marzo 31, 2018

,   |    |  

Simone Cattaneo







Poetas italianos





Demasiado lindo para ser un boxeador,

demasiado feo para ser chulo

caminaba en el centro de Buccinasco

sin trabajo y repleto de plata

esperando la hora del aperitivo

cuando me sube la gana de hacerme leer las cartas por la vieja bruja del vecindario.

En realidad sus tarot no son más que

pedazos de bebidas arrancadas con los dientes pero al final uno se las arregla con lo que se puede.

Pasado un billete de veinte a la vieja le pregunto brutal

cuando moriré, elle me sonríe y contesta pronto a los veintisiete cumplidos.

Le informo de mis veintinueve y mi anciana bruja de Buccinasco me

conforta diciéndome, mira entonces eres un hombre afortunado.

El dinero mejor gastado en los últimos diez años.









Colgada por los tobillos a un árbol del bulevar


encontré por primera vez a la única mujer que he amado,

hubiera querido seguir pero me pidió una mirada

me pidió de mirar un rio inexistente entre las estrellas,

entonces trepé hasta el borde de su rostro pero

no se alteró, nada de mi cuerpo me escondió.

Sumergida en su olor me abrió el pecho así que

pudiese sentir el sonido del color,

lleno de miedo prometí que hubiera aprendido a esperar,

di una vuelta alrededor del árbol y

mi mujer se había desvanecido, raptada por la fruta confitada de

una isla caribeña. Me até a un farol por los tobillos

para entender su perspectiva y realinear la mirada,

amontonados alrededor mío babeaban unos perros, con las mandíbulas de cristal

en llamas pero la tierra se había secado y la fiesta terminó.

Ya no encontré más a una mujer tan bella, quizás sí,

es la carne que todas las noches me duerme al lado

persuasiva en los muslos, elegante en las manos, luz moral en la cadera

doblada e indistinta como un esqueleto de pez.

Estoy seguro, somos el uno la propuesta de la otra.







Troppo bello per essere un pugile,


troppo brutto per fare il magnaccia

camminavo nel centro di Buccinasco

senza lavoro e inzuppato di grano

aspettando l’ora dell’aperitivo

quando mi sale la voglia di farmi fare le carte dalla vecchia strega del quartiere.

In realtà i suoi tarocchi non sono altro che

pezzi di bibite strappati a dentate ma alla fine ci si arrangia con quel che si può.

Rifilato un carico da venti alla vecchia le chiedo brutale

quando morirò, lei mi sorride e risponde presto a ventisette compiuti.

La informo dei miei ventinove e la mia anziana strega di Buccinasco mi

conforta dicendomi, vedi allora sei un uomo fortunato.

I soldi migliori spesi negli ultimi dieci anni.







Appesa per le caviglie ad un albero del viale


ho incontrato per la prima volta l’unica donna che ho mai amato,

avrei voluto proseguire ma mi ha chiesto uno sguardo

mi ha domandato di guadare un fiume inesistente fra le stelle,

quindi mi sono arrampicato fino all’orlo del suo viso ma

non si è scomposto, nulla del mio corpo mi ha nascosto.

Immersa nel suo odore mi ha aperto il petto così che

potessi sentire il suono del colore,

colmo di paura ho promesso che avrei imparato ad aspettare,

ho fatto un giro intorno all’albero e

la mia donna era svanita, rapita dalla frutta candita di

un’isola caraibica. Mi sono legato per le caviglie ad un lampione

per capire la sua prospettiva e riallineare la mira,

ammassati intono a me sbavavano dei cani, con le mascelle di vetro

in fiamme ma la terra si è asciugata e la festa è finita.

Non ho più incontrato una donna così bella, forse sì,

è la carne che tutte le notti mi dorme accanto

persuasiva nelle cosce, elegante nelle mani, luce morale nei fianchi

ripiegata e indistinta come uno scheletro di pesce.

Sono certo, siamo l’uno la proposta dell’altra.








Simone Cattaneo (1974 / 2009, Saronno, Italia)

Traducción: Antonio Nazzaro

Fuente: http://www.laboratoripoesia.it/

Enlaces: Kriller71 Ediciones






marzo 25, 2018

,   |    |  

Ted Berrigan


Poesía beatnik








LXXVI             









Me despierto con dolor de espalda por la cama blanda Pat

se fue al trabajo Ron a clases (yo

nunca escuché ningún sonido) es mi cumpleaños. Me pongo

los pantalones de cumpleaños la camisa de cumpleaños  voy a ADAM’S compro una

pepsi para el desayuno vuelvo a casa la tomo tomo una pastilla

Estoy colocado. Hago tres lecciones de griego

para compensar la clase que falté. Leo un libro de cumpleaños

(de Joe) sobre Juan Gris su nombre verdadero José Vittoriano

Gonzáles me detengo a la mitad leo todos

mis poemas me regodeo un poco en una nueva balada rápido evito los viejos

sonetos imitaciones de Shakespeare. Vuelvo a los libros. Leo

poemas de Auden Spenser Pound Stevens y Frank O’ Hara.

Odio los libros.

Me pregunto si Jan, Helen o Babe

alguna vez piensan en mí. Me pregunto si Dave Bearden todavía

me tiene rechazo. Me pregunto si la gente habla de mí

en secreto. Me pregunto si soy demasiado viejo. Me pregunto si me engaño

con las pastillas. Me pregunto qué hay en la heladera. Me pregunto

si Ron o Pat compraron esta mañana papel higiénico .









Despedida








para Costa





nunca son como en las películas

en las películas dicen antes algo importante

siempre

uno se queda y el otro se va

despacio

con un gesto triste

(mirar por encima del hombro, atarse los cordones

llamar a un taxi)

cuando la figura ya es diminuta y está fuera de foco

justo antes de doblar en alguna esquina

y desaparecer

nunca se putean antes

y cuando uno se va dando un portazo

el otro se queda mirando la puerta como si algo fuera a pasar

nunca nada interrumpe la imagen

en las películas

una chica nunca desaparece para siempre

al borde de la escalera del aeropuerto

entre dos hippies y una familia de gordos

segundos después de esquivar tu beso mientras te dice

no te olvides de lavar la ropa

por favor, Ted.










Ted Berrigan(1934, Providence / 1983, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)

Traducción: Patricio Grinberg



Imagen: Poetry Foundation

marzo 23, 2018

,   |    |  

Roberto Valdivia

Encontré el rostro de yisuscraist en una tostada






las cosas que había querido decir no eran exactamente las cosas que estaba diciendo

de igual manera que la celebración de un gol no tiene ningún parecido al gol

o el significado con el significante

mi lengua se convirtió en un lugar de desvío

un aeropuerto sin carteles que indiquen las puertas de embarque

una bolsa de pan donde meter la cabeza y solo tener espacio y oscuridad suficiente para imaginar situaciones sin importancia del transcurso del día sin ir más allá

estoy en una silla de plástico cubierto de serpentinas en posición fetal avergonzado por las cosas que he dicho

tengo miedo a volver donde mis antiguos amigos y piensen que he adoptado un dialecto ruso

me había propuesto abrazar mi tostadora en mi bañera pero imaginé antes

una casa hecha de vidrio y hombres   mujeres   y niños felices habitándola

la desnudez resultó ser la vanguardia del siglo

así que subí al trono a disfrutar del aire en mi torso

ustedes escucharán mientras exijo tantas cosas

que el mundo se va quedando vacío por todo lo que pido y ustedes observan atentamente desde sus computadores todo lo que pasa

mi habitación será el gran hermano

yo instalé las cámaras















Roberto Valdivia (1995, Lima, Perú)

Fuente: Poesía Sub25

Enlaces: Poética Caníbal


marzo 17, 2018

,   |    |  

Kenneth Koch



Poemas de Kenneth Koch en español



Destino







En una habitación de la calle West Tenth en junio

De mil novecientos cincuenta y uno, Frank O’Hara y yo

Y Larry Rivers (de hecho no recuerdo

Si Larry estaba ahí, pero iba a estar ahí

Más tarde, una noche de invierno, en las escaleras

Sentado esperando, “una llamada histérica”

Como dijo Frank en un artículo sobre él pero entonces

En las escaleras, infeliz de un modo juvenil, tanto,

ocurrió después), Frank, John Ashbery,

Jane Freilicher y yo, y yo

Acababa de llegar de Europa por primera vez.

Tenía una botella de whisky irlandés que había

Comprado en Shannon, donde el avión paró

Y lo tomamos y les conté 

A mis amigos sobre Europa, ellos nunca 

Habían estado, cuánto me había gustado, 

Estaba tan feliz de estar ahí con ellos, y mi

Europa, también, la que había tenido, Grecia, Italia, Francia,

Escandinavia e Inglaterra -imaginate 

Tener todo eso por primera vez. Las paredes

Eran blancas en ese pequeño departamento, tan pequeño

Las habitaciones son tan pequeñas pero todos nos apretujamos 

Y hablamos, Frank tan seguro de su

Talento, pero no lo dijo de ese modo, yo no

Supe hasta que él estuvo

Muerto, lo seguro que se sentía, y John

Infeliz y brillante y bobo y de todos ellos mi

Primer amigo, nos conocimos en Harvard todos

Menos Frank ridiculizaban

Lo que yo decía sobre Europa e incluso

Frank estaba más interesado aunque siempre discreto

Cuando estaba sobrio no podría decirlo pero

Tendía ligeramente todos tendían a estar mucho más

Interesados en chismes como

Quién se había acostado con quién y qué 

Se vendía y qué estaba pasando con lo cual 

Me sentí un poco herido pero acostumbrado mis

Expectativas sobre mis amistades eran

Absurdas pero de ese modo me 

Libré de ellas de hecho no fue

Casual pero al mismo tiempo nunca

Fui tan feliz con nadie 

Como lo fui con esos amigos

En ese momento concreto de ese día con

Esa botella de whisky irlandés a las

Cuatro de la tarde o 

Tres de la tarde o dos o cinco

No sé por qué creo

Que mi felicidad sea tan urgente

E importante parece cierta

Evidencia de la verdad como si

Pudiera volver atrás y agrarrarla ¿o

Sólo quiero atrapar lo que

Queda de ella ahora? la razón dice agarrá

Algo ahora y por eso

Me gustara o no esa

Tarde quién se acostaba con

Quién fue mejor y

Mi felicidad tomando un

Vaso Frank Cómo era, Kenny

Ah, desde mi vulnerabilidad

Sólo a veces puedo ver lo vulnera-

Ble en los otros siempre conocí

Sus defectos en vivo o por teléfono

Las aventuras sexuales eran diferentes

Cada uno trabajando autobiografía todo

El tiempo abriéndose paso si

No hay interrogantes sobre el movimiento como

No hay ninguna duda ¿no podría yo

podría este momento minuto

Extraordinario? No puedo hacer nada

Más que escribir sobre esos dos

Ciento cuarenta West

Tenth Street, el departamento de Jane,

Mil novecientos cuarenta y uno o cincuenta y dos nunca

Lo recuerdo si fue

Después o mucho antes

Que Larry se sentó en las escaleras

Y John dijo Um hum y hum y hum no

Recuerdo las palabras que dijo Frank Un hun

Dijo Jane An han y Larry si estaba

Allí dijo Boobledyboop como siempre

Decía Larry o casi y yo dije

Aix-en-Provence un nuevo sentido de

Estos este Londres Firenze Florencia

Ahora Grecia y un hun um hum an

Han boop Pronto estaba en casa d eLarry

Y está proponiendo que alquiláramos una

Casa en Eastham -¿qué? en

Verano dónde es esto y

Ya esa tarde se había desvanecido

Otra comenzaba mucho más

Pero esa fue una

Que recuerdo que estuve en

Una posición especial como si

Fuera mi cumpleaños pero

Ellos eran de hecho mi

Cumpleaños es decir A quién

Le importa si uno envejece si

Tiene amigos como

Esos quiero decir ¿a quién no

Le importa? la celebración es la causa

De la pena y no

Al revés. También fui

A Venecia y a Viena había

Cierta gente llevé hasta ahí

Con nueva luz del sol Frank dice

Salgamos Jane John Frank

Y yo (Larry no estaba ahí, ahora lo

Recuerdo) entonces misteriosamente

Nos fuimos










Otros poemas de Kenneth Koch, aquí

De: "Un tren oculta otro tren", Zindo & Gafuri, 2017

Traducción: Silvia Galup y Aníbal Cristobo

Enlaces: Perros en la playa



Ilustración Tony Fitzpatrick


marzo 16, 2018

,   |    |  

Diego Brando, inédito: "Detrás de las ventanas las bestias se hunden en el barro..."

El poeta ocasional





Detrás de las ventanas
las bestias se hunden en el barro
y adornan el paisaje de un cielo
recortado por la cámara.


Como quien contempla 
la caída de un árbol
que había sido plantado para inaugurar una casa
filmo el movimiento y luego me detengo
durante minutos.
Los demás vecinos mientras tanto
traman un plan y piensan irse
con un dinero que no es nuestro;
dicen alejarse de esta granja
en donde reina la desgracia.
A su tiempo, también habré de escapar,
a otra velocidad, a otros bosques.
Después de todo, aquí tan solo quedarán
los animales pastando la nada, y un sol obstinado
sobre sus lomos.









Otros poemas de Diego Brando, aquí





marzo 14, 2018

, ,   |    |  

Diane di Prima




EL POETA OCASIONAL







Ella es el viento...












ella es el viento que nunca dejas atrás


el gato negro que mataste en un terreno baldío, es


olor a hierba de verano, la que se esconde


en abiertos armarios infantiles, tose


en la habitación de al lado, ulula, anida en tu pelo


es un íncubo


un rostro en la ventana


ella es


la arpía en tu escalera de incendios, una figura de mármol


tallada en la repisa de la chimenea.


Es una cornucopia


que se lamenta por la noche, el abrazo de la muerte


del que no puedes librarte, límpidos ojos negros


de niñas dementes que cantan villancicos detrás de una red, es


el silbido en tus adioses.


Grano negro en verde jade, sonido


de un koto* silencioso, es


un tapiz quemado


en tu cerebro, el ardiente velo


de plumas que te lleva desde las colinas


cuando bajas corriendo en llamas


hacia el negro mar











She is the wind...











she is the wind you never leave behind


black cat you killed in empty lot, she is


smell of the summer weeds, the one who lurks


in open childhood closets, she coughs


in the next room, hoots, nests in your hair


she is incubus


face at the window


she is 


harpy on your fire-escape, marble figurine


carved in the mantlepiece.


She is cornucopia 


that wails in the night, deathgrip


you cannot cut away, black limpid eyes


of mad girls singing carols behind mesh, she is


the hiss in your goodbyes.


Black grain in green jade, sound


from the silent koto, she is


tapestry burned


in your brain, the fiery cloak


of feathers carries you


off hills 


when you run flaming


down


to the black sea














Diane di Prima (1934, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)

Traducción: Jonio González



 Enlaces: 





(*) Koto: es un instrumento hecho de madera con 13 cuerdas de diferente tamaño, pertenece a la familia de la guitarra






marzo 11, 2018

,   |    |  

Laura Ponce





Vivimos en el Borde de las Cosas






Vivimos en el borde de las cosas

buscando vanamente no tocar el dolor.

Creemos que los bordes son una suerte

de corredor / esa distancia que nos pone a salvo.

Lo cierto es que en los bordes reside la tiranía de las cosas;

ellas ejercen allí y sólo desde allí

su pequeño y mortífero poder:

obligarnos a seguir su forma.

Corro a la par de la sombra de un pájaro que vuela:

no soy pájaro, no soy sombra/ apenas

me sujeto a la plumosa decisión de un ala,

al vaivén azaroso de la luz.

¡Si yo pudiera entrar en el temido corazón de la cosas!







Laura Ponce (1964, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)











marzo 09, 2018

,   |    |  

Mercedes Álvarez

Por mi manía de remendar siempre la ropa
me abandonaron muchos hombres
por coser los agujeros de las medias
por pegar coderas en mis pulóvers
y no desprenderme de mis atuendos
-a veces casi harapos-.
Querían comprarme blusas, faldas
un vestido nuevo pero yo desconfiaba
pensaba
que querían sorprenderme
a medio vestir
en el probador de una tienda
o calzarme el zapato como a Cenicienta
y yo quería ser Santa Clara
y aferrarme al orden natural de las cosas.
Tardé años en entender.
Pero nunca dejé que me vistieran.






//






No sé si soportare la traición del tiempo
mi voz partiéndome la cara
¿me oís?
estás tan lejos que yo soy cuenco soy brasa soy ceniza
no aprendo nada
y al mismo tiempo aprendo todo.
Me sostengo sobre lo encendido
pero también sobre lo apagado.
Me hablaste de esperas
¿sabías realmente de eso
o simplemente te dabas una idea?
Lo que creemos ser mira desde el cosmos
reclamando en un suspiro
la precariedad de todo lo creado.









Mercedes Álvarez (1979, Tandil, Buenos Aires, Argentina)







,   |    |  

Claude Roy





Las preocupaciones del cielo













El cielo aprende de memoria los colores de la mañana

El techo gris el árbol verde el trigo rubio el gato negro

No tiene memoria cuenta con los dedos de las manos

El techo rubio el árbol gris el trigo negro el gato verde












El cielo azul se ocupa de decir a la noche negra


cómo el día acababa de lavarse la cara

Pero pierde en el camino sus preocupaciones la memoria

vuelve a la casa ha enmarañado todo



El techo verde el árbol negro el gato rubio el cielo gris


El cielo pliega sus paños azules intentando reencontrar

lo que él cubría el día con mirada sorprendida

el mundo muy preciso que creía haber soñado



El techo negro el árbol rubio el gato gris el trigo verde


El cielo no ha terminado de imaginar el día

busca en la noche pensando con los ojos abiertos

los colores que el negro evapora siempre.



























poetas franceses
Imagen:https://www.ina.fr

Claude Roy (1915 / 1997, Paris, Francia)

Traducción: adam Gai

Enlaces: http://www.letraslibres.com/mexico-espana/un-poeta-chino-llamado-claude-roy