enero 27, 2019

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Claudia Masin: un poema inédito



Claudia Masin





Salvaje






Todas las cosas buenas son salvajes y libres 



Henry David Thoreau





Un cachorro de
jaguar abre los ojos


cuando la luz
empieza


a retirarse y es
la hora del hambre, de aprender


a procurarse el
alimento


por sí mismo.
Cierra


los ojos cuando
el sol aparece,


en medio de las
hojas filtrándose,


tocándolo como se
toca a un animal salvaje


aún pequeño: con
suavidad,


con miedo, con
prudencia. Yo te dije:


un jaguar no es
hijo


de nadie, es
siempre huérfano. Pero quisiste


darme casa y
alimento, la domesticidad


que cura y
tranquiliza a los serenos, que enloquece


y esclaviza a las
fieras. No quiero


la familia, la
casa, la luz demasiado brillante


sobre el cuero.
Duele. El cuero está curtido


pero debajo hay
lastimaduras y el calor


las trae de
vuelta, me hace volver


a retorcerme, es
la soga que me encorva


y me entristece.
Yo te dije que no puedo.


No puede la
bestia calmarse y condolerse


de sí misma, no
puede desprenderse ya


de su fiereza que
es amor


aunque aterre a
todo el que se acerca: amor a la inestable


y violenta vida
que encrespa los nervios,


amor a las
silenciosas


ramas del álamo
que espera la estampida


porque en su
interminable estarse quieto es el momento


más precioso: el
momento en que despiertan


las criaturas del
bosque y se aparean y se matan


y se lamen las
heridas mutuamente, una vez


terminada la
batalla que siempre,


pero siempre,
recomienza.










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