diciembre 30, 2017

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William Ospina





Antibes





Oscuras y mojadas las gárgolas insomnes


no saben de este sol que rompe lento el río.

Ellas, con sus cabezas de piedra y de dragones

están en la Edad Media, vigilando los burgos

aterrados de hogueras. El norte está en sus ojos

y ninguna palabra nombra el país de gritos

donde las labra el miedo. Pequeño diablo gótico

¿quieres morder el sol que alisa estos cabellos?

¿quieres sembrar espanto en estos niños de oro?

La primavera abre las ramas del cerezo,

este es el sur de aquella sombra, ahora

sólo llueve en los cuentos. El tren cruza

las tierras de los cátaros. Hay jóvenes ociosos

con piercing en los labios, bordeando en bicicleta

los patios que florecen. Y la Edad Media ha muerto.

Su fantasma barbado ronda por cien castillos,

desde el tibio Garona que invade el frío Atlántico

hasta el soplo de tordos de Poitiers, hasta el vuelo

de un halcón plateado en Perigord, o el salto

de una ardilla de fuego en las banderas. Oigo

rudas bandas de rock por las tabernas, oigo

tambores africanos en el viento, esta tierra

donde abuelos de hierro dieron filo a sus dogmas,

donde los aldeanos crucificaron cerdos,

donde las brujas últimas ardieron en blasfemias,

con sus serenos valles de amapolas que han dicho,

por hoy, adiós por siempre a la apestosa guerra

llena de huesos rojos y de buitres hambrientos,

es bella esta mañana de llanuras en fuga.

EL TGV hace polvo los castillos, transforma

en trazos de Van Gogh los sembrados simétricos,

hace girar los pueblos ante los campanarios

y cambia a Arles en Nimes y a Nimes en Marsella

y al valle en mar y al mar en sombra y sueño.

Lejos están las gárgolas, en sus rencores góticos,

aquí hay raudas palmeras, y yates, y casinos,

frías playas que esperan sus turistas del norte.

Ha muerto la Edad Media. Yo la vi, vasta y sola

en la tumba más bella del Sur, el claustro inmenso

donde las blancas columnas se abren arriba en palmas,

en las solemnes naves jacobinas, que rayan

y doran y empurpuran los vitrales abstractos.

Allí, en el centro mismo de un palacio vastísimo

en un cofre dorado Tomás de Aquino espera.

Sólo dos santos tuvo la locura de Europa,

aquella edad de dogmas y de hogueras, dos santos

indómitos, ilímites, ingenuos, italianos,

y bastan dos para una edad del mundo, y bastan

dos santos para una religión. Aquí ardieron

dolcinistas y cátaros, teólogos y herejes,

y mil santos anónimos fueron fuego en el viento

bajo la absolución del mudo cielo, pero

estos dos fueron santos ante un dios más piadoso:

Tomás pulió una lengua que educaría a los ángeles,

Francisco hizo canciones que entendieron los pájaros.

Aquí, frente a este sueño de cipreses y rocas,

con todo el mar latino frente a mí, mientras sueño

que en la cercana costa Cartago alumbra al África,

aquí, frente a la costa, con brisas de los Alpes

en mi cuello, esta noche, por ellos dos, y a solas,

le doy gracias a Italia. Vuelven en la memoria

la fortaleza roja de Carcassonne, los nidos

de cigüeña en las blancas almenas, los ciruelos,

las tenaces discordias de Avignon, y hay un fondo

de italiano en el viento. Alma, en el Mediodía

es medianoche. Ladran las colinas de Antibes

y es Italia esta vasta dulzura en las colinas.

Gracias al mar de acero y al faro que lo arrasa,

gracias a la honda noche que borró los cipreses,

y a ese perro que vela conmigo ante el peñasco.

La costa azul es la negra. Y la Edad Media ha muerto.

Yo despido sus buitres.

Yo no quiero pensar en la muerta Edad Media

que hoy cubre con su manto de gallinazos negros

la selva equinoccial que da vida a mi pecho.









William Ospina nació el 2 de marzo de 1954 en Padua, Herveo-Tolima, (Colombia). Su padre era el cantante de folclore colombiano Luis Ospina. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Santiago de Cali. Desde su juventud se dedicó a la escritura a través del periodismo y la literatura.

Vivió en Europa de 1979 a 1981, y viajó por Alemania, Bélgica, Italia, Grecia y España.

En 1982 ganó el Premio Nacional de Ensayo de la Universidad de Nariño, Pasto, con el ensayo Aurelio Arturo, la palabra del hombre y en 1986 publicó su primer poemario: Hilo de Arena.

Fue redactor en la edición dominical de diario La Prensa de Bogotá de 1988 a 1989. Escribió ensayos sobre Lord Byron, Edgar Allan Poe, León Tolstói, Charles Dickens, Emily Dickinson, las mil y una noches, Alfonso Reyes, Estanislao Zuleta, literatura árabe, la brujas de Macbeth.

En 1992 obtuvo el primer Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura.

En 1999 recibió el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad Autónoma Latinoamericana, de Medellín, y en 2005 el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad del Tolima.

En el año 2005 publicó su primera novela Ursúa.

Ha colaborado con el diario El Espectador. Es socio fundador de la revista literaria Número y desde hace tres años escribe una columna semanal en la revista Cromos.

Recientemente ha sido galardonado el Premio Rómulo Gallegos 2009 por El país de la canela.

William Ospina está considerado como uno de los poetas y ensayistas más destacados de las últimas generaciones y sus obras son mapas eruditos de sus amores literarios, acompañados de declaraciones ideológicas sobre la historia y el mundo moderno.

Fuente poema: Clave, Nº 17, revista de poesía 

Fuente biografía: Escritores.org (fragmento)

Imagen: www.traslacoladelarata.com






diciembre 28, 2017

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Frederick Seidel






Sobre ser galante








Las camisas se agotan a sí mismas de ser vestidas.

Los trajes se ajustan a la perfección,

pero un hombre se esfuerza

décadas en hacer flexiones y ya no encaja.

Me saco a cenar.

Es una gozada sentarse a solas

sin un libro.

Me consumo estando a gusto mientras ceno.

Soy resultado de un conserje del Carlyle.

Pido una botella de Burdeos.

Soy un bulevar de elegancia

en mis restaurantes de confianza.



La luna viene a mi mesa.

Todo en ella es típico.

Me gusta su forma de hablarme.

Todo en mí es a medida.

Tú no eres

conocido, y tú no eres un don nadie.

Te recuerdo de antes.

A veces no salgo al día hasta el final del día.

Simplemente me olvido hasta

que salgo corriendo, con miedo a que el día se acabe.

Todo árbol de acera está desesperado

por alguien.



El desierto en esta época del año

son tropas camufladas de desierto.

Traed los cazas no tripulados.

Ceno con mi sonrisa del Carlyle.

Ella me dice que la primavera está al llegar.

La luna pasa por mi mesa

para decirme.

Voy a sacarte el corazón

y a beberme los rubíes y a comerme el coral.

Me gusta la hembra por su coral.

Voy al Carnegie Hall

para hacerle abrir la boca sobre el escenario y gritar.









On being debonair









Shirts wear themselves out being worn

Suits fit perfectly,

But a man does

Decades of push-ups and no longer fits.

I take myself out to dinner.

It is a joy to sit alone

Without a book.

I use myself up being fine while I dine.

I am a result of the concierge at the Carlyle.

I order a bottle of Bordeaux.

I am a boulevard of elegance

In my well-known restaurants.



The moon comes over to my table.

Everything about her is typical.

I like the way she speaks to me.

Everything about me is bespoke.

You are not

Known, and you ar not no one.

I remember you from before.

Sometimes I don’t go out till the end of the day.

I simply forget till

I rush out, afraid the day will end.

Every sidewalk tree is desperate

For someone.



The desert at this time of year

Is troops in desert camouflage.

Bring in the unmanned drones.

I dine with my Carlyle smile.

She tells me spring will come.

The moon stops by my table

To tell me.

I will cut your heart out

And drink the rubies and eat the coral.

I like the female for its coral.

I go to Carnegie Hall

To make her open her mouth onstage and scream.



























Traducción: Diego Zaitegui

Otros poemas de Frederick Seidel, aquí

Fuente: malastierras.com

Imagen; New York Times





diciembre 26, 2017

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Vista preliminar del barrio de Once






prevalecen las paredes

infectadas de gris,

balaustradas en peligro de extinción.

Ventanas art nouveau confrontan con otras ojivales.

Ventanas de pensiones revela

la persiana ladeada, el mínimo watt.

Tres piletones, dispuestos para una sentencia,

atraviesan la perspectiva hacia

el tinglado de la calle próxima.

Nada singular.

Celofanes -como cierta medusa- de cajas

diseccionadas.



La dosis suficiente de espanto.



Se recomienda estrechar

los márgenes, desplazar el cortinado

al meridiano cero, 

a un estado de gracia,

los enfermos de este piso.



La panorámica, entonces,

se reduce a un resquicio

y el observador troca

en un fisgón.

La vida delata acecho

y llovizna en los mismos días.
















© Pedro Donangelo




Fin del episodio, poemas de Pedro Donangelo

Pintura hiperrealista de Fabiano Millani 




















diciembre 25, 2017

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Andrei Voznesensky










La Nariz












La nariz crece durante toda la vida de uno

(de fuentes científicas)



Ayer me dijo mi doctor:

Usted puede ser muy diestro, sin embargo

Su hocico está helado.

Así que no salgas al frío,

Nariz!



En mi, en ti, en los monjes capuchinos,

De acuerdo a reconocidas leyes médicas

Implacables como relojes, sin pausa

Triunfalmente crecen las narices.



Durante la noche crecen ellas

En cada ciudadano, alto o bajo,

En porteros, ministros, ricos y pobres,

Currucuteando sin parar como búhos,

Heladas y fuera de forma,

Brutalmente golpeadas por un boxeador

O suciamente aplastadas por una puerta,

Y aquellas de nuestras féminas vecinas

Como brocas son astutamente atornilladas

En más de un cerrojo.



Gogol esa mística alma inquieta,

Intuitivamente percibió su rol.



Mi buen amigo Buggins se embriagó: en su sueño

Parecía que, como aguja de iglesia

Rompiendo a través de lavabos y candelabros,

Perforando y despertando llamativos cielorrasos,

Empalando cada piso como

Recibos en un suncho,



Más arriba y más arriba

ascendía

su nariz.

¿Qué significaría eso? se preguntó a la siguiente mañana.

Una advertencia, dije yo, de un día nefasto: parece

Como si fueran a llamarte a cuentas.

El 30 el pobre Buggins fue capturado y hecho preso.

Por qué, O Creador de las Narices, por qué

Nuestras narices se prolongan, y nuestras vidas se acortan,

¿Por qué durante la noche estas protuberancias carnosas,

como vampiros o bombas de succión,

Nos drenan hasta la resequedad?



Reportan que los Esquimales,

Besan con su nariz.

Entre nosotros eso no ha sido comprendido.













Andrei Voznesensky nació en Moscú, en 1933. Se graduó en el Instituto de Arquitectura de Moscú, donde Pasternak lo animó a continuar escribiendo. En 1960 publicó sus primeros libros Balada Parabólica y Mosaico, que llamaron la atención por su innovación y osadas metáforas, aunque Krushchev, lo señalara después, en 1963, como un formalista burgués. Otras de sus obras: Antimundos (1964); Corazón de Aquiles (1966); Sombra del sonido, 1970; Una mirada (Prosa poética, 1972); La pera triangular; y Maestro del espejo estañado. En 1967 se convirtió en miembro del Praesidium de la Asociación de Escritores Rusos.


En 1983 aparecieron en la Unión Soviética tres volúmenes con su obra. W. H. Auden y Stanley Kunitz, son traductores de sus obras. Poeta experimental, ha incursionado ampliamente en la poesía visual. Sus Videos han sido reconocidos en Moscú, París, Nueva York y Berlín. Fue elegido Miembro de la Academia Rusa de Educación, la Academia Americana de Arte y Literatura y la Academia Europea de Poesía, entre otras instituciones. En 1996, Le Nouvel Observateour le llamó “el más grande poeta de nuestro tiempo”. Participó en el XIII Festival Internacional de Poesía de Medellín.





Fuente: World Poet Movement





Falleció en 2010, Moscú, Federación Rusa





Imagen: alchetron


diciembre 16, 2017

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Rubén Darío

Yo persigo una forma. . .









Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,

botón de pensamiento que busca ser la rosa;

se anuncia con un beso que en mis labios se posa

al abrazo imposible de la Venus de Milo.

 Adornan verdes palmas el blanco peristilo; 

los astros me han predicho la visión de la Diosa;

y en mi alma reposa la luz como reposa

el ave de la luna sobre un lago tranquilo.

 Y no hallo sino la palabra que huye,

la iniciación melódica que de la flauta fluye

y la barca del sueño que en el espacio boga;

y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,

el sollozo continuo del chorro de la fuente

y el cuello del gran cisne blanco que me interroga. 





















Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento, 1867, Ciudad Darío / 1916, León, Nicaragua)



Imagen: La República











diciembre 09, 2017

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Matilde Campilho




Matilde Campilho, poeta portuguesa en El poeta ocasional








Piel de cuero










Fue en el tiempo en que

(como apuntó Herbert)

nos dormíamos

con una mano debajo de la cabeza

y con la otra

en un malecón de planetas

Vivíamos en la isla

de Saint Naumpke



en el palacio de estacas y cal

construido por nosotros mismos

durante los treinta días de agosto

Allí los años nunca eran bisiestos

El pan estaba hecho de romero

Los pescadores venían a

enseñarnos los dones

Y eso era todo

lo que necesitábamos

y necesitaríamos más tarde

para entender la lengua de fuego

que se hablaba en las plazuelas

A veces yo pintaba

mi cara de amarillo

sólo para notar

la conciencia telúrica

que traen consigo algunos

jaguares y cobras corales

En ese tiempo

alguien prefería el relente

a la oscuridad de las casas

así que se iba al parque

armado con binoculares

de lentes-diamante

sólo para toparse

constantemente

con la fórmula exacta

del tiempo de crecimiento

de las hojas de naranja-lima

“El cuero de Goliat

fue dejado aquí,

cinco siglos

atrás” era lo que él decía

de regreso al palacio

a la hora de la comida

Venía sucio y cubierto de arena

trayendo flores viejas

en su balde metálico

Existían héroes de aquella patria

Pero yo nunca supe cuáles

Existían gobernantes y traidores

Pero yo nunca supe cuáles

Había un beato sin rostro

a quien habían hecho un altar

junto a la primera roca de Naumpke

Su estatua era de acero

y todas las mañanas

alguien dejaba a sus pies

una estera de romero.

Aquel fue nuestro tiempo,

el tiempo del descubrimiento de los malecones

y de las cavernas de las que están hechos

los omoplatos de los amantes.












Alguién me avisó










Él dijo que yo necesitaba volver

porque yo era su familia

dijo que los pajaritos

estaban comenzando otra vez

con aquella entonación extraña

que podría ser vista como triste

o como bastante maravillosa

tú necesitas volver él dijo

algunas acacias se están entregando

al abandono o a la desesperación

y la pescadería fue atacada

por una enorme inundación

por favor vuelve ve si vuelves

esta mañana el taxista estuvo

recorriendo todas las estaciones

de radio hasta encontrar una noticia

no hay noticias de ti en la ciudad

hazme un favor y vuelve

está ocurriendo una revolución

quieren retirar al primer ministro

de su silla empedernida

quieren incendiar las calles

quieren mejorar la estructura

de la campana que marca el mediodía

en la garganta de Antoñito

anda ve si vuelves fue lo que él dijo

tú eres mi familia es imposible

presenciar la transición del invierno

a la primavera sin familia cerca

y cómo hago para comprar lollypops

si tú no me estás esperando

allá afuera del lado de afuera en tu coche

jugando con las vibraciones del motor

mientras yo estoy tamborileando mis

dedos sobre el mostrador de madera

de la abacería donde siempre compro

lollypops de naranja o de fresa

tú y yo siempre encontramos un modo

de sincronizar nuestros compases

yo toco cuatro veces en el mostrador

tú aceleras cuatro veces el motor

la familia es eso mismo: dos vaqueros

fintando la gravedad y la monotonía

venga dime si vuelves o si no vuelves

la semana pasada noté

que las plantaciones de maíz

están comenzando a expandirse

no me digas que eso no te seduce

fue lo que él dijo eso mismo

la plantación que se expande te seduce

él dijo que yo necesitaba volver

que tal vez yo debiese ordenar

mi maleta dejar mi empleo

mete todo en tu maleta

no olvides tu camisa blanca

no olvides tu flauta de hueso

no olvides no te cortes el pelo

coloca todo en esa maleta

y si tienes tiempo tráeme siete búzios

vuelve dime que vuelves

fíjate que es la época de las migraciones

y que tú siempre acompañaste

a los colibrís y los pingüinos

ya basta de inscribirse

en ese campeonato del desapego

tú siempre pierdes ya deberías saberlo

él dijo que yo debería volver

que en el restaurante de doña Celia

estaban sirviendo un tipo de pan

diferente del habitual

que en el parque de diversiones

estaban montando un rollo nuevo

que en la cueva de los leones ya no vive

nadie absolutamente nadie

que están comenzando una revolución

tú necesitas volver fue lo que él dijo

vuelve por favor mi amor vuelve para casa

entonces yo hice la maleta y fue por eso que

volví — yo volví porque me llamaron.












Rojo vivo










Aléjate de mí

entiende

soy un raging bull

cuando apareces

ostentando

tu aorta transparente

tu válvula semilunar

tu septo palpitante

Cuando apareces

haciendo sonar los cascabeles

rojos de tu clavícula

mientras caminas

sobre el pavimento

de Terrorland

A ver si desocupas

las líneas telefónicas

que desde hace 20 años

van de Girona a Sant Jaum

yo quiero conectarme

Retira tu timbre

hecho de B / F / Am / C#

de la sala del cine

donde casualmente

pasó galopando

John Wayne

galopando y gritando

sudado como el jabalí

que fue ofrecido

a tu familia

en vísperas de

la resurrección

del niño crucificado

cabeza abajo

Retira tu mano

del rostro del derviche argentino

que hace cuatro años decidió

decir los 1500 nombres

de Alá todas las mañanas

si lo dejas en paz

en pocos meses

tendremos 5000 invocaciones

de la palabra santa

en el Boulevard Las Heras

eso puede muy bien ser

la salvación

del glaciar Perito Moreno

puede muy bien ser

un empujón a las partículas

arenosas del Sáhara

y quién sabe

en algún momento

la canción del desierto

sonará más aguda

más prolongada

y quién sabe

en algún momento

llegará a los oídos

del traficante de joyas

de New Jersey

que at last asumirá

su vocación de profeta

Sí las personas cambian

Intenta retirarte

aunque sea temporariamente

de figurar en los comerciales

que pasan en la pausa

de la novela de las ocho

hace mucho tiempo que

nadie la ve

pero qué si sucede

una tragedia cualquiera

el presidente interrumpe

todas las emisiones

y las antenas de 36 MHz

mantienen de todos modos

la publicidad

eso puede ocurrir

todo puede ocurrir

entonces evítalo

Evita enterrar

tus pies

en el arrozal de Vang Vieng

claro que es sumamente delicioso

el ondular líquido

de las plantaciones

rozando nuestro tobillos

el cuerpo tiene memoria

y agua es igual a cuerpo

entonces es delicioso

pero conviene tener en mente

que un objeto extraño

mezclándose con otro

siempre va a perturbar

el curso continuo de la naturaleza

Mantente lejos de la panadería

Mantente lejos del ring de curling

Mantente lejos de la cabina de control

del aeropuerto de Queensland

Mantente lejos de las lonas

de los paneles que anuncian

la nueva marca de tabaco de seda

Mantente lejos de la tabla

de la piscina de siete metros

por ocho en el último día de mayo

Mantente lejos

porque entiende

Eres rojo y negro

tu tórax tiene mayor diámetro

que la concentración

de los hinchas del Flamengo

toda metida en el Maracanã

Eres todo rojo y negro

Mantente lejos

no te acerques

Porque a nadie le gusta

nadie quiere

ver un toro enloquecido

dando cornadas ciegas

en las cajas de madera del colmado

en los letreros del tránsito

en las motos aparcadas

Mantente lejos

a nadie le gusta

saber despierto

y suelto en la ciudad

a un toro bravo

al que un día le enterraron

la espada de oro

en la línea dorsal.












El amor me da hambre










Tropecé en un menú de ventas de comida ready-made

Y por una de esas fatalidades que vienen encuadernadas

en vales de correo o publicidad sin personalizar

Me he dado cuenta de que ahora tú y tu chica hacen

almuerzos para entregar a domicilio

Perdón quería decir desayunos

dejemos el café y las mañanas para otras dinastías

En mi tiempo yo era el príncipe y tú la imagen

más pura del pequeño Jean-Nicolas-Arthur Rimbaud

Dos saltimbanquis cruzando la ciudad y los días

También cruzábamos los dedos pero eso ahora no importa

Dos chavales robando medio croissant y tres sorbos de

 zumo

de las mesas impecablemente puestas de los hoteles

 más bonitos de la ciudad

La comida no era de todo lo que más nos interesaba

si pensamos que la pasión alucinante era mecha suficiente

para reventarnos el estómago hasta el nivel de la alegría

Había siempre alguien dispuesto a pagarnos comidas

así como nosotros estábamos siempre listos a saltar

 el fuego mágico

Nos acostumbramos desde muy pronto a salir de las

 celebraciones

con las rodillas chamuscadas y con las ropas más o

 menos rasgadas

Eso era motivo suficiente para que uno de nosotros

 cogiese la moto

y entonces los dos acelerábamos hasta la playa más

 desierta del país

No por eso dejábamos de escaparnos a los eventos

pero aquellos fueron indudablemente las zambullidas

 de oro

Ahora las hogueras se elevan mucho más altas que las

 magias

a las cuales dedicamos casi toda nuestra juventud

 igualitaria

Hoy tenemos más de treinta años y desde mi ventana se

 pueden ver

los disparos de los incontables snipers de las barricadas

 de Kiev

Desde este balcón pueden oírse los gritos de las calles

 venezolanas

sobreponiéndose al viejo papá que sólo quiere decir

 pásame el pan

Desde aquí se puede oler la amenaza de pólvora semi-

 invisible saliendo

del documento que declara el estado de excepción en

 el sur de Bahia

Parece que la primavera del mundo es un trabajo en

 progreso

pero el camino hasta allá está siendo hecho entre los

 senderos

y entre las ramas de fuego de un gigante invierno

En nuestro tiempo yo creía mucho en las noticias y en

 la televisión

Hoy yo creo totalmente en las experiencias que me

 cuentan los hombres

Ayer éramos los hijos de los nietos de la revolución

Y nos explicaron que la tabla de multiplicar y la pasión

 alucinante eran todo

lo que necesitábamos y necesitaríamos para el ejercicio

 de la construcción

Hoy somos padres de algunos niños y padres de nosotros

 mismos

y ya vamos sabiendo algunas cosas sobre la palabra

 deconstrucción

El amor aún es el estandarte donde vamos colgando las

 banderas

El coraje es todavía el hierro donde vamos colgando las

 ropas

Sí todavía rasgamos nuestras ropas Sí todavía nos

 despellejamos las rodillas

Pero ahora es todo en nombre de un cierto cambio

 universal

Dónde andarás tú y tu sueño en esta mañana ya no lo sé

Mucho menos que especie de alimentos entregas a

 domicilio

Sea como sea el amor aún me da bastante hambre

y el rocío aún me parece el asfalto justo para toda

 revolución

Así que (a pesar de los vales) hoy mi chico y yo escogemos

tomar un desayuno en la calle y dejar de lado el domicilio










We never did too much talking anyway








Por ejemplo

olvida Coney Island

y las trescientas piezas

de metal que componen

el juego mágico de Coney

Island en el mes de agosto

Recuerda la palabra sushi

siendo gritada en el metro

cuando todo lo que alguien

quería gritar era su devoción

por pedacitos de plata

Recuerda mi fascinación

profunda por los deportistas

nocturnos que sincronizan

la respiración con el compás

de los dedos de la amante muerta

Olvida la pastilla

compuesta de estearato

de magnesio y macrogol

recetada por el doctor Roberto

cuando el pobre doctor Roberto

ya no sabía que más intentar

o entonces tenía algo más que hacer

en aquella tarde de miércoles

en la emergencia de São Vicente

Recuerda que miércoles

es día de juego de futbolín

y sobre eso no hay discusión

Recuerda cuánto me iluminan

los animales tallados en el marfil

principalmente aquella ballena

de ocho centímetros y medio

mi única herencia

mi única esperanza

Olvida tal vez

la maniobra repetida

de lamer sobres

en el silencio de un cuarto

cuando ya hay sol en las plazas

Estamos hechos para el relente

Recuerda que a veces

tienes mucha razón

y que otras veces no

Olvida anda olvida

el invierno en Ipanema

y el tiburón nadando

en las venas de la bestia

de Ipanema helada

Recuerda mi deseo

muchas veces verdadero

muchas veces no

Recuerda el descubrimiento

de aquel trecho que decía

nosotros subimos los escalones

corriendo y salimos del frío

brillante hacia el frío oscuro

Y si puedes no olvides

el rostro calmo del tigre

que está parado en la puerta

esperando entrar

para luego atravesarnos.












Matilde Campilho nació en Lisboa, Portugal, en 1982. Vivió en Rio de Janeiro entre 2010 y 2013. Publicó textos y poemas en varios periódicos y revistas de Brasil, Portugal, Alemania y Estados Unidos. “Jóquei”, su primer libro, fue publicado en Portugal en 2014 (Edições Tinta da China) y en Brasil en 2015 (Editora 34). Vive y trabaja en Lisboa.



De: "Jócquei", Kriller71 Ediciones, 2017

Traducción: Aníbal Cristobo



Imagen: Pinterest / Killer71 Ediciones