diciembre 31, 2018

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José Kozer

José Kozer


Veáse como siempre acaba en lo mismo



Un jueves, y no es éste, metí las manos
en los bolsillos (perdí
la noción del tiempo.
De pie, y luego sentado
en penumbra, y luego a
oscuras. Ayuné. Bebí
Bebí agua mental. Sabía que
al amanecer era viernes,
y con eso me bastaba.
A veces sacaba las
manos de los bolsillos,
puños crispados. Abría
las manos, todo seguía
igual. Eso no está mal.
Surgía, iba surgiendo
o iba a surgir un
pensamiento, eso
no está tampoco mal.
Uno, y no tres asuntos
entrecruzándose,
alterando el ritmo de
la respiración. Aparecía
yo aquella tarde en un
pinar, dunas en la
distancia, la bahía
refulgente (cabrilleos)
(rielar pronto la luna
llena) (ah el poema
de Espronceda que
memoricé durante la
adolescencia) levanté
el brazo, extendí la
mano, se vino a posar
un paro carbonero,
¿seré San Francisco?
Y la rapaz se quería
posar en mi cabeza
recién tonsurada, la
tonsura la produjo
un rayo. ¿Sería yo
uno de los elegidos,
aquel que convertiría
al ave de carroña en
paloma buchona?
Volvía a meter los
puños en los bolsillos,
a quedarme quieto, tengo
a la mano hace horas el
libro de los 50 poemas
de Osip Mandelstam en
la traducción de Meares,
me he propuesto ayunar,
no leer, tener el menor
número de pensamientos,
realizar el menor número
posible de movimientos
durante dos días. No
está mal. Han pasado
unas 36 horas, y ahora
empiezo a brincar
(mental) de un sitio a
otro, mi madre desde
el Más Allá me anima
a volver a la normalidad,
y mi padre, el ceño
fruncido, los brazos
cruzados sobre el pecho
(modelo otomano) o cual
si fuera un campeón de
lucha libre, me contempla
como aquél que contempla
a un pobre diablo a todas
luces incapacitado para
la vida. ¿Y él; y él? Callo.
No rebatirlo. Eso estaría
mal. En eso consiste en
caer en la trampa. No
ponerme, después de
dos días de interioridad,
mínima actividad motriz,
a disputar. Con él. Ni
con nadie. Ni con el
otomano ahí enfrente,
ni con el zahorí que
me indica el camino
del agua con pozos
que serán la riqueza
de Israel. ¿Y por qué
no de Andalucía?
Amanece. Llevo
horas desvelado.
Soy un enredador
enredado en sus
minucias, los sucesos
del día. Todo una vez
más me afecta. Que si
tal que si esto que si
aquél dijo o dejó qué
de decir. ¿Eh? El
viento viene de los
Urales, el olor a lejía
de las lavanderas del
Caspio, y los rostros
descompuestos son
un asunto, fíjate,
entre mi padre y yo.


Otros poemas de José Kozer, aquí
Imagen: Rialta

diciembre 24, 2018

diciembre 23, 2018

diciembre 13, 2018

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Elizabeth Barrett Browning


Soneto 14


Si has de amarme, hazlo por nada,
fuera de por el amor mismo. No digas,
“La amo por su sonrisa – su aspecto – su manera
de hablar suave , - su agudeza

que armonizó con la mía  y ciertamente trajo
sensación de paz aquel día” –
porque de por sí, mi amado, estas cosas pueden ser cambiadas
o cambiar para ti – y amor tan bien forjado,

puede también deshacerse. Ni me ames por
tu piadoso enjugar de mis lágrimas:
Criatura que recibió tan largo tu ternura

 puede olvidarse de llorar y perder así tu amor.
Ámame sólo por el amor mismo, para que sin cesura,
por gracia del amor eterno, sigas amando.



Sonnet 14


If thou must love me, let it be for nought 
Except for love’s sake only. Do not say, 
“I love her for her smile—her look—her way 
Of speaking gently,—for a trick of thought 

That falls in well with mine, and certes brought
A sense of pleasant ease on such a day”— 
For these things in themselves, Belovèd, may 
Be changed, or change for thee—and love, so wrought, 

May be unwrought so. Neither love me for 
Thine own dear pity’s wiping my cheeks dry:
A creature might forget to weep, who bore 

Thy comfort long, and lose thy love thereby! 
But love me for love’s sake, that evermore 
Thou mayst love on, through love’s eternity.


Elizabeth Barrett Browning (1806, Durham, Inglaterra / 1861, Florencia, Italia)
Traducción: Adam Gai
Imagen: Brewminate

diciembre 11, 2018

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Ron Padgett


Ron Padgett
Poema de amor


Tenemos muchísimas cerillas en casa.
Siempre las tenemos a mano.
En este momento nuestra marca favorita es Ohio Blue Tip,
aunque antes preferíamos las Diamond.
Eso fue antes de descubrir las cerillas Ohio Blue Tip.
Tienen paquetes perfectos,
cajas duras en azul claro y oscuro y etiquetas blancas
con palabras grabadas con forma de megáfono,
como para decirle más alto al mundo
“Aquí está la cerilla más hermosa del mundo,
sus cuatro centímetros de pino suave coronados
por una cabeza rojo oscuro, tan sobria y furiosa
y decidida siempre a estallar,
y encender, quizás, el cigarro de la mujer que amas,
por primera vez —y ya nada nunca
vuelve a ser igual. Todo eso te daremos.”
Eso es lo que me diste, yo
soy el cigarro y tú la cerilla o yo
la cerilla y tú el cigarro, quemándonos
con besos que arden hacia el cielo.


Ron Padgett (Tulsa, Estados Unidos, 1942) es poeta, ensayista, narrador y traductor. En 1958, cuando tenía 17 años, con otros compañeros de su instituto fundó una pequeña revista de poesía, The White Dove Review, donde publicaron autores de la talla de Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Robert Creeley y LeRoi Jones, entre otros. En 1960 se trasladó a Nueva York para estudiar en la Universidad de Columbia, donde tuvo como profesor a Kenneth Koch. Miembro de la segunda generación de la Escuela de Nueva York, Padgett publicó en 1967 su primer poemario, Bean Spasms, escrito en colaboración con Ted Berrigan. A este libro, le siguen más de una decena de obras entre las que destacan Great Balls of Fire (1969), The Big Something (1990), How to Be Perfect (2008), y Alone and Not Alone (2015). A su vez, Padgett es el autor de los poemas que escribe el protagonista de Paterson, la película dirigida por Jim Jarmusch. Su obra obtuvo, entre otros premios, el LA Times Prize for Best Poetry Book (2014), el William Carlos Williams Prize (2014), el Robert Creeley Foundation Award (2015), y en 2012 fue finalista del Premio Pulitzer de poesía. Padgett, por otra parte, se ha dedicado a la traducción del francés de poetas como Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy. Hasta el momento su obra se encontraba inédita en castellano.

Traducción: Patricio Grinberg y Aníbal Cristobo

Enlaces: Babelia


diciembre 06, 2018

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Raymond Carver

Raymond Carver


Asia



Qué bueno es vivir cerca del agua.
Los barcos pasan tan próximos a la tierra firme
que un hombre puede tender la mano
y quebrar una rama de uno de los sauces
que crecen aquí. Los caballos corren salvajes
junto al agua, a lo largo de la playa.
Si los hombres de a bordo quisieran, podrían
hacer un lazo, arrojarlo
 y  traer a cubierta a uno de  los caballos.
Algo que les sirva de compañía
en el largo viaje al Este.

Desde mi balcón puedo leer los rostros
de los hombres mientras miran fijamente a los caballos,
 a los árboles y a las casas de dos pisos.
Yo sé en qué están pensando
cuando ven a un hombre saludándolos con la mano desde el balcón,
su auto rojo abajo en la calle.
Lo miran y se consideran
afortunados. Qué misterioso golpe
de suerte, piensan, los ha traído
por todo este camino hasta la cubierta de un barco
con destino a Asia. Esos años de empleos temporarios
o de trabajo en los depósitos o como estibadores
o simplemente vagando por los muelles,
han sido olvidados. Cosas así les han sucedido
a otros más jóvenes,
si realmente sucedieron.

Los hombres de a bordo
agitan las manos, devolviendo el saludo.
 Están inmóviles, agarrados a la borda,
mientras que el barco pasa deslizándose. Los caballos
salen de entre los árboles hacia el sol.
Se paran como estatuas de caballos.
Observando el barco mientras pasa.
Las olas se rompen contra el barco.
Contra la costa. Y en la mente
de los caballos, donde
siempre es Asia.



Asia


It’s good to live near the water.
Ships pass so close to land
a man could reach out
and break a branch from one of the willow trees
that grow here. Horses run wild
down by the water, along the beach.
If the men on board wanted, they could
fashion a lariat and throw it
and bring one of the horses on deck.
Something to keep them company
for the long journey East.
From my balcony I can read the faces
of the men as they stare at the horses,
the trees, and two-story houses.
I know what they’re thinking
when they see a man waving from a balcony,
his red car in the drive below.
They look at him and consider themselves
lucky. What a mysterious piece
of good fortune, they think, that’s brought
them all this way to the deck of a ship
bound for Asia. Those years of doing odd jobs,
or working in warehouses, or longshoring,
or simply hanging out on the docks,
are forgotten about. Those things happened
to other, younger men,
if they happened at all.
The men on board
raise their arms and wave back.
Then stand still, gripping the rail,
as the ship glides past. The horses
move from under the trees and into the sun.
They stand like statues of horses.
Watching the ship as it passes.
Waves breaking against the ship.
Against the beach. And in the mind
of the horses, where
it is always Asia.



Traducción: Adam Gai
Otros poemas de Raymond Carver, aquí
Imagen: Penguin NZ

diciembre 04, 2018

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Jessica Traynor

Jessica Traynor


Cartas desde el Monte Fuji


Desde la cima del  Monte Fujiyama te envío cartas,
escritas en hojas cuadradas, luego plegadas

en tantos diseños diferentes como los  copos de nieve.
Las suelto al aire, míralas caer en el mundo.

Abre una. En ella hay una foto de tu infancia.
Puedes verla, pero se derrite en tu mano

como la pregunta que te hago, presa en la brisa,
y tu respuesta, arrastrada por el río hasta el mar  llano.

 Aun a través de esta nieve, constante, devoradora del año,
yo siempre te enviaré cartas.



Letters from Mount Fuji


From the top of Mount Fujiyama I send you letters,
written on square pages, then folded

in as many different patterns as a snowflake.
I drop them onto thin air; watch them fall into the world.

Open one. In it is a picture from your childhood.
You can look at it, but it melts in your hand

like the question I ask you, caught on a breeze,
and your answer, taken by the river to the flat sea.

Even through this constant, year-devouring snow,
I will always send you letters.



Jessica Traynor (1984, Dublín, Irlanda)
Traducción: Adam Gai
Imagen: RTE

FIN DEL EPISODIO: MIS TEXTOS