14 de septiembre de 2017

,   |  0 comentarios  |  

Sandra Pasquini




Me mira mi madre y dice
hijo hubiera querido que tu padre
fuera también un pájaro
un vencejo tal vez un ruiseñor un Fénix
un pájaro extraño y fabuloso
me mira mi madre y sonríe
habla conmigo como si hablara
con una astilla de su propio espejo
soy distinto a todos a ninguno me parezco
un ave del paraíso soy dice mi madre
un pájaro extraño y fabuloso
el hijo de un vencejo tal vez un ruiseñor un Fénix
una avecita extraordinaria de pecho tibio y emplumado
replicando aquí y allá el latido desparejo de la vida
como quien reparte incansable sus racimos
y arroja a los hambrientos
manojos de panes como flores. 


a Oliverio, mi Hijo 




Era el cuerpo de la noche un pájaro ligero
un fuego que ardía hasta exasperar
tu pulmón sediento
las manos como un ánfora
un cuenco donde guardar los abalorios de la infancia
la sed interminable un cántaro una escudilla rebosante
un espectro confundido que se rehúsa a cruzar
dos veces el mismo espejo
un galope de animal salvaje deslizándose hacia la mañana
el lugar donde temblar hasta la convulsión
una plegaria pronunciada desesperadamente contra el olvido
una rama seca que rechina y se quiebra
bajo el peso indócil de sus alas
entonces te adelantabas furiosa como el temporal
te desprendías tempranamente
como el rayo desplomado entre la fronda
en el jardín un corcoveo de aves invisibles ofrecía su hermosura
como una aparición como un deslumbramiento
un instante intocado fuera del tiempo
puro ensueño un nido construido con palabras y hojarasca
a salvo del invierno de la predestinación
y de la muerte.



(a Claudia)






Pongo la noche a arder en tus pupilas
dos lámparas fantásticas
destellando con el fervor del relámpago
doy de comer en mi mano a las bestias del asombro
las alimento con trozos de espejos recién trizados
la madrugada se propaga como un incendio
ahora dormís a mi costado
y por lo bajo entono salmos en la oscuridad
para guardar tu sueño
mi voz oscila vaivenea con tu respiración
se acompasa a tu sístole a tu diástole
un ramillete de tréboles brota de tu nuca
entre tus pulmones arde una colmena un rubí palpitante
nuestro lecho se eleva como un pájaro
como un animal fabuloso por los aires
anda entre taludes rasga con su garfio
la delicada tela del agua
debajo de sus alas florecen nardos y madreselvas
animal fragante aturdido silabea las palabras del delirio
canta su goce más profano
después nos arroja de pecho abierto al mundo
y nos nombra con nombres de mortales
mientras vos dormís a mi costado y así dormido y absoluto
alucinado entre visiones
volvés a nacer. 



Sandra Pasquini (1969, Rosario, Santa Fe, Argentina)
Enlaces: http://deloquenoapareceenlasencuestas2.blogspot.com.ar/2016/05/sandra-pasquini.html


0 comentarios:

Publicar un comentario