marzo 31, 2019

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Liliana Lukin



Liliana Lukin







Carne viva






Estaban aquí.

Reían hacían sombra

eran reconocidos

por sus pisadas

su voz despertaba

ecos

más o menos profundos

ahora

sus pasos

nunca más

desde el fondo

la incertidumbre

devora

lo que nos queda

de ellos

nombres ahora

sonoros

como una música

impensable

como una sal

lo que nos queda

de ellos

penetra en heridas

que no sangran ni cierran

ni hacen dolor

están ahí

donde ellos

sin sospechar

hacían sombra

reían

eran

reconocidos

encontrados

puestos a

desaparecer.









Liliana Lukin (1951, Buenos Aires, Argentina)



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marzo 28, 2019

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Anahí Lazzaroni: Dos barcos








Me entero que falleció Anahí Lazzaroni. Entre los comentarios de los que la homenajean en la red, encontré este hermoso poema:






Dos barcos






No sé por qué me persiguen dos barcos


que se estrellan en la madrugada

o en una noche que no es ni áspera ni dócil.


Apenas veo sus proas.


No los distingo los siento ahí

en alguna parte del mar,

de otro mar que no es el mío,

tampoco el de los sueños.


Quizás sí sea el de la infancia,

más allá del Le Maire,

el de los libros o el de las pesadillas de invierno.


Dos barcos grises, sin tripulantes,

chocando sin ruido


entre olas altas.





Otros poemas de Anahí Lazzaroni, aquí

Imagen: El gaviero, de William Turner



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marzo 25, 2019

marzo 24, 2019

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Alejandro Schmidt / yo tenía que ir hacia la nada



24 de marzo de 1976








Yo estaba en una pensión en Tablada al 40

yo dormía 

yo me levanté a las 4 de la mañana

y encendí la radio

yo escuché : comunicado número tanto

y una música maravillosa

me quedé quieto

atento al orden de los comunicados

a esa voz de la patria.

A las 6 se fueron levantando los compañeros 

yo me asomé al balcón 

un colimba me miró desde la esquina

se veían tanques en el puente

miré para otro lado

al Mercado, los camiones

yo no tuve miedo

yo no hice nada

ni entonces ni después



yo no era nadie

yo vivía colado ahí 

los muchachos trabajaban en el Mercado

yo leía a Gurdjieff

yo vendía la guía de Córdoba 

en la Cañada

yo andaba pelado y descalzo

yo tenía un suegro militar

yo tenía 21 años

un bolso y un cepillo



yo tenía todo el fracaso que llegó 

yo tenía que ir hacia la nada

y allí fui.














 Otros poemas de Alejandro Schmidt, aquí







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marzo 23, 2019

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Pedro Serrano



Pedro Serrano









Cala de Aiguafreda






Al fondo del acantilado se amontonan,

macizas y grumosas,

las rocas que han ido cayendo,

barridas sin llegar hasta el mar

que muge y humea y rompe más abajo.

Dentro de miles de años,

me dices desde lo alto del camino de ronda,

eso será todo arena.

Miramos el nicho del mar

y como si el punto de foco se ampliara

o de repente se trastocara todo,

empequeñecimos infinitesimales

y vimos casi por dentro las enormes rocas.

A pie de playa contemplábamos

el movimiento granular de la arena,

los fragmentos de patas y caparazones de crustáceos

y nos guarecimos en cualquiera de esos guijarros.

Al disminuir tocamos en la rugosidad del guijarro,

un muro del que la arenisca se desprende,

nuestro propio contorno.

Fallas y grietas del mineral acumulado, eso somos.

En el cielo empezaron a vislumbrarse

las pajas de las sombras y las vetas del gris.

Al respirar volvieron a aparecer los pinos,

el corte de la costa, el camino.







Otros poemas de Pedro Serrano, aquí

Imagen: El Informador



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marzo 21, 2019

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Milagros Losa




Cómo he de negarte la muerte

arrancada del pelo

de las uñas

de la punzada trasversal 

que regresa

al recuerdo de la mosca

inmóvil

de la melancolía

que acompañamos

tantos años

cantando

a los pájaros

que aún hoy gritan

en favor de mis huesos






No existe
entre las bestias
un cuerpo más enfermo
raído
que el que habita 
en las sábanas
gime al tacto
como quien deshoja al mundo
señala
el extremo de lo infinito
y
muerde






Tu amor 
no logra llenar 
las jarras de esta casa 
me desarma la idea de tu rastro
no quiero hacer acto de presencia 
en lo que no permanece
salgo al patio
todavía estoy a tiempo
de juntar las hojas húmedas nacidas al alba













Milagros Losa

Milagros Losa (2000, José C. Paz, Provincia de Buenos Aires, Argentina)



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marzo 17, 2019

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Kay Ryan





Kay Ryan




Telaraña 






Desde otros


ángulos las

fibras parecen

frágiles, pero no

desde el punto

de vista de

la araña, siempre

con gruesas sogas

a cuestas, enganchando

cuerdas al

mejor poste

posible. Es

un trabajo pesado

en todas partes

combatir la caída,

apuntalar tensando

lo que cede. No

es nunca delicado

vivir




Caballos que pastan








A veces

la pastura

verdecida

de la mente

se inclina de manera

abrupta.

Los caballos que pastan

hacen esfuerzos locos

por afirmarse

en esa superficie

sin fricción,

que es casi vertical. Las patas

finas como de muebles

ceden por

la pendiente,

las desmonta un declive

que no estaban

diseñadas para remontar

ni pueden.










Edad








Alguna gente con la edad


se ablanda.


Se agranda


la apertura de sus ojos.


No me parece que se debiliten:


yo creo que algo débil se fortalece en ellos


y los va definiendo más y más,


como si se dejaran penetrar por el cielo.


Pero otra gente son


mejillones o almejas, por el miedo.


Para abrirse requieren de vapor o un cuchillo.

Pueden oír el cielo, pero piensan que está hervido

              o quebrado.











Aprender








Lo que hay que aprender


siempre está al fondo,


según la ley de los cajones


y lo que justo andaba una buscando.

No queda bien, les digan


lo que les digan a los chicos,


revolver por el suelo


lo que estaba doblado.












Cordero con piel de lobo







de todas las desagradables


afectaciones de los así llamados

lobos, la más desagradable


son los dientes: unas protuberancias

romas de cordero rumiante

que forman algo con lo que nadie

podría en verdad matar. Decorativas

en el peor sentido. Una ofensa

contra la economía y directamente

una blasfemia en el contexto


de la verdadera filosofía lupina,

que enseña de manera muy clara

que todo subterfugio debe

promover el bien. Es decir,


que se come lo que se engaña:

Caperucita Roja entera,


de los zapatos a la caperucita.













Kay Ryan (1945, San José, California, Estados Unidos de NA)

De: "Todos tus caballos", Zindo&Gafuri, 2019

Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

Enlaces:


Cortesía de Alejandra Boero

Imagen: Coldfront Magazine



marzo 16, 2019

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Marcelo Rizzi: "quién podría negarse a llevar a cabo..."

Marcelo Rizzi


quién podría negarse a llevar a cabo 
esa travesía, que es menos un viaje 
por los rincones de la casa que los
rayos que emiten las cosas al pasar
rasantes junto a ellas; hay estaciones
donde conviene bajarse y quedarse
quizá toda una vida: yendo y viniendo
por los andenes, habitando las salas
de espera, las boleterías; otras omitirlas,
sin más: ni siquiera leer los carteles
que indican qué paraje o ciudadela,
posar el ojo suavemente en la ágil
desaparición de vanos terraplenes,
en esa cruz de caña, pensar a dónde
condujeron una vez todas las vías
muertas





Otros poemas de Marcelo Rizzi, aquí

marzo 14, 2019

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Señalador: Phoebe Power


Señalo esta entrada del blog, Perros en la playa, sobre Phoebe Power. Es una poeta británica y hasta ahora la única traducción al español conocida es la de Jordi Doce. Presiento que debo estar atento a cualquier otra traducción. Mientras tanto, agrego algunos links en inglés


Pastorales austríacas



i           el lago, que está negro en enero.


ii          un arroyo de madrugada,
            el Loser pierde mineral.


iii         al salir del coche en Ratten
            aire limpio de las alturas, Die Post, tractor.


iv         Wolfsberg, por ejemplo, era una zona de blanco sordo.


v          y el canal de Villach, asperjado de mala hierba.


vi         Yo vivía en una colina de Carintia
            con cabras moteadas y graneros.


vii        Volvería al río silbante
            del Tirol,
            volvería a las casas
            de tejas de madera de Vorarlberg.


viii       Trepaba por bosques de montaña
            y emergía entre insectos, flores,
            árboles derribados, ganado.

por donde recorría los senderos sin baches
diariamente, dejando atrás las gallinas y el risco
encima del cementerio.





Phoebe PowerPhoebe Power (1993, Newcastle-upon-Tyne, Inglaterra)
Enlaces:


marzo 11, 2019

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Jorge Aulicino: El río y otros poemas






24



Como un amor que se estrangula a sí mismo,
   así es el río.
El amor no se tolera a sí mismo y sólo lo tolera
el que pesca con tanza, el de pocas luces.
Es mejor, decía, pescar en la oscuridad.
evitar la pasión, que termina en oscuridad.
Y no con absurda caña, sino con tanza, cordel
que tiembla sobre el costado del dedo,
que presiente la gravitación del pez.
El río no se tolera a sí mismo, por eso
se abre, se aparta de todo, lleva
lo que encuentra, que no es mucho, pero
no desespera, se abre más, porque esa es la ley
de la llanura, sobrevolada por loros.
Todo canta a su alrededor. El río lo consigue
pero no escucha cantos: los envuelve, los diluye,
   los lleva.
Liberado de pasión, no de amor, el río no es él mismo.
Una gota de vino cuelga a veces del labio
del pescador, se embriaga apenas, a veces.
Pero no pregunta lo que no comprende.
Apagó todas sus luces, como el río,
al que iluminan apenas el farol de una canoa,
   los astros.


Carpe diem



Muchos creían oír el
sonido del día
y nada oían
sino el sordo caer de la
civilización,
Y a esto el encierro
nos conduce, pero no han
puesto
todavía final a nuestra
cabeza,
y eso es lo mejor que
podemos decir de este eufemismo.
Ya no llueve como antes
llovía: es lo cierto.
No
sobre adoquines como los
de antes,
aunque aquello fuera
también ilusión.
El nombre de la verdad
no era aquel
resplandor sobre unos
techos de teja
después de la lluvia en
el barrio del Aeropuerto;
no los confusos truenos
del cielo o de los aviones
entre nubes gris y
gualda.
Quizá tampoco esa confusión,
fue la verdad. Ni ese
sonido
que llamaste día
y es para mí el de una
rajadura que se extiende
por la totalidad de las
cosas
y sólo oímos vos, yo,
los inútiles que no
tienen
otra cosa que escuchar.



De: "El río y otros poemas", Barnacle, 2019
Otros poemas de Jorge Aulicino, aquí

marzo 07, 2019

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Agi Mishol: El marco de la puerta




Agi Mishol





Ya no tengo ese impulso

de salir corriendo como los alumnos

al oír el timbre

pero tampoco me convierto en estatua de sal

cuando miro hacia atrás

para cruzar dos veces

el mismo río.



El invierno desnudó los árboles

y la desnudez descubierta recuerda

que así es la cosa,



cada hoja que cae reconoce su culpa

se recoge en sí misma

para crujir bajo los pies del caminante.



Yo estoy descalza 

dentro de mis zapatos

desnuda

en mis ropas –

retrato enmarcado

en el marco de la puerta.



Ya no tengo el movimiento

latente en los pájaros

sólo el tiempo cuenta y cuenta

zumba a mi alrededor

como mosca que molesta.

















Agi Mishol (1946, Transilvania, Rumania)


Traducción: Adam Gai


Enlaces: 





Imagen: The National Library of Israel




marzo 05, 2019

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Agustín Silva-Díaz



Dos veces






Giro la llave y

dejo correr el agua

Primero algo de tierra que sale de la tubería

          y que nos recuerda de dónde venimos

                    del trópico

y que rápidamente se va por el desagüe

Me siento a esperar que el agua se ajuste a la temperatura perfecta

para esta piel roja de sol y este cuerpo desacostumbrado al frío

Veo el agua que huye, que ha sido desechada

que no ha sido escogida

El agua sigue fluyendo 

cierro el desagüe y la veo subir lentamente

El correr del agua arrulla y un eco

que me dice

          que el tiempo pasa

          que se escurre como el agua

          que los ríos

          que la mar y el morir

Oigo entonces cómo el agua se agita

y la veo en el agua, brillante

y entonces María Eugenia me recuerda:

           «Aunque no lo creas

           es la segunda vez que nos bañamos en esta bañera» 







El centro del universo







Mi papá acostado en un chinchorro

en el caney

Tiene una cuerda para balancearse levemente

como si le diera cuerda

al sol

para que siga su camino y pueda ocultarse

El cielo juega a despedirse con fuegos

de fiesta

allí donde se junta con el mar que brilla

Mi padre dice, sin despegarse del espectáculo

en el que parece haber estado trabajando



          Este es el centro del universo



Sonrío y me doy vuelta para buscar las aceitunas

que ya deben estar frías

con la seguridad de que me alejo

a cada paso

del centro del universo















Agustín Silva-Díaz (1973, Venezuela)

Fuente: http://revistadepoesiaelsalmon.blogspot.com/