febrero 24, 2018

,   |    |  

Jim Carroll










Sin título










Somos una parte importante del aburrimiento

de principios de primavera planificando las compras

de montar por la Quinta Avenida en un autobús aterrado por Pascua.






pero aquí estamos de todos modos, sobreviviendo como una calle húmeda en Agosto

y vigilando a los otros mientras lo "hacemos", así

tú haces el Oeste por la Calle 8 y compras algo místico que ponerte

y yo simplemente meto las manos en mis bolsillos de pana

y silbo hasta Carter's a por el cartel que me prometió.



Me gusta la idea de dejarte por un rato

sabiendo que voy a verte de nuevo mientras los libros aburridos

W. H. Auden, y los horarios de las películas sostienen mi aislamiento

y al mismo tiempo mi mente se sustenta en la tuya así como a mi cuerpo

le gustaría apoyarse en tí en alguna estatua del Central Park

en la jaula del león en el Zoo del Bronx en una cama en Forest Hills en un autobús.



Llego a la Tercera Avenida, su tráfico azul, ya sabía que más tarde

o temprano y ahí estás tú en el viento de la Plaza Astor leyendo

un libro y respirando en el aire cada pocos segundos eres tan consistente.

¿no es este día así como de confeti? trozos de carne cálida cosquilleando

mi cara en Saint Mark's Place y mi corazón latía como un negro joven

mientras que la profundidad se aproxima por todas partes en el cielo y en tu tacto.









Untitled







We are very much a part of the boredom

of early Spring of planning the days shopping

of riding down Fifth on a bus terrified by easter.



but here we are anyway, surviving like a wet street in August

and keeping our eye on each other as we “do it,” well

you do west on 8th St. and buy something mystical to wear

and I’ll simply tuck my hands into my corduroy pockets

and whistle over to Carter’s for the poster he promised me.



I like the idea of leaving you for a while

knowing I’ll see you again while boring books

W.H. Auden, and movie schedules sustain my isolation

and all the while my mind’s leaning on you like my body

would like to lean on you below some statue in Central Park

in the lion house at the Bronx Zoo on a bed in Forest Hills on a bus.



I reach 3rd avenue, its blue traffic, I knew I would sooner

or later and there you are in the wind of Astor Place reading

a book and breathing in the air every few seconds

                                                you’re so consistent.



Isn’t the day so confetti-like? pieces of warm flesh tickling

my face on St. Mark’s Place and my heart pounding like a negro

youth

while depth is approaching everywhere in the sky and in your touch.  










Jim Carroll (1949 / 2009, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)

Traducción: JP. Salinero

 Fuente: Flores del Fango



Imagen: La caída de la casa Usher

febrero 23, 2018

,   |    |  

Juan José Rodinás


Poesía latinoamericana





Teorema de la bolsa de compras 






La vida es esa lotería donde todos pierden. 


Un hipódromo en tu cerebro- 

y le apuestas siempre al caballo incorrecto. 

La vida llama por teléfono y le contestas en un país remoto. 

No respiras sino en esta línea invisible que va de un eucalipto a otro. 

Y no entiendo qué significa eso. 

Los niños comen sin hablar, ni sentir. 

Hay una casa dentro de la casa. 



Hay una casa dentro de la mente. 

Un corazón dentro de la nevera está sangrando.



Y eso debería decirnos algo de los hombres que lloran 

mientras hacen ejercicio. 


Una figura transparente cuyos recuerdos son latas como sueños 

que, ni siquiera como broma cósmica, estaban por cumplirse. 


Esto deberías tatuartelo: 


“un niño que se corta los dedos por fabricar cometas 

aprende igual a volarlas sin los dedos”. 


La mente cuida al que cuida la mente: 

arrulla al loco que se encierra. 


Soy un niño feliz solo mientras el hombre adulto que seré 

me cubra los ojos con una venda roja. 


¿Te recuerda esto a una película italiana? 


Entonces quizás eres de mi época, 

y veías cine italiano pasado por el ojo de Hollywood, 

imaginando que las vendas tenían amaneceres dorados 

(o gafas de realidad virtual). 


Entonces quizás eres de mi época. 

O quizás no: ya me veo a la distancia. 


Hay trenes. Hay teléfonos, trenes. 


Una tijera sirve para cortarse el pelo pero también podría 

servir para que la persona correcta 

decapite una flor en el camino a casa. 


Una flor amarilla, pero negra y quizás un juguete imposible. 


La casa retrocede. 


Yo soy una persona que solo puede comunicarse con los demás 

alejándose de ellos. 


Hay colmenas de luz en el camino que lleva del camino 


al camino. Y no hay casa, pero hay colmenas de luz y un jardín 

donde ves bolsas de basura y un magnolio que parece 


el rostro de un niño que cae por la pendiente y sangra. 


¿No será que estoy muerto y que esto es un monólogo 

desde una urna cineraria sueño? 

Quizás en algún lado me espera mi silencio, se propaga, 

se presenta en flores, girasol, amarillísimas. 


He sido este cuerpo que, lejos de defenderse, 

me ataca. Enfermedad de tantas personalidades 

donde las células se comen todo proyecto y destino. 

Y canta un tango sideral, mi sueño, 


un tango infinitesimal en ángulos de luz chorreada 

que lentamente caen en una botella transparente. 


Pertenezco a varios universos, pero claramente no a éste. 

Señorita realidad, le pido incluirme en su historia de límites 

donde hay personas que me atacan a la hora precisa, 

donde los árboles me atacan o me sobreprotegen 

como a ese perro negro que cuenta las estrellas. 







Pequeña vida no disponible 






Tras una hilera de álamos, 

un hombre enciende el motor de un Volkswagen naranja. 

Allí se van personas, juguetes, varias bolsas de plástico.


Muchas cosas se alejan, llevándose gente en el núcleo de su materia oscura. 


Estoy en muchas partes: ligero, inofensivo. 

(Esa falta de peso en el centro de mi esqueleto). 


Lo que no fui: una vieja fortaleza en el desierto. 

Lo que fui: una hoja luminosa y frágil.


Un cráneo pensativo y una fortaleza de hojas 

resistiendo los círculos de un tornado invisible. 


Así, inmaterial, el mundo crece 


como las olas de un lago sobre la nieve de un sueño. 

Y tú eres aquel sueño.


Y tú estás llorando la sed que destruye los países que añoramos, 

esas cosas con nombre de lugar, 

esos lugares con nombre de persona y animales muertos (o vacíos). 


Entonces,

¿por qué te esconderías en un bunker, 

si la guerra está dentro del bunker?. 

Esa lucha donde el único enemigo eres tú mismo. 


Igual es la belleza de un mundo inexistente. 

Inexistente como la foto de mi barrio 

con varios setos en forma de persona 


como si las explicaciones de toda destrucción 

estuvieran en manos de una herida de perímetro escaso, 

pero marcada hondura:


y jamás del olvido. 


Todo se trataba de un río de peces muertos 

y algo hermoso que nos desmoronaba. 

Aquellos árboles con demasiada historia: 

¿qué saben de nosotros? 


Soy mis pies sobre la carretera. 


Soy los pasos a desnivel por los que suben 

motocicletas ante avisos de tráfico sobre una eminencia de terreno. 

Soy mi ciudad devastada y esa devastación llena de flores negras. 


Yo no sé del paisaje.


Aquí hay un avión y un árbol despedida. 

Lo único que sé: mi desaparición depende 


de que estas cosas huyan 


y de que no se me ocurra llorar mientras mi mundo muere. 

Saco una fotografía sobre la colina. 

Y todo es todo en el llanto. 


Desmoronado yo y el verano sobre la muerte


se trata de bromas ante mezcladoras de cemento 

y motocicletas que circulan ante


mezcladoras de cemento ante 


los edificios de gobierno. 


Edificios desiertos, mis tres vidas 

y un vaso de cerveza 

donde la noche ha sida abandonada 

por la última persona que quiso saber algo de mí, 

que se preguntó, lejana, dónde estaba,

o cómo era lo que me destruía. 








Rapsodia del pub Turk’s Head 






Yo solamente he narrado mi estrella. 

Mi casa es tu casa y también del viento. 

Amargo, nada es mío, excepto: 


1. Un campo de trigo en una estrella distante.


2. Bob Dylan acostado en ese campo.


3. Bob Dylan entonando la canción del final de los tiempos. 


El médico me dice:


Creo que vives en una escena imaginaria. 

Creo que vives en una célula degenerativa. 

Como esos productos congelados


que, de pronto, se ponen en el microondas: 

y resultan magníficos.


Pero no vienen de ninguna parte. 


Cambias de lugar:


¿De dónde vienen tus sueños, sino de esas latas 

que alguien abre dentro de tu mente?


Alguien proyecta la estrella: un holograma. 

Alguien proyecta la casa. 

Alguien proyecta este hombre que escribe 

dentro de la casa bajo la estrella: un holograma 

que escribe una serie de objetos destruidos. 


También tú: a menos que uses una tijera 

para explorar tus límites


y deduzcas que puedo estar equivocado. 


Llevas una montaña


entre el corazón y la cabeza. 


Cambias de lugar:


y la montaña es tu madre 

y la montaña termina. 


Lloras con la cabeza enterrada


y es irónico:


la realidad es borramiento


de cosas que se pliegan,


mientras el universo se destruye. 

Algo que simplemente está tardando. 


En la casa, en esta habitación sin casa, 

hay un niño que reclama 

su lenguaje roto:

lo busca en el lugar donde todo se ha ido. 
















Juan José Rodinás (Ambato, Ecuador, 1979) 





Enlaces:








Imagen: El Telégrafo


febrero 18, 2018

, ,   |    |  

Mary Oliver


Poetas norteamericanas






Cómo es con nosotros, y cómo es con ellos





Nos volvemos religiosos,

luego nos alejamos de eso,

luego estamos necesitados y quizás volvemos atrás.

Nos dedicamos a hacer dinero,

luego nos volvemos a la vida moral,

luego pensamos de nuevo en el dinero.

Conocemos personas maravillosas, pero las perdemos

                      por nuestros negocios.

Estamos, como dice el refrán, en todas partes.

La constancia, al parecer,

tiene más que ver con los perros que con nosotros.

Una de las razones por las que los queremos tanto.






La historia de todo perro





Tengo una cama, mi propia cama.

Es justo de mi tamaño.

Y a veces me gusta dormir solo

con sueños dentro de mis ojos.


Pero a veces los sueños son oscuros y salvajes y aterradores

y despierto y tengo miedo, aunque no sé por qué.

Pero no tengo más sueño

y las horas pasan muy lento.


Así que trepo a la cama donde la luz de la luna

brilla en tu cara

y sé que pronto será de mañana.


Todos necesitan un lugar seguro.





How it is with us, and how it is with them


We become religious,/ then we turn from it,/ then we are in need and maybe we turn back./ We turn to making money,/ then we turn to the moral life,/ then we think about money again./ We meet wonderful people, but lose them/ in our busyness./ We’re, as the saying goes, all over the place./ Steadfastness, it seems,/ is more about dogs than about us./ One of the reasons we love them so much.




Every dog’s story


I have a bed, my very own./ It’s just my size./ And sometimes I like to sleep alone/ with dreams inside my eyes.// But sometimes dreams are dark and wild and creepy/ and I wake and am afraid, though I don’t know why./ But I’m no longer sleepy/ and too slowly the hours go by.// So I climb on the bed where the light of the moon/ is shining on your face/ and I know it will be morning soon.// Everybody needs a safe place







Fuente: Jámpster

Otros poemas de Mary Oliver, aquí

Enlaces: 



febrero 16, 2018

, ,   |  1 comentario  |  

John Koethe


Domingo a la tarde

Domingo a la tarde



Ideas como cristales y la lógica del violín:
otra vez las intrincadas evasiones se preparan
para avanzar sobre lo inarticulado. Y pronto 
comienza la melodía matinal, las naranjas y el té,
la caminata introspectiva por el barrio,

el ruido ambiente, el grave lenguetazo de agua sobre piedras.
La paz que uno consigue lo encuentra a uno solo,
en recuerdos de libros, de partes de canciones,
o en los dulces encantos del modo pasivo:
dudar, cavilar, demorarse en la biblioteca y finalmente,
como de una silla verde y soleada, levantarse y partir. 
Los mediodías parecen más oscuros, y los adolescentes
que siempre andaban por el estacionamiento ya no están.
Más agua en los ojos, más músicos desentonados en los subtes,
y desde la fuente de sentido un constante canturreo incidental.
Es una especie de reconfiguración, y el ejercicio solitario
que busca reafirmar su nombre suena hueco. En el cielo, el sol está más bajo,
y cuando uno se vuelve hacia lo que sentía el hogar,
las ventanas empiezan a llamear con una luz desamorada,
como si las alcobas que ocultan estuvieran vacías. ¿Es así
el paraíso? ¿La misma perspectiva desde otra habitación,
poblar un paisaje visto desde el balcón de alguien
en un instante suspendido – un avión plateado asciende silencioso
y la vida, al menos la que uno ha conocido, se va alejando? 

Yo pensaba que la gente entendía estas cosas.
Padecen la intrusión gradual de un vasto,
impersonal sistema de intercambios en el más íntimo dominio
donde cada objeto se refería a otro, cantándose entre ellos
en una hermosa regresión de olvido. La naturaleza como idioma
fiel a sus términos, pero con una cara casi humana
que tomó los románticos, oscuros movimientos de deseo, amor y pérdida
y les dio cuerpo, y los puso a la vista;
reemplazados por emblemas de lo más sublime,
como el Paraíso de Cantor, o Edward Witten con la vista perdida
mientras las hojas caen y un perrito corre entre ellas en el parque.
¿Algo de eso era mío? ¿Fue alguna vez de alguien? 
El tiempo vuelve las cosas más sólidas de lo que fueron;
sin embargo, estas cosas imaginarias – delfines y campanas, la terraza soleada
y las alas verdes y brillantes, el islote lejano sobre el lago – 
nunca fueron barreras, sino simples condiciones de ser, una niebla encantadora
que envuelve y luego cede como sorpresa blanda,
como si las cosas contra las que uno había empujado fueran cascotes de espacio.
El aire de la tarde parece más dulce. La luna,
surgiendo de un laberinto de nubes en el cielo abierto,
arroja una luz tenue sobre los árboles. Infinitamente lejos,
uno casi cree oir – como si los dedos de un gigante solitario
dibujaran el esquema puro y abstracto de esas cuerdas
en un momento privado de deleite – las ambiguas ondulaciones
de las silentes sílabas, como un murmullo de abejas.



John Koethe (1945, San Diego, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Laura Wittner
Fuente: http://selodicononlofaccio.blogspot.com.ar/2010/07/john-koethe-o-como-describir-la-tarde.html
Imagen: Twitter

febrero 08, 2018

,   |    |  

Kostas Mavrudís



Kostas Mavrudis





Otoño



Advertencia sobre una fotografía





Envejezco

puedo decir me alejo

por supuesto no lo abandono

soy su memoria

(en algún momento también necesitaréis herederos

lo perdido con porfía pedirá indicios)

tenía entonces el cigarrillo apagado en los labios

cual fumador de película francesa en blanco y negro

(o como Blaise Cendrars en su clásica instantánea)

limpió con una manga los discos

antes de ponerlos en el gramófono

valses etéreos

en otro tiempo voces solazosas

algo de bel canto (con revoluciones que pierden fuelle)

llenas de los krach

que ahora nos gustan en las viejas grabaciones

con una manga los limpió

veis su cabeza con inclinación a la izquierda

como si tocara el violín

quizás otros sigan la escena de la calle

es otoño

(adustas nubes con formas)

reconocemos la época por el cielo

como el aficionado a los pronósticos

distingue las señales del tiempo

o como un amante de las artes al que

por el abundante rojo no le cuesta

reconocer las nubes de Monet

le veis se ríe ante el fotógrafo

ignoto cual compositor medieval el fotógrafo

(Anónimo

que vemos bajo el título)

rostro

si lo entendísteis

de mi antigua comarca

éstos eran árboles frente a su casa

(portería de fútbol con frecuencia por las tardes)

le molestaba la algarabía de los triunfos celebraciones

los gritos

la pelota contra las ventanas;

podéis visitarlo en el futuro

cuando faltemos quiero decir

podéis visitarlo

con este poema-guía:

la abertura con los árboles

el vals que pierden en las revoluciones

la pelota contra las ventanas cerradas







ΦΘΙΝΟΠΩΡΟ

ή

Παραίνεση για μια φωτογραφία





Παλιώνω

μπορώ να πω απομακρύνομαι

βέβαια δεν τον εγκαταλείπω

είμαι η μνήμη του

(κάποτε κι εσείς θα χρειαστείτε κληρονόμους

το χαμένο θα ζητά με επιμονή πειστήρια)

είχε λοιπόν στα χείλη σβησμένο το τσιγάρο

σαν καπνιστής σε μαυρόασπρη γαλλική ταινία

(ή όπως ο Μπλεζ Σαντράρ στην κλασική φωτογραφία του)

καθάριζε με το μανίκι του τους δίσκους

πριν να τους βάλει στο γραμμόφωνο

ανάερα βαλς

άλλοτε ρεμβαστικές φωνές

κάτι μπελκάντο (με στροφές που έπεφταν)

γεμάτα χρατς

που τώρα μας αρέσουν στις παλιές ηχογραφήσεις

με το μανίκι τούς καθάριζε

βλέπετε το κεφάλι του με κλίση αριστερά

τάχα παίζει βιολί

ίσως να παρακολουθούσαν κι άλλοι τη σκηνή του δρόμου

είναι φθινόπωρο

(σοβαρά σύννεφα σε σχηματισμούς)

αναγνωρίζουμε την εποχή από τον ουρανό

όπως ο ερασιτέχνης των προγνώσεων

διακρίνει τα σημεία του καιρού

ή ένας φιλότεχνος δεν δυσκολεύεται

από το άφθονο κόκκινο

να αναγνωρίσει νέφη του Μονέ

τον βλέπετε χαμογελά στο φωτογράφο

άγνωστος σαν μεσαιωνικός συνθέτης ο φωτογράφος

(Ανωνύμου

που βλέπουμε κάτω απ’ τον τίτλο)

πρόσωπο

αν το καταλάβατε

της αρχαίας μου επαρχίας

αυτά ήταν δέντρα μπροστά απ’ το σπίτι του

(γκολ ποστ πολύ συχνά τα απογεύματα)

τον ενοχλούσε η φασαρία των θριάμβων

οι κραυγές

η μπάλα στα παράθυρα·

μπορείτε να τον επισκέπτεστε στο μέλλον

όταν θα λείπουμε θέλω να πω

μπορείτε να τον επισκέπτεστε

με αυτό το ποίημα-οδηγό:

το άνοιγμα με τα δέντρα

τα βαλς που χάνουν στις στροφές

η μπάλα στα κλειστά παράθυρα





Kostas Mavrudís (1948, Tinos, Grecia)

Fuente: Revista Fogal

Traducción: Mario Domínguez Parra

Enlaces:

http://circulodepoesia.com/2014/03/poesia-griega-kostas-mavrudis/

http://www.omni-bus.com/n50/sites.google.com/site/omnibusrevistainterculturaln50/antologia-poesia-griega-1940-2015/kostas-mavrudis.html





febrero 05, 2018

,   |    |  

José Luis Piquero











Dummy












En realidad ya estoy acostumbrado:


ni siquiera me duele.





Antes era peor: perspectivas de viaje que siempre se truncaban (y a los niños


no les daba ni tiempo a marearse),


el dejà vu del susto y un punzante


sentimiento de culpa:


no he sabido cuidar de mi familia.








Luego uno aprende a relativizar


y no faltan ventajas: nada de preocuparse por ascensos


o por pagar facturas,


mis hijos nunca traen malas notas,


mi mujer no me engaña: se sienta y cierra el pico.





Somos una familia peculiar: el señor Ave Fénix y señora


con sus encantadores chiquillos soñolientos.


Tan ciegos, tan tenaces


en el error. Tan tontos.





Ya lo sé: damos risa.





Tengo este sueño: pego un volantazo


de lo más inspirado, piso a fondo,


esquivo a un ingeniero y salimos a escape


carretera adelante, hacia auroras blanquísimas, el cielo de los dummies.


Y al despertar os odio. ¡Dios mío, cómo os odio!





Óyeme tú, viajero, que recorres triunfante la autopista


y a tu corazón baja


el canto eterno de la radio-fórmula.


Acuérdate de mí cuando, muerto de miedo,


levantes la cabeza llena de sangre y grites:





¡Santo Dios, no lo he visto!


¿Estáis bien?”.





Y el silencio.











José Luis Piqueros (1967, Mieres, España)

Fuente: Revista Fogal



Imagen: El País

febrero 04, 2018

,   |    |  

Nikola Madzirov












Luz y polvo









Te encontraré en un momento

entre las cuatro estaciones,

cuando llevan a los niños de paseo,

y las almas regresan

como platos sucios en

una cantina obrera.

No somos una religión

y nadie cree en nuestras

sagradas escrituras.



Nuestras miradas se esconden

en los pliegues de las cortinas,

que dejan pasar oraciones ajenas

y luz que cae.

¿Se tocarán nuestros ángeles

cuando nos abrazamos

en la oscuridad, alguien encenderá una vela

para proclamar un reino?

Somos la luz de una cerilla consumida

que se convierte en polvo











Todo









Todo es caricia.

La nieve cerraba sus alas

sobre las colinas, yo cerraba mis palmas

sobre tu cuerpo como cinta métrica

que se desenrolla sólo por la longitud

de otras cosas.

El universo existía

para que naciéramos en lugares diferentes

y nuestra patria fuera el arco iris

que une dos jardines

que no saben uno del otro.

Así pasaba el tiempo:

cultivábamos el miedo dentro de nosotros

mientras en los demás nacía la admiración.

Nuestras sombras se hundían

en pozos envenenados,

las palabras dichas por alguien

desaparecían y aparecían

como pedazos de vidrio en una playa de arena,

rotas y afiladas.

Todo es recuerdo.

El sueño estaba cerca,

lo remoto era lo que soñábamos.












Nikola Madzirov  (1973, Strumica, Macedonia)

Traducción:Marija Krstevska

Fuente: Paralelo Sur

febrero 01, 2018

,   |    |  

Juan Carlos Olivas



Poesía costarricense





Tanatosis (o el arte de hacerse el muerto)









Sentado en la mecedora

del patio de mi casa leo a Cioran,

a Borges, a los poetas chinos

de una dinastía de casi 2000 años atrás.



La belleza aún sigue latente en sus textos,

también el hastío, lo solitario y lo abyecto

que se traduce en las sílabas que conforman mi mundo.

Estos poetas tuvieron pánico a la muerte.


Me pregunto si hay dolor, si vienen por nosotros,

si uno sube y desciende por un túnel escarchado

en la más fiera luz que hayamos visto,

si se siente el frío que dicen que se siente

o es como quedarse dormido

entre lunas de espuma y sábanas de opio.


Yo también viví mis días

como si nunca fuera a morir

y ahí estuvo el error.


Escribí porque tuve miedo y arrogancia

y ahora la verdad me golpea

como un trapo en la cara;

quizás no viví lo suficiente,

quizás me fui perdiendo

en el bosque sagrado de la procrastinación,

dejando para última hora las cosas esenciales:

mi hijo que sopla un diente de león,

el vecino que grita gol desde lo eterno,

la canción que mi esposa tararea,

el hombre o la mujer que cede ante la noche

y lee a Cioran, a Borges, a los chinos,

un libro de poesía

como un paliativo real

contra la muerte.














Juan Carlos Olivas (1986, Turrialba, Costa Rica)

Enlaces: