos de los pelos. 


(Como no recibió bendiciones, 


nadie lo tiene en cuenta en el debate; 


no es más que un perro indigno, aseguran, 


y le arrojan un hueso con desprecio.) 


Sí, mi perro me habla y yo lo escucho. 



a veces, yo también le hablo a mi perro, 

pero, ¿qué puedo explicarle? 


Él ve claramente el horizonte 


donde mis ojos sólo ven la bruma 


del discurrir civilizado. 










De:  “Un arte invisible”, Libros de la talita dorada, 2016) 




















César Cantoni nació en La Plata en 1951. Su obra poética publicada incluye los siguientes libros: Confluencias (1978), Los días habitados (1982), Linaje humano (1984), La experiencia concreta (1990), Continuidad de la noche (1993), Cuaderno de fin de siglo(1996), Triunfo de lo real (2001), La salud de los condenados (2004), Diario de paso (2008) y El fin ya tuvo lugar (2012). Publicó, además, la plaqueta Irlanda (1998) y los cuadernillos Intemperie y otros poemas (2006) y Latencia: poesía y dictadura (2013). Figura en antologías poéticas argentinas e hispanoamericanas. Algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés, italiano, portugués, catalán, griego y ruso. Reside en su ciudad natal.

Libros de la talita dorada