diciembre 31, 2018

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José Kozer



José Kozer





Veáse como siempre acaba en lo mismo







Un jueves, y no es éste, metí las manos

en los bolsillos (perdí

la noción del tiempo.

De pie, y luego sentado

en penumbra, y luego a

oscuras. Ayuné. Bebí

Bebí agua mental. Sabía que

al amanecer era viernes,

y con eso me bastaba.

A veces sacaba las

manos de los bolsillos,

puños crispados. Abría

las manos, todo seguía

igual. Eso no está mal.

Surgía, iba surgiendo

o iba a surgir un

pensamiento, eso

no está tampoco mal.

Uno, y no tres asuntos

entrecruzándose,

alterando el ritmo de

la respiración. Aparecía

yo aquella tarde en un

pinar, dunas en la

distancia, la bahía

refulgente (cabrilleos)

(rielar pronto la luna

llena) (ah el poema

de Espronceda que

memoricé durante la

adolescencia) levanté

el brazo, extendí la

mano, se vino a posar

un paro carbonero,

¿seré San Francisco?

Y la rapaz se quería

posar en mi cabeza

recién tonsurada, la

tonsura la produjo

un rayo. ¿Sería yo

uno de los elegidos,

aquel que convertiría

al ave de carroña en

paloma buchona?

Volvía a meter los

puños en los bolsillos,

a quedarme quieto, tengo

a la mano hace horas el

libro de los 50 poemas

de Osip Mandelstam en

la traducción de Meares,

me he propuesto ayunar,

no leer, tener el menor

número de pensamientos,

realizar el menor número

posible de movimientos

durante dos días. No

está mal. Han pasado

unas 36 horas, y ahora

empiezo a brincar

(mental) de un sitio a

otro, mi madre desde

el Más Allá me anima

a volver a la normalidad,

y mi padre, el ceño

fruncido, los brazos

cruzados sobre el pecho

(modelo otomano) o cual

si fuera un campeón de

lucha libre, me contempla

como aquél que contempla

a un pobre diablo a todas

luces incapacitado para

la vida. ¿Y él; y él? Callo.

No rebatirlo. Eso estaría

mal. En eso consiste en

caer en la trampa. No

ponerme, después de

dos días de interioridad,

mínima actividad motriz,

a disputar. Con él. Ni

con nadie. Ni con el

otomano ahí enfrente,

ni con el zahorí que

me indica el camino

del agua con pozos

que serán la riqueza

de Israel. ¿Y por qué

no de Andalucía?

Amanece. Llevo

horas desvelado.

Soy un enredador

enredado en sus

minucias, los sucesos

del día. Todo una vez

más me afecta. Que si

tal que si esto que si

aquél dijo o dejó qué

de decir. ¿Eh? El

viento viene de los

Urales, el olor a lejía

de las lavanderas del

Caspio, y los rostros

descompuestos son

un asunto, fíjate,

entre mi padre y yo.








Otros poemas de José Kozer, aquí

Imagen: Rialta



diciembre 24, 2018

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Carlos Llaza








Sonido virgen





The vacant text glows white on pages that are black.


Peter Redgrove





Arrojo la Biblia al río y


desde la altura del puente


veo que el lomo azul






ondea como espinazo


de criatura viva. Intrigado


no pierdo de vista el
recorrido;





cuando ella navega, el agua


se agita y babea espuma.


El libro tras darse vuelta





pasa las hojas como quien


se lee a sí mismo y


memoriza los versos,





luego las letras se abren


y elevan cual remolino


de cenizas. El texto es ahora





terreno baldío, pluma de
cuervo.


Desde su sitio, las estrellas—


todas en primera fila—





se emocionan ante el ascenso


de las invitadas. Un perro
aúlla.


Una rata con visible apuro





pasa a mi costado y desciende
a


la ribera. A medida que la


noche avanza mi libro se
debilita.





Como aluvión de agua negra


el cielo desborda el cauce.


De pronto un hombre con ropa
raída





surge del río. Lleva en las
manos


lo que ahora es un cuaderno


abierto en la primera página.





Me mira entonces a los ojos,


pronuncia mi nombre y en


taquigrafía documenta el himno





que brota de estos labios:


rumor en lengua nunca antes
vista.











Carlos Llaza (1983, Lima. Perú)

Fuente: https://www.letraslibres.com/mexico/literatura/dos-poemas-1



Imagen: Verkami


diciembre 23, 2018

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Louise Glück










Vísperas





En tu prolongada ausencia, me permites

el uso de la tierra, anticipando

cierta ganancia por la inversión. Yo debo declarar

que fracasé en mi tarea, principalmente

respecto de las plantas de tomate.

Pienso que no debería ser alentada a su cultivo

Pero si es así, deberías detener



las grandes lluvias, las noches frías

tan seguidas aquí, mientras que otras regiones reciben

doce semanas de verano. Todo esto

te pertenece a ti: por otra parte,

yo he plantado las semillas, observado los primeros brotes

como alas rasgando el suelo y fue mi corazón

roto por el pulgón, la mancha negra multiplicándose

veloz en las hileras. Dudo

que tú tengas corazón, así como entendemos

este término. Tú que no discriminas

entre muertos y vivos, tú que en consecuencia eres

inmune a los presagios, pareces no saber

el pánico que sufrimos, la hoja manchada,

las rojas hojas del arce cayendo

incluso en agosto, con temprana oscuridad. Yo soy la responsable

de estas viñas.







Vespers



In your extended absence, you permit me

use of earth, anticipating

some return on investment. I must report
failure in my assignment, principally
regarding the tomato plants.
I think I should not be encouraged to grow
tomatoes. Or, if I am, you should withhold
the heavy rains, the cold nights
that comes so often here, while other regions get
twelve weeks of summer. All this
belongs to you: on the other hand,
I planted the seeds, I watched the first shoots
like wings tearing the soil, and it was my heart
broken by the blight, the black spot so quickly
multiplying in the rows. I doubt
you have a heart, in our understanding of
that term. You who do not discriminate
between the dead and the living, who are, in consequence,
immune to foreshadowing, you may not know
how much terror we bear, the spotted leaf,
the red leaves of the maple falling
even in August, in early darkness: I am responsible
for these vines.













Traducción: Adam Gai

Otros poemas de Louise Glück, aquí






diciembre 13, 2018

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Elizabeth Barrett Browning




Soneto 14





Si has de amarme, hazlo por nada,

fuera de por el amor mismo. No digas,

“La amo por su sonrisa – su aspecto – su manera

de hablar suave , - su agudeza



que armonizó con la mía  y ciertamente trajo

sensación de paz aquel día” –

porque de por sí, mi amado, estas cosas pueden ser cambiadas

o cambiar para ti – y amor tan bien forjado,



puede también deshacerse. Ni me ames por

tu piadoso enjugar de mis lágrimas:

Criatura que recibió tan largo tu ternura



 puede olvidarse de llorar y perder así tu amor.

Ámame sólo por el amor mismo, para que sin cesura,

por gracia del amor eterno, sigas amando.











Sonnet 14







If thou must love me, let it be for nought 

Except for love’s sake only. Do not say, 

“I love her for her smile—her look—her way 

Of speaking gently,—for a trick of thought 



That falls in well with mine, and certes brought

A sense of pleasant ease on such a day”— 

For these things in themselves, Belovèd, may 

Be changed, or change for thee—and love, so wrought, 



May be unwrought so. Neither love me for 

Thine own dear pity’s wiping my cheeks dry:

A creature might forget to weep, who bore 



Thy comfort long, and lose thy love thereby! 

But love me for love’s sake, that evermore 

Thou mayst love on, through love’s eternity.










Elizabeth Barrett Browning (1806, Durham, Inglaterra / 1861, Florencia, Italia)

Traducción: Adam Gai

Imagen: Brewminate



diciembre 11, 2018

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Ron Padgett


Ron Padgett
Poema de amor



Tenemos muchísimas cerillas en casa.
Siempre las tenemos a mano.
En este momento nuestra marca favorita es Ohio Blue Tip,
aunque antes preferíamos las Diamond.
Eso fue antes de descubrir las cerillas Ohio Blue Tip.
Tienen paquetes perfectos,
cajas duras en azul claro y oscuro y etiquetas blancas
con palabras grabadas con forma de megáfono,
como para decirle más alto al mundo
“Aquí está la cerilla más hermosa del mundo,
sus cuatro centímetros de pino suave coronados
por una cabeza rojo oscuro, tan sobria y furiosa
y decidida siempre a estallar,
y encender, quizás, el cigarro de la mujer que amas,
por primera vez —y ya nada nunca
vuelve a ser igual. Todo eso te daremos.”
Eso es lo que me diste, yo
soy el cigarro y tú la cerilla o yo
la cerilla y tú el cigarro, quemándonos
con besos que arden hacia el cielo.



Ron Padgett (Tulsa, Estados Unidos, 1942) es poeta, ensayista, narrador y traductor. En 1958, cuando tenía 17 años, con otros compañeros de su instituto fundó una pequeña revista de poesía, The White Dove Review, donde publicaron autores de la talla de Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Robert Creeley y LeRoi Jones, entre otros. En 1960 se trasladó a Nueva York para estudiar en la Universidad de Columbia, donde tuvo como profesor a Kenneth Koch. Miembro de la segunda generación de la Escuela de Nueva York, Padgett publicó en 1967 su primer poemario, Bean Spasms, escrito en colaboración con Ted Berrigan. A este libro, le siguen más de una decena de obras entre las que destacan Great Balls of Fire (1969), The Big Something (1990), How to Be Perfect (2008), y Alone and Not Alone (2015). A su vez, Padgett es el autor de los poemas que escribe el protagonista de Paterson, la película dirigida por Jim Jarmusch. Su obra obtuvo, entre otros premios, el LA Times Prize for Best Poetry Book (2014), el William Carlos Williams Prize (2014), el Robert Creeley Foundation Award (2015), y en 2012 fue finalista del Premio Pulitzer de poesía. Padgett, por otra parte, se ha dedicado a la traducción del francés de poetas como Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy. Hasta el momento su obra se encontraba inédita en castellano.

Traducción: Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo
Enlaces: Babelia






diciembre 06, 2018

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Raymond Carver: Asia

Raymond Carver


Asia



Qué bueno es vivir cerca del agua.
Los barcos pasan tan próximos a la tierra firme
que un hombre puede tender la mano
y quebrar una rama de uno de los sauces
que crecen aquí. Los caballos corren salvajes
junto al agua, a lo largo de la playa.
Si los hombres de a bordo quisieran, podrían
hacer un lazo, arrojarlo
 y  traer a cubierta a uno de  los caballos.
Algo que les sirva de compañía
en el largo viaje al Este.
Desde mi balcón puedo leer los rostros
de los hombres mientras miran fijamente a los caballos,
 a los árboles y a las casas de dos pisos.
Yo sé en qué están pensando
cuando ven a un hombre saludándolos con la mano desde el balcón,
su auto rojo abajo en la calle.
Lo miran y se consideran
afortunados. Qué misterioso golpe
de suerte, piensan, los ha traído
por todo este camino hasta la cubierta de un barco
con destino a Asia. Esos años de empleos temporarios
o de trabajo en los depósitos o como estibadores
o simplemente vagando por los muelles,
han sido olvidados. Cosas así les han sucedido
a otros más jóvenes,
si realmente sucedieron.
Los hombres de a bordo
agitan las manos, devolviendo el saludo.
Están inmóviles, agarrados a la borda,
mientras que el barco pasa deslizándose. Los caballos
salen de entre los árboles hacia el sol.
Se paran como estatuas de caballos.
Observando el barco mientras pasa.
Las olas se rompen contra el barco.
Contra la costa. Y en la mente
de los caballos, donde
siempre es Asia.



Asia



It’s good to live near the water.

Ships pass so close to land
a man could reach out
and break a branch from one of the willow trees
that grow here. Horses run wild
down by the water, along the beach.
If the men on board wanted, they could
fashion a lariat and throw it
and bring one of the horses on deck.
Something to keep them company
for the long journey East.
From my balcony I can read the faces
of the men as they stare at the horses,
the trees, and two-story houses.
I know what they’re thinking
when they see a man waving from a balcony,
his red car in the drive below.
They look at him and consider themselves
lucky. What a mysterious piece
of good fortune, they think, that’s brought
them all this way to the deck of a ship
bound for Asia. Those years of doing odd jobs,
or working in warehouses, or longshoring,
or simply hanging out on the docks,
are forgotten about. Those things happened
to other, younger men,
if they happened at all.
The men on board
raise their arms and wave back.
Then stand still, gripping the rail,
as the ship glides past. The horses
move from under the trees and into the sun.
They stand like statues of horses.
Watching the ship as it passes.
Waves breaking against the ship.
Against the beach. And in the mind
of the horses, where
it is always Asia.




Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Raymond Carver, aquí
Imagen: Penguin NZ

diciembre 04, 2018

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Jessica Traynor











Jessica Traynor








Cartas desde el Monte Fuji





Desde la cima del  Monte Fujiyama te envío cartas,

escritas en hojas cuadradas, luego plegadas



en tantos diseños diferentes como los  copos de nieve.

Las suelto al aire, míralas caer en el mundo.



Abre una. En ella hay una foto de tu infancia.

Puedes verla, pero se derrite en tu mano



como la pregunta que te hago, presa en la brisa,

y tu respuesta, arrastrada por el río hasta el mar  llano.



 Aun a través de esta nieve, constante, devoradora del año,

yo siempre te enviaré cartas.








Letters from Mount Fuji





From the top of Mount Fujiyama I send you letters,

written on square pages, then folded



in as many different patterns as a snowflake.

I drop them onto thin air; watch them fall into the world.



Open one. In it is a picture from your childhood.

You can look at it, but it melts in your hand



like the question I ask you, caught on a breeze,

and your answer, taken by the river to the flat sea.



Even through this constant, year-devouring snow,

I will always send you letters.











Jessica Traynor (1984, Dublín, Irlanda)

Traducción: Adam Gai

Imagen: RTE





noviembre 30, 2018

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Alicia Genovese








La ruta del desierto





Si algo aprendí es a irme,

cuando los cuerpos se cierran

cuando las palabras se enfrían

y sostienen la lógica, pero no a mí,

me dejo ir hacia un lugar perdido,

un país detrás de las cosas.

Con un adiós imperceptible

el vacío comienza,

desaparecen los edificios, los autos,

los semáforos, que no son ahora

señales.

Ya no estás ahí, estás

en la ruta del desierto,

en marcha hacia lo inconexo,

lo áspero, lo faltante.

Podés ver abrojos

en los pastos escuálidos

se inclinan y sisean

como serpientes.

Podés ver el color seco

del Mojave,

es Arizona hacia Albuquerque,

es el camino monótono

en la meseta patagónica que emerge.

Estás a la intemperie,

no hay engaño, lo visible

es lo existente

Manejás

por una ruta sin límites.

La única emisora de radio

dejó hace rato de captarse

y la aguja del tanque de nafta

baja como un cuchillo;

no hubo tiempo para previsiones.

Manejás,

el volante apretado

como si sostuvieras en tu eje

el giro de las cubiertas.

Irse lejos

con elegancia, con la altivez

habitual en los que fueron fuertes,

pero ahora las cosas desaparecieron

y podrías caer

convertida en un cactus

a través del polvo.

La imagen en el retrovisor

igual a la del parabrisas.

Llegar a ninguna parte;

con lo que dije, lo que no dije,

lo que debí hacer;

escribir

y no pasar en limpio.

La ruta crece;

es la misma ciudad hundida

en los cuartos donde se acorrala

el amor sin preguntas, sin reflejos más que

para sus ojos dulces que devoran.

Manejás,

llevás el arañazo imperdonable,

la mirada previa de los grandes felinos.

La ruta debería cambiar,

un giro, una bifurcación,

los olores del riego

aplastando la arenisca,

y que el camino conecte

y que el mapa tenga

algún sentido.

Nada, por ahora.








De: "La línea del desierto", Gog & Magog, 2018

Fuente: https://jampster.cl/2018/11/26/extracciones-la-linea-del-desierto-alicia-genovese/

Otros poemas de Alicia Genovese, aquí











noviembre 27, 2018

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Ruth Fainlight: Como la Olimpia de Manet





Ruth Fainlight
Ruth Fainlight y Alan Sillitoe



Luna llena de agosto





Tanto si miro por una, como si elijo la otra, aquí en mi estudio

donde la mesa ocupa una esquina entre dos ventanas,

la veo: la Luna llena de agosto. Avanzando laboriosamente

hacia esta plenitud, desde ayer se ha liberado de sí misma,

ha purgado y disuelto los humores que perturbaban su forma,

haciéndola parecer hinchada y torpe, oscureciendo su amarillo De cuero descolorido hasta llegar al rojo veteado, azotado,

de mejilla de anciana. Como si hubiese descargado sus venenos

en mis venas, hoy estuve casi enloquecida,

saturada, confusa, apenas despierta o capaz de moverme

entre casa y jardín. Pero la Luna, plateada

en un cielo sin estrellas, noche sin viento después de un día

de éxtasis y de Sol, desdeña tales efectos

en quien, por débil, sufre este vínculo agotador

con sus necesidades: yo, que aquí sentada bostezo y

tiemblo a pesar del calor de una noche perfecta,

yo, que pronto me retiraré, vencida, a la cama, para huir más allá

de los sueños, al vacío, huir de este momento en que

el Universo se confabula contra mí, para esperar a que todas

las esferas avancen a sacudidas un grado, y de nuevo dejen espacio.

Para una brecha por la que la esperanza y el cambio puedan fluir.




Traducción: Lucía Graves






Cartera





La vieja cartera de cuero de mi madre,

repleta con las cartas que cargó

toda la guerra. El olor

de la cartera de mi madre: mentas

y lápiz de labios y polvos Coty.

El aspecto de esas cartas, sobadas

y gastadas en los bordes, abiertas,

leídas y tantas veces dobladas.

Cartas de mi padre. Olor de cuero

y polvos, lo que siempre

desde ese momento ha significado

ser una mujer y amor y angustia y guerra.




Traducción: Blanca Varela






Como la Olimpia de Manet





Como la Olimpia de Manet. Desnuda en el calor de la

tarde y la umbría luz amarillenta, mi tía yace

sobre la verde seda arrugada del cobertor. Cabellos

lisos, cabeza erguida, piernas cortas y aunque bien

torneadas, turgentes senos tan similares al cuadro

del que me acabo de enamorar, que vacilo en el umbral

de la puerta, casi temerosa de entrar.

A través del polvoriento haz que divide el espacio que

nos separa, vi su reflejo, pálido como una criatura

marina, flotando en el fondo del espejo de un tocador,

fragmentos de Sol sobre un enjambre de frascos y

botellas –severos ojos que me desafían a acercarme.



Pero ésta era una pequeña casa en Virginia, no el

París de los artistas. A pesar de volúmenes

encuadernados de Schopenhauer y Baudelaire y los

programas de ópera de los sábados, su estética era

impotente ante el poder de los suburbios. La soledad,

el temor, la vanidad, le impedían devaneos y me

convirtieron en su único público y su adorante

víctima.



Sobre el arte y la belleza, la soledad

el temor, la vanidad, cuánto me enseñó.




Traducción: Jorge Capriata










Ruth Fainlight (1931, New York City, Estados Unidos de NA)

"Publica su primer libro, Cages, en 1966; y a lo largo de estas casi cuatro décadas, 12 libros más, siendo el último Sugar paper blue(1997).Ha escrito también libretos para óperas (dos de ellos por encargo de la Royal Opera House para su Garden Venture).Su labor de poeta se ve extendida en la traducción. Ella pertenece a esa tradición de escritores que tienen el convencimiento de que para traducir a un poeta, nadie mejor que otro poeta. Por ello, la traducción se le convierte en una práctica más de la poesía. Imagina y recrea lo que fue escrito para un mundo lingüístico distinto. La traducción no consiste, como bien lo saben los lingüistas, en pasar equivalencias semánticas de un idioma a otro (culpa involuntaria de esto la tienen los diccionarios). Se trata de reinventar la realidad del texto a ser traducido. Tan sólo por citar un pequeño detalle. Su traducción-versión de Fuenteovejuna de Lope de Vega desde el título es ya una re-escritura: All Citizens Are Soldiers. La poeta ha tenido que inventar para tratar de asirse al original. Es decir, su versión de Fuenteovejuna necesariamente o, mejor, fatalmente tiene que ser distinta. Pero esta fatalidad no le impide trabajar duro con las palabras para dejar en su versión en lengua inglesa la esencia de Fuenteovejuna. La traducción es, pues, como un juego de espejos deformantes: refleja una imagen distinta,pero que desea ser la misma.


(...) Por ejemplo, “Luna llena de agosto” tiene un comienzo cinematográfico. En los primeros versos se habla de una luna que es vista por ambos lados de un escritorio que está entre dos ventanas. La descripción nos hace recordar el paneo de una cámara. Es el ojo de una lente que con su paso inventa una escenografía, un espacio, un universo. Sus versos se convierten en ojos que develan un trozo de realidad."


por Jaime Urco

Fuente: DocPlayer

Imagen: Flickr








noviembre 25, 2018

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Elisa Molina


Fantasma







Despierta de la pesadilla de no saber

quién es, cuánto tiempo ni qué hizo de su vida.

Afuera, todavía no empalidece el cielo,

por eso las cosas apenas proyectan sombras.



Se inquieta en el segundo de no entender

que son casi las siete de una tenue mañana

de invierno -otra más- y vacila entre la mano

que le tiende desde su orilla el saber del día



y la visión aérea de la ciudad del sueño.

Pero se desleen las imágenes, se licuan,

le quedan las palabras, algunas frases sueltas,



y la operación de traducir que la define

como un fantasma que no puede vivir más

que oscilando en el vacío de ambos lados.







El ángel de lo diminuto







El ángel de lo diminuto sueña

en pequeño. Vive en el ojo



de una aguja de coser.



La aguja está en una lata que fue

de galletas. La lata, en un cajón.

El cajón en un mueble de la casa.



Antes de dormirse, en el capullo

de su oscuridad, enciende en la noche

un cigarrillo para ver el hilo



de humo rodar más allá del delgado

óvalo de acero que es su morada

y la ínfima brasa y a sí mismo



como si estuviera al borde del tiempo.



En el otro borde, el mundo y sus cosas

terribles pasan todo el tiempo, deja

a veces niños muertos en la arena.



Cosas que, aun para su eternidad

de ángel son monstruosas y se ciernen

sobre las ciudades caparazones



de los hombres y mujeres a quienes

ha visto deformarse de dolor

de ira, de espanto, de aburrimiento.



A fuerza de impotencia ahora es

un artista contemplativo, que une

lo útil a lo agradable: el humo



y un dolor que piensa pero no siente.





VIII







Ahora que me acuerdo, ayer creí

comprender cabalmente lo que había

pasado. Quizás fue casualidad:

como un cormorán de instinto certero

empalmé la corriente por el ángulo

que veloz desciende al centro… ¿de qué

que comprendí el día de ayer? No sé.

Siempre retengo el cómo, nunca el pez







XIII







La gata gris se duerme en su rincón.

Una última luz se apaga y se cierra

una última puerta y me disgrego

en el motor que oigo en la calle, lejos,

en el crujir de ramas cuando pasa

una comadreja y en el telón

del silencio. No duermo: mi oración

va sin palabras y consiste en esto.







Mañana en Cape Cod (1954)   




“…in the act of entering a meaningless future”      Mark Strand  






Estoy viendo a una mujer en su casa

desde afuera o un lugar que no está

en ningún lado. Va de una ventana

a otra. La luz de esos interiores

cálidos la recorta en su rutina.



Abril, mayo, junio, el tiempo tiene

lindos nombres, como de hilos de agua,

debe pensar, porque se queda quieta

mirando y se la lleva la corriente.







Te oí decir





A pocos días del comienzo

del invierno presumimos

que, como siempre pasajero,

la estación quieta de la niebla

se abriría a nuestra habitual

preferencia por lo verde

y sin embargo, no. Me fui

apagando y no sé por qué.



Un silencio de blanca cuando

veíamos salir la luna

y un vacío de gravedad

justo en la boca del estómago

incluso en las noches más frías.

Esos minutos pueden ser

la vida y sin embargo, no.

Me fui apagando y no sé.











Elisa Molina

Elisa Molina (1961, Argüello, Córdoba, Argentina)

De: "Cormorán", Alción Editora, 2018

















noviembre 22, 2018

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Jonio González, un poema inédito



Jonio González


Chéjov



a medida que se alejan
el uno del otro
confusos se preguntan
por qué si la pérdida es la misma
el dolor es distinto:
respuesta
o razón
que recordarán cuando
la airada voz no sea signo
ni expresión
advertencia o coartada
sino imposibilidad de comprender
hacia dónde dirigirse en busca
de lo que sin saber se añora



Otros poemas de Jonio González, aquí

noviembre 20, 2018

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Aleš Šteger



Aleš Šteger



Hace dos días que limpio la casa de la que se mudaron

los inquilinos. En el último cuarto, bajo el radiador,

encuentro una moneda de un centavo y dos clips,

enganchados uno al otro, un par en abrazo infinito.

Escurro el trapo para limpiar el piso; agua negra y arena

corren por el desagüe del lavabo. Todo lo que hago es

cambiar de lugar el polvo.





Acabo de empezar a mirar Carretera perdida cuando suena

el teléfono. La voz dice que anoche, de camino a su

casa, ha muerto Svetlana. Esa voz la conocía desde hace

treinta y cinco años. Mucho se reprocha que en la última

charla, le dijo a ella que se preocupaba en exceso y era una

quejosa insufrible.





Cuando alguien muere, éste es nuestro primer pensamiento: ¿dónde

fue la última vez que vi a esa persona, de qué hablamos?

El lugar de la última vez.





Sobre el alma es fácil ser un lúcido, dice el profesor.

El dualismo de Platón y el alma de los antiguos padres

de la Iglesia. El espíritu que sale del cuerpo y lo contempla

como el boceto recién terminado mira

a William Blake. El alma de las manos y el alma de la técnica.

El alma de la máquina de coser, el alma de la campana de buceo

y el alma de la central nuclear. Algunos, dice el profesor, no

sólo piensan que el alma está en todas las termitas y las hojas,

sino que el alma es todo que a todo rodea, y que

somos los únicos extraños en esta alma. Que hay sólo dos

posibilidades. La primera, que vamos a aniquilarlo todo; la segunda, que

el alma nos va a deglutir y a digerir en su interior.





Dva dni že čistim hišo, iz katere so se izselili

najemniki. V zadnji sobi, pod radiatorjem,

najdem kovanec za en cent in dve sponki,

zataknjeni ena ob drugo, brezkončno objet par.

Ožemam krpo za brisanje tal, črna voda in pesek

odtekata v odtok kadi. Vse, kar počnem, je

premikanje prahu.





Ravno gledam Izgubljeno cesto, ko zazvoni

telefon. Glas pravi, da je prejšnji večer na

poti domov umrla Svetlana. Glas jo je poznal

petintrideset let. Zelo si očita, da ji je v zadnjem

pogovoru rekel, da se preveč nažira in da je

neznosen jamrač.





Ko nekdo umre, je to naša prva misel: kje je bilo

poslednjič, da sem osebo videl, kaj sva govorila?

Kraj, ki dobi svoj poslednjikrat.





O duši je lahko biti pameten, pravi profesor.

Platonov dualizem in duša zgodnjih cerkvenih

očetov. Duh, ki stopi iz telesa in ga opazuje

tako kot pravkar dokončana risba gleda

Williama Blaka. Duša rok in duša tehnike.

Duša šivalnih strojev, duša potapljaškega zvona

in duša nuklearke. Nekateri, pravi profesor, ne

mislijo le, da je duša v vseh termitih in bilkah,

ampak da je duša vse, kar vse obkroža, in da

smo mi edini tujki v tej duši. Da sta le dve

možnosti. Prva, da bomo vse uničili, druga, da

nas bo duša použila in presnovila vase.












Aleš Šteger (Ptuj, 1973) es uno de los autores fundamentales de la literatura eslovena contemporánea. Es licenciado en Literatura comparada y alemán por la Universidad de Liubliana, donde vive y trabaja como literato, traductor y editor de la prestigiosa casa editorial Beletrina.


Ha publicado cinco libros de poesía: Šahovnice ur (1995), Kašmir (1997), Protuberance (2002), Knjiga re?i (2005) y Knjiga teles (2010). Sus poemas han sido traducidos a más de diez idiomas. Es también autor de dos exitosos libros de reportajes sobre Perú y Alemania, V?asih je januar sredi poletja (1999) y Berlín (2007). Ha traducido al español y al alemán a autores como Pablo Neruda, Olga Orozco, César Vallejo, Gottfried Benn y Ingeborg Bachman, entre otros. En 2007 recibe el premio de ensayo Rožanc, el más importante de la lengua eslovena. (De: Círculo de Bellas Artes de Madrid)




Fuente: librospeligrosos.blogspot.com

Imagen: Vecemji







noviembre 19, 2018

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Carol Ann Duffy



Carol Ann Duffy







Prenda de amor







No una rosa roja o un corazón de satén.



Te regalo una cebolla.

Es una luna envuelta en papel madera.

Promete luz

como el cuidadoso  desvestirse del amor.



Aquí está.

Te cegará de lágrimas

como un amante.

Hará de tu reflejo

una tambaleante fotografía de pena.



Yo trato

de ser honesta



No una tarjeta hermosa o un besograma.



Te regalo una cebolla.

Su  beso fiero quedará sobre tus labios,

posesivo y fiel

como somos,

por el tiempo que existamos.



Tómala.

Sus círculos de platino se reducen a un anillo de bodas,

si quieres.

Letal.

Su aroma se adherirá a tus dedos,

se adherirá a tu cuchillo.






Valentine





Not a red rose or a satin heart.



I give you an onion.

It is a moon wrapped in brown paper.

It promises light

like the careful undressing of love.



Here.

It will blind you with tears

like a lover.

It will make your reflection

a wobbling photo of grief.



I am trying to be truthful.



Not a cute card or a kissogram.



I give you an onion.

Its fierce kiss will stay on your lips,

possessive and faithful

as we are,

for as long as we are.



Take it.

Its platinum loops shrink to a wedding ring,

if you like.

Lethal.

Its scent will cling to your fingers,

cling to your knife










Carol Ann Duffy (1965, Glasgow, Escocia)

Traducción: Adam Gai

Enlaces:



Imagen: The Times







noviembre 18, 2018

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Carlos Barbarito | Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce…




Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce…



Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce
esa materia jamás bruñida o cincelada,
con la que jamás se hizo una copa,
una bailarina, un códice. Si me extiendo
en sueños hacia donde más refulge,
hacia donde más y mejor irradia.
Pero, ¿qué veía o creyó ver Turner
en el momento en que se abrían de golpe las ventanas?
¿Qué encontró el hijo de Swansea
en el amarillo y en el mar austero,
luego de la primera muerte,
por entre las parábolas del sol
y las leyendas de las verdes capillas?
¿Vino puro, antes de la lluvia?
¿Garzas limpias de barro?
¿Alta cúpula sobre cuya aguja hay un pájaro inmóvil?
¿Pasarán ante mí un amor desatado,
una nítida caligrafía con aspecto de nieve,
un dorado sin error,
un iris libre de mercurio?
Pero, si me alargo, ¿y es sólo el engaño, el espejismo,
un rocío de belladona, seis estratos
de locura que creeré almohada,
una edad que, antes de ser, ya será fósil?



Otros poemas de Carlos Barbarito, aquí
Imagen: Las nueve musas


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Carlos Barbarito | Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce…




Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce…



Si estiro el brazo, tal vez alcance. Al menos roce
esa materia jamás bruñida o cincelada,
con la que jamás se hizo una copa,
una bailarina, un códice. Si me extiendo
en sueños hacia donde más refulge,
hacia donde más y mejor irradia.
Pero, ¿qué veía o creyó ver Turner
en el momento en que se abrían de golpe las ventanas?
¿Qué encontró el hijo de Swansea
en el amarillo y en el mar austero,
luego de la primera muerte,
por entre las parábolas del sol
y las leyendas de las verdes capillas?
¿Vino puro, antes de la lluvia?
¿Garzas limpias de barro?
¿Alta cúpula sobre cuya aguja hay un pájaro inmóvil?
¿Pasarán ante mí un amor desatado,
una nítida caligrafía con aspecto de nieve,
un dorado sin error,
un iris libre de mercurio?
Pero, si me alargo, ¿y es sólo el engaño, el espejismo,
un rocío de belladona, seis estratos
de locura que creeré almohada,
una edad que, antes de ser, ya será fósil?



Otros poemas de Carlos Barbarito, aquí
Imagen: Las nueve musas


noviembre 17, 2018

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Valeria Cervero: Un destello infinito




Tal vez lo que quede simplemente sea el hueso,

el que hizo de sostén todo este tiempo,

antes y después de la caída,

de la aparición en medio de la tarde

–como una maravilla

de puro olor a jazmines–,

el hueso, en medio de un cielo

que no es cielo ni arte.

¿Porque cuántas vidas abarca una vida?

¿Cuánto amor puede guardar un cuerpo?

Pero el hueso sigue ahí,

en la espera, en la dicha,

en el borde de tanto,

como el ojo del tigre en la espesura

o un destello infinito

en el desierto.









Valeria Cervero

Otros poemas de Valeria Cervero,aquí



















noviembre 15, 2018

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Celina Feuerstein


Celina Feuerstein

mirá los trenes
parece que siguen siempre un mismo ritmo
pero no
ahora corren los trenes
atraviesan desde ese riel los campos verdes
que van quedando atrás
y cada vez se ven más chicos
los pastizales con puntos amarillos
como en una pintura de Van Gogh

así en mi memoria las pinceladas
de los momentos en que pude
saborear lo dulce
y lo amargo
escandalosa y pudorosamente viva

mirá los trenes
son como la vida misma
se mueven y llevan en su interior
caras tristes o ilusionadas
entra un resplandor por las ventanas pequeñas
hasta que se hace noche y
se cierran

mirá los trenes
parece que siguen siempre un mismo ritmo
pero no
ahora van lentos
les pesa el viento en contra
esas bandadas de pájaros
y esos insectos que se estrellan
en los cristales

mirá los trenes
y escuchá el sonido cuando atraviesan
el campo
es como escarcha que lastima la piel
o como fuego
es como dos que se aman y como esa luz
que titila suave y se apaga
en el andén



les dije que estoy triste
triste no
sensible dije
porque los amo y tengo miedo

tener miedo y estar así sensible son la misma cosa
es como si la muerte
me hiciera un guiño pensé
no quise decirlo pero lo pensé

les conté que me hice el eco stress y que el médico
me dijo “bastante bien”
yo le pregunté qué es “bastante” y sonrió
“bastante” fue una sonrisa enigmática
“bastante” para el doctor fue suficiente

estoy triste o sensible entonces el miedo
se cruza así de golpe
entre las horas doradas de la mañana
y la belleza del aire
se cruza en cada acto sencillo de los días
o de noche antes de dormir

no les conté que me despierto
y pienso que no quiero morir
también en los sueños el terror
la vida que se escapa
como una niña desamparada
grito “no no por favor no”

el miedo es un túnel que me lleva lejos
que me arrastra

¿hijos me escuchan?

no me crean demasiado
ustedes saben
que exagero



Celina Feuerstein (Buenos Aires, Argentina)



noviembre 11, 2018

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Yrsa Daley-Ward



Yrsa Daley-Ward



sabbath





La abertura de tu falda es demasiado larga para ir a la iglesia.

Los ancianos lanzan miradas furibundas.

Digna hija de tu madre.

Siempre con buenas intenciones, siempre decepcionando a los demás.

¿Dónde está ella estos días?

preguntan

con cara de saberlo ya.



Tú no les das nada.

Dices,

París esta semana, luego, Italia.



Ellos dicen, oh, qué bien

con sus bocas

y el aire dice todo lo demás.



No te importa.

Todo el mundo dice que tú tienes su cara y una cara así

abrirá puertas.

Incluso puertas bien cerradas. Especialmente puertas bien cerradas



y así,



la abertura de tu falda es demasiado larga para la iglesia

pero el cepillo de la iglesia es para ti.

Pareces una actriz,

dice el sacristán.

Siéntate aquí. Justo aquí. Relájate.







hueso





Del Número Uno

que dice, ‘No llores.

Te gustará después de un rato’.



Y del Número Dos que dice gracias

después del asunto y no puede mirarte a la cara.



Al Número Tres que paga tu desayuno

y un taxi para volver a casa

y el alquiler de tu madre.



Al Número Cuatro

que dice

‘Pero me gustaba tanto

que no sabía cómo parar’.



Al Número Cinco que dice que dar tu cuerpo

es duro

pero es lo que mejor haces.



Al Número Seis

que huele a Tabaco

y dice, ‘Venga, me doy cuenta de que

te encanta’.



A quienes se sienten mal por la mañana

sí,

algunos se sienten mal por la mañana



y algunas veces ellos te dicen que

tú lo quieres

y a veces piensas que de verdad lo quieres.



Gracias al cielo tú te recompones

cada vez

componiéndote

y recomponiéndote.



¿De qué otra forma puedes poner fin a las lágrimas?



¿De qué otra forma puede un cuerpo sobrevivir?







sabbath





Your skirt is split too high for church.

The elders glare.

You are your mother’s daughter.

Always meaning well and falling short.

Where is she these days?

the inquire

with knowing faces.



You don’t give them anything.

You say,

Paris this week, then on to Italy.



They say, oh that’s nice

with their mouths

and the air says all the rest.



You don’t care.

Everyone says you have her face and it’s a face

that will open doors.

Even locked doors. Especially locked doors



and so



the skirt is split too high for church

but the collection box is yours.

You look like an actress,

says the usher.

Sit here. Right here. Relax.





bone





From One

who says, ‘Don’t cry.

You’ll like it after a while’.



And Two who tells you thank you

after the fact and can’t look at your face.



To Three who pays for your breakfast

and a cab home

and your mother’s rent



To Four

who says,

‘But you felt so good

I didn’t know how to stop’.



To Five who says giving your body

is tough

but something you do very well.



To Six

Who smells of tobacco

and says, ‘Come on, I can feel that

you love this’.



To those who feel bad in the morning

yes,

some feel bad in the morning



and sometimes they tell you

you want it

and sometimes you think you do.



Thanks heavens you’re resetting

ever

setting and

resetting.



How else do you sew up the tears?



How else can the body survive?









Yrsa Daley-Ward es la autora del poemario bone (2017). Nacida en Lancashire (Inglaterra), se niega a revelar su edad, tiene ascendencia india y africana, y es activista por los derechos de la comunidad LGTBQ. Aunque ha trabajado como modelo, su mayor popularidad vino con la autoedición de bone y el uso de las redes sociales, especialmente Instagram, para difundir sus versos. Los poemas más interesantes del libro son aquellos que sitúan el cuerpo de las mujeres y su vulnerabilidad en el centro. Especialmente una vulnerabilidad relacionada con la violencia sexual y sus secuelas. También aborda el trabajo sexual como una forma de supervivencia económica para las mujeres, que pone, al mismo tiempo, sus cuerpos y sus emociones en espacios límite. Los poemas son narraciones a ritmo de thriller, que llevan a la lectora a sumergirse en historias que transcurren de manera pastosa e inquietante. La obra de Daley-Ward parte de la observación de mujeres empoderadas que se enfrentan a la herida de la violencia, la invisibilización y el silencio, al miedo que proviene de haber sobrevivido y el verse impelidas a crear estrategias para continuar con la vida. La escritura, entre ellas, y de manera preeminente. 


Fuente: http://latribu.info/poesia/poemas-yrsa-daley-ward/

Imagen: The Irish Time

noviembre 04, 2018

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Charles Simic | No había nadie más en el parque, sólo árboles desnudos con una infinidad...



El poeta ocasional


Una carta



Queridos filósofos, me pongo triste cuando pienso.
¿Les pasa a ustedes lo mismo?
Justo cuando estoy por hundir mis dientes en el noumenon,
una novia de mi juventud viene a distraerme.
“Ni siquiera está viva”, pongo el grito en el cielo.

La luz de invierno me desvió del camino.
Vi camas cubiertas con idénticas sábanas grises.
Vi hombres sombríos sosteniendo a una mujer desnuda
mientras la bañaban con el agua fría de una manguera.
¿Para calmarle los nervios o como castigo?

Fui a visitar a mi amigo Bob que me dijo:
“alcanzamos lo real cuando superamos la seducción
de las imágenes”
Me llené de alegría hasta que me di cuenta
que tal abstinencia no me era posible.
Me quedé atrapado mirando por la ventana.

El padre de Bob estaba llevando el perro a pasear.
Andaba penosamente, el perro lo esperaba.
No había nadie más en el parque,
sólo árboles desnudos con una infinidad de formas trágicas
que hacían que fuera difícil  pensar.



A Letter



Dear philosophers, I get sad when I think.
Is it the same with you?
Just as I’m about to sink my teeth into the noumenon,
Some old girlfriend comes to distract me.
»She’s not even alive!« I yell to heaven.

The wintry light made me go out of my way.
I saw beds covered with identical gray blankets.
I saw grim-looking men holding a naked woman
While they hosed her with cold water.
Was that to calm her nerves, or was it punishment?

I went to visit my friend Bob who said to me:
»We reach the real by overcoming the seduction
     of images.«
I was overjoyed, until I realized
Such abstinence will never be possible for me.
I caught myself looking out the window.

Bob’s father was taking their dog for a walk.
He moved with pain; the dog waited for him.
There was no one else in the park,
Only bare trees with an infinity of tragic shapes
To make thinking difficult.



Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Charles Simic, aquí
El noúmeno (del griego "νοούμενoν" "noúmenon": "lo pensado" o "lo que se pretende decir"), en la filosofía de Immanuel Kant, es un término problemático que se introduce para referir a un objeto no fenoménico, es decir, que no pertenece a una intuición sensible, sino a una intuición intelectual o suprasensible.
Imagen: Tierra adentro